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viernes, 9 de enero de 2015

PRIETO VERSUS NEGRIN


Cuando en julio de 1936 parte del ejército español se sublevó
contra las instituciones democráticas republicanas el PSOE era
el partido político más importante del Estado.
Por delante de las distintas minorías en las que se dividían las
fuerzas políticas españolas, el socialismo era el grupo más
numeroso.

Pero el partido fundado por Pablo Iglesias se debatía en
debates internos que si no llegaron a la escisión formal se debió
precisamente al golpe militar. El PSOE, dividido entre los
partidarios de Largo Caballero, el denominado Lenin español,
los de Indalecio Prieto, nada inclinado a posturas
revolucionarias, y los seguidores de Julián Besteiro, posicionado
también en ideas centristas, debía reunirse en congreso en
1936 para decidirse por la línea política a seguir.

El golpe militar lo impidió, pero no borró las disensiones
internas. El socialismo español se había presentado como parte
integrante del Frente Popular a las elecciones a diputados a
Cortes de febrero de 1936, pero cuando se produjo el golpe no
formaba parte del Gobierno, precisamente debido a las
divisiones internas, aunque sostenía al gabinete que presidía
Casares Quiroga.

Este Gobierno republicano no tardó en caer y la necesidad de
unión de todos las fuerzas que apoyaban a la República hizo que
el gabinete que le sucediera fuera de concentración y estuviera
presidido por un socialista, como decimos el partido más
importante del bando leal.

El presidente Manuel Azaña encargó la formación del ejecutivo
republicano a Largo Caballero y al equipo que presidió se le
denominó el Gobierno de la Victoria. Entraron nacionalistas
vascos y catalanes, republicanos de izquierda y moderados,
comunistas y anarquistas y, por supuesto, socialistas de las
diversas corrientes. Entre los ministros miembros del PSOE
nombrados por Largo Caballero se hallaban Indalecio Prieto,
para el cargo de ministro de Marina y Aire, y Juan Negrín, para
el de Hacienda.

A pesar de su nombre, el Gobierno de la Victoria cayó a los ocho
meses de su constitución arrollado por los reveses bélicos y los
enfrentamientos internos, por una parte, entre los comunistas,
apoyados por los que entendían que lo primero era ganar la
guerra y dejar para más adelante la revolución, y, por otra, los
anarquistas, apoyados por las fuerzas que sostenían que la
revolución y la guerra iban a la par. El enfrentamiento final
entre estas dos posturas tuvo lugar principalmente en las calles
de Barcelona en los llamados Hechos de Mayo.

A partir del 8 de mayo de 1937 nada fue igual en la guerra civil.
Los anarquistas perdieron gran parte del protagonismo y, a la
par, los comunistas demostraron ser el grupo político más
cohesionado del bando republicano. Largo Caballero se vio
forzado a dimitir y de la solución que se diera a la crisis de
Gobierno dependería en gran parte el desarrollo de la guerra.

Para el presidente Azaña la papeleta era complicada y
finalmente se decidió por Juan Negrín López para que formara
Gobierno. Negrín cumplía sobre el papel todos los requisitos: no
era caballerista pero había formado parte de su gabinete, lo que
hacía que el sector sindicalista del socialismo español no pudiera
oponerse, era partidario de Prieto y de esta manera se
contentaba a los seguidores de este, además, había desarrollado
una labor en el Ministerio de Hacienda que hizo posible que la
República lograra armas, aunque fuera a costa de las reservas
de oro del Banco de España.

Por su parte, sobre Prieto cabía entender el desenlace de la
crisis como un fracaso suyo pues en el momento en el que
vencía su línea no podía presidir el Gobierno debido a la
oposición de sus correligionarios y a su cada vez más
indisimulado pesimismo sobre el resultado de la guerra.

Pronto comenzaron Negrín y Prieto a no compartir posiciones
políticas comunes. Negrín buscó mantener buenas relaciones
con la Unión Soviética, única suministradora importante de
armas a la República, además de aproximarse a las democracias
occidentales, Francia y el Reino Unido. Prieto, por su parte,
cada día que pasaba veía más lejana la ayuda occidental y, por
el contrario, más perniciosa la colaboración soviética.

El diputado por Bilbao se volvía a medida que pasaba el tiempo
más y más contrario a las tesis comunistas, a la vez que veía al
presidente Negrín cada día más atado al PC. Prieto, desde mayo
de 1937 ministro de Defensa Nacional, se estaba convenciendo
de que la mejor solución para la guerra era entablar
negociaciones con el bando franquista para acabar cuanto antes
una contienda que consideraba perdida.

Negrín, por su parte, entendía la guerra civil como la primera
batalla de una guerra a nivel continental y sus esfuerzos se
dirigieron a alargar la contienda española hasta el inicio de la
guerra entre las potencias nazi-fascistas y demócratas.

