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domingo, 23 de noviembre de 2014

CANCIONES EN TIEMPO DE GUERRA V

HIMNO DE REGULARES


Soy soldado Regular
nacido en tierra española
orgulloso de servirla
con bravura y sin igual.
Formaré la vanguardia al luchar
y al morir marcharé sin temor
porque así me cubriré de honor
que es la gloria mayor a esperar.

Luchar, vencer y resistir
saber morir y padecer
tal consigna ha de tener
el que me quiera seguir.

A luchar y a sufrir
nadie nos podrá igualar
porque sabemos morir.
ES IMPOSIBLE SEGUIR AL SOLDADO REGULAR.
¡A LUCHAR, A VENCER , A MORIR!

Cuando me mandan luchar
soy ejemplo de leales
Soldado de Regulares
victorias a conquistar.

La bandera española ha de ser
defendida por mi al combatir,
su presencia nos hará vencer
si juramos por ella morir.

Con paz, justicia y con amor
la paz al mundo llevaré
porque en mi pecho está el valor
unido a Dios por la Fe

A luchar y a sufrir
nadie nos podrá igualar
porque sabemos morir.
ES IMPOSIBLE SEGUIR AL SOLDADO REGULAR.
¡ A LUCHAR, A VENCER, A MORIR!.




PUENTE DE LOS FRANCESES



Los cuatro generales,
los cuatro generales,
los cuatro generales,
mamita mía,
que se han alzado,
que se han alzado.

Para la nochebuena,
para la nochebuena,
para la nochebuena,
mamita mía,
serán ahorcados,
serán ahorcados.

Franco, Sanjurjo y Mola,
Franco, Sanjurjo y Mola,
Franco, Sanjurjo y Mola,
mamita mía,
y Queipo de Llano,
y Queipo de Llano.

Puente de los franceses,
puente de los franceses,
puente de los franceses,
mamita mía,
nadie te pasa,
nadie te pasa.

Porque los milicianos,
porque los milicianos,
porque los milicianos,
mamita mía,
qué bien te guardan,
qué bien te guardan.

Por la Casa de Campo,
por la Casa de Campo,
por la Casa de Campo,
mamita mía,
y el Manzanares,
y el Manzanares.

Quieren pasar los moros,
quieren pasar los moros,
quieren pasar los moros,
mamita mía,
no pasa nadie,
no pasa nadie.

Madrid, qué bien resistes,
Madrid, qué bien resistes,
Madrid, qué bien resistes,
mamita mía,
los bombardeos,
los bombardeos.

De las bombas se ríen,
de las bombas se ríen,
de las bombas se ríen,
mamita mía,
los madrileños.
los madrileños.

La casa de Velázquez,
la casa de Velázquez,
la casa de Velázquez,
mamita mía,
se cae ardiendo,
se cae ardiendo.

Con la quinta columna,
con la quinta columna,
con la quinta columna,
mamita mía,
metida dentro,
metida dentro.

Marchaos legionarios,
marchaos hitlerianos,
marchaos invasores,
mamita mía,
a vuestra tierra,
a vuestra tierra.

Porque el proletariado,
porque el proletariado,
porque el proletariado,
mamita mía,
ganó la guerra,
ganó la guerra.



HIMNO DE LA REPUBLICA (HIMNO DE RIEGO)


Serenos y alegres
valientes y osados
cantemos soldados
el himno a la lid.
De nuestros acentos
el orbe se admire
y en nosotros mire
los hijos del Cid.

Soldados la patria
nos llama a la lid,
juremos por ella
vencer o morir.

El mundo vio nunca
más noble osadia,
ni vió nunca un día
más grande el valor,
que aquel que, inflamados,
nos vimos del fuego
excitar a Riego
de Patria el amor.

Soldados la patria
nos llama a la lid,
juremos por ella
vencer o morir.

La trompa guerrera
sus ecos da al viento,
horror al sediento,
ya ruge el cañon
a Marte, sañudo,
la audacia provoca
y el ingenio invoca
de nuestra nación.

Soldados la patria
nos llama a la lid,
juremos por ella
vencer o morir.




domingo, 9 de noviembre de 2014

LARGO CABALLERO, EL PRESIDENTE ESTUQUISTA


Sindicalista y político español. Secretario general de la Unión General de Trabajadores (UGT), miembro del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Presidente del Gobierno (1936-1937). Nació en Madrid, en 1869. La separación de sus padres le obliga a trabajar desde muy pequeño. A los nueve años comienza el aprendizaje de estuquista, oficio que sería su definitiva profesión. En 1890 se afilia a la Unión General de Trabajadores (UGT) y, cuatro años más tarde, al Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

Su participación en el movimiento socialista estuvo siempre vinculada a su actividad sindical. En 1904 es nombrado vocal obrero del Instituto de Reformas Sociales y, al año siguiente, es elegido concejal del Ayuntamiento de Madrid. Elegido secretario general de la Unión General de Trabajadores en 1918, permanecerá en el cargo durante veinte años. Su acción marcará la historia del sindicato socialista. Durante los años en que se desarrolló la Primera Guerra Mundial, trabajó intensamente en la potenciación del movimiento sindical, lo que le llevó a mantener relaciones, a menudo polémicas, con la Confederación Nacional del Trabajo (CNT).

Formó parte del comité de huelga de 1917; fue detenido, procesado y condenado a pena de muerte, más tarde conmutada por cadena perpetua. Elegido diputado en las elecciones de febrero de 1918, fue amnistiado y excarcelado. Como secretario general de la UGT, asistió al Congreso de Berna de la II Internacional, en febrero de 1919, y al I Congreso de la Federación Sindical Internacional (FSI), celebrado en Amsterdam en los meses de julio y agosto de 1919. A su regreso se manifestó en contra del ingreso en la III Internacional.

Su intervención fue decisiva para que la UGT rechazara, en su congreso de noviembre de 1922, toda vinculación con los comunistas. Durante la dictadura de Primo de Rivera se impuso como dirigente de hecho del socialismo español. Aceptó participar en cargos públicos, por lo que, en 1924, ingresó en el Consejo de Estado, en calidad de representante obrero. Tres años más tarde, con su negativa a participar en la Asamblea Nacional, se distancia progresivamente de Primo de Rivera. En 1930 apoya la participación del PSOE y de la UGT en el movimiento republicano, iniciado ese mismo año, a título personal, por Indalecio Prieto.

Formó parte del comité revolucionario que preparó el advenimiento de la segunda República, y una vez proclamada, en abril de 1931, fue ministro de Trabajo. Elegido presidente del partido en 1932 y de la Unión General de Trabajadores, tras desplazar a Besteiro de la dirección de ésta en 1934, se convierte en el líder del socialismo, ahora radicalizado hacia posiciones más izquierdistas. Tras la derrota sufrida en los sucesos de octubre de 1934, que le valieron a Largo Caballero el calificativo de "Lenin español", se mostró partidario de reanudar la alianza con los republicanos, hecho que le produjo la pérdida de posiciones en el partido, del que dimite como presidente en diciembre de 1935.

A partir de este momento, se dedicará a la dirección del sindicato y a reiterar su propuesta a favor de la unidad con los comunistas. Desde el estallido de la Guerra Civil,asumió una activa defensa de la República, basada en la movilización sindical y en las milicias obreras. En septiembre de 1936 presidió la formación de gobierno del Frente Popular, completado, poco después, con la integración de la CNT. Además se hizo cargo de la cartera de la Guerra. A raíz de los sucesos ocurridos en Barcelona, en mayo de 1937, el Partido Comunista, con apoyo de la ejecutiva del PSOE, exige su abandono del ministerio de la Guerra. Largo Caballero dimite de la presidencia del gobierno y, tras la caída de Cataluña, en enero de 1939, se exilia a Francia.

En Vichy es detenido por la policía y, más tarde, es internado en el campo de concentración alemán de Orianenburg, del que es liberado en 1945 por las tropas soviéticas. A su regreso a Francia, el mismo año de su liberación, se incorpora al PSOE y a la UGT en el exilio, impulsados por Llopis, Trifón Gómez y De Francisco. Murió en París en 1946. A lo largo de su vida escribió varias obras, pero de todas ellas la más conocida es la titulada Presente y futuro de la Unión General de Trabajadores de España.

En estas citas de Francisco Largo Caballero, líder del PSOE durante la dictadura de Primo de Rivera, la II República y la Guerra Civil, se demuestra que la intención del PSOE era ir a la Guerra Civil e imponer una tiranía como en la URSS:

* * * * * * *

“Quiero decirles a las derechas que si triunfamos colaboraremos con nuestros aliados; pero si triunfan las derechas nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la Guerra Civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos”.

19-01-1936 en un acto electoral en Alicante, y recogido en El Liberal, de Bilbao, 20-01-1936.

* * * * * * *

“La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la revolución”.

Mitin en Linares el 20-01-1936.

* * * * * * *

“La transformación total del país no se puede hacer echando simplemente papeletas en las urnas… estamos ya hartos de ensayos de democracia; que se implante en el país nuestra democracia”.

10-02-1936, en el Cinema Europa.

* * * * * * *

“Si los socialistas son derrotados en las urnas, irán a la violencia, pues antes que el fascismo preferimos la anarquía y el caos”.

Ya en aquella época, como ahora, para el PSOE todo grupo que no fuera el suyo era considerado inmediatamente “fascista” y “retrógrado”.

* * * * * * *

“En las elecciones de abril (1931), los socialistas renunciaron a vengarse de sus enemigos y respetaron vidas y haciendas; que no esperen esa generosidad en nuestro próximo triunfo. La generosidad no es arma buena. La consolidación de un régimen exige hechos que repugnan, pero que luego justifica la Historia”. “Vamos a la Revolución social. ¿Como? (una voz del público: como en Rusia) No nos asusta eso…Habrá que expropiar a la burguesía por la violencia”. “Tenemos que recorrer un periodo de transición hasta el socialismo integral, y ese período es la dictadura del proletariado, hacia la cual vamos. Había que “preparar la ofensiva socialista”.

01-11-1933. Largo Caballero, Discursos a los trabajadores, Barcelona, Fontamara, 1979, p.151-2. M. de Coca, Anticaballero, Madrid, Centro, 1975, p.85 y ss. M. Tuñón de Lara, La crisis del estado: dictadura, República, guerra (1923-1939), Barcelona, Labor, 1986, p. 129,170.

* * * * * * *

“Si no nos permiten conquistar el poder con arreglo a la Constitución… tendremos que conquistarlo de otra manera”.

Febrero de 1933, Largo Caballero, Escritos de la República, Pablo Iglesias, 1985, p.34-5.

* * * * * * *

El 23-11-1931 Largo, entonces Ministro de Trabajo, ante la posibilidad de que las Cortes se disolviesen por no tener mayoría, amenaza:

“Ese intento sólo sería la señal para que el PSOE y la UGT lo considerasen como una provocación y se lanzasen incluso a un nuevo movimiento revolucionario. No puedo aceptar la posibilidad, que sería un reto al partido, y que nos obligaría a ir a una guerra civil”.

Acta de sesiones del Parlamento. El Debate, 24-11-1931, Madrid.

* * * * * * *

“Antes de la República creí que no era posible realizar una obra socialista en la democracia burguesa. Después de veintitantos meses en el gobierno… si tenía alguna duda sobre ello, ha desaparecido. Es imposible”.

Agosto de 1933, en la Escuela de Torrelodones. FPI, XIII, p .452, El Socialista, 16-8-1933.

* * * * * * *

“Se dirá: ¡Ah esa es la dictadura del proletariado! Pero ¿es que vivimos en una democracia? Pues ¿qué hay hoy, más que una dictadura de burgueses? Se nos ataca porque vamos contra la propiedad. Efectivamente. Vamos a echar abajo el régimen de propiedad privada. No ocultamos que vamos a la revolución social. ¿Cómo? (Una voz en el público: ‘Como en Rusia’). No nos asusta eso. Vamos, repito, hacia la revolución social… mucho dudo que se pueda conseguir el triunfo dentro de la legalidad. Y en tal caso, camaradas habrá que obtenerlo por la violencia… nosotros respondemos: vamos legalmente hacia la revolución de la sociedad. Pero si no queréis, haremos la revolución violentamente (Gran ovación). Eso dirán los enemigos, es excitar a la guerra civil… Pongámonos en la realidad. Hay una guerra civil… No nos ceguemos camaradas. Lo que pasa es que esta guerra no ha tomado aún los caracteres cruentos que, por fortuna o desgracia, tendrá inexorablemente que tomar. El 19 vamos a las urnas… Más no olvidéis que los hechos nos llevarán a actos en que hemos de necesitar más energía y más decisión que para ir a las urnas. ¿Excitación al motín? No, simplemente decirle a la clase obrera que debe prepararse… Tenemos que luchar, como sea, hasta que en las torres y en los edificios oficiales ondee no la bandera tricolor de una República burguesa, sino la bandera roja de la Revolución Socialista”.

El Socialista, 09-11-1933.

* * * * * * *

“Cuando el Frente Popular se derrumbe -anunció-, como se derrumbará sin duda, el triunfo del proletariado será indiscutible. Entonces estableceremos la dictadura del proletariado, lo que… quiere decir la represión… de las clases capitalistas y burguesas”.

24-05-1936, en Cádiz, tras la victoria del Frente Popular, al que pertenecía el PSOE. El socialista, 26-05-1936. H. Thomas, La guerra civil española, Grijalbo, Barcelona, 1976, p. 203.

* * * * * * *

“Hay que apoderarse del poder político; pero la revolución se hace violentamente: luchando, y no con discursos”.

Durante el Congreso de las Juventudes Socialistas. R. Calaf Masachs, Revolución del 34 en Asturias, Fundación José Barreiro, Oviedo, 1984, p. 57.

* * * * * * *

“No creemos en la democracia como valor absoluto. Tampoco creemos en la libertad”.

Verano de 1934 en Ginebra. M. Martínez Aguiar, ¿Adónde va el Estado español?, Madrid, p.135.

* * * * * * *

“Nuestro partido, es ideológicamente, tácticamente, un partido revolucionario… cree que debe desaparecer este régimen”.

Durante un mitin en el Cinema Europa de Madrid (01-10-1934).

* * * * * * *

“Un recuerdo para todas las víctimas ocasionadas por la represión brutal de octubre (se refiere al golpe de estado contra la República dado por el PSOE)… y que prometemos que hemos de vengarlas… No vengo aquí arrepentido de nada… Yo declaro… que, antes de la República, nuestra obligación es traer al socialismo… Hablo de socialismo marxista… socialismo revolucionario… somos socialistas pero socialistas marxistas revolucionarios… Sépanlo bien nuestro amigos y enemigos: la clase trabajadora no renuncia de ninguna manera a la conquista de Poder… de la manera que pueda…La República… no es una institución que nosotros tengamos que arraigar de tal manera que haga imposible el logro de nuestras aspiraciones… Nuestra aspiración es la conquista del poder… ¿Procedimiento? ¡El que podamos emplear!… Parece natural que se aprovechase ahora la ocasión para inutilizar a la clase reaccionaria, para que no pudiera ya levantar cabeza”.

El Socialista, 13-01-1936. En el cine Europa.

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“El Partido socialista no es un partido reformista (…) cuando ha habido necesidad de romper con la legalidad, sin ningún reparo y sin escrúpulo. El temperamento, la ideología, y la educación de nuestro partido no son para ir al reformismo”.

Durante su discurso en el XIII Congreso del PSOE, celebrado en 1932, siendo Ministro de Trabajo.

* * * * * * *

“El jefe de Acción Popular decía en un discurso a los católicos que los socialistas admitimos la democracia cuando nos conviene, pero cuando no nos conviene tomamos por el camino más corto. Pues bien, yo tengo que decir con franqueza que es verdad. Si la legalidad no nos sirve, si impide nuestro avance, daremos de lado la democracia burguesa e iremos a la conquista del Poder”.

13-11-1933.

viernes, 7 de noviembre de 2014

EL TESTAMENTO DE JOSE ANTONIO


José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia nació el 24 de abril de 1903, aunque sus raíces familiares lo vincularon a las gaditanas tierras de Jerez de la Frontera. Fue el mayor de cinco hermanos que quedaron huérfanos de madre en 1908. Miembro de una familia de tradición militar, optó sin embargo por el dominio de las Leyes, estudiando la carrera de Derecho en la Universidad Central de Madrid, donde obtuvo la Licenciatura en 1922. Siendo hijo del Dictador que gobernó en España entre 1923 y 1930, permaneció totalmente ajeno de la actividad política hasta el fallecimiento de su padre, muerto en su exilio parisino apenas unas semanas después de resignar su cargo, y de quien heredó el marquesado de Estella.

Con el único fin de revindicar su memoria, duramente atacada por los representantes de la vieja política, participó en el proyecto de la Unión Monárquica Nacional, organización política de vida muy breve. Intentó alcanzar un escaño por Madrid en las elecciones a Cortes de 1931 para su filial propósito, pero resultó derrotado, teniendo a partir de entonces que limitar sus actuaciones públicas en defensa de la labor de la Dictadura a la intervención letrada en diversos juicios.

Aunque fuera detenido en 1932 bajo la sospecha de haber colaborado en la sublevación protagonizada por el general Sanjurjo, finalmente fue liberado sin cargos. Su repulsa por las viejas fórmulas políticas le llevó a interesarse por el fenómeno fascista, participando en 1933 en el único número del periódico El Fascio con un artículo en el que preconizaba un nuevo modelo de Estado social.

Creó poco después el Movimiento Español Sindicalista (MES) con el afamado aviador Julio Ruiz de Alda, organización que enseguida entrará en contacto con algunos miembros del Frente Español (FE) creado por seguidores de José Ortega y Gasset. El proyecto político de José Antonio fue madurando durante los meses siguientes hasta que, finalmente, fue presentado en el madrileño Teatro de la Comedia el 29 de octubre de 1933. Algunos días más tarde el nuevo movimiento fue registrado con el nombre de Falange Española (FE).

Daba comienzo así una etapa de febril actividad política, en la que compaginaría la exigencia de la consolidación del nuevo movimiento con la calidad de diputado, pues en las elecciones de 1933 obtuvo como independiente un escaño en la candidatura conservadora presentada por la circunscripción de Cádiz. En febrero de 1934 FE se fusionó con las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS), quedando regida a partir de entonces la organización por una Junta de Mando en forma de triunvirato en el que participaban José Antonio Primo de Rivera y Ramiro Ledesma Ramos bajo la presidencia de Julio Ruiz de Alda. Pero el abolengo de su apellido, la plataforma parlamentaria y su valiosa personalidad hicieron de José Antonio el máximo representante de FE de las JONS desde el primer momento, siendo finalmente proclamado jefe nacional del partido en octubre de 1934.

A medida que crecían, las filas falangistas iban liberándose de conspicuos monárquicos que lastraban el proyecto político de José Antonio. Pero será la defección de Ramiro Ledesma la que marque un punto de inflexión determinante en la trayectoria del pensamiento joseantoniano, cada vez más alejado del corporativismo fascista.

Desde su escaño señaló las verdaderas causas de la Revolución de Octubre de 1934, describió el problema del sentimentalismo catalán, se opuso a la contrarreforma agraria diseñada por los conservadores y criticó duramente la corrupción de los políticos radicales. Pese a la propuesta de Frente Nacional que lanzara ante el peligro marxista que se cernía sobre España, su voz fue desoída por las derechas, de modo que los candidatos falangistas concurrieron en solitario a los comicios celebrados en febrero de 1936, sin lograr ni un solo escaño.

José Antonio fue detenido, junto a la mayor parte de la Junta Política de FE de las JONS, el 14 de marzo de 1936 bajo la acusación de asociación ilícita, cargo que fue rechazado por los tribunales. Pero, retenido en la cárcel a instancias de las autoridades gubernamentales del Frente Popular, ya no recuperaría la libertad.
Mientras sus camaradas eran perseguidos —encarcelados o asesinados—, José Antonio tuvo que enfrentarse a diversos procesos judiciales hasta que el 5 de junio de 1936 fue trasladado a la prisión de Alicante, donde se encontraba al producirse el Alzamiento el 18 de julio.

Deseoso de poner fin a la tragedia de la guerra, se ofreció para mediar con los sublevados con el propósito de establecer un régimen de salvación nacional, pero su oferta no fue atendida por el Gobierno republicano. Juzgado por rebelión, fue condenado a muerte y fusilado en la madrugada del 20 de noviembre de 1936. Apenas unas horas antes, dejó escrito en su testamento: “Ojalá sea la mía la última sangre española que se vierta en discordias civiles”.

Finalizada la Guerra, sus restos fueron trasladados al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Allí reposaron hasta que el 30 de marzo de 1959 recibió sepultura ante el Altar Mayor de la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, adonde llegó portado a hombros de sus camaradas, muchos de los cuales no tuvieron la oportunidad de conocerle en vida. En el granito de la losa que lo cubre simplemente aparece grabado el nombre con el que ha pasado a la Historia: José Antonio.

EL TESTAMENTO

Testamento que redacta y otorga José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, de treinta y tres años, soltero, abogado, natural y vecino de Madrid, hijo de Miguel y Casilda (que en paz descansen), en la Prisión Provincial de Alicante, a dieciocho de noviembre de mil novecientos treinta y seis.

Condenado ayer a muerte, pido a Dios que si todavía no me exime de llegar a ese trance, me conserve hasta el fin la decorosa conformidad con que lo preveo y, al juzgar mi alma, no le aplique la medida de mis merecimientos, sino la de su infinita misericordia.

Me acomete el escrúpulo de si será vanidad y exceso de apego a las cosas de la tierra el querer dejar en esta coyuntura cuentas sobre algunos de mis actos; pero como, por otra parte, he arrastrado la fe de muchos camaradas míos en medida muy superior a mi propio valer (demasiado bien conocido de mí, hasta el punto de dictarme esta frase con la más sencilla y contrita sinceridad), y como incluso he movido a innumerables de ellos a arrostrar riesgos y responsabilidades enormes, me parecía desconsiderada ingratitud alejarme de todos sin ningún género de explicación.

No es menester que repita ahora lo que tantas veces he dicho y escrito acerca de lo que los fundadores de Falange Española intentábamos que fuese. Me asombra que, aun después de tres años, la inmensa mayoría de nuestros compatriotas persistan en juzgarnos sin haber empezado ni por asomo a entendernos y hasta sin haber procurado ni aceptado la más mínima información. Si la Falange se consolida en cosa duradera, espero que todos perciban el dolor de que se haya vertido tanta sangre por no habérsenos abierto una brecha de serena atención entre la saña de un lado y la antipatía de otro. Que esa sangre vertida me perdone la parte que he tenido en provocarla, y que los camaradas que me precedieron en el sacrificio me acojan como el último de ellos.

Ayer, por última vez, expliqué al Tribunal que me juzgaba lo que es la Falange. Como en tantas ocasiones, repasé, aduje los viejos textos de nuestra doctrina familiar. Una vez más, observé que muchísimas caras, al principio hostiles, se iluminaban, primero con el asombro y luego con la simpatía. En sus rasgos me parecía leer esta frase: "¡Si hubiésemos sabido que era esto, no estaríamos aquí!" Y, ciertamente, ni hubiéramos estado allí, ni yo ante un Tribunal popular, ni otros matándose por los campos de España. No era ya, sin embargo, la hora de evitar esto, y yo me limité a retribuir la lealtad y la valentía de mis entrañables camaradas, ganando para ellos la atención respetuosa de sus enemigos.

A esto tendí, y no a granjearme con gallardía de oropel la póstuma reputación de héroe. No me hice responsable de todo ni me ajusté a ninguna otra variante del patrón romántico. Me defendí con los mejores recursos de mi oficio de abogado, tan profundamente querido y cultivado con tanta asiduidad. Quizá no falten comentadores póstumos que me afeen no haber preferido la fanfarronada. Allá cada cual. Para mí, aparte de no ser primer actor en cuanto ocurre, hubiera sido monstruoso y falso entregar sin defensa una vida que aún pudiera ser útil y que no me concedió Dios para que la quemara en holocausto a la vanidad como un castillo de fuegos artificiales. Además, que ni hubiera descendido a ningún ardid reprochable ni a nadie comprometía con mi defensa, y sí, en cambio, cooperaba a la de mis hermanos Margot y Miguel, procesados conmigo y amenazados de penas gravísimas. Pero como el deber de defensa me aconsejó, no sólo ciertos silencios, sino ciertas acusaciones fundadas en sospechas de habérseme aislado adrede en medio una región que a tal fin se mantuvo sumisa, declaro que esa sospecha no está, ni mucho menos, comprobada por mí, y que sí pudo sinceramente alimentarla en mi espíritu la avidez de explicaciones exasperada por la soledad, ahora, ante la muerte, no puede ni debe ser mantenida.

Otro extremo me queda por rectificar. El aislamiento absoluto de toda comunicación en que vivo desde poco después de iniciarse los sucesos sólo fue roto por un periodista norteamericano que, con permiso de las autoridades de aquí, me pidió unas declaraciones a primeros de octubre. Hasta que, hace cinco o seis días, conocí el sumario instruido contra mí, no he tenido noticia de las declaraciones que se me achacaban, porque ni los periódicos que las trajeron ni ningún otro me eran asequibles. Al leerlas ahora, declaro que entre los distintos párrafos que se dan como míos, desigualmente fieles en la interpretación de mi pensamiento, hay uno que rechazo del todo: el que afea a mis camaradas de la Falange el cooperar en el movimiento insurreccionar con "mercenarios traídos de fuera". Jamás he dicho nada semejante, y ayer lo declaré rotundamente ante el Tribunal, aunque el declararlo no me favoreciese. Yo no puedo injuriar a unas fuerzas militares que han prestado a España en Africa heroicos servicios. Ni puedo desde aquí lanzar reproches a unos camaradas que ignoro si están ahora sabia o erróneamente dirigidos, pero que a buen seguro tratan de interpretar de la mejor fe, pese a la incomunicación que nos separa, mis consignas y doctrinas de siempre. Dios haga que su ardorosa ingenuidad no sea nunca aprovechada en otro servicio que el de la gran España que sueña la Falange.

Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles. Ojalá encontrara ya en paz el pueblo español, tan rico en buenas calidades entrañables, la Patria, el Pan y la Justicia.

Creo que nada más me importa decir respecto a mi vida pública. En cuanto a mi próxima muerte, la espero sin jactancia, porque nunca es alegre morir a mi edad, pero sin protesta. Acéptela Dios Nuestro Señor en lo que tenga de sacrificio para compensar en parte lo que ha habido de egoísta y vano en mucho de mi vida. Perdono con toda el alma a cuantos me hayan podido dañar u ofender, sin ninguna excepción, y ruego que me perdonen todos aquellos a quienes deba la reparación de algún agravio grande o chico. Cumplido lo cual, paso a ordenar mi última voluntad en las siguientes

CLÁUSULAS

Primera. Deseo ser enterrado conforme al rito de la religión Católica, Apostólica, Romana, que profeso, en tierra bendita y bajo el amparo de la Santa Cruz.

Segunda. Instituyo herederos míos por partes iguales a mis cuatro hermanos: Miguel, Carmen, Pilar y Fernando Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, con derecho de acrecer entre ellos si alguno me premuriese sin dejar descendencia. Si la hubiere dejado, pase a ella en partes iguales, por estirpes, la parte que hubiera correspondido a mi hermano premuerto. Esta disposición vale aunque la muerte de mi hermano haya ocurrido antes de otorgar yo el testamento.

Tercera. No ordeno legado alguno ni impongo a mis herederos carga jurídicamente exigible; pero les ruego:

A) Que atiendan en todo con mis bienes a la comodidad y regalo de nuestra tía María Jesús Primo de Rivera y Orbaneja, cuya maternal abnegación y afectuosa entereza en los veintisiete años que lleva a nuestro cargo no podremos pagar con tesoros de agradecimiento.

B) Que, en recuerdo mío, den algunos de mis bienes y objetos usuales a mis compañeros de despacho, especialmente a Rafael Garcerán, Andrés de la Cuerda y Manuel Sarrión, tan leales durante años y años, tan eficaces y tan pacientes con mi nada cómoda compañía. A ellos y a todos los demás, doy las gracias y les pido que me recuerden sin demasiado enojo.

C) Que repartan también otros objetos personales entre mis mejores amigos, que ellos conocen bien, y muy señaladamente entre aquellos que durante más tiempo y más de cerca han compartido conmigo las alegrías y adversidades de nuestra Falange Española. Ellos y los demás camaradas ocupan en estos momentos en mi corazón un puesto fraternal.

D) Que gratifiquen a los servidores más antiguos de nuestra casa, a los que agradezco su lealtad y pido perdón por las incomodidades que me deben.

Cuarta. Nombro albaceas contadores y partidores de herencia, solidariamente, por término de tres años, y con las máximas atribuciones habituales, a mis entrañables amigos de toda la vida Raimundo Fernández Cuesta y Merelo y Ramón Serrano Súñer, a quienes ruego especialmente:

a) Que revisen mis papeles privados y destruyan todos los de carácter personalísimo, los que contengan trabajos meramente literarios y los que sean simples esbozos y proyectos en período atrasado de elaboración, así como cualesquiera obras prohibidas por la Iglesia o de perniciosa lectura que pudieran hallarse entre los míos.

B) Que coleccionen todos mis discursos, artículos, circulares, prólogos de libros, etc., no para publicarlos –salvo que lo juzguen indispensable–, sino para que sirvan de pieza de justificación cuando se discuta este período de la política española en que mis camaradas y yo hemos intervenido.

C) Que provean a sustiuirme urgentemente en la dirección de los asuntos profesionales que me están encomendados, con ayuda de Garcerán, Sarrión y Matilla, y a cobrar algunas minutas que se me deben.

D) Que con la mayor premura y eficacia posible hagan llegar a las personas y entidades agraviadas a que me refiero en la introducción de este testamento las solemnes rectificaciones que contiene.

Por todo lo cual les doy desde ahora las más cordiales gracias. Y en estos términos dejo ordenado mi testamento en Alicante el citado día dieciocho de noviembre de mil novecientos treinta y seis, a las cinco de la tarde, en otras tres hojas además de ésta, todas foliadas, fechadas y firmadas al margen.

lunes, 3 de noviembre de 2014

DESUNION EN EL BANDO REPUBLICANO


Si hacemos abstracción de las condiciones reales del bando republicano las expectativas para la República la noche del 18 de julio no eran malas en absoluto: la mitad del Ejército de Tierra estaba con ella, así como algo más de la mitad de la exigua fuerza aéra y casi toda la Armada. La República controlaba las zonas más industriales del país y además unas zonas agrícolas no desdeñables (el Levante, Aragón y La Mancha) que deberían permitirle alimentar a la retaguardia. La única ventaja con la que contaban los rebeldes era que de su parte estaba el Ejército de África, la élite del Ejército español. Pero tenían el inconveniente logístico de que, para que pudiera hacer sentir su peso, tenían que trasladarlo a la Península y para ello no contaban ni con los aviones ni con los barcos necesarios.

No obstante, de lo que careció en un primer momento fue de moral de guerra. Los decretos urgentes publicados por el Gobierno horas después del golpe de Estado tienen como función anular la declaración del estado de guerra realizada por los alzados allí donde habían triunfado y disolver las unidades militares rebeldes. La segunda medida era, que diría un sajón, wishful thinking. La primera fue un error, porque España estaba en guerra y reconocerlo le habría sido muy útil al gobierno republicano. Durante casi toda la guerra, sin embargo, en la España republicana siguió sin declararse el estado de guerra, porque eso suponía darle demasiado poder al ejército, en el que desconfiaban.

Si metemos ahora en la ecuación las grandes divisiones internas en el bando republicano y su desconfianza hacia lo militar que les llevó a desmantelar el Ejército que les había sido leal, vemos que la situación ya no era tan halagüeña y podemos afirmar que la República fue la principal responsable de su propia derrota.

Fue, en una primera instancia, sustituido por milicias civiles de partido, milicias armadas porque la decisión, más o menos pensada, de los poderes públicos fue armar al pueblo. Pero lo que sí es cierto es que un ejército, para ser efectivo, necesita disciplina y organización. Y en la guerra civil hay episodios, quizá el más evidente la pérdida de Málaga, donde se hace patente que, por lo menos hasta bien entrado 1937, el ejército no mandaba en la guerra republicana.

La causa principal de la derrota republicana fue su propia desunión. Los distintos partidos no entendieron que para ganar una guerra es esencial mantenerse unidos y fijarse como prioridad la derrota del enemigo. Todos pensaron que podían al mismo tiempo derrotar a los nacionales y conseguir sus propios objetivos, ya se llamasen revolución social, colectivización del campo o República federal. Sólo esa miopía explica hechos tan sorprendentes como que anarquistas y comunistas se tiroteasen en las calles de Barcelona en abril de 1937, en lugar de unir fuerzas contra el enemigo común, o que las rencillas personales entre Largo Caballero y Prieto fueran uno de los factores que frenaron el Plan P (la ofensiva en Extremadura) del general Rojo, plan imaginativo que habría podido causar muchos dolores de cabeza a los nacionales si se hubiera ejecutado en 1937 o incluso en 1938.

Dos ejemplos marcan este contraste. En abril de 1944, en las áreas mineras de Inglaterra, especialmente en Yorkshire, se produjo una huelga de mineros. Nada más comenzar, se produjo un pronunciamiento de los propios sindicatos instando a los trabajadores a terminar la protesta, con el argumento de que nada, incluso las reivindicaciones justas, debía poner en peligro el objetivo mayor de ganarle la guerra a Hitler (la minería era básica para la producción bélica). Espíritu que contrasta con el de, por ejemplo, los anarquistas catalanes y aragoneses, que con su negativa a aplazar la revolución al momento en que la guerra se hubiese ganado se lanzaron a una razzia de colectivizaciones que agostó la producción de ese área, así como su capacidad militar, durante mucho tiempo.

Aparte de la desunión pueden señalarse otras razones para la derrota republicana:

En primer lugar, la desconfianza hacia el Ejército regular tras la sublevación del 18 de julio y el ejemplo mitificado de la Revolución Soviética hicieron que en los primeros meses de la guerra se confiase demasiado en la eficacia guerrera del pueblo en armas y se olvidase que en la guerra del Siglo XX la técnica y la organización valen más que el entusiasmo. Cuando en octubre empezó a rectificarse el tiro, se habían perdido unos meses preciosos y se había dejado que los nacionales uniesen sus dos zonas y se colocasen en las cercanías de Madrid. Puede decirse que el Ejército republicano fue un ejército que se pasó toda la Guerra Civil en rodaje. Ello más que en su descrédito, hay que decirlo con admiración: que un Ejército organizado en medio de una guerra tuviera el desempeño que tuvo, resulta notable.

No obstante el aspecto improvisado del Ejército se dejó ver sobre todo en sus carencias tácticas. Improvisar suboficiales cualificados es más difícil que improvisar soldados. El Ejército republicano, que podía resultar muy tenaz y eficaz en la defensa, como se vió en el Jarama o en la segunda fase de la batalla del Ebro, pinchaba cuando se trataba de pasar al ataque, algo que exige mayor preparación técnica y, sobre todo, un cuerpo de oficiales y suboficiales profesionales y con experiencia. En Brunete, Belchite o el Ebro se repite la misma historia: el Ejército republicano logra romper el frente enemigo y a continuación, cuando hay que improvisar en función de la situación creada por la ruptura, se pierde, no sabe explotar el éxito y acaba concediendo tablas al enemigo, en una partida que hubiera podido ganar.

Tampoco faltan episodios en la guerra en los que las milicias sufren bajas enormes para conquistar una posición que luego es abandonada por su escaso, cuando no nulo, valor táctico.

En segundo lugar, está la ayuda internacional. Ha sido un tema muy discutido, pero cada vez parece más fuera de duda que el bando nacional recibió más ayuda extranjera que el republicano y que la que recibió fue de mayor calidad y más barata. Aparte de que el bando republicano, con una frontera francesa que estuvo cerrada una buena parte de la guerra y con la Armada italiana en el Mediterráneo, tuvo mayores problemas para hacer llegar a su territorio la ayuda recibida. Fue gracias a la ayuda internacional que el bando nacional pudo montar el puente aéreo para transportar las tropas africanas desde el Protectorado en los primeros días de la guerra. Fue gracias a la ayuda internacional que prácticamente desde la primavera de 1937 los cielos estuvieron controlados por la aviación nacional.

En tercer lugar, la República, a pesar de contar con la mayor parte de la flota, no fue capaz de conseguir el control de los mares en toda la guerra. El mero control de los mares no le habría bastado para ganar la guerra, pero habría hecho las cosas más difíciles al bando nacional. La explicación de este fracaso es muy sencilla: muy pocos altos oficiales de la Marina siguieron fieles a la República y sin esos oficiales no fue posible conseguir una Armada eficaz.

Tal vez ahora que se está recuperando la memoria histórica, convendría que todos recordasen una de las grandes lecciones de la Guerra Civil española: la unión hace la fuerza y la desunión, la derrota.