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viernes, 9 de enero de 2015

PRIETO VERSUS NEGRIN


Cuando en julio de 1936 parte del ejército español se sublevó
contra las instituciones democráticas republicanas el PSOE era
el partido político más importante del Estado.
Por delante de las distintas minorías en las que se dividían las
fuerzas políticas españolas, el socialismo era el grupo más
numeroso.

Pero el partido fundado por Pablo Iglesias se debatía en
debates internos que si no llegaron a la escisión formal se debió
precisamente al golpe militar. El PSOE, dividido entre los
partidarios de Largo Caballero, el denominado Lenin español,
los de Indalecio Prieto, nada inclinado a posturas
revolucionarias, y los seguidores de Julián Besteiro, posicionado
también en ideas centristas, debía reunirse en congreso en
1936 para decidirse por la línea política a seguir.

El golpe militar lo impidió, pero no borró las disensiones
internas. El socialismo español se había presentado como parte
integrante del Frente Popular a las elecciones a diputados a
Cortes de febrero de 1936, pero cuando se produjo el golpe no
formaba parte del Gobierno, precisamente debido a las
divisiones internas, aunque sostenía al gabinete que presidía
Casares Quiroga.

Este Gobierno republicano no tardó en caer y la necesidad de
unión de todos las fuerzas que apoyaban a la República hizo que
el gabinete que le sucediera fuera de concentración y estuviera
presidido por un socialista, como decimos el partido más
importante del bando leal.

El presidente Manuel Azaña encargó la formación del ejecutivo
republicano a Largo Caballero y al equipo que presidió se le
denominó el Gobierno de la Victoria. Entraron nacionalistas
vascos y catalanes, republicanos de izquierda y moderados,
comunistas y anarquistas y, por supuesto, socialistas de las
diversas corrientes. Entre los ministros miembros del PSOE
nombrados por Largo Caballero se hallaban Indalecio Prieto,
para el cargo de ministro de Marina y Aire, y Juan Negrín, para
el de Hacienda.

A pesar de su nombre, el Gobierno de la Victoria cayó a los ocho
meses de su constitución arrollado por los reveses bélicos y los
enfrentamientos internos, por una parte, entre los comunistas,
apoyados por los que entendían que lo primero era ganar la
guerra y dejar para más adelante la revolución, y, por otra, los
anarquistas, apoyados por las fuerzas que sostenían que la
revolución y la guerra iban a la par. El enfrentamiento final
entre estas dos posturas tuvo lugar principalmente en las calles
de Barcelona en los llamados Hechos de Mayo.

A partir del 8 de mayo de 1937 nada fue igual en la guerra civil.
Los anarquistas perdieron gran parte del protagonismo y, a la
par, los comunistas demostraron ser el grupo político más
cohesionado del bando republicano. Largo Caballero se vio
forzado a dimitir y de la solución que se diera a la crisis de
Gobierno dependería en gran parte el desarrollo de la guerra.

Para el presidente Azaña la papeleta era complicada y
finalmente se decidió por Juan Negrín López para que formara
Gobierno. Negrín cumplía sobre el papel todos los requisitos: no
era caballerista pero había formado parte de su gabinete, lo que
hacía que el sector sindicalista del socialismo español no pudiera
oponerse, era partidario de Prieto y de esta manera se
contentaba a los seguidores de este, además, había desarrollado
una labor en el Ministerio de Hacienda que hizo posible que la
República lograra armas, aunque fuera a costa de las reservas
de oro del Banco de España.

Por su parte, sobre Prieto cabía entender el desenlace de la
crisis como un fracaso suyo pues en el momento en el que
vencía su línea no podía presidir el Gobierno debido a la
oposición de sus correligionarios y a su cada vez más
indisimulado pesimismo sobre el resultado de la guerra.

Pronto comenzaron Negrín y Prieto a no compartir posiciones
políticas comunes. Negrín buscó mantener buenas relaciones
con la Unión Soviética, única suministradora importante de
armas a la República, además de aproximarse a las democracias
occidentales, Francia y el Reino Unido. Prieto, por su parte,
cada día que pasaba veía más lejana la ayuda occidental y, por
el contrario, más perniciosa la colaboración soviética.

El diputado por Bilbao se volvía a medida que pasaba el tiempo
más y más contrario a las tesis comunistas, a la vez que veía al
presidente Negrín cada día más atado al PC. Prieto, desde mayo
de 1937 ministro de Defensa Nacional, se estaba convenciendo
de que la mejor solución para la guerra era entablar
negociaciones con el bando franquista para acabar cuanto antes
una contienda que consideraba perdida.

Negrín, por su parte, entendía la guerra civil como la primera
batalla de una guerra a nivel continental y sus esfuerzos se
dirigieron a alargar la contienda española hasta el inicio de la
guerra entre las potencias nazi-fascistas y demócratas.

Deterioro en las relaciones

La relación entre los dos políticos socialistas se fue deteriorando
hasta el punto de que Negrín decidió aceptar la dimisión de
Prieto el 30 de marzo de 1938. Antes de esta fecha se
produjeron incidentes como el enfrentamiento entre las dos
personalidades del Gobierno en Pedralbes el 31 de diciembre de
1937.

Eran las fechas de la victoriosa campaña de Teruel y el
presidente del Gobierno organizó una cena con invitados para
celebrar el hecho. El ministro de Defensa disculpó su asistencia
al ágape y prometió su concurrencia al final de la comida.

Cuando apareció en el salón donde se hallaban reunidos al
convite, Negrín se dispuso a abrazar a su ministro como
muestra de felicitación por el triunfo, pero Prieto parando en
seco al presidente, le dijo públicamente que la victoria era un
espejismo pues la guerra estaba irreversiblemente perdida.

Negrín perdió los nervios y ante los invitados le afeó su
conducta a Prieto.

Nada más dejar el Gobierno, Prieto pudo ser destinado a la
embajada en México pero Azaña le pidió que se quedara pues
deseaba tener un posible candidato a la Presidencia del
Gobierno en el caso de que Negrín cayera.

Pero esto no ocurrió y Prieto halló una ocasión para salir del
Estado cuando Negrín le ofreció la embajada a la toma de
posesión del cargo del presidente chileno Pedro Aguirre Cerdá.

Incluso en esta embajada se manifestaron las discrepancias
entre los dos políticos socialistas, pues Prieto marchó a América
con la condición de hacer campaña a favor de una mediación
latinoamericana en el conflicto hispano.
Poco después de la partida de Prieto comenzó el declive
definitivo de la República. La derrota de la batalla del Ebro y la
posterior ofensiva franquista en las Navidades de 1938 trajeron
como consecuencia que para los primeros días de febrero los
franquistas hubieran conquistado todo el territorio catalán.

A la República solo le quedaba la zona Centro-Sur,
incomunicada por tierra con el continente. Que la contienda
estuviera definitivamente perdida no cambió en nada la
determinación de Negrín de prolongar el conflicto hasta que la
guerra comenzara en Europa. Pero por muy fuerte que fuera la
voluntad de Negrín, lo cierto era que cada vez se estaba
quedando más solo.

Si bien, en general, en todos los partidos y sindicatos, con la
excepción tal vez de los anarquistas, hubo sectores partidarios
de Negrín, el apoyo más sólido e importante del presidente
fueron los comunistas, hasta el punto de confundirse la
militancia de Negrín con el PC.

Pero la determinación de Negrín y el apoyo del PC no pudieron
impedir que el coronel Casado, apoyado por Julián Besteiro,
diera un golpe de Estado y precipitara el final de la guerra, no
sin antes declararse otra guerra civil en el bando republicano
como se había producido en Barcelona.

Para cuando se produjo el golpe de Casado, Negrín había
dispuesto el envío de cuantiosos bienes al extranjero con el fin
de atender las necesidades de la emigración.
Negrín era consciente de las limitadas fuerzas a su disposición y
sabía que, antes o después, la suerte de la República pasaba por
la derrota, por eso tuvo el acierto de crear un órgano de
asistencia a los exiliados y de dotarlo generosamente. Este
organismo de ayuda nació con la idea de ser unitario y sustituir
a otros como el Comité Nacional de Ayuda a España.

Sin embargo, en la historia del exilio ambos dirigentes
socialistas volverían a encontrarse, y Prieto le haría pagar a su
antiguo protegido todos sus “errores” y, finalmente, le
desbancaría de su posición de dirigencia del socialismo español.
En esto Prieto, además de su gran capacidad política, contó con
mucha suerte.

Escondite del tesoro

En efecto, a la vez que en Francia el Gobierno republicano
creaba el Servicio de Emigración de Republicanos Españoles
(SERE) para evitar que el recién reconocido Gobierno
franquista pudiera requisar los bienes evacuados, el gabinete de
Negrín decidió esconder parte del tesoro expatriado en el único
país que ofrecía unas garantías mínimas de seguridad, México.

Mientras en Francia por parte del SERE se hacía lo
materialmente posible para atender a los cientos de miles de
exiliados, entre otras cosas, preparando la emigración a
repúblicas americanas, especialmente a México, Negrín llamó a
un grupo de marineros fieles para una curiosa misión que
finalizó de una manera no menos curiosa.

México se había ofrecido para acoger a un gran número de
exiliados, era uno de los pocos países que había simpatizado con
la República y era lógico pensar en que era el mejor refugio
para parte de los bienes evacuados.

Negrín, desde sus días de ministro de Hacienda, contó con la
colaboración de los tripulantes de unos bous bacaladeros que la
República utilizó para transportar el oro del Banco de España
desde Cartagena a Odesa y otros servicios de guerra.

A estos marineros, en su mayoría de Lekeitio, se les unieron
dos lekeitiarras más en el transporte de los bienes republicanos
a México, José Ordorika y Marino Gamboa. El primero como
patrón y el segundo en calidad de armador, labor a la que se
dedicó durante toda la guerra transportando bienes para los
gobiernos vasco y republicano. En este caso de Gamboa se daba
la circunstancia de que tenía pasaporte estadounidense debido
a su origen filipino.

El barco que fletó Marino Gamboa para transportar el tesoro
republicano a México fue un yate de lujo al que se denominó
Vita.

El Vita llegó con algún susto a Veracruz, pero sin mayores
problemas. Los sustos y problemas se producirían en tierras
mexicanas.
El delegado negrinista encargado de hacerse con el cargamento
no se presentó en el puerto y el “secreto” de la operación si ya
era frágil en Europa antes de la partida del yate, en México se
volvió vox populi. Los responsables del Vita se asustaron y
contactaron con la personalidad republicana más importante
residente en la república azteca, Indalecio Prieto.

Este, valiéndose de las buenas relaciones con el presidente
Cárdenas y de las divisiones entre los exiliados, se sirvió del
tesoro del Vita para hacerse fuerte en el destierro español.
Convocó a algunas personalidades exiliadas en México y las
redujo a su favor.
Acto seguido, convocó a la Diputación Permanente de las Cortes
e hizo que se desdijera de lo acordado semanas antes cuando
había apoyado a Negrín además de que le apoyara en la
pretensión de crear un nuevo organismo de atención a los
exiliados españoles que se dio en llamar Junta de Auxilio a los
Republicanos Españoles (JARE).

De nada sirvieron las llamadas de Negrín para buscar una
solución consensuada en esta nueva crisis republicana pues
Prieto en ningún momento se mostró flexible a un acuerdo. El
orgullo herido del diputado bilbaino no atendió a razones y
rechazó todas las propuestas que le llegaron de Negrín. Prieto,
además, contó con el factor anticomunista a su favor. No solo
era él quien acusaba de filocomunista a Negrín.

El SERE estaba catalogado como tal, basándose en el
favoritismo por parte del SERE al PC y a los sectores
partidarios del antiguo presidente del Gobierno a la hora de
distribuir ayudas entre los exiliados. Este filocomunismo se
volvió en contra de Negrín y los suyos cuando en agosto de
1939 la URSS firmó un acuerdo de colaboración y de no
agresión con Alemania y a continuación atacó Polonia.

La reacción occidental fue declarar la guerra a Alemania y
perseguir al comunismo. En este contexto, la policía francesa
intervino las sedes del SERE y, finalmente, en la primavera de
1940, cerró sus instalaciones. Para entonces el organismo
negrinista había gastado más de 90 millones de francos en
atender a los exiliados españoles, mientras la JARE casi no se
había estrenado en la labor. Primero, porque se había
demorado su creación, segundo, porque no tenía la
infraestructura con que contaba el SERE y, en último lugar,
porque sus bienes estaban en América.

Para cuando se produjo la ocupación alemana de Francia en
junio de 1940, el SERE había sido intervenido y tenía muchas
dificultades para operar.
Además la nueva situación de ocupación hizo que Negrín se
tuviera que refugiar en Inglaterra, donde el Gobierno le era
hostil y donde poca labor política podía hacer pues había pocos
exiliados españoles.

Por el contrario, en México, Prieto contaba con grandes
cantidades de dinero, muchos exiliados y un Gobierno
favorable. Para cuando terminó la II Guerra Mundial y se
vislumbraron algunos rayos de esperanza para retornar del
exilio y derrocar la dictadura española, Prieto era el dirigente
exiliado más importante y obedecido por casi todos, excepción
hecha de los nacionalistas y comunistas y logró que se
cumpliera su voluntad de orillar a Negrín y a los comunistas.

Pero de poco sirvió todo aquello, la nueva situación
internacional de guerra fría favoreció a Franco y mantuvo
definitivamente en el destierro tanto a Negrín como a Prieto,
además de a la democracia.



domingo, 9 de noviembre de 2014

LARGO CABALLERO, EL PRESIDENTE ESTUQUISTA


Sindicalista y político español. Secretario general de la Unión General de Trabajadores (UGT), miembro del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Presidente del Gobierno (1936-1937). Nació en Madrid, en 1869. La separación de sus padres le obliga a trabajar desde muy pequeño. A los nueve años comienza el aprendizaje de estuquista, oficio que sería su definitiva profesión. En 1890 se afilia a la Unión General de Trabajadores (UGT) y, cuatro años más tarde, al Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

Su participación en el movimiento socialista estuvo siempre vinculada a su actividad sindical. En 1904 es nombrado vocal obrero del Instituto de Reformas Sociales y, al año siguiente, es elegido concejal del Ayuntamiento de Madrid. Elegido secretario general de la Unión General de Trabajadores en 1918, permanecerá en el cargo durante veinte años. Su acción marcará la historia del sindicato socialista. Durante los años en que se desarrolló la Primera Guerra Mundial, trabajó intensamente en la potenciación del movimiento sindical, lo que le llevó a mantener relaciones, a menudo polémicas, con la Confederación Nacional del Trabajo (CNT).

Formó parte del comité de huelga de 1917; fue detenido, procesado y condenado a pena de muerte, más tarde conmutada por cadena perpetua. Elegido diputado en las elecciones de febrero de 1918, fue amnistiado y excarcelado. Como secretario general de la UGT, asistió al Congreso de Berna de la II Internacional, en febrero de 1919, y al I Congreso de la Federación Sindical Internacional (FSI), celebrado en Amsterdam en los meses de julio y agosto de 1919. A su regreso se manifestó en contra del ingreso en la III Internacional.

Su intervención fue decisiva para que la UGT rechazara, en su congreso de noviembre de 1922, toda vinculación con los comunistas. Durante la dictadura de Primo de Rivera se impuso como dirigente de hecho del socialismo español. Aceptó participar en cargos públicos, por lo que, en 1924, ingresó en el Consejo de Estado, en calidad de representante obrero. Tres años más tarde, con su negativa a participar en la Asamblea Nacional, se distancia progresivamente de Primo de Rivera. En 1930 apoya la participación del PSOE y de la UGT en el movimiento republicano, iniciado ese mismo año, a título personal, por Indalecio Prieto.

