sábado, 6 de mayo de 2017

ISLAMISTAS EN EUROPA


Dar una cifra exacta es imposible. Pero en lo que los expertos europeos de la lucha antiterrorista coinciden es en que son miles. Miles los islamistas peligrosos a los que las fuerzas de seguridad de todo el continente consideran capaces de perpetrar un atentado, como el que tuvo lugar el miércoles en Londres, en diciembre en Berlín o hace justo un año en Bruselas. Muchos de ellos son los llamados 'retornados', ciudadanos y residentes europeos que han combatido en las filas del Estado Islámico (EI) y regresado luego a su país de origen. Otros son miembros de redes islamistas. Algunos, los menos, son yihadistas extranjeros que han ingresado en Europa camuflados entre las oleadas de refugiados. Y luego están los 'lobos solitarios', individuos que se han radicalizado sin abandonar su comunidad ni llamar la atención de las fuerzas de seguridad.

"La amenaza que supone el terrorismo islamista sigue siendo una de nuestras principales preocupaciones", señalaba tan sólo hace unos días el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni. "Pese a que 2017 será el año de la derrota militar del EI, la amenaza yihadista no acabará", agregaba casi en la víspera de que el terror volviese a materializarse en Europa, esta vez frente al Parlamento británico, donde cuatro personas han muerto y una docena han resultado heridas por el ataque de un británico de 52 años, identificado como Khalid Massood y que nació con el nombre de Adrian Russell Ajao, según ha informado hoy mismo Scotland Yard.

El director de Scotland Yard también ha indicado que hay dos personas más detenidas en relación con el atentado de Londres, con el que el número ya asciende a nueve. En este caso se trataría de una detención "significativa". Las fuerzas del orden registran actualmente cinco propiedades y han concluido los realizados en otras 16, donde se ha incautado importante material.

El ataque de Berlín pone de relieve los agujeros de la lucha antiyihadista en Europa.
Una serie de fallos a nivel europeo permitieron que el tunecino Anis Amri cometiese el pasado lunes el primer gran atentado yihadista en suelo alemán.

El director de Europol, Rob Wainwright, cree que "Europa se encuentra en este momento frente a la mayor amenaza terrorista desde hace más de 10 años". En una entrevista publicada por el diario alemán 'Neue Osnabrücker Zeitung', estimaba que entre 3.000 y 5.000 europeos habían ingresado desde 2014 en el EI, habían combatido con los islamistas y luego —en un número indeterminado— habían vuelto a sus hogares radicalizados y endurecidos por la experiencia militar. "El creciente número de estos soldados extranjeros supone un reto totalmente nuevo para los países de la UE", aseguraba.

A este respecto, el Centro Internacional para el Contraterrorismo (ICCT) de La Haya estimó a mediados del año pasado en un extenso informe de 149 páginas que en Europa había ya al menos entre 1.200 y 1.300 retornados. Son alrededor del 30% de los cerca de 4.000 europeos que calcula que en los últimos años han abandonado sus países y marchado a Siria e Irak, han recibido instrucción militar con el EI y han combatido con los yihadistas. Luego, con instrucciones o no de atentar en sus países de origen, han regresado a casa y se encuentran, en la mayoría de los casos, bajo el radar de los servicios secretos. Según este estudio, los países europeos que más militantes han aportado a la yihad en Oriente Medio son Bélgica, Francia, Alemania y Reino Unido.
Arresto de Salah Abdeslam, participante en los atentados de París, en Molenbeek, Bélgica, el 18 de marzo de 2017.

"Bombas de relojería vivientes"

Los retornados son el enemigo público número uno de la seguridad europea. Muchos son auténticas "bombas de relojería vivientes", según Hans-Georg Maassen, presidente de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV), los servicios secretos del interior de Alemania. Suponen "un peligro inmenso" para la seguridad, indicaba en una entrevista al 'Ostsee Zeitung'.

Alemania estima que de los casi 800 ciudadanos y residentes que han dejado su territorio para unirse al EI en los últimos tres años, unos 275 han regresado con experiencia de combate. Según los servicios secretos galos, son más de 700, entre ellos unas 275 mujeres, los que han marchado a Siria e Irak en los últimos años, de los que cerca de 200 han muerto. Las fuerzas de seguridad británicas calculan que al menos 700 individuos de su país han marchado al califato islamista y que en torno a la mitad ha vuelto. Bélgica, por su parte, estima que de los más de 450 nacionales o residentes en su país que se han unido al EI, unos 120 han regresado. Desde España, han partido más de 150 islamistas, según el Ministerio de Interior, que hace unos meses reconocía 25 retornados.

