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miércoles, 12 de noviembre de 2014

LA INTERNACIONAL


El 25 de octubre de 1917, las masas de obreros, soldados y campesinos, dirigidos por el Partido bolchevique, toman el poder en Rusia, instaurando la República Socialista Soviética.

No es causal que la Revolución triunfara en primer lugar en este país, ya que, desde principios de siglo, los antagonismos sociales, políticos y nacionales habían alcanzado en él la máxima profundidad. La guerra imperialista acentuó aún más todas estas contradicciones y, en febrero de 1917, los obreros y soldados derrocaron a la monarquía zarista. Siguiendo la tradición revolucionaria de 1905, se constituyeron los soviets de diputados obreros, campesinos y soldados.

El Gobierno Provisional burgués salido de esta revolución frustró todas las esperanzas que las masas tenían puestas en esta victoria. El Partido bolchevique denunció al Gobierno Provisional y lanzó la consigna ¡Todo el poder a los Soviets! El movimiento revolucionario sacudió todo el país. El Partido Comunista, dirigido por Lenin, organiza y llama a la insurrección, que estalla en octubre.

En cuatro días, el poder soviético decretó la paz, confiscó las tierras de los grandes terratenientes y las distribuyó entre los campesinos, y reconoció el derecho de las naciones a la autodeterminación...

La Revolución Socialista de Octubre confirmó la teoría marxista de la lucha de clases, de la inevitabilidad de la derrota del capitalismo por medio de la insurrección de las masas obreras y campesinas dirigidas por el partido proletario, y de la instauración de la dictadura del proletariado. El nuevo Estado soviético se convertía así en un modelo a seguir por el proletariado internacional.

La Revolución rusa es la primera de una serie de revoluciones que estremecieron Europa. Al finalizar la I Guerra Mundial, el movimiento revolucionario se hace más extenso y mejor organizado, especialmente en los países que habían participado en la contienda. A lo largo de 1918, tienen lugar insurrecciones de obreros y soldados en Alemania, que culminaron en 1919 con la implantación de la República Soviética de Baviera. Otro tanto ocurre en Finlandia, Hungría y Países Bálticos.

Pero el imperialismo no permanecía inactivo y muy pronto va a cerrar filas, disponiéndose a hacer frente al torrente revolucionario. Los imperialistas centran sus esfuerzos en acabar con la Rusia Soviética, cercándola, ayudando a los ejércitos contrarrevolucionarios e interviniendo militarmente.

Por otra parte, los socialchovinistas de la II Internacional redoblan sus ataques contra la Revolución de Octubre, contraponiéndole las excelencias de la democracia burguesa. Atemorizados por la amplitud que el movimiento revolucionario tomaba en Occidente, se apresuran a recomponer en 1919 la fracasada II Internacional, con lo que intentaban impedir la creación de la Internacional Comunista.

En lo que respecta a los jóvenes Partidos Comunistas de Occidente, fundados por los líderes de izquierda salidos de los partidos y sindicatos socialdemócratas, eran sumamente débiles en el aspecto ideológico y organizativo. Sus dirigentes cometían a menudo graves errores, principalmente de carácter sectario, que los enemigos de la revolución aprovechaban en su contra. No se podía lograr la victoria de las revoluciones socialistas sin partidos auténticamente revolucionarios, con una base teórica marxista-leninista.

En estas condiciones, la creación de una nueva organización comunista internacional se había convertido en una apremiante necesidad. Sobre la base de los grupos y organizaciones internacionalistas de izquierda (que se habían reunido en Zimmerwald y Kienthal) encabezadas por Lenin y el Partido bolchevique, en marzo de 1919 se celebra en Moscú el I Congreso de la III Internacional o Internacional Comunista.

En este Congreso, ante los intentos de la burguesía y sus agentes en el movimiento obrero por argumentar sus ataques contra la República de los Soviets, Lenin expuso en su informe las tesis sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado: La historia enseña que ninguna clase oprimida llegó ni puede llegar a dominar sin un período de dictadura, es decir, sin conquistar el poder político y aplastar por la fuerza la resistencia más desesperada y más rabiosa que, sin detenerse ante ningún crimen, siempre han opuesto los explotadores. La burguesía conquistó el poder aplastando por la violencia a los reyes, los señores feudales, y sus tentativas de restauración.

Así pues, la dictadura del proletariado no sólo es plenamente legítima [...] sino que es absolutamente necesaria. La forma de la dictadura del proletariado lograda ya en la práctica es el poder soviético en Rusia. Había, pues, que defender y propagar el sistema de los Soviets. Esta sería la tarea principal de los partidos comunistas en todos los países donde aún no existía el poder soviético.

Tras este primer Congreso, la afluencia a la Internacional de grupos y partidos fue enorme. La bandera del comunismo atraía a cuantos estaban desengañados por la traición de la II Internacional, aunque no todos estos grupos eran revolucionarios. Entre ellos, los llamados centristas, con Kautsky a la cabeza, mantenían posiciones oportunistas y trataban de conciliar las nuevas concepciones del movimiento comunista con las podridas ideas de los socialtraidores. Una de las concepciones propugnadas por estos centristas era la de combinar el parlamento burgués con el Poder Soviético, o lo que es lo mismo, unir la dictadura de la burguesía con la dictadura del proletariado. Semejante teoría suponía abandonar íntegramente la doctrina de la lucha de clases y pasarse directamente al campo de la burguesía. A decir de Lenin, éste fue el golpe de gracia asestado a la II Internacional.

Era, pues, necesario dejar sentados de una forma clara los principios comunistas, tanto para cortar el camino hacia la Internacional a estos grupos vacilantes, como para evitar que su falsa e inconsecuente aceptación trajera consecuencias desastrosas, como había ocurrido con la República Soviética de Hungría. En este país, socialdemócratas y comunistas se habían unido en un Partido, que tras tomar el poder del Estado, proclamó la dictadura del proletariado. Pero al no ser depurado este Partido de los elementos reformistas, se cometieron una serie de errores que facilitaron a la contrarrevolución la derrota de la República.

El eje central del II Congreso de la Internacional Comunista (1920) será la aprobación de los Estatutos y los 21 puntos a cumplir por los Partidos y Organizaciones que solicitasen su ingreso en ella: acatar los acuerdos de la Internacional, romper con el oportunismo, depurar a los elementos reformistas o centristas, crear un aparato clandestino del Partido y subordinar a él (al Comité Central) la actividad legal -la prensa, la actuación en el parlamento, etc.-, realizar propaganda en el ejército y el campo, luchar por la liberación de las colonias y contra el militarismo imperialista, etc.

En el plano internacional, el régimen burgués estaba pasando en todo el mundo por una grave crisis revolucionaria. El movimiento obrero había alcanzado cotas hasta entonces desconocidas y, además, sus mejores representantes habían comprendido los principios fundamentales de la Internacional Comunista: la dictadura del proletariado y el Poder Soviético, y estaban de su lado.

Pero el movimiento comunista internacional, que crecía con inusitada rapidez, puso de manifiesto algunos errores o debilidades, entre los que destacaban la tendencia izquierdista que se estaba dando en muchos Partidos Comunistas como reacción a la política colaboracionista de los partidos socialdemócratas, y la transigencia con muchos viejos líderes reformistas, que habían mostrado su adhesión a los principios de la Internacional Comunista, pero que en realidad seguían desempeñando su papel de traidores.

Todo esto hacía que, a pesar de que las condiciones objetivas para la revolución estuvieran dadas y la situación económica y política seguía saturada de material inflamable, el proletariado no estuviera preparado aún para el ejercicio de la dictadura del proletariado. Por ello, la tarea principal de los Partidos Comunistas consistía en cohesionar las fuerzas dispersas, y formar en cada país un Partido Comunista único, a fin de acelerar la preparación de la conquista del poder del Estado.

Por otra parte, el Tratado de Versalles había legalizado el reparto del mundo entre las potencias vencedoras en la guerra imperialista, cercaba a la Rusia Soviética y alentaba el militarismo alemán y a las Repúblicas Balcánicas contra ella. Esto había traído consigo un fuerte movimiento de liberación en las colonias. La piedra angular de la Internacional Comunista en este sentido consistía en acercar a los proletarios de los países capitalistas desarrollados y a las masas trabajadoras de las naciones oprimidas para la lucha revolucionaria conjunta; además, en la Internacional se aprobó prestar todo tipo de ayuda a los movimientos revolucionarios de liberación nacional y se proclamó el derecho de autodeterminación de las naciones y de independencia de las colonias.

Tras el II Congreso se forman Partidos Comunistas en la mayoría de los países de Europa, Asia y América Latina. En estos momentos se produce un cambio en la situación internacional; por un lado, habían sido sofocados los intentos revolucionarios de tomar el poder (Alemania, Hungría, Finlandia, etc.), quedando en pie sólo la Rusia Soviética; por otro lado, los partidos comunistas recién creados eran aún muy débiles y no habían avanzado suficientemente en la consolidación de la alianza obrero-campesina.

Este cambio en la situación se constató en el III Congreso de la I. C. (1921), donde se vio que era necesario seguir una nueva táctica; se imponía realizar un repliegue para abordar tareas inaplazables y preparar después la ofensiva; Había que retroceder para saltar mejor (Lenin). Se aprobó la iniciativa, llevada a cabo en enero por los comunistas alemanes, de dirigirse a los demás partidos obreros y sindicatos con un llamamiento a acciones conjuntas por las reivindicaciones económicas y políticas inmediatas. Ello facilitaba el desenmascaramiento de las direcciones traidoras socialdemócratas y atraía hacia las filas revolucionarias a los obreros aún engañados por ellas. Se lanzó la consigna ¡A las masas!, con el objetivo de conseguir la influencia preponderante sobre la mayoría de la clase obrera y dedicar su parte más activa a la lucha revolucionaria.

En 1922 el fascismo sube al poder en Italia. En noviembre se reúne el IV Congreso de la I.C., que hizo un acertado análisis del régimen fascista y llamó a organizar contra él una fuerte lucha de masas, lo cual suponía avanzar en la unidad obrera. Se llamó a crear puntos de apoyo organizativos del frente único: comités de empresa, comités de acción, etc. Sin renunciar a negociar en algunos momentos con los dirigentes socialdemócratas, se remarcó que sólo se podía llegar a una verdadera realización del frente único partiendo desde abajo.

El V Congreso se celebró en 1924. El año anterior, la oleada revolucionaria comenzó a remitir tras la derrota de la insurrección alemana. El Congreso criticó a la dirección del partido alemán, que con sus vacilaciones y oportunismos de derecha había sido el principal responsable de la derrota. Se combatió la interpretación oportunista del frente único como una coalición con la socialdemocracia. Aunque el capitalismo iniciaba una etapa de relativa «estabilización», la Internacional hizo una llamada a la bolchevización de los partidos comunistas para prepararse ante las batallas de clase que se prevenían no muy lejanas.

En el VI Congreso ya se advirtió sobre una nueva ofensiva del capitalismo, señalando que durante el período de estabilización se habían agravado todas las contradicciones del régimen burgués. Se avecinaba una nueva crisis económica. A Bulgaria e Italia fascistas se unen Yugoslavia y Albania, y el mismo peligro se cierne sobre otros países.

En 1929 estalla una crisis económica sin precedentes, que alcanzó a todos los países capitalistas, especialmente a los EE.UU. Creció el paro y la miseria, mientras se destruían ingentes cantidades de artículos y se cerraban las fábricas. Los antagonismos de clase volvían a adquirir gran virulencia; los socialdemócratas se vieron desbordados por el auge del movimiento de masas.

En 1933, el fascismo sube al poder en Alemania. Hitler desencadena una sangrienta represión contra los trabajadores y los partidos obreros, al tiempo que prepara a Alemania para una nueva guerra por el reparto del mundo. Los demás países capitalistas apoyarán estos planes agresivos, orientándolos contra la URSS. En 1934, son derrotadas las insurrecciones en Austria y España (Asturias), pero en Francia e Italia los comunistas obtienen importantes avances en la aplicación de la táctica de frente único, al tiempo que encabezan poderosas movilizaciones antifascistas.

El VII y último Congreso de la Internacional Comunista se reúne en 1935. En el Informe, presentado por el dirigente comunista búlgaro Jorge Dimitrov, se alertaba sobre la ofensiva general del fascismo, que había subido al poder en gran cantidad de países y amenazaba a otros.

En las tesis fundamentales de su Informe, el dirigente búlgaro destaca que la gran burguesía necesita al fascismo para poder descargar la crisis económica sobre los trabajadores, buscar un nuevo reparto del mundo por medio de la guerra y atacar a la URSS. En el fondo, el fascismo revela la extrema debilidad de la burguesía, pero al mismo tiempo, pone de manifiesto la desorganización e impotencia del proletariado en los países en los que logra imponerse. Dimitrov definió al fascismo como la dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero.

La socialdemocracia se oponía a la constitución de frentes populares porque eso supondría una provocación al fascismo. El Secretario General de la Internacional les acusó de ocultar la verdadera naturaleza del fascismo y de escindir y desarmar al proletariado ante la ofensiva ultrarreaccionaria del gran capital. También señaló que el fascismo, allí donde consigue imponerse, no resuelve ningún problema, sino que agudiza al máximo todas las contradicciones. Al fascismo se le puede frenar combatiéndole resueltamente por medio de un amplio frente antifascista formado por los obreros, los campesinos y la pequeña burguesía, sobre la base de un frente único del proletariado y un Partido Comunista fuerte. Por último, Dimitrov destacó como aliado del proletariado al amplio movimiento antiimperialista que, desde la Revolución de Octubre, se venía desarrollando en la India, China, Afganistán Irán...

Los acontecimientos vinieron a confirmar la justeza de las resoluciones del VII Congreso. En Francia y España, los Frentes Populares alcanzaron resonantes victorias; en China se formó un Frente Antijaponés entre el PCCh y el Kuomintang, en Chile y otros países de Sudamérica se constituyeron Frentes Populares.

Sin embargo, la política de apaciguamiento de los países capitalistas y las vacilaciones de los socialdemócratas favorecieron los planes agresivos del fascismo. Italia ataca Abisinia en 1935; en 1936, estalla la sublevación militar fascista en España con la descarada intervención de Alemania e Italia; en 1937, Japón invade China. Se dio forma al Eje Berlín-Roma-Tokio. En 1938, los alemanes ocupan Austria y Checoslovaquia y el mismo año se firma el vergonzoso Pacto de Munich, que venía a ser una capitulación en toda regla de los países capitalistas ante los agresores nazis.

A pesar de los esfuerzos de la Internacional Comunista y de la URSS, la guerra se desencadenó. En 1939, Alemania invade Polonia y en un año ocupa toda Europa Occidental excepto la Península Ibérica. En 1941, se produce la agresión hitleriana contra la URSS. La guerra hizo mucho más compleja la labor de los partidos comunistas. Estos se habían desarrollado y fortalecido ideológicamente y ya eran capaces de llevar adelante con independencia sus propias tareas. Por último, las previsiones de la Internacional Comunista se habían cumplido de sobra: no sólo se habían formado Frentes Populares en numerosos países, sino que todo un Frente Antifascista Mundial, con la URSS a la cabeza, estaba combatiendo con las armas en la mano al fascismo.

En 1943 se celebraron las Conferencias de Moscú y Teherán, con la participación de la URSS, los EE.UU. e Inglaterra, en las que se selló la alianza para la derrota de los agresores nazifascistas y se acordó la creación, tras la guerra, de una Organización Mundial para preservar la paz (más tarde sería la ONU). Teniendo en cuenta las nuevas circunstancias y el hecho de que la presencia de la Internacional Comunista despertaba los recelos de los países capitalistas aliados, en mayo de 1943 el Presídium de la Internacional decidió disolverla.

La III Internacional había cumplido su misión histórica: restauró y fortaleció los vínculos entre los trabajadores de los distintos países, elaboró las cuestiones teóricas del movimiento obrero en las nuevas condiciones creadas por el imperialismo y la I Guerra Mundial, incorporando las tesis leninistas y defendiendo la doctrina marxista frente a las deformaciones del oportunismo. De este modo transformó los partidos obreros en Partidos Comunistas de masas, capaces de llevar adelante la lucha contra el fascismo y por la revolución socialista en cada país.

CANCION LA INTERNACIONAL

Arriba, parias de la Tierra.
En pie, famélica legión.
Atruena la razón en marcha,
es el fin de la opresión.

Del pasado hay que hacer añicos,
legión esclava en pie a vencer,
el mundo va a cambiar de base,
los nada de hoy todo han de ser.
Agrupémonos todos,
en la lucha final.

El género humano
es la internacional.
Ni en dioses, reyes ni tribunos,
está el supremo salvador.
Nosotros mismos realicemos
el esfuerzo redentor.

Para hacer que el tirano caiga
y el mundo siervo liberar,
soplemos la potente fragua
que el hombre libre ha de forjar.

Agrupémonos todos,
en la lucha final.
El género humano
es la internacional.

La ley nos burla y el Estado
oprime y sangra al productor.
Nos da derechos irrisorios,
no hay deberes del señor.

Basta ya de tutela odiosa,
que la igualdad ley ha de ser,
no más deberes sin derechos,
ningún derecho sin deber.

Agrupémonos todos,
en la lucha final.
El género humano
es la internacional.

domingo, 9 de noviembre de 2014

VICENTE ROJO, EL GRAN ESTRATEGA


Vicente Rojo Lluch (n. Fuente la Higuera (Valencia) 8 de octubre de 1894 - f. Madrid, 14 de octubre de 1966) fue un militar español jefe del Estado Mayor del Ejército republicano durante la Guerra Civil Española. Es conocido por su participación al frente de las fuerzas del bando republicano durante la Guerra Civil Española en la defensa de Madrid, así como en la planificación operativa de la Batalla del Ebro, (ocupando ya el puesto de General del Estado Mayor), la Brunete, y finalmente el Plan P. A pesar de estar en el bando republicano, él mismo se definió como católico, apostólico y romano.

Al finalizar la Guerra estuvo exiliado en diversos países: Francia, Argentina y Bolivia. En el año 1957 logra regresar de nuevo a España y es juzgado por "auxilio a la rebelión" y perdió el cargo militar. Fue autor de diversos libros relativos a la narración histórica de la Guerra Civil Española, así como del entorno social que rodeó al conflicto. Durante su vida, pre y posbélica, ejerció de profesor y publicó diversos libros especializados en diversos campos de la ciencia militar.

Su madre murió cuando Vicente tenía trece años de edad, y él no tuvo opción, fue asignado de inmediato a la institución en representación de internado denominada los Huérfanos de Infantería. Se puede decir que Rojo no eligió la carrera militar, ingresó en esta institución en calidad de huérfano de militar. Agravado por la situación económica de su familia en el año 1911, ingresa en la Academia de Infantería de Toledo.

Una enfermedad en el ojo izquierdo retrasa sus estudios, tras tres años de convalecencia aprende a disimular el problema de su reducción de visibilidad. Vicente pudo pasar estos primeros años gracias a las aportaciones económicas solidarias de sus hermanos mayores. En esta su primera estancia en el Alcázar de Toledo estudiando hizo grandes amistades con algunos de sus compañeros. Su coronel José Villalba Riquelme lo recordaría como un aplicado alumno, del que finaliza sus estudios en el año 1914 con el grado de subteniente, habiendo obtenido el número dos en una promoción de 390 cadetes alumnos de la academia. Franco había acabado años antes, en 1911, los estudios en la misma academia.

Su primer destino se realiza en Barcelona, en junio de 1914 siendo asignado al Regimiento Vergara 57. Era una época complicada de conflictos sociales en las calles barcelonesas. Estuvo conviviendo en la misma casa con su hermano Fernando Rojo, tres años mayor que él. Su hermano trabajaba en la Catalana de Gas y Electricidad y logró mantener su empleo hasta después de la Guerra Civil. Al igual que Vicente se había educado en un orfanato militar de Toledo (María Cristina), sólo que al final no eligió la carrera militar.

Este periodo barcelonés de Vicente fortaleció el vínculo de ambos hermanos. Durante esta época tuvo que enfrentarse como represor a las huelgas catalanas, y por otra parte tenía que oír las versiones de su hermano (que se encontraba en el otro bando). Fernando durante la Guerra se afilió a la UGT, aunque esta actitud era normal durante la guerra por motivos de supervivencia. La penuria económica y el bajo sueldo de Vicente en Barcelona (que correspondía a 35 duros) le obligan a solicitar el destino de Marruecos a la campaña africana de España. El destino de Marruecos era prometedor, el rey Alfonso XIII había concedido ventajas de ascenso en el escalafón a los militares destinados allí. Es muy probable que Vicente quisiera probar suerte.

El 10 de enero de 1915 se incorpora al Regimiento de Infantería de Córdoba nº 10, este destino se encuentra en la mitad de camino entre las posiciones de Ceuta y Melilla en el protectorado español de Marruecos. Este era un lugar en que los militares españoles ambiciosos lograban en un corto periodo de tiempo posiciones altas en el escalafón.1 Tras pasar un periodo de aclimatación en Córdoba el 18 de febrero se incorpora al Batallón de Cazadores Arapiles nº 9, estacionado en Tetuán. Su bautismo de fuego lo tuvo en la ciudad de Laucién, y fue una escaramuza. El 29 de junio de 1916 tuvo lugar una importante operación en la cabila de Anyera, el Batallón de Cazadores de Arapiles tuvo participación en dicha operación.10 Durante este periodo tuvo que realizar diversas operaciones militares, alternó posiciones avanzadas con las de retaguardia, a finales de 1916 fue condecorado con Cruz Roja al Mérito Militar. En junio de 1918 ascendió a Capitán. Participó en la misión de Alcazarseguir en el norte de Marruecos.

En este ambiente militar, Rojo participó en numerosas Juntas de Defensa, dichas juntas eran una especie de tribunales de justicia encargadas de imponer moralidad. La aventura africana no parece lograr en Rojo las satisfacciones deseadas, y tras solicitar cambio de destino el 12 de julio de 1919 se incorpora al Regimiento de Infantería Vergara número 57 ubicado en Barcelona. En sus periodos de permiso que disfrutó en Ceuta conoció a Teresa Fernández, ambos contraen matrimonio en Madrid el 13 de marzo de 1920. Tras casarse es destinado al Batallón de Cazadores de Montaña Alfonso XII número 1 ubicado en Vich, en 1922 tiene su segundo hijo y logra ser destinado como profesor en la Academia de Infantería de Toledo, algo que llevaba deseando desde varios años. La Academia de Infantería era la única institución de enseñanza para los oficiales de la época.

Ascendido a comandante el 25 de febrero de 1936, al estallar la guerra civil, en julio de 1936, se mantuvo leal al gobierno de la República, y fue uno de los militares profesionales que participó en la reorganización de las fuerzas republicanas durante los instantes posteriores al golpe de Estado. La intención recelosa del gobierno de Giral fue la de desmantelar el ejército, finalmente en agosto de este mismo año se reactivan los escalafones militares. No es de suponer que se cuestionase la lealtad de Vicente Rojo ya que desde los primeros instantes fue trasladado a las oficinas del Estado Mayor del Ministerio al mando de Hernández Saravia. Debido a las operaciones de acoso a la Capital desde el norte, el 24 de julio partía a Somosierra para incorporarse a una columna que estaba bajo las órdenes de Enrique Jurado, estuvo destinado hasta el 28 de agosto en Lozoyuela, tras este primer punto de contacto regresó al Estado Mayor. El primer contacto con los milicianos fue muy bien entendido y fue considerado a partir de ese primer destino. Durante esos meses de gran actividad tuvieron que reorganizar un nuevo ejército capaz de enfrentarse con las tropas nacionales que avanzaban por Extremadura hacia la capital, en ese intento se creó la Inspección General de Milicias con el objeto de controlar los batallones de voluntarios. El 18 de agosto llegan las noticias de la toma de Badajoz y de las brutales represiones posteriores por parte del general Yagüe.

Una de las primeras misiones asignadas a Vicente Rojo (en compañía de un miliciano al que denomina simplemente M. en sus papeles) fue la de pactar una rendición al asediado Alcázar de Toledo el 9 de septiembre de 1936, esta misión (propuesta por Largo Caballero) fue ciertamente dura para él, ya que suponía volver a la academia en la que estuvo destinado como profesor durante casi una década. El 8 de septiembre la Junta de Defensa de Toledo (ubicado en la casa de Correos) redacta el mensaje que debe aceptar Moscardó. Rojo sabe de antemano que Moscardó no aceptará las condiciones. Ese 9 de septiembre a las diez de la mañana entra por Puerta de los Carros con los ojos vendados a entrevistarse con Moscardó. Muchos de sus viejos camaradas se encontraban en su interior (entre ellos su antiguo colaborador Emilio Alamán Ortega). La recepción en el Alcázar por el general Moscardó fue fría y protocolaria, escuchó las condiciones y posteriormente permitió que Rojo saludara a sus antiguos colegas. Solicitó la entrada al recinto de un sacerdote para que pudiera hacer sus servicios religiosos en el Interior del Alcázar. Regresó a Madrid e informó en persona a Largo Caballero de lo sucedido.

En octubre de 1936 fue ascendido a teniente coronel siendo designado Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa,
mandadas por el general Miaja, jefe de la Junta de Defensa de Madrid, creada para defender la capital a toda costa después del traslado del gobierno de la República a Valencia. En este puesto preparó un eficaz plan de protección de la ciudad, que evitó su caída. A partir de entonces, su fama como organizador no hizo sino aumentar. Su trabajo se fundamentó en organizar las milicias y que pudieran ofrecer un frente disciplinado ante el avance nacional. Evitar la improvisación y promover en la medida de lo posible la organización en el frente.

El 18 de octubre se crean las seis primeras Brigadas Mixtas. El avance de las tropas nacionales hacia Madrid parecía imparable tras la toma de Toledo por el ejército nacional el 28 de septiembre, tras este incidente en la primera semana de octubre se producen las primeras escaramuzas en Illescas. Vicente Rojo fue designado para detener el avance en esa localidad. El general José Asensio Torrado fue designado para planificar esta operación. Los combates comenzaron el día 20 de octubre y duraron hasta el 24 del mismo mes. Durante el acercamiento Rojo pudo comprobar el caos de la defensa republicana, intentó mejorar las comunicaciones en la localidad de Seseña con el objeto de establecer la logística.

Pronto pudo comprobar que las baterías artilleras eran de calibres muy dispares (del 7.5 y 6.5) y que no estaban bien abastecidas, en la mayoría de los casos las recibidas eran del 6.5. Espontáneos brotes de pánico en los frentes, mala preparación de los milicianos, etc. Rojo se da cuenta al estar en la línea de fuego que había muchas cosas que mejorar, es en esta época cuando conoce a Juan Modesto Guilloto el que será su estrecho colaborador. El día 2 de noviembre se le nombra responsable de la sección de Organización y Movilización en el Estado Mayor.

La marcha del gobierno republicano a Valencia se produce el 6 de noviembre de 1936 pero antes dejan al general Pozas que se haga cargo del Ejército del Centro, y la Junta de Defensa de Madrid al general Miaja, la consigna era: la defensa de Madrid a toda costa. Vicente Rojo, que se encontraba bajo las órdenes de Miaja, se hace cargo de la situación desde el primer instante. El perímetro a defender comprendía entre unos 32 a 35 kilómetros. La defensa de Madrid comienza cuando las tropas del general Varela avanzan hasta rebasar la Casa de Campo el día 7 de noviembre.

Algunos autores describen la situación: "Si el General Miaja era la voz de mando, Rojo era la cabeza pensante y la voluntad organizadora". Cuando el día 8 las tropas nacionales avanzan por la Casa de Campo la defensa ya está organizada. Un contraataque de la Brigada 3 hacia Húmera sorprende el flanco izquierdo de las tropas de Varela que tienen que luchar en un terreno boscoso, en el centro se encuentra estancado el frente. En el flanco derecho se producen escaramuzas en Carabanchel, y el día 9 de noviembre hay combate casa a casa. Se luchaba cuerpo a cuerpo, en algunos casos era difícil remunicionar ciertas zonas. El mismo día 8 Rojo abandona el frente para solicitar a Miaja refuerzos en el frente de Moncloa, éste se niega por reservarlos para una ofensiva en el Jarama. Solicitó permiso para convencer en persona a la primera Brigada de las Brigadas Internacionales que se encontraban destacados en Ciempozuelos donde recibió la misma negativa. A partir del 10 y hasta el 14 el Estado Mayor reconsideró su negativa inicial y empezaron a llegar los refuerzos: dos Brigadas Internacionales (XI y XII) y tres mixtas (la 2ª, 5ª y 6ª).

En estos días la familia de Vicente Rojo es evacuada de la casa cercana al frente (Guzmán el Bueno) a la casa del director de cine Luis Buñuel (Menéndez Pelayo). Poco tiempo tuvo para estar con su familia, mientras vivía en el Estado Mayor acompañado de sus tenientes coroneles más allegados. Sobre la tensión vivida durante esos primeros días de noviembre Rojo escribe en su Anecdotario 103 puntos de los que tan sólo pudo describir los títulos. En ellos refleja los problemas habidos con la Junta de Defensa, con los milicianos comunistas, con la Embajada de Finlandia, las peticiones de munición a Valencia, etc.

El 13 de noviembre Barrón toma el Cerro Garabitas de la casa de Campo. El día 15 Rojo prepara una contraofensiva para recuperar Garabitas y fracasa al coincidir con una violenta ofensiva nacional que provocó pánico entre las unidades republicanas. Las tropas nacionales abren brecha y entran en la Ciudad Universitaria hasta el Hospital Clínico y allí la Brigada 3 al mando de Jesús Martínez de Aragón detuvo el ataque. Ese mismo día una comitiva de Miaja y Rojo a inspeccionar el frente a la altura de la Cárcel Modelo y se vieron involucrados en mitad del fragor. El día 23 de noviembre tras una visita de Francisco Franco desde Leganés decide detener la ofensiva. El frente queda parado en el Clínico. El general Miaja decide frenar la situación caótica existentes en las sacas de presos y los paseos, las checas. Uno de los héroes de este primer enfrentamiento fue Manfred Zalmanovich Stern (conocido como general Emil Kléber) y su personalidad era radicalmente diferente a la de Vicente Rojo. Este denunció ante Miaja lo que se vino a denominar como caso Kléber. En dicho informe de nueve puntos señala las discrepancias que hubo entre ambos. Kléber fue relevado de sus funciones en la defensa de Madrid en enero de 1937. Sin embargo la relación de Rojo con el general ruso Vladimir Gorev fue cordial en todo momento.

El 29 de noviembre de 1936 se abre otra ofensiva con fuerte apoyo de aviación en la denominada la primera batalla de la carretera de La Coruña, esta ofensiva está dirigida por García-Escámez. La resistencia organizada por Rojo logró sus frutos paralizando el frente de nuevo. Se comienza el día trece de diciembre la que será la segunda batalla de la carretera de La Coruña, esta ofensiva muestra una maniobra muy preparada, es de mayor alcance que la anterior y se ve frenada por la niebla, que le imposibilita utilizar su mayor poder aéreo y artillero, y por la obsesión de tomar Boadilla, en donde los republicanos muestran su buena preparación para la defensa. El 14 de enero de 1937 cuando se van extinguiendo los combates en la la carretera de La Coruña el general Pozas intenta aconsejar a Largo Caballero de la necesidad de realizar una maniobra de doble envolvimiento a lo largo del Jarama contra las tropas enemigas con el objeto de romper su línea de comunicaciones.

Rojo sostenía que el ataque simultáneo de Brunete hubiera sido vital debido a lo poco protegido que se encontraba la zona. El 6 de febrero el ejército nacional comienza la ofensiva en un frente que va desde Perales hasta Ciempozuelos. El avance resultó imparable hasta que el día 14 consolida el Pingarrón, lugar en el que se centró la serie de ataques y contraataques hasta que el 23 el general Miaja dio por finalizada la batalla quedando todo en un punto de equilibrio. Tras esta ofensiva se esperaba que otra vendría, hasta que el 8 de marzo se produce un avance en Guadalajara de tropas motorizadas italianas (Corpo Truppe Volontarie) en apoyo de Franco. La ofensiva llega hasta Brihuega el día 10 de marzo. Ese día y en ese lugar en el que se estanca por la resistencia del ejército republicano y las Brigadas Internacionales, contribuyendo el mal tiempo a frenar el avance del gran material bélico que transportaban. Para el día 18 se planificó un fuerte contra ataque y se recuperó Brihuega.

Con un prestigio acrecentado, en marzo de 1937 fue nombrado coronel y en mayo, tras la formación del gobierno Negrín, Jefe del Estado Mayor Central de las Fuerzas Armadas y Jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra. Desde este nuevo empleo se encargó de dirigir la expansión del Ejército Popular, y creó el denominado Ejército de Maniobra, que debía servir de avanzadilla ofensiva del Ejército Republicano.

En marzo de 1937 se comenzaba las ofensivas por el Norte y el primer objetivo de las tropas nacionales fue Bilbao. Rojo propone un cambio de estrategia y recomienda pasar a la ofensiva y uno de los objetivos iniciales era lograr el cerro Garabitas desde el que se castigaba Madrid. Se movilizaron varias divisiones y diversos carros de combate (T-26 Soviéticos) así como aviación y artillería y el 10 de abril comenzó la ofensiva, la ejecución se hizo acorde con los planes pero la lucha encarnizada causó tantas bajas que algunos comandantes se retiraron (entre ellos Líster) y el día 14 la operación se suspensión con un balance de 1500 soldados republicanos muertos y las tropas franquistas mantuvieron sus posiciones iniciales anteriores a la operación. La primera ofensiva del Estado Mayor de Rojo había sido un fracaso. El 23 de abril se disuelve la Junta de Defensa de Madrid y tras su ascenso a coronel se le destina Valencia, al Estado Mayor Central. En una reunión de Estado Mayor propuso una ofensiva que cumpliera cuatro puntos: descongestionar Bilbao, reducir el saliente de Teruel y crear una amenaza sobre Zaragoza, alejar al enemigo del Manzanares y cortar por Extremadura las comunicaciones en eje Norte-Sur. El primero de los puntos no pudo lograrse debido a que el 19 de junio Bilbao cayó, los otros sufrieron demoras.

A pesar de todo el 6 de julio de 1937 se puso en marcha la ofensiva de Brunete, la instrucción para su ejecución fue aprobada por Indalecio Prieto, pero llevaba siendo propuesta varios meses antes por Rojo como maniobra para detener el avance por el norte. El avance planificado, a pesar de su claro avance, sufrió diversos percances. El efecto sorpresa funcionó y la campaña hacia Santander de las tropas franquistas fue detenida. La Legión Cóndor apareció por los cielos y acosó a las tropas de Rojo. Al séptimo día de la batalla, se detuvo la ofensiva. Hubo problemas con el abastecimiento de municiones y el ritmo de consumo de municiones artilleras alertó a los altos estamentos del ejército. Madrid en aquella época había dejado de ser un objetivo militar para Franco. El 14 de agosto Rojo anuncia su plan de acción político-militar en el que anuncia tener informaciones sobre el estado de descomposición de algunas posiciones de retaguardia enemiga y era necesario explotar su descontento. Otros intentos de coronel Rojo desde Valencia por detener el avance de las fuerzas nacionales a Santander con una maniobra de distracción.