Deterioro en las relaciones

La relación entre los dos políticos socialistas se fue deteriorando
hasta el punto de que Negrín decidió aceptar la dimisión de
Prieto el 30 de marzo de 1938. Antes de esta fecha se
produjeron incidentes como el enfrentamiento entre las dos
personalidades del Gobierno en Pedralbes el 31 de diciembre de
1937.

Eran las fechas de la victoriosa campaña de Teruel y el
presidente del Gobierno organizó una cena con invitados para
celebrar el hecho. El ministro de Defensa disculpó su asistencia
al ágape y prometió su concurrencia al final de la comida.

Cuando apareció en el salón donde se hallaban reunidos al
convite, Negrín se dispuso a abrazar a su ministro como
muestra de felicitación por el triunfo, pero Prieto parando en
seco al presidente, le dijo públicamente que la victoria era un
espejismo pues la guerra estaba irreversiblemente perdida.

Negrín perdió los nervios y ante los invitados le afeó su
conducta a Prieto.

Nada más dejar el Gobierno, Prieto pudo ser destinado a la
embajada en México pero Azaña le pidió que se quedara pues
deseaba tener un posible candidato a la Presidencia del
Gobierno en el caso de que Negrín cayera.

Pero esto no ocurrió y Prieto halló una ocasión para salir del
Estado cuando Negrín le ofreció la embajada a la toma de
posesión del cargo del presidente chileno Pedro Aguirre Cerdá.

Incluso en esta embajada se manifestaron las discrepancias
entre los dos políticos socialistas, pues Prieto marchó a América
con la condición de hacer campaña a favor de una mediación
latinoamericana en el conflicto hispano.
Poco después de la partida de Prieto comenzó el declive
definitivo de la República. La derrota de la batalla del Ebro y la
posterior ofensiva franquista en las Navidades de 1938 trajeron
como consecuencia que para los primeros días de febrero los
franquistas hubieran conquistado todo el territorio catalán.

A la República solo le quedaba la zona Centro-Sur,
incomunicada por tierra con el continente. Que la contienda
estuviera definitivamente perdida no cambió en nada la
determinación de Negrín de prolongar el conflicto hasta que la
guerra comenzara en Europa. Pero por muy fuerte que fuera la
voluntad de Negrín, lo cierto era que cada vez se estaba
quedando más solo.

Si bien, en general, en todos los partidos y sindicatos, con la
excepción tal vez de los anarquistas, hubo sectores partidarios
de Negrín, el apoyo más sólido e importante del presidente
fueron los comunistas, hasta el punto de confundirse la
militancia de Negrín con el PC.

Pero la determinación de Negrín y el apoyo del PC no pudieron
impedir que el coronel Casado, apoyado por Julián Besteiro,
diera un golpe de Estado y precipitara el final de la guerra, no
sin antes declararse otra guerra civil en el bando republicano
como se había producido en Barcelona.

Para cuando se produjo el golpe de Casado, Negrín había
dispuesto el envío de cuantiosos bienes al extranjero con el fin
de atender las necesidades de la emigración.
Negrín era consciente de las limitadas fuerzas a su disposición y
sabía que, antes o después, la suerte de la República pasaba por
la derrota, por eso tuvo el acierto de crear un órgano de
asistencia a los exiliados y de dotarlo generosamente. Este
organismo de ayuda nació con la idea de ser unitario y sustituir
a otros como el Comité Nacional de Ayuda a España.

Sin embargo, en la historia del exilio ambos dirigentes
socialistas volverían a encontrarse, y Prieto le haría pagar a su
antiguo protegido todos sus “errores” y, finalmente, le
desbancaría de su posición de dirigencia del socialismo español.
En esto Prieto, además de su gran capacidad política, contó con
mucha suerte.

Escondite del tesoro

En efecto, a la vez que en Francia el Gobierno republicano
creaba el Servicio de Emigración de Republicanos Españoles
(SERE) para evitar que el recién reconocido Gobierno
franquista pudiera requisar los bienes evacuados, el gabinete de
Negrín decidió esconder parte del tesoro expatriado en el único
país que ofrecía unas garantías mínimas de seguridad, México.

Mientras en Francia por parte del SERE se hacía lo
materialmente posible para atender a los cientos de miles de
exiliados, entre otras cosas, preparando la emigración a
repúblicas americanas, especialmente a México, Negrín llamó a
un grupo de marineros fieles para una curiosa misión que
finalizó de una manera no menos curiosa.

México se había ofrecido para acoger a un gran número de
exiliados, era uno de los pocos países que había simpatizado con
la República y era lógico pensar en que era el mejor refugio
para parte de los bienes evacuados.

Negrín, desde sus días de ministro de Hacienda, contó con la
colaboración de los tripulantes de unos bous bacaladeros que la
República utilizó para transportar el oro del Banco de España
desde Cartagena a Odesa y otros servicios de guerra.