Los últimos ataques en Europa responden rigurosamente al llamamiento del Daesh “para asesinar infieles”

Pero las redes extremistas en los países europeos son mucho más extensas que los retornados. Y en ellas hay individuos fanatizados y también dispuestos a perpetrar ataques. Francia, el país más golpeado hasta la fecha por el terrorismo islamista, tiene vigiladas a "cerca de 15.000 personas", según indicó el pasado octubre el entonces primer ministro, Manuel Valls. Tan solo el año pasado, las fuerzas de seguridad galas detuvieron a cerca de 400 personas por causas relacionadas con el terrorismo.

Alemania, por su parte, asegura tener fichados a más de 570 islamistas que la Oficina Federal de Investigación Criminal (BKA) considera "peligrosos" y a unos 360 que están clasificados como "relevantes". Anis Amri, el tunecino de 24 años que perpetró el ataque con un camión contra el mercadillo navideño de Berlín, estaba incluido en esta clasificación. Los círculos islamistas en su sentido más amplio incluirían en Alemania a unas 43.000 personas, según las estimaciones más recientes.

Lobos solitarios y falsos refugiados

Estas cifras, no obstante, no incluyen a los islamistas extranjeros que han llegado a Europa como peticionarios de asilo en los últimos dos años. Este, según Europol, es un colectivo menor, pero no despreciable. Dos de los terroristas sirios de los atentados coordinados del 13 de noviembre en París, en los que murieron al menos 130 personas, entraron en Europa a través de Grecia como refugiados. También el tunecino del ataque de Berlín se hizo pasar por demandante de asilo.

Tampoco aparecen reflejados en estos cálculos los denominados lobos solitarios, personas radicalizadas en mezquitas extremistas de Europa o a través de las redes sociales que en la mayoría de los casos no son conocidas por las fuerzas de seguridad. Al menos no por terrorismo. Un reciente informe del Departamento de Información para la Seguridad (DIS) italiano advertía hace unos días del posible aumento de los ataques de individuos de este tipo. Khalid Masood, el atacante de Londres, podría incluirse en este grupo.

La inteligencia alemana teme que alguno de los 70 ciudadanos que regresaron al país tras combatir junto al ISIS en Siria cometa un atentado. Califica a algunos de auténticas bombas de relojería.

Los perfiles de estos potenciales terroristas contienen, en muchas ocasiones, puntos comunes. Según estudios de Europol, la BKA y el ICCT que indagan en las características biográficas de estos individuos, la mayoría son varones, urbanitas, y de entre 15 y 30 años, aunque hay casos de personas que superan los 60. Muchos tienen pasaportes europeos, aunque no es infrecuente que también disfruten de una segunda nacionalidad. También hay extranjeros residentes. La mayor parte de ellos creció en familias musulmanas, aunque algunos son conversos.

Lo más habitual es, además, que tengan una formación básica o no hayan concluido formalmente estudios elementales, aunque alguna excepción cuenta con título universitario. Además, muchos tienen un conocimiento muy rudimentario del islam y una proporción relevante no son profundamente creyentes, pese a que de alguna forma se inspiran en el EI. Otra característica común a muchos de ellos son los antecedentes penales por delitos menores, de tráfico de drogas a robos. Un buen número procede de entornos pobres y marginales. Por último, algunos arrastran problemas psicológicos desde la infancia.

Según el Corán, el libro sagrado islámico, Dios ha concedido total dignidad a cada ser humano independientemente del color de su piel, raza, nacionalidad etc. La libertad es considerada como uno de los mayores favores divinos y su priva­ción una de las mayores miserias. Bajo la norma islámica, nadie puede ser hecho cautivo sin una causa justa. Solo pueden hacerse prisioneros en el entorno de una guerra o batalla regular declarada y no por otra razón o pretexto. El Santo Corán declara específicamente:

“No corresponde a un Profeta tomar prisioneros mientras no se haya ini­ciado una batalla regular en el país. Vosotros deseáis los bienes del mundo, mientras que Al-lah desea para vosotros el Más Allá. Pues Al-lah es Poderoso, Sabio.” (8-68)

Este versículo no sólo corta de raíz la práctica de la esclavitud de los años ante­riores al Islam primitivo, sino que destruye cualquier supuesta justificación de la actual toma de rehenes y el secuestro de gente inocente que no están implicados en un combate real.

En su sermón de despedida, el Santo Profeta del Islam, dio instrucciones espe­ciales respecto al buen trato que debían recibir los prisioneros: Dijo:

“¡Oh gente!, aún mantenéis en vuestra posesión a algunos prisioneros de guerra. Os advierto, por tanto, que los alimentéis y los vistáis de la misma manera y estilo con el que os alimentáis y vestís vosotros…Nunca será tolerado que les causéis dolor o dificultades.”

Instrucciones mas especificas sobre la ética en la guerra y el trato a los prisione­ros se hayan contenidos en el cuarto versículo del capitulo cuarenta y siete del Corán. Este detallado versículo se podría traducir de la siguiente manera:

“Cuando estéis involucrados en una batalla regular, ésta debe ser librada de manera valiente e implacable. La guerra debe continuarse hasta que queden establecidas la paz y la libertad de conciencia. Se tomarán prisio­neros con prudencia. Los hombres libres no pueden ser privados de su li­bertad sin que exista un motivo justo y razonable que lo justifique. Cuando haya concluido la guerra, los prisioneros deben ser liberados como acto de favor, mediante el pago de un rescate o a través de un inter­cambio reciproco”

En la historia del Islam todos estos métodos fueron empleados para la liberación de prisioneros. Un método innovador para obtener la libertad consistía en que los prisioneros con educación enseñaban a leer y a escribir a los analfabetos como medio para conseguir su rescate.

Los mensajeros y emisarios disfrutan de plena inmunidad personal en el sistema islámico. No están sujetos a rescate político por muy justa que parezca la causa, y su secuestro constituye un crimen atroz. No deben ser exterminados, molestados o maltratados. Hay numerosos ejemplos en la vida del Santo Profeta del Islam que ilustran la aplicación rigurosa de estos principios.

Así pues, los mandamientos de las escrituras islámicas junto con los preceptos del Santo Profeta del Islam respecto a la inmunidad diplomática se hallan libres de ambigüedades. La toma de rehenes y el maltrato de los mensajeros, emisarios y ciudadanos civiles cualquiera que sea la forma en que se haga, es totalmente extraño a las enseñanzas del Islam. En otras palabras, la filosofía del Islam re­chaza tajantemente al terrorismo.
El concepto de la “Yihad” en el Islam

A causa de los actos de determinados elementos extremistas, el mundo occidental tiene un concepto equivocado de la “Yihad” (o Guerra Santa). La palabra “Yihad” evoca la imagen de una banda de fanáticos religiosos, con largas barbas y mirada fiera, con las espadas desenvainadas y dispuestos a atacar a los infie­les.

“Yihad” en la terminología islámica significa realizar un esfuerzo, comprome­terse y perseverar por una causa noble. A lo largo de los siglos, este significado de “Yihad” ha ido perdiéndose o al menos se ha ido diluyendo. La crítica situa­ción actual del mundo islámico exige revivir y reconsiderar el verdadero signifi­cado original de “Yihad”.

La “Yihad” se divide en dos categorías. La primera y mas importante es la de­nominada “Yihad-e-Akbar”. Es ésta la “Yihad” contra el propio ego, el esfuerzo frente a las malas inclinaciones y tentaciones: es la lucha por la purificación del alma. Esta es la “Yihad” más difícil y, por tanto, en términos de recompensa y bendiciones espirituales se corresponde con la categoría más elevada de “Yihad”.

La segunda se denomina “Yihad-e-Asgar”. Esta es la “Yihad” de la espada. Se trata de una “Yihad” comunitaria y presupone determinadas condiciones especí­ficas. El Corán habla única y exclusivamente de la lucha justa contra aquellos que tomaron antes la iniciativa de atacar a los musulmanes, sólo en defensa pro­pia. Esta es la condición establecida en los otros versículos del Santo Corán que tratan de este tema. El así llamado versículo de la espada en la escritura islámica, es frecuentemente citado fuera de contexto pretendiendo afirmar que inculca una masacre indiscriminada de los no creyentes.

Las palabras coránicas matadlos dondequiera que los encontréis se aplican únicamente a los casos en los que el enemigo fue el primero en atacar a los musulmanes y se refiere a aquellos no creyentes y adversarios que rompieron sus firmes pactos y juramentos previa­mente establecidos con los musulmanes. No son aplicables en ningún caso a las guerras y batallas no provocadas. La interpretación de estos versículos de cual­quier otra manera supone hacer una parodia de los elevados ideales del Islam. No existe un sólo ejemplo en la vida del Profeta del Islam en el que ofreciera a nadie la alternativa entre el Islam o la espada.

Los medios de comunicación occidentales y también muchos eruditos ignoran a menudo la distinción entre estos dos aspectos de la “Yihad”. Debe recordarse que el Santo Corán no hace de la “Yihad”o la “guerra santa” un artículo de fe. Las tradiciones y declaraciones del Santo Profeta la convierten en una fórmula para el esfuerzo personal activo que de manera incorrecta aunque frecuente tiende hacia una expresión militante. El terrorismo actual es totalmente contrario al espíritu auténtico de la “Yihad” islámica.

Por lo tanto, la presentación del Islam como una religión bárbara y cruel que se da a si misma el derecho a causar destrucción material y sufrimiento humano injustificado con el pretexto de la autoridad divina, no tiene nada que ver con el verdadero Islam que encontramos fundamentado en el Santo Corán y en los pre­ceptos originales del Santo Profeta Mohammad (la paz de Dios sea con él).
La paz y las relaciones internacionales en el Islam

Entre los atributos de Dios, el Santo Corán menciona que Él es La fuente de paz y Él que otorga la seguridad (59:23). Por tanto, el establecimiento de la paz y el mantenimiento de la seguridad debe ser el objetivo permanente de todos los mu­sulmanes y no musulmanes por igual. Todo propósito y actividad que atenta con­tra la paz es severamente condenado por el Islam. Hay mandamientos específicos a este respecto en el Santo Corán:

“Y no creéis el desorden en la tierra.” (7: 56)

“No cometáis iniquidad en la tierra causando violencia.” (7:57, 11:86, 29:37)

Las actitudes perversas y perjudiciales hacia los demás son condenadas en mu­chos otros versículos y se ordena repetidamente a los musulmanes a trabajar por la paz con plena dedicación.

El Islam llama la atención hacia aquellos factores que suelen alterar o destruir la paz y el orden y los reprueba enérgicamente. El dominio de un grupo por otro en la esfera domestica, o de un pueblo por otro en el ámbito internacional es una causa importante de alteración de la paz y por tanto es rotundamente condenado. La explotación económica de un pueblo o una nación por otra, conduce inevita­blemente a la dominación por parte de los explotadores y origina una amenaza potencial para la paz. El Santo Corán prohíbe tal explotación y afirma que una economía basada en dicha explotación no puede generar consecuencias beneficiosas ni puede perdurar.

El Islam proyecta una asociación de estados fuertes y estables unidos en alianza con el propósito de promover la paz, la libertad de conciencia y el bienestar humano. Los tratados y pactos entre naciones han de establecerse en términos claros que no deben ser eludidos o rechazados con la tentación de asegurarse al­guna ventaja. En caso de dificultades o disputas, se considera deber de los mu­sulmanes llegar a acuerdos y ajustes pacíficos.

El Santo Corán, además, enseña que Dios ha enviado Su Revelación a todos los pueblos y en todas las épocas. Muchos de los Profetas del Antiguo Testamento son mencionados por su nombre, al igual que Jesús; quien, al igual que otros pro­fetas, es honrado y reverenciado por todos los musulmanes. Ciertamente, el Co­rán exige creer en la verdad de todos estos profetas, siendo así el Islam único y distinto a otros credos al exigir la creencia y respeto hacia todos los profetas dondequiera que hayan aparecido. Así establece la reconciliación entre los segui­dores de todas las diferentes religiones y credos y crea las bases del respeto mu­tuo entre ellas. Dice el Corán:

“Ciertamente, aquellos que han creído, y los judíos, y los sabeos, y los cristianos, y quienes crean en Al-lah y en el Ultimo Día, y practiquen las buenas obras, sepan que el temor no recaerá sobre ellos ni serán afligidos.” (2:70)

El mismo mensaje se repite en el versículo 5:10. Se afirma con insistencia en el Santo Corán la unidad básica de los seguidores de todas las religiones. De nuevo, el fomento de la discordia y desunión que producen factores como el terrorismo no tienen cabida en el Islam.

En el terreno de los asuntos internacionales, la religión y las relaciones interreli­giosas ocupan una posición importante. Por desgracia, se presta poca atención a este aspecto de las relaciones humanas. Se asume que la religión es un tema pri­vado de cada individuo y que, por tanto, no tiene una conexión directa con los aspectos sociales o políticos de la vida. Esta suposición no está justificada. Siendo el Islam una religión igualitaria, no constituye simplemente una fe personal sino que conforma un conjunto de código de valores y conducta que influye en todos los aspectos de la vida del creyente.

El Islam es y será un factor vital en las relaciones humanas, y mantenemos la esperanza de que promueva progresivamente, de manera cada vez más efectiva, la unidad y el acuerdo entre los seres humanos.