Formó parte del comité revolucionario que preparó el advenimiento de la segunda República, y una vez proclamada, en abril de 1931, fue ministro de Trabajo. Elegido presidente del partido en 1932 y de la Unión General de Trabajadores, tras desplazar a Besteiro de la dirección de ésta en 1934, se convierte en el líder del socialismo, ahora radicalizado hacia posiciones más izquierdistas. Tras la derrota sufrida en los sucesos de octubre de 1934, que le valieron a Largo Caballero el calificativo de "Lenin español", se mostró partidario de reanudar la alianza con los republicanos, hecho que le produjo la pérdida de posiciones en el partido, del que dimite como presidente en diciembre de 1935.

A partir de este momento, se dedicará a la dirección del sindicato y a reiterar su propuesta a favor de la unidad con los comunistas. Desde el estallido de la Guerra Civil,asumió una activa defensa de la República, basada en la movilización sindical y en las milicias obreras. En septiembre de 1936 presidió la formación de gobierno del Frente Popular, completado, poco después, con la integración de la CNT. Además se hizo cargo de la cartera de la Guerra. A raíz de los sucesos ocurridos en Barcelona, en mayo de 1937, el Partido Comunista, con apoyo de la ejecutiva del PSOE, exige su abandono del ministerio de la Guerra. Largo Caballero dimite de la presidencia del gobierno y, tras la caída de Cataluña, en enero de 1939, se exilia a Francia.

En Vichy es detenido por la policía y, más tarde, es internado en el campo de concentración alemán de Orianenburg, del que es liberado en 1945 por las tropas soviéticas. A su regreso a Francia, el mismo año de su liberación, se incorpora al PSOE y a la UGT en el exilio, impulsados por Llopis, Trifón Gómez y De Francisco. Murió en París en 1946. A lo largo de su vida escribió varias obras, pero de todas ellas la más conocida es la titulada Presente y futuro de la Unión General de Trabajadores de España.

En estas citas de Francisco Largo Caballero, líder del PSOE durante la dictadura de Primo de Rivera, la II República y la Guerra Civil, se demuestra que la intención del PSOE era ir a la Guerra Civil e imponer una tiranía como en la URSS:

* * * * * * *

“Quiero decirles a las derechas que si triunfamos colaboraremos con nuestros aliados; pero si triunfan las derechas nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la Guerra Civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos”.

19-01-1936 en un acto electoral en Alicante, y recogido en El Liberal, de Bilbao, 20-01-1936.

* * * * * * *

“La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la revolución”.

Mitin en Linares el 20-01-1936.

* * * * * * *

“La transformación total del país no se puede hacer echando simplemente papeletas en las urnas… estamos ya hartos de ensayos de democracia; que se implante en el país nuestra democracia”.

10-02-1936, en el Cinema Europa.

* * * * * * *

“Si los socialistas son derrotados en las urnas, irán a la violencia, pues antes que el fascismo preferimos la anarquía y el caos”.

Ya en aquella época, como ahora, para el PSOE todo grupo que no fuera el suyo era considerado inmediatamente “fascista” y “retrógrado”.

* * * * * * *

“En las elecciones de abril (1931), los socialistas renunciaron a vengarse de sus enemigos y respetaron vidas y haciendas; que no esperen esa generosidad en nuestro próximo triunfo. La generosidad no es arma buena. La consolidación de un régimen exige hechos que repugnan, pero que luego justifica la Historia”. “Vamos a la Revolución social. ¿Como? (una voz del público: como en Rusia) No nos asusta eso…Habrá que expropiar a la burguesía por la violencia”. “Tenemos que recorrer un periodo de transición hasta el socialismo integral, y ese período es la dictadura del proletariado, hacia la cual vamos. Había que “preparar la ofensiva socialista”.

01-11-1933. Largo Caballero, Discursos a los trabajadores, Barcelona, Fontamara, 1979, p.151-2. M. de Coca, Anticaballero, Madrid, Centro, 1975, p.85 y ss. M. Tuñón de Lara, La crisis del estado: dictadura, República, guerra (1923-1939), Barcelona, Labor, 1986, p. 129,170.

* * * * * * *

“Si no nos permiten conquistar el poder con arreglo a la Constitución… tendremos que conquistarlo de otra manera”.

Febrero de 1933, Largo Caballero, Escritos de la República, Pablo Iglesias, 1985, p.34-5.

* * * * * * *

El 23-11-1931 Largo, entonces Ministro de Trabajo, ante la posibilidad de que las Cortes se disolviesen por no tener mayoría, amenaza:

“Ese intento sólo sería la señal para que el PSOE y la UGT lo considerasen como una provocación y se lanzasen incluso a un nuevo movimiento revolucionario. No puedo aceptar la posibilidad, que sería un reto al partido, y que nos obligaría a ir a una guerra civil”.

Acta de sesiones del Parlamento. El Debate, 24-11-1931, Madrid.

* * * * * * *

“Antes de la República creí que no era posible realizar una obra socialista en la democracia burguesa. Después de veintitantos meses en el gobierno… si tenía alguna duda sobre ello, ha desaparecido. Es imposible”.

Agosto de 1933, en la Escuela de Torrelodones. FPI, XIII, p .452, El Socialista, 16-8-1933.

* * * * * * *

“Se dirá: ¡Ah esa es la dictadura del proletariado! Pero ¿es que vivimos en una democracia? Pues ¿qué hay hoy, más que una dictadura de burgueses? Se nos ataca porque vamos contra la propiedad. Efectivamente. Vamos a echar abajo el régimen de propiedad privada. No ocultamos que vamos a la revolución social. ¿Cómo? (Una voz en el público: ‘Como en Rusia’). No nos asusta eso. Vamos, repito, hacia la revolución social… mucho dudo que se pueda conseguir el triunfo dentro de la legalidad. Y en tal caso, camaradas habrá que obtenerlo por la violencia… nosotros respondemos: vamos legalmente hacia la revolución de la sociedad. Pero si no queréis, haremos la revolución violentamente (Gran ovación). Eso dirán los enemigos, es excitar a la guerra civil… Pongámonos en la realidad. Hay una guerra civil… No nos ceguemos camaradas. Lo que pasa es que esta guerra no ha tomado aún los caracteres cruentos que, por fortuna o desgracia, tendrá inexorablemente que tomar. El 19 vamos a las urnas… Más no olvidéis que los hechos nos llevarán a actos en que hemos de necesitar más energía y más decisión que para ir a las urnas. ¿Excitación al motín? No, simplemente decirle a la clase obrera que debe prepararse… Tenemos que luchar, como sea, hasta que en las torres y en los edificios oficiales ondee no la bandera tricolor de una República burguesa, sino la bandera roja de la Revolución Socialista”.

El Socialista, 09-11-1933.

* * * * * * *

“Cuando el Frente Popular se derrumbe -anunció-, como se derrumbará sin duda, el triunfo del proletariado será indiscutible. Entonces estableceremos la dictadura del proletariado, lo que… quiere decir la represión… de las clases capitalistas y burguesas”.

24-05-1936, en Cádiz, tras la victoria del Frente Popular, al que pertenecía el PSOE. El socialista, 26-05-1936. H. Thomas, La guerra civil española, Grijalbo, Barcelona, 1976, p. 203.

* * * * * * *

“Hay que apoderarse del poder político; pero la revolución se hace violentamente: luchando, y no con discursos”.

Durante el Congreso de las Juventudes Socialistas. R. Calaf Masachs, Revolución del 34 en Asturias, Fundación José Barreiro, Oviedo, 1984, p. 57.

* * * * * * *

“No creemos en la democracia como valor absoluto. Tampoco creemos en la libertad”.

Verano de 1934 en Ginebra. M. Martínez Aguiar, ¿Adónde va el Estado español?, Madrid, p.135.

* * * * * * *

“Nuestro partido, es ideológicamente, tácticamente, un partido revolucionario… cree que debe desaparecer este régimen”.

Durante un mitin en el Cinema Europa de Madrid (01-10-1934).

* * * * * * *

“Un recuerdo para todas las víctimas ocasionadas por la represión brutal de octubre (se refiere al golpe de estado contra la República dado por el PSOE)… y que prometemos que hemos de vengarlas… No vengo aquí arrepentido de nada… Yo declaro… que, antes de la República, nuestra obligación es traer al socialismo… Hablo de socialismo marxista… socialismo revolucionario… somos socialistas pero socialistas marxistas revolucionarios… Sépanlo bien nuestro amigos y enemigos: la clase trabajadora no renuncia de ninguna manera a la conquista de Poder… de la manera que pueda…La República… no es una institución que nosotros tengamos que arraigar de tal manera que haga imposible el logro de nuestras aspiraciones… Nuestra aspiración es la conquista del poder… ¿Procedimiento? ¡El que podamos emplear!… Parece natural que se aprovechase ahora la ocasión para inutilizar a la clase reaccionaria, para que no pudiera ya levantar cabeza”.

El Socialista, 13-01-1936. En el cine Europa.

* * * * * * *

“El Partido socialista no es un partido reformista (…) cuando ha habido necesidad de romper con la legalidad, sin ningún reparo y sin escrúpulo. El temperamento, la ideología, y la educación de nuestro partido no son para ir al reformismo”.

Durante su discurso en el XIII Congreso del PSOE, celebrado en 1932, siendo Ministro de Trabajo.

* * * * * * *

“El jefe de Acción Popular decía en un discurso a los católicos que los socialistas admitimos la democracia cuando nos conviene, pero cuando no nos conviene tomamos por el camino más corto. Pues bien, yo tengo que decir con franqueza que es verdad. Si la legalidad no nos sirve, si impide nuestro avance, daremos de lado la democracia burguesa e iremos a la conquista del Poder”.

13-11-1933.

LA VOZ DE AZAÑA


Nos encontramos ante un discurso pronunciado por el presidente de la República en pleno trance de la guerra Civil (1936-1939). Por lo tanto tiene una naturaleza pública y un carácter subjetivo. El mensaje fundamental consistió en llamar la atención sobre el futuro y la reflexión que habría de suscitar el drama bélico. Entiende el nuevo contexto postbélico como un crisol en el que habrán de imponerse las palabras “Paz, Piedad y Perdón”.

Su elitismo le hizo distanciarse de las grandes convulsiones y de las posiciones violentas. No de otra forma puede entenderse esa neutralidad y esa moderación verbal en medio de una guerra civil que estaba próximo a perder el bando republicano que él mismo representaba.

Manuel Azaña (Alcalá de Henares, 1880 – Montauban, 1940) estuvo encuadrado en la “izquierda burguesa”. De familia acomodada, estuvo becado en la Facultad de Derecho de París.

Por oposición ingresó en la Dirección General de Registros y Notariados. Alcanzó un mayor protagonismo en la formación de grupos republicanos bajo la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930). La caída de la
dictadura precipitó su salto hacia la alta política. Al llegar la República, el 14 de abril de 1931, se convirtió en Ministro de Defensa y, poco más tarde, en Presidente del Gobierno. En ese primer bienio republicano – socialista (1931-1933), Azaña quiso emprender ambiciosas reformas. El cambio de régimen, sin embargo, pronto comenzó a descontentar a todos. Además de la reforma agraria o la concesión de autonomía a ciertas regiones (Cataluña), Azaña centró su reformismo en dos líneas de trabajo: la Iglesia y el Ejército.

El desgaste del gobierno republicano – socialista produjo la victoria de las derechas en noviembre de 1933. Tras el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936, se convirtió en presidente de la República, en sustitución de Alcalá Zamora.

Fue en ese destacado puesto desde el que vivió el estallido de la Guerra Civil. A las alturas de 1938, Azaña se había trasladado con el gobierno, primero a Valencia y luego a Barcelona. Comenzó a pensar en la posibilidad de terminar con el cruel conflicto civil. De este empeño suyo es un buen exponente el texto que
estamos comentando, contrario a proseguir la guerra a cualquier coste, en contraste con lo que pensaba el entonces Presidente del Gobierno (el doctor Negrín). Solo, Azaña presentó su dimisión el 27 de febrero de 1939 desde la embajada de París. En noviembre de 1940 falleció en Francia acompañado por su esposa. Atrás dejaba no sólo una biografía política, sino también varias obras literarias.

Este discurso se denominó de las tres “P” (Paz, Piedad y Perdón). Su intención básica era pedir el retorno a la concordia nacional bajo un contexto en el que la guerra parecía razonablemente perdida ya para la república. Pero no era del mismo parecer Negrín, el máximo responsable gubernamental, quien buscó la
prolongación de la guerra hasta mezclarla con el conflicto global que se avecinaba (Segunda Guerra Mundial).

En esa divergencia de pareceres Azaña perdió la partida, siendo neutralizado políticamente. Azaña, en primer lugar, rechaza todo lo que signifique guerra y violencia (línea 2). Sin embargo, da la impresión de que no logra alcanzar las causas profundas del estallido bélico (líneas 14-15). Para él, si acaso algo puede sacarse de la guerra, es el fruto de la reflexión para lasgeneraciones futuras y, con ello, evitar un nuevo enfrentamiento.

El uso de cierto tipo de términos cultos, pronunciados en el Ayuntamiento de Barcelona, refleja a quiénes iban dirigidas sus palabras: al gobierno, a las autoridades, a Negrín... El elitismo intelectual de Manuel Azaña, en todo caso, siempre estuvo muy lejos de las grandes masas. De hecho, ni él ni su partido llegaron a alcanzar altas sumas de sufragios en las elecciones generales celebradas entre 1931 y 1936.

La Guerra Civil española puede subdividirse en varias etapas. La primera discurre a lo largo de la segunda mitad de 1936. Se produjo la ruptura del orden vigente y una dislocación social y política de la convivencia. Se configuraron ambas zonas:

Franco accedió a la Jefatura del Estado y a la dirección suprema de los nacionales (1 de Octubre), mientras el socialista Largo Caballero forja el primer gobierno republicano sólido desde el 18 de julio (4 de septiembre). El segundo periodo de la guerra abarca 1937-38. La guerra se ralentizó después de las rápidas conquistas nacionalistas de 1936. Fechas de intervención extranjera, de semiparalización de frentes y de consolidación de las estructuras de guerra, especialmente en la zona nacional. No sería hasta 1938 cuando Franco se decidió a avanzar sobre Aragón y Cataluña, ya comprobado el peligro de las contraofensivas republicanas (Teruel).

Para las alturas de 1938 era comprensible que Azaña pronunciara su célebre discurso. De hecho, el presidente de la Generalitat (Companys), en conexión con Azaña, venía intentando un armisticio con Franco. La estrategia del presidente de la república era clara: ya no se trataba de ganar una guerra, pues estaba perdida; era el momento de mirar hacia el porvenir solicitando de los vencedores “Paz, Piedad y Perdón”. La guerra, en efecto, terminaría pronto, el 1 de abril de 1939.

Negrín, por todos los medios, intentó prolongarla hasta introducirla en el conflicto bélico europeo; Franco, por su parte, también la dilató pero justo hasta el momento en que considerase su poder indiscutible para todos y, por supuesto, antes de que estallase la 2ª Guerra Mundial (septiembre de 1939). Los factores
políticos se superpusieron a los meramente humanitarios de acabar con la guerra: Azaña iba quedándose solo.

Los contenidos reconciliadores del pensamiento de Azaña tuvieron efecto y trascendencia posteriores, pero sólo fueron reconocidos después de muchos lustros. Acabada la guerra, la represión se cebó con los vencidos, sobre todo durante los años cuarenta (Tribunal par la Represión de la Masonería y el
Comunismo). Para los años sesenta constituía un mayor problema para el régimen la oposición interior que los exiliados en el extranjero. Seguía existiendo el exilio, pero la persecución y el encarcelamiento de los años cuarenta eran ya un recuerdo en los primeros años setenta.

Fallecido el dictador, la sucesión en la persona de Juan Carlos I marcó el comienzo de la definitiva reconciliación entre los españoles y, por fin, se convirtieron en realidad las consideraciones que Azaña hiciera en julio de 1938. La tolerancia, la libertad y el libre contraste de pareceres dentro de una atmósfera política pacífica recobraron carta de naturaleza en las futuras generaciones. Durante la transición pudieron comprenderse perfectamente los valores encerrados en las palabras de Azaña.

Ni paz, ni piedad, ni perdón. Manuel Azaña, presidente de la República, ni siquiera ha gozado de los beneficios de la transición. Franco le privó de la nacionalidad, como a otros ilustres españoles, y el actual presidente de las Cortes ha relegado su busto a un lugar casi infamante. Manuel Marín colocó el busto en lugar cercano al hemiciclo el busto de don Manuel (Josefina Carabias publicó un libro titulado "Los que le llamábamos don Manuel"), en zona noble del palacio de las Cortes. No se hizo de ello un acto con boato. No tuvo más sentido político que recuperar a un español que, además de gran escritor y político, se distinguió en el Palacio de las Cortes por su elocuencia y la grandeza de sus pensamientos.

Azaña fue vilipendiado durante muchos años. De él parece que no había otro recuerdo de sus discursos que el de "España ha dejado de ser católica". No me consta que en el Parador de Benicarló, lugar en que don Manuel celebró importantes reuniones durante la guerra civil, pues se desplazaba desde Barcelona, tenga una placa que haga constar uno de sus mejores obras: "La velada en Benicarló". El otro recinto valenciano que se recordó durante años fue el mitin que tanta repercusión tuvo en el campo de Mestalla.

Si uno desea visitar su tumba en Montauban no tiene problemas para encontrar el cementerio en el que está enterrado. A la primera pregunta, el ciudadano local se da perfecta cuenta de que uno es español y antes de aguardar explicación pregunta: "Mesié le president?". En la ciudad francesa, donde vivió sus últimos días amparado por la embajada de México, cuya bandera llevó en el féretro camino del cementerio, porque fue la única manera de protegerlo, hay constancia de que allí hay enterrado un gran español. Don Manuel es en Montauban "mesié le president".
El sepulturero del cementerio se presta rápidamente a acompañar al visitante al panteón del presidente republicano. Está acostumbrado a hacerlo porque siempre tiene visitas. El día en que estuve allí había flores frescas y además de las que representaban los tres colores republicanos había una senyera de republicanos catalanes. Don Manuel está presente en la ciudad que fue su último refugio.

Ocurre lo mismo en Colliure, aunque aquí no hace falta preguntar por la tumba de don Antonio Machado. El cementerio casi está al paso y a pocos metros de la entrada está su panteón. También con flores. Son dos ilustres españoles que han vivido el exilio permanente. Del ciprés plantado junto a su tumba es frecuente que los españoles corten una ramita y la lleven en el salpicadero de su automóvil.

Don Manuel Azaña tenía su busto en lugar distinguido cerca de los escaños desde los que pronunció sus mejores discursos. El actual presidente de las Cortes, Jesús Posada, alumno que fue del colegio de los Jesuitas de Valencia e hijo del gobernador civil y jefe provincial del Movimiento, Jesús Posada Cacho, tomó la decisión de trasladar a don Manuel a un edificio administrativo y cerca de unos mingitorios. Ni siquiera la reconciliación de la transición parece que se le ha aplicado. Y tampoco los partidos de izquierda han protestado firmemente.

"Dentro de cien años habrá mucha gente que no sepa quiénes éramos Franco ni yo", le dijo a Julio Álvarez del Vayo. Estaba equivocado porque su memoria no se conserva de la misma manera que la de quien le derrotó en la Guerra Civil. En 1938, pronunció uno de sus discursos en que pintó el drama de la lucha y afirmó al referirse a las víctimas que "abrigados en la tierra materna ya no tienen odio, ya no tienen rencor, y nos envían, con los destellos de su luz, tranquila y remota como la de una estrella, el mensaje de la patria eterna que dice a todos su hijos: paz, piedad y perdón". Ni eso.

FRASES

“No me importa que un político no sepa hablar, lo que me preocupa es que no sepa de lo que habla.”

“La libertad no hace ni más ni menos felices a los hombres; los hace, sencillamente, hombres.”

“Quiero republicanos para la República”

“Os permito, tolero, admito, que no os importe la República, pero no que no os importe España. El sentido de la Patria no es un mito”
[18 de julio de 1936, nada más conocer la sublevación militar.]

“No quiero ser presidente de una República de asesinos.”
[Recogido por Claudio Sánchez Albornoz (Entrevista con Sánchez Albornoz, 1976)]

“Si los españoles hablásemos sólo de lo que sabemos, se generaría un inmenso silencio, que podríamos aprovechar para el estudio.”

“En España la mejor manera de guardar un secreto es escribir un libro.”

“Vendría a ser, sin duda, el pueblo catalán un personaje peregrinando por las rutas de la historia en busca de un Canaán que él solo se ha prometido a sí mismo y que nunca ha de encontrar.”
[Discurso en las Cortes el 27 de mayo de 1932.]

“Con la realidad española, que es materia de legislación, ocurre algo semejante a lo que pasa con el lenguaje; el idioma es antes que la gramática y la filología y los españoles nunca nos hemos quedado mudos a lo largo de nuestra historia, esperando a que vengan a decirnos cuál sea el modo correcto de hablar o cuál es nuestro genio idiomático.”
[Discurso en la Cortes el 13 de octubre de 1931.]

“Calificando la política republicana de izquierdas: política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta; en sus diarios, una y otra vez, trata a los políticos que le rodean de obtusos, loquinarios, botarates, gente impresionable, ligera, sentimental y de poca chaveta, insufrible por su inepcia, injusticia, mezquindad o tontería.”

“Si los españoles habláramos sólo y exclusivamente de lo que sabemos, se produciría un gran silencio que nos permitiría pensar.”

“La guerra está perdida; pero si por milagro la ganáramos, en el primer barco que saliera de España tendríamos que salir los republicanos, si nos dejaban.”
[Recogido por Claudio Sánchez Albornoz (Entrevista con Sánchez Albornoz, 1976)]

viernes, 7 de noviembre de 2014

EL TESTAMENTO DE JOSE ANTONIO


José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia nació el 24 de abril de 1903, aunque sus raíces familiares lo vincularon a las gaditanas tierras de Jerez de la Frontera. Fue el mayor de cinco hermanos que quedaron huérfanos de madre en 1908. Miembro de una familia de tradición militar, optó sin embargo por el dominio de las Leyes, estudiando la carrera de Derecho en la Universidad Central de Madrid, donde obtuvo la Licenciatura en 1922. Siendo hijo del Dictador que gobernó en España entre 1923 y 1930, permaneció totalmente ajeno de la actividad política hasta el fallecimiento de su padre, muerto en su exilio parisino apenas unas semanas después de resignar su cargo, y de quien heredó el marquesado de Estella.

Con el único fin de revindicar su memoria, duramente atacada por los representantes de la vieja política, participó en el proyecto de la Unión Monárquica Nacional, organización política de vida muy breve. Intentó alcanzar un escaño por Madrid en las elecciones a Cortes de 1931 para su filial propósito, pero resultó derrotado, teniendo a partir de entonces que limitar sus actuaciones públicas en defensa de la labor de la Dictadura a la intervención letrada en diversos juicios.

Aunque fuera detenido en 1932 bajo la sospecha de haber colaborado en la sublevación protagonizada por el general Sanjurjo, finalmente fue liberado sin cargos. Su repulsa por las viejas fórmulas políticas le llevó a interesarse por el fenómeno fascista, participando en 1933 en el único número del periódico El Fascio con un artículo en el que preconizaba un nuevo modelo de Estado social.

Creó poco después el Movimiento Español Sindicalista (MES) con el afamado aviador Julio Ruiz de Alda, organización que enseguida entrará en contacto con algunos miembros del Frente Español (FE) creado por seguidores de José Ortega y Gasset. El proyecto político de José Antonio fue madurando durante los meses siguientes hasta que, finalmente, fue presentado en el madrileño Teatro de la Comedia el 29 de octubre de 1933. Algunos días más tarde el nuevo movimiento fue registrado con el nombre de Falange Española (FE).

Daba comienzo así una etapa de febril actividad política, en la que compaginaría la exigencia de la consolidación del nuevo movimiento con la calidad de diputado, pues en las elecciones de 1933 obtuvo como independiente un escaño en la candidatura conservadora presentada por la circunscripción de Cádiz. En febrero de 1934 FE se fusionó con las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS), quedando regida a partir de entonces la organización por una Junta de Mando en forma de triunvirato en el que participaban José Antonio Primo de Rivera y Ramiro Ledesma Ramos bajo la presidencia de Julio Ruiz de Alda. Pero el abolengo de su apellido, la plataforma parlamentaria y su valiosa personalidad hicieron de José Antonio el máximo representante de FE de las JONS desde el primer momento, siendo finalmente proclamado jefe nacional del partido en octubre de 1934.

A medida que crecían, las filas falangistas iban liberándose de conspicuos monárquicos que lastraban el proyecto político de José Antonio. Pero será la defección de Ramiro Ledesma la que marque un punto de inflexión determinante en la trayectoria del pensamiento joseantoniano, cada vez más alejado del corporativismo fascista.

Desde su escaño señaló las verdaderas causas de la Revolución de Octubre de 1934, describió el problema del sentimentalismo catalán, se opuso a la contrarreforma agraria diseñada por los conservadores y criticó duramente la corrupción de los políticos radicales. Pese a la propuesta de Frente Nacional que lanzara ante el peligro marxista que se cernía sobre España, su voz fue desoída por las derechas, de modo que los candidatos falangistas concurrieron en solitario a los comicios celebrados en febrero de 1936, sin lograr ni un solo escaño.

José Antonio fue detenido, junto a la mayor parte de la Junta Política de FE de las JONS, el 14 de marzo de 1936 bajo la acusación de asociación ilícita, cargo que fue rechazado por los tribunales. Pero, retenido en la cárcel a instancias de las autoridades gubernamentales del Frente Popular, ya no recuperaría la libertad.
Mientras sus camaradas eran perseguidos —encarcelados o asesinados—, José Antonio tuvo que enfrentarse a diversos procesos judiciales hasta que el 5 de junio de 1936 fue trasladado a la prisión de Alicante, donde se encontraba al producirse el Alzamiento el 18 de julio.

Deseoso de poner fin a la tragedia de la guerra, se ofreció para mediar con los sublevados con el propósito de establecer un régimen de salvación nacional, pero su oferta no fue atendida por el Gobierno republicano. Juzgado por rebelión, fue condenado a muerte y fusilado en la madrugada del 20 de noviembre de 1936. Apenas unas horas antes, dejó escrito en su testamento: “Ojalá sea la mía la última sangre española que se vierta en discordias civiles”.

Finalizada la Guerra, sus restos fueron trasladados al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Allí reposaron hasta que el 30 de marzo de 1959 recibió sepultura ante el Altar Mayor de la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, adonde llegó portado a hombros de sus camaradas, muchos de los cuales no tuvieron la oportunidad de conocerle en vida. En el granito de la losa que lo cubre simplemente aparece grabado el nombre con el que ha pasado a la Historia: José Antonio.

EL TESTAMENTO

Testamento que redacta y otorga José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, de treinta y tres años, soltero, abogado, natural y vecino de Madrid, hijo de Miguel y Casilda (que en paz descansen), en la Prisión Provincial de Alicante, a dieciocho de noviembre de mil novecientos treinta y seis.

Condenado ayer a muerte, pido a Dios que si todavía no me exime de llegar a ese trance, me conserve hasta el fin la decorosa conformidad con que lo preveo y, al juzgar mi alma, no le aplique la medida de mis merecimientos, sino la de su infinita misericordia.

Me acomete el escrúpulo de si será vanidad y exceso de apego a las cosas de la tierra el querer dejar en esta coyuntura cuentas sobre algunos de mis actos; pero como, por otra parte, he arrastrado la fe de muchos camaradas míos en medida muy superior a mi propio valer (demasiado bien conocido de mí, hasta el punto de dictarme esta frase con la más sencilla y contrita sinceridad), y como incluso he movido a innumerables de ellos a arrostrar riesgos y responsabilidades enormes, me parecía desconsiderada ingratitud alejarme de todos sin ningún género de explicación.

No es menester que repita ahora lo que tantas veces he dicho y escrito acerca de lo que los fundadores de Falange Española intentábamos que fuese. Me asombra que, aun después de tres años, la inmensa mayoría de nuestros compatriotas persistan en juzgarnos sin haber empezado ni por asomo a entendernos y hasta sin haber procurado ni aceptado la más mínima información. Si la Falange se consolida en cosa duradera, espero que todos perciban el dolor de que se haya vertido tanta sangre por no habérsenos abierto una brecha de serena atención entre la saña de un lado y la antipatía de otro. Que esa sangre vertida me perdone la parte que he tenido en provocarla, y que los camaradas que me precedieron en el sacrificio me acojan como el último de ellos.

Ayer, por última vez, expliqué al Tribunal que me juzgaba lo que es la Falange. Como en tantas ocasiones, repasé, aduje los viejos textos de nuestra doctrina familiar. Una vez más, observé que muchísimas caras, al principio hostiles, se iluminaban, primero con el asombro y luego con la simpatía. En sus rasgos me parecía leer esta frase: "¡Si hubiésemos sabido que era esto, no estaríamos aquí!" Y, ciertamente, ni hubiéramos estado allí, ni yo ante un Tribunal popular, ni otros matándose por los campos de España. No era ya, sin embargo, la hora de evitar esto, y yo me limité a retribuir la lealtad y la valentía de mis entrañables camaradas, ganando para ellos la atención respetuosa de sus enemigos.

A esto tendí, y no a granjearme con gallardía de oropel la póstuma reputación de héroe. No me hice responsable de todo ni me ajusté a ninguna otra variante del patrón romántico. Me defendí con los mejores recursos de mi oficio de abogado, tan profundamente querido y cultivado con tanta asiduidad. Quizá no falten comentadores póstumos que me afeen no haber preferido la fanfarronada. Allá cada cual. Para mí, aparte de no ser primer actor en cuanto ocurre, hubiera sido monstruoso y falso entregar sin defensa una vida que aún pudiera ser útil y que no me concedió Dios para que la quemara en holocausto a la vanidad como un castillo de fuegos artificiales. Además, que ni hubiera descendido a ningún ardid reprochable ni a nadie comprometía con mi defensa, y sí, en cambio, cooperaba a la de mis hermanos Margot y Miguel, procesados conmigo y amenazados de penas gravísimas. Pero como el deber de defensa me aconsejó, no sólo ciertos silencios, sino ciertas acusaciones fundadas en sospechas de habérseme aislado adrede en medio una región que a tal fin se mantuvo sumisa, declaro que esa sospecha no está, ni mucho menos, comprobada por mí, y que sí pudo sinceramente alimentarla en mi espíritu la avidez de explicaciones exasperada por la soledad, ahora, ante la muerte, no puede ni debe ser mantenida.

Otro extremo me queda por rectificar. El aislamiento absoluto de toda comunicación en que vivo desde poco después de iniciarse los sucesos sólo fue roto por un periodista norteamericano que, con permiso de las autoridades de aquí, me pidió unas declaraciones a primeros de octubre. Hasta que, hace cinco o seis días, conocí el sumario instruido contra mí, no he tenido noticia de las declaraciones que se me achacaban, porque ni los periódicos que las trajeron ni ningún otro me eran asequibles. Al leerlas ahora, declaro que entre los distintos párrafos que se dan como míos, desigualmente fieles en la interpretación de mi pensamiento, hay uno que rechazo del todo: el que afea a mis camaradas de la Falange el cooperar en el movimiento insurreccionar con "mercenarios traídos de fuera". Jamás he dicho nada semejante, y ayer lo declaré rotundamente ante el Tribunal, aunque el declararlo no me favoreciese. Yo no puedo injuriar a unas fuerzas militares que han prestado a España en Africa heroicos servicios. Ni puedo desde aquí lanzar reproches a unos camaradas que ignoro si están ahora sabia o erróneamente dirigidos, pero que a buen seguro tratan de interpretar de la mejor fe, pese a la incomunicación que nos separa, mis consignas y doctrinas de siempre. Dios haga que su ardorosa ingenuidad no sea nunca aprovechada en otro servicio que el de la gran España que sueña la Falange.

Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles. Ojalá encontrara ya en paz el pueblo español, tan rico en buenas calidades entrañables, la Patria, el Pan y la Justicia.

Creo que nada más me importa decir respecto a mi vida pública. En cuanto a mi próxima muerte, la espero sin jactancia, porque nunca es alegre morir a mi edad, pero sin protesta. Acéptela Dios Nuestro Señor en lo que tenga de sacrificio para compensar en parte lo que ha habido de egoísta y vano en mucho de mi vida. Perdono con toda el alma a cuantos me hayan podido dañar u ofender, sin ninguna excepción, y ruego que me perdonen todos aquellos a quienes deba la reparación de algún agravio grande o chico. Cumplido lo cual, paso a ordenar mi última voluntad en las siguientes

CLÁUSULAS

Primera. Deseo ser enterrado conforme al rito de la religión Católica, Apostólica, Romana, que profeso, en tierra bendita y bajo el amparo de la Santa Cruz.

Segunda. Instituyo herederos míos por partes iguales a mis cuatro hermanos: Miguel, Carmen, Pilar y Fernando Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, con derecho de acrecer entre ellos si alguno me premuriese sin dejar descendencia. Si la hubiere dejado, pase a ella en partes iguales, por estirpes, la parte que hubiera correspondido a mi hermano premuerto. Esta disposición vale aunque la muerte de mi hermano haya ocurrido antes de otorgar yo el testamento.

Tercera. No ordeno legado alguno ni impongo a mis herederos carga jurídicamente exigible; pero les ruego:

A) Que atiendan en todo con mis bienes a la comodidad y regalo de nuestra tía María Jesús Primo de Rivera y Orbaneja, cuya maternal abnegación y afectuosa entereza en los veintisiete años que lleva a nuestro cargo no podremos pagar con tesoros de agradecimiento.

B) Que, en recuerdo mío, den algunos de mis bienes y objetos usuales a mis compañeros de despacho, especialmente a Rafael Garcerán, Andrés de la Cuerda y Manuel Sarrión, tan leales durante años y años, tan eficaces y tan pacientes con mi nada cómoda compañía. A ellos y a todos los demás, doy las gracias y les pido que me recuerden sin demasiado enojo.

C) Que repartan también otros objetos personales entre mis mejores amigos, que ellos conocen bien, y muy señaladamente entre aquellos que durante más tiempo y más de cerca han compartido conmigo las alegrías y adversidades de nuestra Falange Española. Ellos y los demás camaradas ocupan en estos momentos en mi corazón un puesto fraternal.

D) Que gratifiquen a los servidores más antiguos de nuestra casa, a los que agradezco su lealtad y pido perdón por las incomodidades que me deben.

Cuarta. Nombro albaceas contadores y partidores de herencia, solidariamente, por término de tres años, y con las máximas atribuciones habituales, a mis entrañables amigos de toda la vida Raimundo Fernández Cuesta y Merelo y Ramón Serrano Súñer, a quienes ruego especialmente:

a) Que revisen mis papeles privados y destruyan todos los de carácter personalísimo, los que contengan trabajos meramente literarios y los que sean simples esbozos y proyectos en período atrasado de elaboración, así como cualesquiera obras prohibidas por la Iglesia o de perniciosa lectura que pudieran hallarse entre los míos.

B) Que coleccionen todos mis discursos, artículos, circulares, prólogos de libros, etc., no para publicarlos –salvo que lo juzguen indispensable–, sino para que sirvan de pieza de justificación cuando se discuta este período de la política española en que mis camaradas y yo hemos intervenido.

C) Que provean a sustiuirme urgentemente en la dirección de los asuntos profesionales que me están encomendados, con ayuda de Garcerán, Sarrión y Matilla, y a cobrar algunas minutas que se me deben.

D) Que con la mayor premura y eficacia posible hagan llegar a las personas y entidades agraviadas a que me refiero en la introducción de este testamento las solemnes rectificaciones que contiene.

Por todo lo cual les doy desde ahora las más cordiales gracias. Y en estos términos dejo ordenado mi testamento en Alicante el citado día dieciocho de noviembre de mil novecientos treinta y seis, a las cinco de la tarde, en otras tres hojas además de ésta, todas foliadas, fechadas y firmadas al margen.

lunes, 3 de noviembre de 2014

DESUNION EN EL BANDO REPUBLICANO


Si hacemos abstracción de las condiciones reales del bando republicano las expectativas para la República la noche del 18 de julio no eran malas en absoluto: la mitad del Ejército de Tierra estaba con ella, así como algo más de la mitad de la exigua fuerza aéra y casi toda la Armada. La República controlaba las zonas más industriales del país y además unas zonas agrícolas no desdeñables (el Levante, Aragón y La Mancha) que deberían permitirle alimentar a la retaguardia. La única ventaja con la que contaban los rebeldes era que de su parte estaba el Ejército de África, la élite del Ejército español. Pero tenían el inconveniente logístico de que, para que pudiera hacer sentir su peso, tenían que trasladarlo a la Península y para ello no contaban ni con los aviones ni con los barcos necesarios.

No obstante, de lo que careció en un primer momento fue de moral de guerra. Los decretos urgentes publicados por el Gobierno horas después del golpe de Estado tienen como función anular la declaración del estado de guerra realizada por los alzados allí donde habían triunfado y disolver las unidades militares rebeldes. La segunda medida era, que diría un sajón, wishful thinking. La primera fue un error, porque España estaba en guerra y reconocerlo le habría sido muy útil al gobierno republicano. Durante casi toda la guerra, sin embargo, en la España republicana siguió sin declararse el estado de guerra, porque eso suponía darle demasiado poder al ejército, en el que desconfiaban.

Si metemos ahora en la ecuación las grandes divisiones internas en el bando republicano y su desconfianza hacia lo militar que les llevó a desmantelar el Ejército que les había sido leal, vemos que la situación ya no era tan halagüeña y podemos afirmar que la República fue la principal responsable de su propia derrota.

Fue, en una primera instancia, sustituido por milicias civiles de partido, milicias armadas porque la decisión, más o menos pensada, de los poderes públicos fue armar al pueblo. Pero lo que sí es cierto es que un ejército, para ser efectivo, necesita disciplina y organización. Y en la guerra civil hay episodios, quizá el más evidente la pérdida de Málaga, donde se hace patente que, por lo menos hasta bien entrado 1937, el ejército no mandaba en la guerra republicana.