A estos marineros, en su mayoría de Lekeitio, se les unieron
dos lekeitiarras más en el transporte de los bienes republicanos
a México, José Ordorika y Marino Gamboa. El primero como
patrón y el segundo en calidad de armador, labor a la que se
dedicó durante toda la guerra transportando bienes para los
gobiernos vasco y republicano. En este caso de Gamboa se daba
la circunstancia de que tenía pasaporte estadounidense debido
a su origen filipino.

El barco que fletó Marino Gamboa para transportar el tesoro
republicano a México fue un yate de lujo al que se denominó
Vita.

El Vita llegó con algún susto a Veracruz, pero sin mayores
problemas. Los sustos y problemas se producirían en tierras
mexicanas.
El delegado negrinista encargado de hacerse con el cargamento
no se presentó en el puerto y el “secreto” de la operación si ya
era frágil en Europa antes de la partida del yate, en México se
volvió vox populi. Los responsables del Vita se asustaron y
contactaron con la personalidad republicana más importante
residente en la república azteca, Indalecio Prieto.

Este, valiéndose de las buenas relaciones con el presidente
Cárdenas y de las divisiones entre los exiliados, se sirvió del
tesoro del Vita para hacerse fuerte en el destierro español.
Convocó a algunas personalidades exiliadas en México y las
redujo a su favor.
Acto seguido, convocó a la Diputación Permanente de las Cortes
e hizo que se desdijera de lo acordado semanas antes cuando
había apoyado a Negrín además de que le apoyara en la
pretensión de crear un nuevo organismo de atención a los
exiliados españoles que se dio en llamar Junta de Auxilio a los
Republicanos Españoles (JARE).

De nada sirvieron las llamadas de Negrín para buscar una
solución consensuada en esta nueva crisis republicana pues
Prieto en ningún momento se mostró flexible a un acuerdo. El
orgullo herido del diputado bilbaino no atendió a razones y
rechazó todas las propuestas que le llegaron de Negrín. Prieto,
además, contó con el factor anticomunista a su favor. No solo
era él quien acusaba de filocomunista a Negrín.

El SERE estaba catalogado como tal, basándose en el
favoritismo por parte del SERE al PC y a los sectores
partidarios del antiguo presidente del Gobierno a la hora de
distribuir ayudas entre los exiliados. Este filocomunismo se
volvió en contra de Negrín y los suyos cuando en agosto de
1939 la URSS firmó un acuerdo de colaboración y de no
agresión con Alemania y a continuación atacó Polonia.

La reacción occidental fue declarar la guerra a Alemania y
perseguir al comunismo. En este contexto, la policía francesa
intervino las sedes del SERE y, finalmente, en la primavera de
1940, cerró sus instalaciones. Para entonces el organismo
negrinista había gastado más de 90 millones de francos en
atender a los exiliados españoles, mientras la JARE casi no se
había estrenado en la labor. Primero, porque se había
demorado su creación, segundo, porque no tenía la
infraestructura con que contaba el SERE y, en último lugar,
porque sus bienes estaban en América.

Para cuando se produjo la ocupación alemana de Francia en
junio de 1940, el SERE había sido intervenido y tenía muchas
dificultades para operar.
Además la nueva situación de ocupación hizo que Negrín se
tuviera que refugiar en Inglaterra, donde el Gobierno le era
hostil y donde poca labor política podía hacer pues había pocos
exiliados españoles.

Por el contrario, en México, Prieto contaba con grandes
cantidades de dinero, muchos exiliados y un Gobierno
favorable. Para cuando terminó la II Guerra Mundial y se
vislumbraron algunos rayos de esperanza para retornar del
exilio y derrocar la dictadura española, Prieto era el dirigente
exiliado más importante y obedecido por casi todos, excepción
hecha de los nacionalistas y comunistas y logró que se
cumpliera su voluntad de orillar a Negrín y a los comunistas.

Pero de poco sirvió todo aquello, la nueva situación
internacional de guerra fría favoreció a Franco y mantuvo
definitivamente en el destierro tanto a Negrín como a Prieto,
además de a la democracia.



domingo, 9 de noviembre de 2014

LARGO CABALLERO, EL PRESIDENTE ESTUQUISTA


Sindicalista y político español. Secretario general de la Unión General de Trabajadores (UGT), miembro del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Presidente del Gobierno (1936-1937). Nació en Madrid, en 1869. La separación de sus padres le obliga a trabajar desde muy pequeño. A los nueve años comienza el aprendizaje de estuquista, oficio que sería su definitiva profesión. En 1890 se afilia a la Unión General de Trabajadores (UGT) y, cuatro años más tarde, al Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

Su participación en el movimiento socialista estuvo siempre vinculada a su actividad sindical. En 1904 es nombrado vocal obrero del Instituto de Reformas Sociales y, al año siguiente, es elegido concejal del Ayuntamiento de Madrid. Elegido secretario general de la Unión General de Trabajadores en 1918, permanecerá en el cargo durante veinte años. Su acción marcará la historia del sindicato socialista. Durante los años en que se desarrolló la Primera Guerra Mundial, trabajó intensamente en la potenciación del movimiento sindical, lo que le llevó a mantener relaciones, a menudo polémicas, con la Confederación Nacional del Trabajo (CNT).

