miércoles, 2 de marzo de 2011

¿ESTADOS UNIDOS HACIA LIBIA?

 


Han hecho por falta 4 años de presidencia Obama para saber de primera mano lo que él hace cuando se le presenta una crisis internacional inesperada que exige de intervención inmediata para salvar vidas norteamericanas. Los estadounidenses tuvieron su respuesta cuando unos terroristas inspirados por al Qaeda irrumpieron y prendieron fuego a la legación diplomática norteamericana y su edificio anexo de Inteligencia en Bengasi, Libia, asesinando al embajador norteamericano, a un funcionario del servicio exterior y a dos antiguos efectivos SEAL, y allanando unas instalaciones que albergaban secretos estadounidenses de naturaleza sensible.

Los estadounidenses objeto de los ataques en Libia solicitaron refuerzos con carácter de urgencia a sus superiores de Washington. Sus peticiones fueron rechazadas, presumiblemente por el Presidente Obama, que es quien tiene la última palabra en esos asuntos. El episodio pasará desde luego a la historia como uno de los más vergonzosos de los Estados Unidos, sobre todo teniendo en cuenta que la función más sagrada del Presidente es proteger a la ciudadanía.
Estados Unidos no debe entrar en un conflicto militar a menos que la seguridad nacional norteamericana se vea amenazada
Los terroristas, armados con AK-47, morteros y lanzagranadas, iniciaron el atentado en torno a las nueve y media hora de Libia en el aniversario del 11 de Septiembre, mientras Presidente Obama, Vicepresidente Biden y Secretario de Defensa Panetta se reunían en el Despacho Oval para mantener una reunión informativa fijada con anterioridad.

El ataque se prolongó durante unas 7 horas aproximadamente, y sin duda fue contemplado en su totalidad por altos funcionarios de la Casa Blanca, del Pentágono, el Departamento de Estado y la Inteligencia norteamericana en tiempo real a través de cámaras de infrarrojos y las cámaras de un vehículo no tripulado al menos.

El atentado de Bengasi tiene a muchos estadounidenses planteándose: (1) el sentido de la aventura militar del Presidente Obama en una Libia rica en crudo sin la aprobación de la cámara baja, con el fin de derrocar a un tirano que no representaba ninguna amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos; (2) la razón de que el Departamento de Estado retirase del país al equipo de las Fuerzas Especiales norteamericanas integrado por 16 efectivos confiando a las milicias locales (grupos armados) la seguridad de las misiones diplomáticas norteamericanas en Libia, cuando el embajador estadounidense que perdió la vida, Chris Stevens, había solicitado efectivos estadounidenses; (3) la razón de que el Departamento de Estado no elevara la seguridad en las instalaciones y en otros lados con motivo del aniversario del 11 de Septiembre; (4) la razón de que fuerzas estadounidenses de intervención rápida y vehículos armados no fueran enviados a Bengasi desde las bases militares norteamericanas regionales a rescatar a los americanos; y (5) el motivo de que un desfile de funcionarios de la Casa Blanca y el Departamento de Estado fueran despachados a la prensa y la televisión a culpar de los ataques a una manifestación espontánea contra una película anti-musulmana que se salió de madre.

El atentado de Bengasi horroriza al equipo de asesores electorales de Obama y a la Casa Blanca. Durante más de un año, presentaron la operación de Libia aprobada por la OTAN y por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas como el modelo de la cooperación internacional, la intervención que liberaba a los libios de un tirano y llevaría la democracia a la población. Para consolidar las credenciales del Presidente Obama en materia de seguridad, también pregonaron que al Qaeda se encontraba al borde de la derrota tras la muerte de Bin Laden. Al hacerlo, pasaron por alto las difíciles lecciones de historia que alertan contra ver lo que se quiere ver en lugar de ver las cosas como realmente son, algo letal.

Después de que el recién nombrado embajador norteamericano en Libia Chris Stevens llegara a su destino en mayo, informó de que el clima allí era "impredecible, volátil y violento". Durante el período post-Gadafi, Estados Unidos documentó más de 200 incidentes de seguridad (atentados con armas de fuego y explosivos), que incluyen atentados en Bengasi contra el embajador británico, la sede de Cruz Roja internacional y la embajada norteamericana. El informe de agosto de 2012 'Al Qaeda en Libia: perfil', encargado por una oficina especializada del Departamento de Defensa y facilitado por la Biblioteca del Congreso, documenta más en profundidad la proliferación de al Qaeda.

¿Cuáles son las lecciones a sacar, y las futuras intervenciones que hacen falta para responder, a Bengasi?

Una es que Estados Unidos no debe entrar en un conflicto militar a menos que la seguridad nacional norteamericana se vea amenazada, y que tenga la aprobación del Congreso de los Estados Unidos, cosas que no se dieron en el caso de la intervención militar libia de Obama. Es mucho mejor que los representantes electos del pueblo estadounidense debatan y tomen decisiones bélicas y fijen los parámetros jurídicos, antes que haya un reducido grupo de funcionarios de la administración en las Naciones Unidas y la OTAN con burócratas de intereses y agendas distintas.
En la actualidad hay infraestructuras en 148 instalaciones del Departamento de Estado, pero en Libia no
En segundo lugar, Estados Unidos debe tener infraestructuras de seguridad militar como el Grupo de Seguridad Diplomática de los Marines, cuya misión consiste en proteger a los estadounidenses y la información clasificada destacados en las misiones diplomáticas norteamericanas en el extranjero allí donde exista información contrastada de un riesgo significativo para el personal diplomático. Su mera presencia puede disuadir y/o repeler atentados como los de Bengasi. En la actualidad hay infraestructuras en 148 instalaciones del Departamento de Estado, pero en Libia no.
En tercer lugar, Estados Unidos nunca debe de dudar a la hora de utilizar la fuerza militar para salvar vidas norteamericanas, ni siquiera cuando el gobierno anfitrión ponga reparos. Las fuerzas militares norteamericanas y el armamento aerotransportado podrían haber llegado a Bengasi desde las bases norteamericanas regionales en menos de dos horas.

En cuarto, el Presidente Obama debería de seguir los pasos de Harry "yo soy el responsable" Truman y aceptar la responsabilidad de la catástrofe libia. También tiene la obligación de informar al pueblo estadounidense del funcionario de la administración que negó el apoyo militar a los que estaban sitiados en Bengasi, en lugar de seguir haciéndose el sueco.

En quinto lugar, el Presidente Obama debe solicitar a su fiscal general que abra una investigación independiente para examinar todas las facetas de los atentados de Bengasi. La investigación actualmente abierta por el Departamento de Estado y promocionada por el presidente no va a satisfacer a muchos estadounidenses a causa de los intereses y las declaraciones encontradas entre funcionarios del Departamento como la Secretario Clinton, la embajadora ante las Naciones Unidas Susan Rice o la responsable del servicio exterior norteamericano Susan Johnson (que representa a más de 31.000 funcionarios de exteriores en activo o jubilados) entre otros, que perpetraron públicamente el mito de la administración de que un vídeo anti-musulmán desconocido era el catalizador de los atentados.

Por último, la situación de Bengasi exigía valor, rapidez, decisión y buen juicio a la hora de salvar vidas norteamericanas. Tristemente, el Presidente Obama no manifestó ninguno de esos rasgos en aquella fecha fatídica, prefiriendo dar la espalda mejor a las súplicas de ayuda de unos estadounidenses fuertemente superados en número y armamento. Es un error que ningún comandante en jefe futuro puede repetir.
 
 
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada