lunes, 20 de octubre de 2014

MORIR EN BADAJOZ


A casi ochenta años vista del inicio de la Guerra Civil se siguen dando por reales sucesos que nunca existieron. El periodista norteamericano Jay Allen, principal precursor de esa leyenda, es considerado hoy en día por muchos historiadores como fuente principal de información sobre lo que ocurrió.

Pero cabe preguntarse si realmente estuvo en Badajoz en agosto de 1936 o se inventó lo que escribió. Jay Allen escribió su artículo en Elvas y allí, hablando con los refugiados que llegaban, adquirió la información que posteriormente publicó. Esta información, tomada de diversas versiones emitidas por los huidos de la ciudad, le llevó a cometer enormes errores que si realmente hubiera estado en la ciudad no hubiera cometido.

Jay Allen manifiesta textualmente: «Fuimos directos hasta el centro de Badajoz. Estas son mis notas: la catedral está intacta. No, no lo está. Al pasar junto a ella en coche veo que ha desaparecido una parte de la torre cuadrada» «Las enormes paredes del Alcázar asoman al final de la calle de San Juan. Fue allí donde los defensores de la ciudad, refugiados en la torre de Espantaperros, fueron asfixiados con humo y tiroteados». Es increíble que Jay Allen manifieste que él vio que a la torre de la catedral le faltaba una parte, lo que es totalmente incierto ya que dicha torre en ningún momento fue alcanzada por las bombas y también es totalmente incierto que en la torre de Espantaperros se ofreciera resistencia y los rebeldes se vieran obligados a «asfixiar con humo» a los defensores. Todo esto ocurrió en la iglesia de Almendralejo, no en Badajoz y Jay Allen se formó un gran lío al escribir su artículo mezclando las diversas historias que le contaban.

 Es casi seguro que Allen no pisó Badajoz y, a pesar de lo que él diga, no vio la torre de la catedral y, si, por el contrario, realmente estuvo y la vio, mintió a sabiendas, lo que le quita autoridad y credibilidad en el resto de su artículo. Si continuamos leyendo su crónica, publicada en el Chicago Tribune el día 30 de agosto, aunque la noticia la transmitió el día 25 de agosto, observamos que sigue adoleciendo de falta de contacto personal en el lugar de los hechos. Continúa diciendo Jay Allen, refiriéndose a la presunta matanza en la plaza de toros: «Dicen que la primera noche la sangre alcanzó un palmo de profundidad. No lo dudo. Allí se asesinó a mil ochocientos hombres y mujeres en un plazo de doce horas. En 1.800 cuerpos hay más sangre de lo que uno se imagina». Esta afirmación, que presumiblemente Jay Allen copió de la que había emitido el periodista francés Jacques Berthet del diario Le Temps, se ha convertido en el principal argumento de muchos investigadores, pero contrasta ostensiblemente con lo que manifestó Mario Naves el día 16 de agosto, que no vio nada de eso.

Precisamente, el día 16, Mario Neves que había oído rumores de los asesinatos cometidos en la plaza de toros, vuelve a ese lugar, acompañado de Jacques Berthet y de Marcel Dany de la Agencia Havas, donde ya habían estado el día anterior y manifiesta textualmente: «Por eso, nos dirigimos hacia allá, con el fin de verificar la exactitud de este rumor. Tras algunas dificultades, conseguimos entrar en la arena. Algunas decenas de prisioneros aguardan su destino. Pero la plaza no tiene un aspecto diferente al que observamos ayer, lo que nos lleva a suponer que el rumor es infundado».

 Jay Allen habría leído la crónica de Mario Neves en la que, acertadamente, manifiesta que en el cementerio se quemaban los cadáveres. Cosa cierta, qué duda cabe. La falta de mano de obra para excavar tantas fosas y las altas temperaturas, con riesgo de epidemias, hicieron que se tomara esta decisión antes de enterrar a aquellos desgraciados en la fosa común. Aunque, evidentemente, no sólo estaban allí los cuerpos de los represaliados en la plaza de toros sino también los que cayeron en la batalla. Jay Allen, para no ser menos que Mario Neves, manifiesta que desde Elvas vio fuego: «Están quemando los cuerpos. Cuatro mil hombres y mujeres han muerto en Badajoz desde que los moros y legionarios rebeldes del general Franco treparan sobre los cuerpos de sus propios muertos para escalar las muralla».

Observemos que dice que el día 23 se veía, no ya el humo, sino las llamas de los cuerpos ardiendo y, además, aumenta el número de asesinados a cuatro mil. Y ya no hablemos de cuando describe su presunta visita a Puerta Trinidad, de la que dice: «Llegamos a la Puerta Trinidad atravesando las antañas invencibles fortificaciones. La luna lo iluminaba todo. Una semana antes entró por ella un batallón de 280 legionarios.

Sólo veintidós sobrevivieron para contar la historia de cómo se encaramaron a los cuerpos de sus propios muertos para silenciar con granadas de mano y cuchillos dos ametralladoras asesinas». Como vemos, dijo que de 280 legionarios sólo sobrevivieron al ataque 22, lo cual es totalmente falso, ya que la IV Bandera, la que entró por ese lugar, sólo tuvo 24 muertos, de los que la 16 Compañía del capitán Pérez Caballero, que atacó en vanguardia, se llevó la peor parte con 11 muertos. Es decir, que independientemente de que Jay Allen hubiera estado o no en Badajoz el día 23 de agosto, lo cierto es que su crónica es totalmente falsa e inventada.

Como ejemplo veamos qué dijo Mario Naves sobre su visita al cementerio donde se quemaban los cadáveres acompañado por un sacerdote cuyo nombre no indica: «Hace diez horas que la hoguera arde... al fondo, en un escalón cavado aprovechando un desnivel del terreno se encuentran vigas de madera transversales, parecidas a las que se utilizan en las vías del ferrocarril, sobre una superficie de más de cuarenta metros, más de 300 cadáveres, en su mayoría carbonizados... a un lado, 30 cadáveres de paisano aguardan su turno, enfrente 23 cuerpos de legionarios, los que cayeron bajo el fuego intenso de las ametralladoras... en la puerta del cementerio, un camión descarga otros cuatro cuerpos que han sido recogidos en alguna parte».

Mario Neves fue testigo presencial de todos los horrores que describió, pero nunca habla ni de 1.500 cadáveres ni mucho menos de cuatro mil, y si nos fijamos detenidamente, se tomó la molestia de contar los cuerpos de los legionarios y dijo que había 23 cuerpos, cifra casi exacta. También matiza que se estaban quemando unos 300 cuerpos y que otros 30 aguardaban su turno.

Esta crónica la escribió Mario Neves el día 16, lo cual quiere decir que para entonces ya se había producido la tan traída y llevada matanza en la plaza de toros y Mario Neves sólo vio 300 cuerpos. ¿Qué quiere decir esto? Muy sencillo, si a este número le sumamos los ejecutados que Neves vio todavía por las calles, en especial en el cuartel de la Bomba y en algún que otro lugar y teniendo en cuenta, como se ha dicho, que entre estos 300 cadáveres también estarían incluidos los que murieron en la batalla por parte de las milicias y que a partir del día 17 las ejecuciones comenzaron a realizarse en las tapias del cementerio, como así lo acreditan las imágenes grabadas por el cámara francés René Brú, filmadas entre los días 16 y 17 de agosto y en las que también se ven los cuerpos alineados y quemados de aquellos desdichados y el hecho de que a partir de ese mismo día 17 se llevara una relación de las personas que eran ejecutadas, podemos aseverar que la cifra de las víctimas de la matanza de Badajoz no superó las 500 personas.

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