Formó parte del comité de huelga de 1917; fue detenido, procesado y condenado a pena de muerte, más tarde conmutada por cadena perpetua. Elegido diputado en las elecciones de febrero de 1918, fue amnistiado y excarcelado. Como secretario general de la UGT, asistió al Congreso de Berna de la II Internacional, en febrero de 1919, y al I Congreso de la Federación Sindical Internacional (FSI), celebrado en Amsterdam en los meses de julio y agosto de 1919. A su regreso se manifestó en contra del ingreso en la III Internacional.

Su intervención fue decisiva para que la UGT rechazara, en su congreso de noviembre de 1922, toda vinculación con los comunistas. Durante la dictadura de Primo de Rivera se impuso como dirigente de hecho del socialismo español. Aceptó participar en cargos públicos, por lo que, en 1924, ingresó en el Consejo de Estado, en calidad de representante obrero. Tres años más tarde, con su negativa a participar en la Asamblea Nacional, se distancia progresivamente de Primo de Rivera. En 1930 apoya la participación del PSOE y de la UGT en el movimiento republicano, iniciado ese mismo año, a título personal, por Indalecio Prieto.

Formó parte del comité revolucionario que preparó el advenimiento de la segunda República, y una vez proclamada, en abril de 1931, fue ministro de Trabajo. Elegido presidente del partido en 1932 y de la Unión General de Trabajadores, tras desplazar a Besteiro de la dirección de ésta en 1934, se convierte en el líder del socialismo, ahora radicalizado hacia posiciones más izquierdistas. Tras la derrota sufrida en los sucesos de octubre de 1934, que le valieron a Largo Caballero el calificativo de "Lenin español", se mostró partidario de reanudar la alianza con los republicanos, hecho que le produjo la pérdida de posiciones en el partido, del que dimite como presidente en diciembre de 1935.

A partir de este momento, se dedicará a la dirección del sindicato y a reiterar su propuesta a favor de la unidad con los comunistas. Desde el estallido de la Guerra Civil,asumió una activa defensa de la República, basada en la movilización sindical y en las milicias obreras. En septiembre de 1936 presidió la formación de gobierno del Frente Popular, completado, poco después, con la integración de la CNT. Además se hizo cargo de la cartera de la Guerra. A raíz de los sucesos ocurridos en Barcelona, en mayo de 1937, el Partido Comunista, con apoyo de la ejecutiva del PSOE, exige su abandono del ministerio de la Guerra. Largo Caballero dimite de la presidencia del gobierno y, tras la caída de Cataluña, en enero de 1939, se exilia a Francia.

En Vichy es detenido por la policía y, más tarde, es internado en el campo de concentración alemán de Orianenburg, del que es liberado en 1945 por las tropas soviéticas. A su regreso a Francia, el mismo año de su liberación, se incorpora al PSOE y a la UGT en el exilio, impulsados por Llopis, Trifón Gómez y De Francisco. Murió en París en 1946. A lo largo de su vida escribió varias obras, pero de todas ellas la más conocida es la titulada Presente y futuro de la Unión General de Trabajadores de España.

En estas citas de Francisco Largo Caballero, líder del PSOE durante la dictadura de Primo de Rivera, la II República y la Guerra Civil, se demuestra que la intención del PSOE era ir a la Guerra Civil e imponer una tiranía como en la URSS:

* * * * * * *

“Quiero decirles a las derechas que si triunfamos colaboraremos con nuestros aliados; pero si triunfan las derechas nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la Guerra Civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos”.

19-01-1936 en un acto electoral en Alicante, y recogido en El Liberal, de Bilbao, 20-01-1936.

* * * * * * *

“La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la revolución”.

Mitin en Linares el 20-01-1936.

* * * * * * *

“La transformación total del país no se puede hacer echando simplemente papeletas en las urnas… estamos ya hartos de ensayos de democracia; que se implante en el país nuestra democracia”.

10-02-1936, en el Cinema Europa.

* * * * * * *

“Si los socialistas son derrotados en las urnas, irán a la violencia, pues antes que el fascismo preferimos la anarquía y el caos”.

Ya en aquella época, como ahora, para el PSOE todo grupo que no fuera el suyo era considerado inmediatamente “fascista” y “retrógrado”.

* * * * * * *

“En las elecciones de abril (1931), los socialistas renunciaron a vengarse de sus enemigos y respetaron vidas y haciendas; que no esperen esa generosidad en nuestro próximo triunfo. La generosidad no es arma buena. La consolidación de un régimen exige hechos que repugnan, pero que luego justifica la Historia”. “Vamos a la Revolución social. ¿Como? (una voz del público: como en Rusia) No nos asusta eso…Habrá que expropiar a la burguesía por la violencia”. “Tenemos que recorrer un periodo de transición hasta el socialismo integral, y ese período es la dictadura del proletariado, hacia la cual vamos. Había que “preparar la ofensiva socialista”.

01-11-1933. Largo Caballero, Discursos a los trabajadores, Barcelona, Fontamara, 1979, p.151-2. M. de Coca, Anticaballero, Madrid, Centro, 1975, p.85 y ss. M. Tuñón de Lara, La crisis del estado: dictadura, República, guerra (1923-1939), Barcelona, Labor, 1986, p. 129,170.

* * * * * * *

“Si no nos permiten conquistar el poder con arreglo a la Constitución… tendremos que conquistarlo de otra manera”.

Febrero de 1933, Largo Caballero, Escritos de la República, Pablo Iglesias, 1985, p.34-5.

* * * * * * *

El 23-11-1931 Largo, entonces Ministro de Trabajo, ante la posibilidad de que las Cortes se disolviesen por no tener mayoría, amenaza:

“Ese intento sólo sería la señal para que el PSOE y la UGT lo considerasen como una provocación y se lanzasen incluso a un nuevo movimiento revolucionario. No puedo aceptar la posibilidad, que sería un reto al partido, y que nos obligaría a ir a una guerra civil”.

Acta de sesiones del Parlamento. El Debate, 24-11-1931, Madrid.

* * * * * * *

“Antes de la República creí que no era posible realizar una obra socialista en la democracia burguesa. Después de veintitantos meses en el gobierno… si tenía alguna duda sobre ello, ha desaparecido. Es imposible”.

Agosto de 1933, en la Escuela de Torrelodones. FPI, XIII, p .452, El Socialista, 16-8-1933.

* * * * * * *

“Se dirá: ¡Ah esa es la dictadura del proletariado! Pero ¿es que vivimos en una democracia? Pues ¿qué hay hoy, más que una dictadura de burgueses? Se nos ataca porque vamos contra la propiedad. Efectivamente. Vamos a echar abajo el régimen de propiedad privada. No ocultamos que vamos a la revolución social. ¿Cómo? (Una voz en el público: ‘Como en Rusia’). No nos asusta eso. Vamos, repito, hacia la revolución social… mucho dudo que se pueda conseguir el triunfo dentro de la legalidad. Y en tal caso, camaradas habrá que obtenerlo por la violencia… nosotros respondemos: vamos legalmente hacia la revolución de la sociedad. Pero si no queréis, haremos la revolución violentamente (Gran ovación). Eso dirán los enemigos, es excitar a la guerra civil… Pongámonos en la realidad. Hay una guerra civil… No nos ceguemos camaradas. Lo que pasa es que esta guerra no ha tomado aún los caracteres cruentos que, por fortuna o desgracia, tendrá inexorablemente que tomar. El 19 vamos a las urnas… Más no olvidéis que los hechos nos llevarán a actos en que hemos de necesitar más energía y más decisión que para ir a las urnas. ¿Excitación al motín? No, simplemente decirle a la clase obrera que debe prepararse… Tenemos que luchar, como sea, hasta que en las torres y en los edificios oficiales ondee no la bandera tricolor de una República burguesa, sino la bandera roja de la Revolución Socialista”.

El Socialista, 09-11-1933.

* * * * * * *

“Cuando el Frente Popular se derrumbe -anunció-, como se derrumbará sin duda, el triunfo del proletariado será indiscutible. Entonces estableceremos la dictadura del proletariado, lo que… quiere decir la represión… de las clases capitalistas y burguesas”.

24-05-1936, en Cádiz, tras la victoria del Frente Popular, al que pertenecía el PSOE. El socialista, 26-05-1936. H. Thomas, La guerra civil española, Grijalbo, Barcelona, 1976, p. 203.

* * * * * * *

“Hay que apoderarse del poder político; pero la revolución se hace violentamente: luchando, y no con discursos”.

Durante el Congreso de las Juventudes Socialistas. R. Calaf Masachs, Revolución del 34 en Asturias, Fundación José Barreiro, Oviedo, 1984, p. 57.

* * * * * * *

“No creemos en la democracia como valor absoluto. Tampoco creemos en la libertad”.

Verano de 1934 en Ginebra. M. Martínez Aguiar, ¿Adónde va el Estado español?, Madrid, p.135.

* * * * * * *

“Nuestro partido, es ideológicamente, tácticamente, un partido revolucionario… cree que debe desaparecer este régimen”.

Durante un mitin en el Cinema Europa de Madrid (01-10-1934).

* * * * * * *

“Un recuerdo para todas las víctimas ocasionadas por la represión brutal de octubre (se refiere al golpe de estado contra la República dado por el PSOE)… y que prometemos que hemos de vengarlas… No vengo aquí arrepentido de nada… Yo declaro… que, antes de la República, nuestra obligación es traer al socialismo… Hablo de socialismo marxista… socialismo revolucionario… somos socialistas pero socialistas marxistas revolucionarios… Sépanlo bien nuestro amigos y enemigos: la clase trabajadora no renuncia de ninguna manera a la conquista de Poder… de la manera que pueda…La República… no es una institución que nosotros tengamos que arraigar de tal manera que haga imposible el logro de nuestras aspiraciones… Nuestra aspiración es la conquista del poder… ¿Procedimiento? ¡El que podamos emplear!… Parece natural que se aprovechase ahora la ocasión para inutilizar a la clase reaccionaria, para que no pudiera ya levantar cabeza”.

El Socialista, 13-01-1936. En el cine Europa.

* * * * * * *

“El Partido socialista no es un partido reformista (…) cuando ha habido necesidad de romper con la legalidad, sin ningún reparo y sin escrúpulo. El temperamento, la ideología, y la educación de nuestro partido no son para ir al reformismo”.

Durante su discurso en el XIII Congreso del PSOE, celebrado en 1932, siendo Ministro de Trabajo.

* * * * * * *

“El jefe de Acción Popular decía en un discurso a los católicos que los socialistas admitimos la democracia cuando nos conviene, pero cuando no nos conviene tomamos por el camino más corto. Pues bien, yo tengo que decir con franqueza que es verdad. Si la legalidad no nos sirve, si impide nuestro avance, daremos de lado la democracia burguesa e iremos a la conquista del Poder”.

13-11-1933.

LA VOZ DE AZAÑA


Nos encontramos ante un discurso pronunciado por el presidente de la República en pleno trance de la guerra Civil (1936-1939). Por lo tanto tiene una naturaleza pública y un carácter subjetivo. El mensaje fundamental consistió en llamar la atención sobre el futuro y la reflexión que habría de suscitar el drama bélico. Entiende el nuevo contexto postbélico como un crisol en el que habrán de imponerse las palabras “Paz, Piedad y Perdón”.

Su elitismo le hizo distanciarse de las grandes convulsiones y de las posiciones violentas. No de otra forma puede entenderse esa neutralidad y esa moderación verbal en medio de una guerra civil que estaba próximo a perder el bando republicano que él mismo representaba.

Manuel Azaña (Alcalá de Henares, 1880 – Montauban, 1940) estuvo encuadrado en la “izquierda burguesa”. De familia acomodada, estuvo becado en la Facultad de Derecho de París.

Por oposición ingresó en la Dirección General de Registros y Notariados. Alcanzó un mayor protagonismo en la formación de grupos republicanos bajo la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930). La caída de la
dictadura precipitó su salto hacia la alta política. Al llegar la República, el 14 de abril de 1931, se convirtió en Ministro de Defensa y, poco más tarde, en Presidente del Gobierno. En ese primer bienio republicano – socialista (1931-1933), Azaña quiso emprender ambiciosas reformas. El cambio de régimen, sin embargo, pronto comenzó a descontentar a todos. Además de la reforma agraria o la concesión de autonomía a ciertas regiones (Cataluña), Azaña centró su reformismo en dos líneas de trabajo: la Iglesia y el Ejército.

El desgaste del gobierno republicano – socialista produjo la victoria de las derechas en noviembre de 1933. Tras el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936, se convirtió en presidente de la República, en sustitución de Alcalá Zamora.

Fue en ese destacado puesto desde el que vivió el estallido de la Guerra Civil. A las alturas de 1938, Azaña se había trasladado con el gobierno, primero a Valencia y luego a Barcelona. Comenzó a pensar en la posibilidad de terminar con el cruel conflicto civil. De este empeño suyo es un buen exponente el texto que
estamos comentando, contrario a proseguir la guerra a cualquier coste, en contraste con lo que pensaba el entonces Presidente del Gobierno (el doctor Negrín). Solo, Azaña presentó su dimisión el 27 de febrero de 1939 desde la embajada de París. En noviembre de 1940 falleció en Francia acompañado por su esposa. Atrás dejaba no sólo una biografía política, sino también varias obras literarias.

Este discurso se denominó de las tres “P” (Paz, Piedad y Perdón). Su intención básica era pedir el retorno a la concordia nacional bajo un contexto en el que la guerra parecía razonablemente perdida ya para la república. Pero no era del mismo parecer Negrín, el máximo responsable gubernamental, quien buscó la
prolongación de la guerra hasta mezclarla con el conflicto global que se avecinaba (Segunda Guerra Mundial).

En esa divergencia de pareceres Azaña perdió la partida, siendo neutralizado políticamente. Azaña, en primer lugar, rechaza todo lo que signifique guerra y violencia (línea 2). Sin embargo, da la impresión de que no logra alcanzar las causas profundas del estallido bélico (líneas 14-15). Para él, si acaso algo puede sacarse de la guerra, es el fruto de la reflexión para lasgeneraciones futuras y, con ello, evitar un nuevo enfrentamiento.

El uso de cierto tipo de términos cultos, pronunciados en el Ayuntamiento de Barcelona, refleja a quiénes iban dirigidas sus palabras: al gobierno, a las autoridades, a Negrín... El elitismo intelectual de Manuel Azaña, en todo caso, siempre estuvo muy lejos de las grandes masas. De hecho, ni él ni su partido llegaron a alcanzar altas sumas de sufragios en las elecciones generales celebradas entre 1931 y 1936.

La Guerra Civil española puede subdividirse en varias etapas. La primera discurre a lo largo de la segunda mitad de 1936. Se produjo la ruptura del orden vigente y una dislocación social y política de la convivencia. Se configuraron ambas zonas:

Franco accedió a la Jefatura del Estado y a la dirección suprema de los nacionales (1 de Octubre), mientras el socialista Largo Caballero forja el primer gobierno republicano sólido desde el 18 de julio (4 de septiembre). El segundo periodo de la guerra abarca 1937-38. La guerra se ralentizó después de las rápidas conquistas nacionalistas de 1936. Fechas de intervención extranjera, de semiparalización de frentes y de consolidación de las estructuras de guerra, especialmente en la zona nacional. No sería hasta 1938 cuando Franco se decidió a avanzar sobre Aragón y Cataluña, ya comprobado el peligro de las contraofensivas republicanas (Teruel).

Para las alturas de 1938 era comprensible que Azaña pronunciara su célebre discurso. De hecho, el presidente de la Generalitat (Companys), en conexión con Azaña, venía intentando un armisticio con Franco. La estrategia del presidente de la república era clara: ya no se trataba de ganar una guerra, pues estaba perdida; era el momento de mirar hacia el porvenir solicitando de los vencedores “Paz, Piedad y Perdón”. La guerra, en efecto, terminaría pronto, el 1 de abril de 1939.

Negrín, por todos los medios, intentó prolongarla hasta introducirla en el conflicto bélico europeo; Franco, por su parte, también la dilató pero justo hasta el momento en que considerase su poder indiscutible para todos y, por supuesto, antes de que estallase la 2ª Guerra Mundial (septiembre de 1939). Los factores
políticos se superpusieron a los meramente humanitarios de acabar con la guerra: Azaña iba quedándose solo.

Los contenidos reconciliadores del pensamiento de Azaña tuvieron efecto y trascendencia posteriores, pero sólo fueron reconocidos después de muchos lustros. Acabada la guerra, la represión se cebó con los vencidos, sobre todo durante los años cuarenta (Tribunal par la Represión de la Masonería y el
Comunismo). Para los años sesenta constituía un mayor problema para el régimen la oposición interior que los exiliados en el extranjero. Seguía existiendo el exilio, pero la persecución y el encarcelamiento de los años cuarenta eran ya un recuerdo en los primeros años setenta.

Fallecido el dictador, la sucesión en la persona de Juan Carlos I marcó el comienzo de la definitiva reconciliación entre los españoles y, por fin, se convirtieron en realidad las consideraciones que Azaña hiciera en julio de 1938. La tolerancia, la libertad y el libre contraste de pareceres dentro de una atmósfera política pacífica recobraron carta de naturaleza en las futuras generaciones. Durante la transición pudieron comprenderse perfectamente los valores encerrados en las palabras de Azaña.

Ni paz, ni piedad, ni perdón. Manuel Azaña, presidente de la República, ni siquiera ha gozado de los beneficios de la transición. Franco le privó de la nacionalidad, como a otros ilustres españoles, y el actual presidente de las Cortes ha relegado su busto a un lugar casi infamante. Manuel Marín colocó el busto en lugar cercano al hemiciclo el busto de don Manuel (Josefina Carabias publicó un libro titulado "Los que le llamábamos don Manuel"), en zona noble del palacio de las Cortes. No se hizo de ello un acto con boato. No tuvo más sentido político que recuperar a un español que, además de gran escritor y político, se distinguió en el Palacio de las Cortes por su elocuencia y la grandeza de sus pensamientos.

Azaña fue vilipendiado durante muchos años. De él parece que no había otro recuerdo de sus discursos que el de "España ha dejado de ser católica". No me consta que en el Parador de Benicarló, lugar en que don Manuel celebró importantes reuniones durante la guerra civil, pues se desplazaba desde Barcelona, tenga una placa que haga constar uno de sus mejores obras: "La velada en Benicarló". El otro recinto valenciano que se recordó durante años fue el mitin que tanta repercusión tuvo en el campo de Mestalla.

Si uno desea visitar su tumba en Montauban no tiene problemas para encontrar el cementerio en el que está enterrado. A la primera pregunta, el ciudadano local se da perfecta cuenta de que uno es español y antes de aguardar explicación pregunta: "Mesié le president?". En la ciudad francesa, donde vivió sus últimos días amparado por la embajada de México, cuya bandera llevó en el féretro camino del cementerio, porque fue la única manera de protegerlo, hay constancia de que allí hay enterrado un gran español. Don Manuel es en Montauban "mesié le president".
El sepulturero del cementerio se presta rápidamente a acompañar al visitante al panteón del presidente republicano. Está acostumbrado a hacerlo porque siempre tiene visitas. El día en que estuve allí había flores frescas y además de las que representaban los tres colores republicanos había una senyera de republicanos catalanes. Don Manuel está presente en la ciudad que fue su último refugio.

Ocurre lo mismo en Colliure, aunque aquí no hace falta preguntar por la tumba de don Antonio Machado. El cementerio casi está al paso y a pocos metros de la entrada está su panteón. También con flores. Son dos ilustres españoles que han vivido el exilio permanente. Del ciprés plantado junto a su tumba es frecuente que los españoles corten una ramita y la lleven en el salpicadero de su automóvil.

Don Manuel Azaña tenía su busto en lugar distinguido cerca de los escaños desde los que pronunció sus mejores discursos. El actual presidente de las Cortes, Jesús Posada, alumno que fue del colegio de los Jesuitas de Valencia e hijo del gobernador civil y jefe provincial del Movimiento, Jesús Posada Cacho, tomó la decisión de trasladar a don Manuel a un edificio administrativo y cerca de unos mingitorios. Ni siquiera la reconciliación de la transición parece que se le ha aplicado. Y tampoco los partidos de izquierda han protestado firmemente.

"Dentro de cien años habrá mucha gente que no sepa quiénes éramos Franco ni yo", le dijo a Julio Álvarez del Vayo. Estaba equivocado porque su memoria no se conserva de la misma manera que la de quien le derrotó en la Guerra Civil. En 1938, pronunció uno de sus discursos en que pintó el drama de la lucha y afirmó al referirse a las víctimas que "abrigados en la tierra materna ya no tienen odio, ya no tienen rencor, y nos envían, con los destellos de su luz, tranquila y remota como la de una estrella, el mensaje de la patria eterna que dice a todos su hijos: paz, piedad y perdón". Ni eso.

FRASES

“No me importa que un político no sepa hablar, lo que me preocupa es que no sepa de lo que habla.”

“La libertad no hace ni más ni menos felices a los hombres; los hace, sencillamente, hombres.”

“Quiero republicanos para la República”

“Os permito, tolero, admito, que no os importe la República, pero no que no os importe España. El sentido de la Patria no es un mito”
[18 de julio de 1936, nada más conocer la sublevación militar.]

“No quiero ser presidente de una República de asesinos.”
[Recogido por Claudio Sánchez Albornoz (Entrevista con Sánchez Albornoz, 1976)]

“Si los españoles hablásemos sólo de lo que sabemos, se generaría un inmenso silencio, que podríamos aprovechar para el estudio.”

“En España la mejor manera de guardar un secreto es escribir un libro.”

“Vendría a ser, sin duda, el pueblo catalán un personaje peregrinando por las rutas de la historia en busca de un Canaán que él solo se ha prometido a sí mismo y que nunca ha de encontrar.”
[Discurso en las Cortes el 27 de mayo de 1932.]

“Con la realidad española, que es materia de legislación, ocurre algo semejante a lo que pasa con el lenguaje; el idioma es antes que la gramática y la filología y los españoles nunca nos hemos quedado mudos a lo largo de nuestra historia, esperando a que vengan a decirnos cuál sea el modo correcto de hablar o cuál es nuestro genio idiomático.”
[Discurso en la Cortes el 13 de octubre de 1931.]

“Calificando la política republicana de izquierdas: política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta; en sus diarios, una y otra vez, trata a los políticos que le rodean de obtusos, loquinarios, botarates, gente impresionable, ligera, sentimental y de poca chaveta, insufrible por su inepcia, injusticia, mezquindad o tontería.”

“Si los españoles habláramos sólo y exclusivamente de lo que sabemos, se produciría un gran silencio que nos permitiría pensar.”

“La guerra está perdida; pero si por milagro la ganáramos, en el primer barco que saliera de España tendríamos que salir los republicanos, si nos dejaban.”
[Recogido por Claudio Sánchez Albornoz (Entrevista con Sánchez Albornoz, 1976)]