La operación más ambiciosa que llevó a cabo Rojo ocurre a lo largo de 1938 y fue la ofensiva del Ebro, que dio lugar a la larga batalla del Ebro desarrollada desde el 25 de julio al 16 de noviembre de 1938, y en la cual la República se jugó su prestigio internacional, su capacidad de resistencia y la posibilidad de poder dar un giro favorable al curso de la guerra. Los primeros avances planificados por Rojo fueron exitosos. Tras un primer avance sorpresivo a las fuerzas franquistas, pronto el frente se estabilizó. Los aviones nacionales bombardeaban Barcelona en marzo. Tras la ofensiva de Aragón, que no lograron detener finalmente las tropas republicanas dirigidas por el general Rojo, las tropas de Franco logran tocar el Mediterráneo cortando el 15 de abril, por primera vez, la comunicación de Barcelona con Madrid y Valencia, comienza de esta forma la ofensiva de Cataluña.

Se incluyó de nuevo el plan P de Rojo, pero la gravedad de los acontecimientos negó de nuevo su ejecución. Los primeros días de abril caen Lérida y Gandesa. Rojo en Barcelona con su familia planifica las operaciones militares, pero las tropas nacionales gobernadas por Franco, cambian de parecer y se dirigen a Valencia por la costa. Castellón cae el 14 de junio y Valencia sufrirá numerosos bombardeos aéreos de la aviación fascista hasta el 30 de marzo de 1939, momento en el que consiguen tomar la ciudad. A pesar de la organización de las tropas republicanas el 15 de enero de 1939 cayó Tarragona. El 18 de enero, por insistencia de Negrín, el general Rojo habló por la radio por primera vez en toda la guerra. Ese discurso, cargado de esperanza, impresiona a Antonio Machado que escribe al día siguiente una carta a Vicente Rojo. El 26 de enero Barcelona cae y Rojo menciona que la ciudad poseía los mismos medios materiales y humanos que Madrid en el año 1936, mencionando que Barcelona "se perdió simple y llanamente por no haber voluntad de resistencia". Ya desde el 15 se produjeron desbandadas de población hacia la frontera pirenaica con Francia, la caída de Barcelona agravó la situación. A pesar de aconsejar el general Rojo a Negrín la terminación de la Guerra, Negrín alegó que renunciar, supondría una lucha entre los que querían seguir y los que abandonaban.

Tras la caída de Barcelona, el ejército republicano se concentró el 1 de febrero delante del río Tordera con el objeto de cubrir las regiones de Vich y Seo de Urgel. Se encargó al general Saravia que acaba siendo depuesto de la misión por consejo especial de Rojo. A Rojo lo único que le importaba es que el ejército republicano pasase ordenadamente la frontera con Francia. El 9 de febrero las tropas franquistas alcanzan la frontera de Le Perthus finalizando el paso a la frontera desde el lado español. El general es uno de los últimos de abandonar la frontera y cruzar al lado francés. Las autoridades francesas desarmaban a los soldados, y a aquellos que no poseen referencias les obligaban a confinarse en campos de concentración.

Tras la caída de Cataluña, en febrero de 1939, pasó a Francia a la pequeña ciudad de Vernet-les-Bains lugar donde se reunió con su familia. Teresa, su mujer, da a luz la más pequeñas de las hijas el 29 de septiembre de 1938 y su padrino será Juan Negrín. En esta época Rojo muestra su amistad con el político. La familia estaba junta, con excepción de uno de los hijos que desde el comienzo de la contienda se encontraba en la zona nacional. Rojo pronto comprueba la situación penosa de los refugiados españoles en la zona francesa, ubicados en campos de concentración. Esta situación indignó a Rojo que en su intento de actuar escribe cartas "categóricas" a Negrín reclamando una solución.

En febrero de 1957 regresó a España, gracias a las gestiones de un jesuita que conoció durante su estancia en Bolivia y avalado también por el obispo de Cochabamba, antiguo capellán castrense a las órdenes de Rojo. Desembarcó en Barcelona y se dirigió a Madrid. Nada más llegar a Rojo se le abre un expediente informativo a cargo del coronel Enrique Eymar Fernández, se le comunica que es un procedimiento rutinario con los que llegan del exilio. Vicente se traslada a Sagunto y allí se entera que el procedimiento de expediente informativo acaba elevándose a Causa Criminal.

El 16 de julio de 1957 se le citó para ser procesado por «rebelión militar». Vicente Rojo, amparándose en el artículo 554, recurrió. Con ello se iniciaron los trámites. La situación pareció a Rojo muy ofensiva, tras cuarenta y seis años de servicio sin incidentes, ahora era sentenciado por una causa que le dejaba perplejo. Durante el procedimiento tuvo que acudir cada siete días ante el juez para probar que permanecía en Madrid (Raymond Carr le invitó a Londres y recibió como respuesta escueta: "de ninguna manera"). El día del proceso, eligió un abogado militar de turno, evitando que un amigo le defendiera. En la calificación provisional se le quería procesar a treinta años. El juicio tuvo lugar el 5 de diciembre de 1957. Finalmente sería juzgado por "auxilio a la rebelión", en su calidad de excomandante del Ejército, paradójicamente por el hecho de no haberse rebelado contra el gobierno legítimo de la República.

Vicente Rojo padecía de un enfisema pulmonar y ello le acarreaba serios problemas de salud debido a su tabaquismo. Su adicción al tabaco le impidió dejar de fumar, y permaneció en su hábito hasta sus últimos días. Finalmente falleció en la casa de su suegro en Ríos Rosas, 48 a las siete de la madrugada del 15 de junio de 1966. En su testamento legaba lo poco que poseía a su esposa y cedía su «Autobiografía» a sus herederos. Las agencias de prensa dieron de forma muy escueta la noticia, los diarios ABC y Ya recordaron su grado de general y únicamente el diario El Alcázar, órgano de los excombatientes franquistas, destacó el prestigio de que gozaba entre los militares por su capacidad profesional. Las necrológicas en los distintos periódicos de provincias se fueron sumando. El entierro se celebró el día después, sus restos fueron trasladados al Cementerio de San Justo.

LARGO CABALLERO, EL PRESIDENTE ESTUQUISTA


Sindicalista y político español. Secretario general de la Unión General de Trabajadores (UGT), miembro del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Presidente del Gobierno (1936-1937). Nació en Madrid, en 1869. La separación de sus padres le obliga a trabajar desde muy pequeño. A los nueve años comienza el aprendizaje de estuquista, oficio que sería su definitiva profesión. En 1890 se afilia a la Unión General de Trabajadores (UGT) y, cuatro años más tarde, al Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

Su participación en el movimiento socialista estuvo siempre vinculada a su actividad sindical. En 1904 es nombrado vocal obrero del Instituto de Reformas Sociales y, al año siguiente, es elegido concejal del Ayuntamiento de Madrid. Elegido secretario general de la Unión General de Trabajadores en 1918, permanecerá en el cargo durante veinte años. Su acción marcará la historia del sindicato socialista. Durante los años en que se desarrolló la Primera Guerra Mundial, trabajó intensamente en la potenciación del movimiento sindical, lo que le llevó a mantener relaciones, a menudo polémicas, con la Confederación Nacional del Trabajo (CNT).

Formó parte del comité de huelga de 1917; fue detenido, procesado y condenado a pena de muerte, más tarde conmutada por cadena perpetua. Elegido diputado en las elecciones de febrero de 1918, fue amnistiado y excarcelado. Como secretario general de la UGT, asistió al Congreso de Berna de la II Internacional, en febrero de 1919, y al I Congreso de la Federación Sindical Internacional (FSI), celebrado en Amsterdam en los meses de julio y agosto de 1919. A su regreso se manifestó en contra del ingreso en la III Internacional.

Su intervención fue decisiva para que la UGT rechazara, en su congreso de noviembre de 1922, toda vinculación con los comunistas. Durante la dictadura de Primo de Rivera se impuso como dirigente de hecho del socialismo español. Aceptó participar en cargos públicos, por lo que, en 1924, ingresó en el Consejo de Estado, en calidad de representante obrero. Tres años más tarde, con su negativa a participar en la Asamblea Nacional, se distancia progresivamente de Primo de Rivera. En 1930 apoya la participación del PSOE y de la UGT en el movimiento republicano, iniciado ese mismo año, a título personal, por Indalecio Prieto.

Formó parte del comité revolucionario que preparó el advenimiento de la segunda República, y una vez proclamada, en abril de 1931, fue ministro de Trabajo. Elegido presidente del partido en 1932 y de la Unión General de Trabajadores, tras desplazar a Besteiro de la dirección de ésta en 1934, se convierte en el líder del socialismo, ahora radicalizado hacia posiciones más izquierdistas. Tras la derrota sufrida en los sucesos de octubre de 1934, que le valieron a Largo Caballero el calificativo de "Lenin español", se mostró partidario de reanudar la alianza con los republicanos, hecho que le produjo la pérdida de posiciones en el partido, del que dimite como presidente en diciembre de 1935.

A partir de este momento, se dedicará a la dirección del sindicato y a reiterar su propuesta a favor de la unidad con los comunistas. Desde el estallido de la Guerra Civil,asumió una activa defensa de la República, basada en la movilización sindical y en las milicias obreras. En septiembre de 1936 presidió la formación de gobierno del Frente Popular, completado, poco después, con la integración de la CNT. Además se hizo cargo de la cartera de la Guerra. A raíz de los sucesos ocurridos en Barcelona, en mayo de 1937, el Partido Comunista, con apoyo de la ejecutiva del PSOE, exige su abandono del ministerio de la Guerra. Largo Caballero dimite de la presidencia del gobierno y, tras la caída de Cataluña, en enero de 1939, se exilia a Francia.

En Vichy es detenido por la policía y, más tarde, es internado en el campo de concentración alemán de Orianenburg, del que es liberado en 1945 por las tropas soviéticas. A su regreso a Francia, el mismo año de su liberación, se incorpora al PSOE y a la UGT en el exilio, impulsados por Llopis, Trifón Gómez y De Francisco. Murió en París en 1946. A lo largo de su vida escribió varias obras, pero de todas ellas la más conocida es la titulada Presente y futuro de la Unión General de Trabajadores de España.

En estas citas de Francisco Largo Caballero, líder del PSOE durante la dictadura de Primo de Rivera, la II República y la Guerra Civil, se demuestra que la intención del PSOE era ir a la Guerra Civil e imponer una tiranía como en la URSS:

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“Quiero decirles a las derechas que si triunfamos colaboraremos con nuestros aliados; pero si triunfan las derechas nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la Guerra Civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos”.

19-01-1936 en un acto electoral en Alicante, y recogido en El Liberal, de Bilbao, 20-01-1936.

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“La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la revolución”.

Mitin en Linares el 20-01-1936.

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“La transformación total del país no se puede hacer echando simplemente papeletas en las urnas… estamos ya hartos de ensayos de democracia; que se implante en el país nuestra democracia”.

10-02-1936, en el Cinema Europa.

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“Si los socialistas son derrotados en las urnas, irán a la violencia, pues antes que el fascismo preferimos la anarquía y el caos”.

Ya en aquella época, como ahora, para el PSOE todo grupo que no fuera el suyo era considerado inmediatamente “fascista” y “retrógrado”.

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“En las elecciones de abril (1931), los socialistas renunciaron a vengarse de sus enemigos y respetaron vidas y haciendas; que no esperen esa generosidad en nuestro próximo triunfo. La generosidad no es arma buena. La consolidación de un régimen exige hechos que repugnan, pero que luego justifica la Historia”. “Vamos a la Revolución social. ¿Como? (una voz del público: como en Rusia) No nos asusta eso…Habrá que expropiar a la burguesía por la violencia”. “Tenemos que recorrer un periodo de transición hasta el socialismo integral, y ese período es la dictadura del proletariado, hacia la cual vamos. Había que “preparar la ofensiva socialista”.

01-11-1933. Largo Caballero, Discursos a los trabajadores, Barcelona, Fontamara, 1979, p.151-2. M. de Coca, Anticaballero, Madrid, Centro, 1975, p.85 y ss. M. Tuñón de Lara, La crisis del estado: dictadura, República, guerra (1923-1939), Barcelona, Labor, 1986, p. 129,170.

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“Si no nos permiten conquistar el poder con arreglo a la Constitución… tendremos que conquistarlo de otra manera”.

Febrero de 1933, Largo Caballero, Escritos de la República, Pablo Iglesias, 1985, p.34-5.

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El 23-11-1931 Largo, entonces Ministro de Trabajo, ante la posibilidad de que las Cortes se disolviesen por no tener mayoría, amenaza:

“Ese intento sólo sería la señal para que el PSOE y la UGT lo considerasen como una provocación y se lanzasen incluso a un nuevo movimiento revolucionario. No puedo aceptar la posibilidad, que sería un reto al partido, y que nos obligaría a ir a una guerra civil”.

Acta de sesiones del Parlamento. El Debate, 24-11-1931, Madrid.

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“Antes de la República creí que no era posible realizar una obra socialista en la democracia burguesa. Después de veintitantos meses en el gobierno… si tenía alguna duda sobre ello, ha desaparecido. Es imposible”.

Agosto de 1933, en la Escuela de Torrelodones. FPI, XIII, p .452, El Socialista, 16-8-1933.

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“Se dirá: ¡Ah esa es la dictadura del proletariado! Pero ¿es que vivimos en una democracia? Pues ¿qué hay hoy, más que una dictadura de burgueses? Se nos ataca porque vamos contra la propiedad. Efectivamente. Vamos a echar abajo el régimen de propiedad privada. No ocultamos que vamos a la revolución social. ¿Cómo? (Una voz en el público: ‘Como en Rusia’). No nos asusta eso. Vamos, repito, hacia la revolución social… mucho dudo que se pueda conseguir el triunfo dentro de la legalidad. Y en tal caso, camaradas habrá que obtenerlo por la violencia… nosotros respondemos: vamos legalmente hacia la revolución de la sociedad. Pero si no queréis, haremos la revolución violentamente (Gran ovación). Eso dirán los enemigos, es excitar a la guerra civil… Pongámonos en la realidad. Hay una guerra civil… No nos ceguemos camaradas. Lo que pasa es que esta guerra no ha tomado aún los caracteres cruentos que, por fortuna o desgracia, tendrá inexorablemente que tomar. El 19 vamos a las urnas… Más no olvidéis que los hechos nos llevarán a actos en que hemos de necesitar más energía y más decisión que para ir a las urnas. ¿Excitación al motín? No, simplemente decirle a la clase obrera que debe prepararse… Tenemos que luchar, como sea, hasta que en las torres y en los edificios oficiales ondee no la bandera tricolor de una República burguesa, sino la bandera roja de la Revolución Socialista”.

El Socialista, 09-11-1933.

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“Cuando el Frente Popular se derrumbe -anunció-, como se derrumbará sin duda, el triunfo del proletariado será indiscutible. Entonces estableceremos la dictadura del proletariado, lo que… quiere decir la represión… de las clases capitalistas y burguesas”.

24-05-1936, en Cádiz, tras la victoria del Frente Popular, al que pertenecía el PSOE. El socialista, 26-05-1936. H. Thomas, La guerra civil española, Grijalbo, Barcelona, 1976, p. 203.

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“Hay que apoderarse del poder político; pero la revolución se hace violentamente: luchando, y no con discursos”.

Durante el Congreso de las Juventudes Socialistas. R. Calaf Masachs, Revolución del 34 en Asturias, Fundación José Barreiro, Oviedo, 1984, p. 57.

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“No creemos en la democracia como valor absoluto. Tampoco creemos en la libertad”.

Verano de 1934 en Ginebra. M. Martínez Aguiar, ¿Adónde va el Estado español?, Madrid, p.135.

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“Nuestro partido, es ideológicamente, tácticamente, un partido revolucionario… cree que debe desaparecer este régimen”.

Durante un mitin en el Cinema Europa de Madrid (01-10-1934).

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“Un recuerdo para todas las víctimas ocasionadas por la represión brutal de octubre (se refiere al golpe de estado contra la República dado por el PSOE)… y que prometemos que hemos de vengarlas… No vengo aquí arrepentido de nada… Yo declaro… que, antes de la República, nuestra obligación es traer al socialismo… Hablo de socialismo marxista… socialismo revolucionario… somos socialistas pero socialistas marxistas revolucionarios… Sépanlo bien nuestro amigos y enemigos: la clase trabajadora no renuncia de ninguna manera a la conquista de Poder… de la manera que pueda…La República… no es una institución que nosotros tengamos que arraigar de tal manera que haga imposible el logro de nuestras aspiraciones… Nuestra aspiración es la conquista del poder… ¿Procedimiento? ¡El que podamos emplear!… Parece natural que se aprovechase ahora la ocasión para inutilizar a la clase reaccionaria, para que no pudiera ya levantar cabeza”.

El Socialista, 13-01-1936. En el cine Europa.

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“El Partido socialista no es un partido reformista (…) cuando ha habido necesidad de romper con la legalidad, sin ningún reparo y sin escrúpulo. El temperamento, la ideología, y la educación de nuestro partido no son para ir al reformismo”.

Durante su discurso en el XIII Congreso del PSOE, celebrado en 1932, siendo Ministro de Trabajo.

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“El jefe de Acción Popular decía en un discurso a los católicos que los socialistas admitimos la democracia cuando nos conviene, pero cuando no nos conviene tomamos por el camino más corto. Pues bien, yo tengo que decir con franqueza que es verdad. Si la legalidad no nos sirve, si impide nuestro avance, daremos de lado la democracia burguesa e iremos a la conquista del Poder”.

13-11-1933.

lunes, 3 de noviembre de 2014

NO PASARAN


Desde primeros de noviembre de 1936 hasta el final del conflicto Madrid fue frente de guerra. Hasta entonces, la efectividad en combate de las milicias republicanas se había revelado nula, nada hacía pensar que la capital, defendida por estas mismas milicias opondría una fuerte resistencia. Pero desde agosto el bando republicano empezó a contar con la ayuda creciente de la Unión Soviética, ayuda que llegó justo a tiempo para defender Madrid.

Con el episodio del Alcázar resuelto favorablemente a favor del ejército nacional, Franco pasó a iniciar la ofensiva final sobre Madrid. Sus fuerzas de elite, el Ejército de Africa con 10.000 hombres, apoyados por otros 15.000 falangistas, requetés y regulares pretendían conquistar una ciudad de más de un millón de habitantes generalmente hostiles. El nuevo jefe de gobierno Francisco Largo Caballero, en el poder ya dos meses, confiaba en que la ayuda soviética sería de gran ayuda para detener la ofensiva nacional. Desde septiembre no dejó de anunciar que la República pronto estaría en condiciones de combatir con las mismas armas a los rebeldes.

Con los ecos de la batalla que se avecinaba el gobierno republicano decidió trasladarse a una ciudad que ofreciera mayor seguridad. Se decidió que esta ciudad fuera Valencia, Madrid quedó sometida a una Junta de Defensa y con un comandante en jefe nombrado por la República, el general José Miaja. Miaja se preparó para una defensa encarnizada y desesperada en las calles de la capital. Afortunadamente para él y para toda la España republicana la ayuda soviética enviada en grandes cantidades a partir de octubre estaba empezando a inclinar la balanza a favor de la República.

Desde la lejana Odessa, en el Mar Negro, buques de transporte rusos empezaron a fondear en los principales puertos de la España republicana, principalmente Barcelona y Valencia. Sus bodegas iban cargadas de tanques, aviones y material bélico de todas clases, también instructores y comisarios políticos. Con la ayuda material llegaba también la influencia política. La aviación fue reforzada con los Polikarpov I-15 "Chato" e I-16 "Mosca" que eran superiores a sus equivalentes alemanes e italianos, principalmente Heinkel He-51 y Fiat CR-32. Los tanques recibían el nombre de T-26, pesaban 10 toneladas y también eran superiores al Fiat-Ansaldo italiano y Mark I aleman suministrados al ejército nacional.

Pero la llegada de material de guerra ruso no era gratis, el 25 de octubre de 1936 el ministro de Hacienda Juan Negrín, llamado en un futuro a ocupar las más altas esferas de la política republicana, tuvo que autorizar el envío de gran parte de la reserva de oro española alojada en el Banco de España hacía Moscú como primer pago del material recibido. Stalin comentó socarronamente a uno de sus colaboradores cuando el oro llegó a Rusia: "Así como un hombre nunca puede verse sus propias orejas lo mismo les ocurrirá a los españoles con el oro enviado a Rusia".

Entretanto Madrid se preparaba para la defensa bajo un halo propagandístico total. El gobierno anunció que tenían los medios necesarios para el triunfo, la llegada de las armas soviéticas era ya una realidad. Entre el bando nacional la moral seguía alta. El general Mola anunció que tomaría el café en Madrid y al preguntarle un periodista extranjero cuál de sus cuatro columnas sería la primera en tomar Madrid, el general le respondió que sería la quinta columna, es decir, la de los partidarios de los nacionales que habían quedado escondidos en la capital. Estas imprudentes palabras sólo sirvieron para aumentar los asesinatos políticos en la zona republicana.

La ofensiva nacional dio por fin comienzo. En principio la resistencia republicana en las afueras de Madrid fue vencida. El 4 de noviembre cayó Getafe. Pero el 7 de noviembre la República se vio favorecida por un increíble golpe de suerte. En el interior de un tanque italiano que tomaba parte en la ofensiva los milicianos republicanos encontraron una copia exacta del plan general de batalla del ejército nacional para la conquista de Madrid. El plan fue inmediatamente enviado al general Miaja que con ayuda de su jefe de Estado Mayor, teniente coronel Vicente Rojo, dispuso la efectiva coordinación de la defensa en función de la detallada información del plan capturado.

En el propio Madrid se estaban desarrollando escenas de auténtico fervor revolucionario. Todo el mundo participaba en la defensa. El grito de "¡No pasarán!" se convirtió en el lema de todos los madrileños y por supuesto de toda la España republicana. Además la defensa de Madrid coincidió con uno de los hechos más románticos producidos durante la guerra y probablemente único entre todos los conflictos que asolaron el mundo durante el siglo XX: la formación de las Brigadas Internacionales. Su inspiración fue también obra de los comunistas del Komintern, órgano creado en 1921 tras la III Internacional. Durante toda la guerra llegarían a sumar un total de 40.000 hombres, todos voluntarios venidos de todas partes.

La mayoría eran jóvenes y tenían un sentimiento común, derrotar al fascismo ayudando a la República española frente a los rebeldes. No es de extrañar por tanto que entre estos hubiesen también italianos y alemanes de izquierdas, exiliados de sus respectivos países. La oficina central de reclutamiento de las Brigadas Internacionales se encontraba en París. Pronto se creó en la España republicana la base de adiestramiento de todos estos voluntarios que quedó fijada en Albacete. El mando de la base se confió a los comunistas André Marty, comandante en jefe, Luigi Longo "Gallo", inspector general y Giuseppe di Vittorio "Nicoletti", jefe de los comisarios políticos. Tres batallones formaron la primera brigada mixta encuadrada en el Ejército Popular, la 11º Brigada. El 6 de noviembre de 1936 esta unidad ya estaba en marcha para ocupar su puesto en el frente defendido por la República. El 13 de noviembre ya había otra brigada, la 12º Internacional, dispuesta en el frente de defensa. El ejemplo de las Brigadas Internacionales, único en su género, aumentó aún más los deseos de defensa de la población madrileña.

Al mismo tiempo empezaban en Madrid los asesinatos políticos. Bajo un clima generalizado de temor ante la más que posible toma de la capital y ante la falta de una autoridad política (recordemos la huida del gobierno republicano a Valencia) la Junta de Defensa accedió a sacar de sus cárceles a más de 5.000 presos políticos simpatizantes de la causa nacional en previsión de un próximo traslado a Valencia. Pero entre el 7 y 8 de noviembre casi 2.000 de ellos fueron trasladados hasta Paracuellos del Jarama y Torrejón de Ardoz siendo fusilados y enterrados en fosas comunes. Durante todo el mes y hasta el 4 de diciembre siguieron produciéndose fusilamientos.

Hasta entonces la cifra había aumentado a alrededor de 2.700 (los nacionales aducirían después de la guerra que habían sido casi 9.000 los ajusticiados). Entre los principales responsables de la matanza no parece alejado de la realidad achacar sus muertes a los aparatos policiales bajo control comunista y a los dirigentes Manuel Muñoz, director general de Seguridad, Santiago Carrillo, consejero de Orden Público y Segundo Serrano, delegado de la Dirección General de Seguridad. Son muchas las sombras que aún rodean este triste episodio.

Pero la batalla de Madrid no había hecho más que empezar. El 6 de noviembre el avance nacional quedó detenido en el cerro Garabitas, una pequeña elevación próxima al río Manzanares y que dominaba la Casa de Campo. En dicho sector se produjo el bautismo de fuego de la 11º Brigada Internacional. El 12 de noviembre también entró en combate la 12º Brigada Internacional desde la carretera Madrid-Valencia. También se sumó a la defensa la columna del líder anarquista Buenaventura Durruti, recién llegada de Aragón.

Miaja accedió a que realizaran un contraataque en la Casa de Campo pero este fracasó. Durruti, furioso, prometió un nuevo ataque para el día siguiente pero entonces los nacionales decidieron avanzar y algunas de sus unidades alcanzaron el río e incluso lo vadearon. Su sorpresa fue mayúscula al darse cuenta de que el sector se encontraba indefenso por un error en el relevo de las columnas anarquistas en el frente. El error fue parcialmente subsanado el 15 de noviembre con el envío de la 11º Brigada Internacional que trabó violento combate en la Ciudad Universitaria que los nacionales habían ocupado casi en su totalidad. El 19 de noviembre Durruti fue mortalmente herido en dicho sector y murió al día siguiente. Se ha especulado mucho sobre su muerte pero aún hoy es un misterio establecer como murió Durruti.

La batalla de la Ciudad Universitaria se prolongó hasta el 23 de noviembre, ahora los dos ejércitos, exhaustos y sin reservas se dedicaron a fortificarse en sus posiciones. Ese mismo día los gobiernos de Italia y Alemania reconocieron al gobierno de Franco como el gobierno legítimo de España. Franco al darse cuenta de cómo había subestimado la defensa de la capital decidió bombardearla para minar su resistencia. Los oficiales alemanes de la Legión Cóndor (fuerza de aviación enviada desde Alemania) se mostraron encantados con la nueva medida.

Madrid empezó a sufrir bombardeos constantes y a diario. Pocos años más tarde habría de repetirse en las principales ciudades europeas el ejemplo de Madrid, pero hasta la fecha ninguna ciudad sufrió lo que sufriría el Madrid bombardeado de la guerra. El 13 de diciembre de 1936 los nacionales abandonaron la idea de un ataque frontal sobre Madrid y trataron de rodear la ciudad por el norte. La batalla tenía por objetivo la conquista de la carretera Madrid-La Coruña, arteria importante en el traslado y movilidad de las fuerzas republicanas. Un primer intento finalizó tras un avance ocho kilómetros y la conquista de Boadilla y Villanueva de la Cañada con la decidida defensa republicana.

Después de Navidad los nacionales volvieron a intentarlo. El 3 de enero atacaron y conquistaron Rozas, el 5 de enero, tras un bombardeo y la actuación de los tanques y la infantería, cayó Pozuelo. El frente republicano se rompió en algunos puntos y los observadores alemanes sacaron algunas interesantes conclusiones de esta "Blitzkrieg" (guerra relámpago) a pequeña escala. La República envió a la 14º Brigada Internacional, de reciente constitución, para taponar la brecha. El 9 de enero a costa de grandes pérdidas los nacionales alcanzaron la ansiada carretera pero a partir del 15 de enero les fue imposible seguir avanzando. La República había impedido el aislamiento de la Sierra de Guadarrama por lo que el resultado de la batalla se puede considerar nulo.



DESUNION EN EL BANDO REPUBLICANO


Si hacemos abstracción de las condiciones reales del bando republicano las expectativas para la República la noche del 18 de julio no eran malas en absoluto: la mitad del Ejército de Tierra estaba con ella, así como algo más de la mitad de la exigua fuerza aéra y casi toda la Armada. La República controlaba las zonas más industriales del país y además unas zonas agrícolas no desdeñables (el Levante, Aragón y La Mancha) que deberían permitirle alimentar a la retaguardia. La única ventaja con la que contaban los rebeldes era que de su parte estaba el Ejército de África, la élite del Ejército español. Pero tenían el inconveniente logístico de que, para que pudiera hacer sentir su peso, tenían que trasladarlo a la Península y para ello no contaban ni con los aviones ni con los barcos necesarios.

No obstante, de lo que careció en un primer momento fue de moral de guerra. Los decretos urgentes publicados por el Gobierno horas después del golpe de Estado tienen como función anular la declaración del estado de guerra realizada por los alzados allí donde habían triunfado y disolver las unidades militares rebeldes. La segunda medida era, que diría un sajón, wishful thinking. La primera fue un error, porque España estaba en guerra y reconocerlo le habría sido muy útil al gobierno republicano. Durante casi toda la guerra, sin embargo, en la España republicana siguió sin declararse el estado de guerra, porque eso suponía darle demasiado poder al ejército, en el que desconfiaban.

Si metemos ahora en la ecuación las grandes divisiones internas en el bando republicano y su desconfianza hacia lo militar que les llevó a desmantelar el Ejército que les había sido leal, vemos que la situación ya no era tan halagüeña y podemos afirmar que la República fue la principal responsable de su propia derrota.

Fue, en una primera instancia, sustituido por milicias civiles de partido, milicias armadas porque la decisión, más o menos pensada, de los poderes públicos fue armar al pueblo. Pero lo que sí es cierto es que un ejército, para ser efectivo, necesita disciplina y organización. Y en la guerra civil hay episodios, quizá el más evidente la pérdida de Málaga, donde se hace patente que, por lo menos hasta bien entrado 1937, el ejército no mandaba en la guerra republicana.

La causa principal de la derrota republicana fue su propia desunión. Los distintos partidos no entendieron que para ganar una guerra es esencial mantenerse unidos y fijarse como prioridad la derrota del enemigo. Todos pensaron que podían al mismo tiempo derrotar a los nacionales y conseguir sus propios objetivos, ya se llamasen revolución social, colectivización del campo o República federal. Sólo esa miopía explica hechos tan sorprendentes como que anarquistas y comunistas se tiroteasen en las calles de Barcelona en abril de 1937, en lugar de unir fuerzas contra el enemigo común, o que las rencillas personales entre Largo Caballero y Prieto fueran uno de los factores que frenaron el Plan P (la ofensiva en Extremadura) del general Rojo, plan imaginativo que habría podido causar muchos dolores de cabeza a los nacionales si se hubiera ejecutado en 1937 o incluso en 1938.

Dos ejemplos marcan este contraste. En abril de 1944, en las áreas mineras de Inglaterra, especialmente en Yorkshire, se produjo una huelga de mineros. Nada más comenzar, se produjo un pronunciamiento de los propios sindicatos instando a los trabajadores a terminar la protesta, con el argumento de que nada, incluso las reivindicaciones justas, debía poner en peligro el objetivo mayor de ganarle la guerra a Hitler (la minería era básica para la producción bélica). Espíritu que contrasta con el de, por ejemplo, los anarquistas catalanes y aragoneses, que con su negativa a aplazar la revolución al momento en que la guerra se hubiese ganado se lanzaron a una razzia de colectivizaciones que agostó la producción de ese área, así como su capacidad militar, durante mucho tiempo.

Aparte de la desunión pueden señalarse otras razones para la derrota republicana:

En primer lugar, la desconfianza hacia el Ejército regular tras la sublevación del 18 de julio y el ejemplo mitificado de la Revolución Soviética hicieron que en los primeros meses de la guerra se confiase demasiado en la eficacia guerrera del pueblo en armas y se olvidase que en la guerra del Siglo XX la técnica y la organización valen más que el entusiasmo. Cuando en octubre empezó a rectificarse el tiro, se habían perdido unos meses preciosos y se había dejado que los nacionales uniesen sus dos zonas y se colocasen en las cercanías de Madrid. Puede decirse que el Ejército republicano fue un ejército que se pasó toda la Guerra Civil en rodaje. Ello más que en su descrédito, hay que decirlo con admiración: que un Ejército organizado en medio de una guerra tuviera el desempeño que tuvo, resulta notable.

No obstante el aspecto improvisado del Ejército se dejó ver sobre todo en sus carencias tácticas. Improvisar suboficiales cualificados es más difícil que improvisar soldados. El Ejército republicano, que podía resultar muy tenaz y eficaz en la defensa, como se vió en el Jarama o en la segunda fase de la batalla del Ebro, pinchaba cuando se trataba de pasar al ataque, algo que exige mayor preparación técnica y, sobre todo, un cuerpo de oficiales y suboficiales profesionales y con experiencia. En Brunete, Belchite o el Ebro se repite la misma historia: el Ejército republicano logra romper el frente enemigo y a continuación, cuando hay que improvisar en función de la situación creada por la ruptura, se pierde, no sabe explotar el éxito y acaba concediendo tablas al enemigo, en una partida que hubiera podido ganar.

Tampoco faltan episodios en la guerra en los que las milicias sufren bajas enormes para conquistar una posición que luego es abandonada por su escaso, cuando no nulo, valor táctico.

En segundo lugar, está la ayuda internacional. Ha sido un tema muy discutido, pero cada vez parece más fuera de duda que el bando nacional recibió más ayuda extranjera que el republicano y que la que recibió fue de mayor calidad y más barata. Aparte de que el bando republicano, con una frontera francesa que estuvo cerrada una buena parte de la guerra y con la Armada italiana en el Mediterráneo, tuvo mayores problemas para hacer llegar a su territorio la ayuda recibida. Fue gracias a la ayuda internacional que el bando nacional pudo montar el puente aéreo para transportar las tropas africanas desde el Protectorado en los primeros días de la guerra. Fue gracias a la ayuda internacional que prácticamente desde la primavera de 1937 los cielos estuvieron controlados por la aviación nacional.

En tercer lugar, la República, a pesar de contar con la mayor parte de la flota, no fue capaz de conseguir el control de los mares en toda la guerra. El mero control de los mares no le habría bastado para ganar la guerra, pero habría hecho las cosas más difíciles al bando nacional. La explicación de este fracaso es muy sencilla: muy pocos altos oficiales de la Marina siguieron fieles a la República y sin esos oficiales no fue posible conseguir una Armada eficaz.

Tal vez ahora que se está recuperando la memoria histórica, convendría que todos recordasen una de las grandes lecciones de la Guerra Civil española: la unión hace la fuerza y la desunión, la derrota.