La causa principal de la derrota republicana fue su propia desunión. Los distintos partidos no entendieron que para ganar una guerra es esencial mantenerse unidos y fijarse como prioridad la derrota del enemigo. Todos pensaron que podían al mismo tiempo derrotar a los nacionales y conseguir sus propios objetivos, ya se llamasen revolución social, colectivización del campo o República federal. Sólo esa miopía explica hechos tan sorprendentes como que anarquistas y comunistas se tiroteasen en las calles de Barcelona en abril de 1937, en lugar de unir fuerzas contra el enemigo común, o que las rencillas personales entre Largo Caballero y Prieto fueran uno de los factores que frenaron el Plan P (la ofensiva en Extremadura) del general Rojo, plan imaginativo que habría podido causar muchos dolores de cabeza a los nacionales si se hubiera ejecutado en 1937 o incluso en 1938.

Dos ejemplos marcan este contraste. En abril de 1944, en las áreas mineras de Inglaterra, especialmente en Yorkshire, se produjo una huelga de mineros. Nada más comenzar, se produjo un pronunciamiento de los propios sindicatos instando a los trabajadores a terminar la protesta, con el argumento de que nada, incluso las reivindicaciones justas, debía poner en peligro el objetivo mayor de ganarle la guerra a Hitler (la minería era básica para la producción bélica). Espíritu que contrasta con el de, por ejemplo, los anarquistas catalanes y aragoneses, que con su negativa a aplazar la revolución al momento en que la guerra se hubiese ganado se lanzaron a una razzia de colectivizaciones que agostó la producción de ese área, así como su capacidad militar, durante mucho tiempo.

Aparte de la desunión pueden señalarse otras razones para la derrota republicana:

En primer lugar, la desconfianza hacia el Ejército regular tras la sublevación del 18 de julio y el ejemplo mitificado de la Revolución Soviética hicieron que en los primeros meses de la guerra se confiase demasiado en la eficacia guerrera del pueblo en armas y se olvidase que en la guerra del Siglo XX la técnica y la organización valen más que el entusiasmo. Cuando en octubre empezó a rectificarse el tiro, se habían perdido unos meses preciosos y se había dejado que los nacionales uniesen sus dos zonas y se colocasen en las cercanías de Madrid. Puede decirse que el Ejército republicano fue un ejército que se pasó toda la Guerra Civil en rodaje. Ello más que en su descrédito, hay que decirlo con admiración: que un Ejército organizado en medio de una guerra tuviera el desempeño que tuvo, resulta notable.

No obstante el aspecto improvisado del Ejército se dejó ver sobre todo en sus carencias tácticas. Improvisar suboficiales cualificados es más difícil que improvisar soldados. El Ejército republicano, que podía resultar muy tenaz y eficaz en la defensa, como se vió en el Jarama o en la segunda fase de la batalla del Ebro, pinchaba cuando se trataba de pasar al ataque, algo que exige mayor preparación técnica y, sobre todo, un cuerpo de oficiales y suboficiales profesionales y con experiencia. En Brunete, Belchite o el Ebro se repite la misma historia: el Ejército republicano logra romper el frente enemigo y a continuación, cuando hay que improvisar en función de la situación creada por la ruptura, se pierde, no sabe explotar el éxito y acaba concediendo tablas al enemigo, en una partida que hubiera podido ganar.

Tampoco faltan episodios en la guerra en los que las milicias sufren bajas enormes para conquistar una posición que luego es abandonada por su escaso, cuando no nulo, valor táctico.

En segundo lugar, está la ayuda internacional. Ha sido un tema muy discutido, pero cada vez parece más fuera de duda que el bando nacional recibió más ayuda extranjera que el republicano y que la que recibió fue de mayor calidad y más barata. Aparte de que el bando republicano, con una frontera francesa que estuvo cerrada una buena parte de la guerra y con la Armada italiana en el Mediterráneo, tuvo mayores problemas para hacer llegar a su territorio la ayuda recibida. Fue gracias a la ayuda internacional que el bando nacional pudo montar el puente aéreo para transportar las tropas africanas desde el Protectorado en los primeros días de la guerra. Fue gracias a la ayuda internacional que prácticamente desde la primavera de 1937 los cielos estuvieron controlados por la aviación nacional.

En tercer lugar, la República, a pesar de contar con la mayor parte de la flota, no fue capaz de conseguir el control de los mares en toda la guerra. El mero control de los mares no le habría bastado para ganar la guerra, pero habría hecho las cosas más difíciles al bando nacional. La explicación de este fracaso es muy sencilla: muy pocos altos oficiales de la Marina siguieron fieles a la República y sin esos oficiales no fue posible conseguir una Armada eficaz.

Tal vez ahora que se está recuperando la memoria histórica, convendría que todos recordasen una de las grandes lecciones de la Guerra Civil española: la unión hace la fuerza y la desunión, la derrota.




domingo, 26 de octubre de 2014

CAMISA AZUL MAHON


"...Y queremos, por último, que si esto ha de lograrse en algún caso por la violencia, no nos detengamos ante la violencia. Porque ¿quién ha dicho -al hablar de «todo menos de violencia»- que la suprema jerarquía de los valores morales reside en la amabilidad? ¿Quién ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos, antes de reaccionar como hombres, estamos obligados a ser amables? Bien está, sí, la dialéctica como primer instrumento de comunicación. Pero no hay más dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y de las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la Patria."

(José Antonio Primo de Rivera: Discurso del teatro de la Comedia, 29-X-1933.)

El fenómeno de las milicias políticas, organizaciones paramilitares adoctrinadas política e ideológicamente para el asalto al poder mediante la lucha armada, puede remontarse al siglo XIX, pero alcanza su mayor apogeo en el período de entreguerras (1917-1945) con la crisis del Estado liberal, la aparición del comunismo soviético y los movimientos fascistas. Estos últimos conciben la milicia como algo consustancial al partido, de tal suerte que es casi imposible disociar ambas entidades en la práctica. Pero la milicia de tipo fascista va más allá de una mera concepción organizativa y táctica de lucha; es un planteamiento ético profundamente inscrito en el ideal político de estos movimientos: La vida es milicia (punto 26 de FE de las JONS) será uno de los lemas preferidos por los fascistas españoles para justificar su apego doctrinal a la acción y a la violencia políticas.

La crisis política y social de España durante la Segunda República encuentra uno de sus exponentes más llamativos en la constante presencia de milicias en todos los grupos del espectro político. Desde 1931, e incluso antes del 14 de abril, muchas fuerzas piensan que la naciente República debe ser destruida por la violencia. Pero a pesar del reducido apoyo real que tenía una República democrático-burguesa, estos planteamientos fracasan, en parte, gracias a la constante amenaza de una actitud violenta menos original: un levantamiento militar que, si fracasó en agosto de 1932, acabará triunfando en julio de 1936.

Quizá -y salvo los constantes intentos de subversión anarquista- octubre de 1934 sea la fecha que más se aproxima al modelo preconizado tácticamente por las milicias de distinto signo. Al tiempo, octubre es un punto de inflexión importante en la lucha política, en una espiral de violencia que, por vía de un cada vez más descarado pistolerismo, nos lleva directamente al 17 de julio de 1936. En el caso de los grupos fascistas españoles y movimientos afines, que Jiménez Campo califica de fascistizados, los antecedentes son complejos y se remontan bastante antes de la República.

A un ambiente exterior cada vez más propicio -expansión del fascismo italiano, consolidación del corporativismo portugués, posterior subida al poder del nacionalsocialismo alemán en 1933, semidictadura de Dollfuss en Austria y movimientos análogos en Polonia, Rumania, etc.-se añaden unas raíces ideológicas y políticas más o menos claras, pero netamente españolas.

Podemos citar a los Jóvenes Mauristas, intento de réplica de los Camelots du Roi de la Action Frangaise de Maurras y Pujo, el corporativismo de la Unión Patriótica primorriverista, la violencia de los Sindicatos Libres barceloneses en los años veinte contra el anarcosindicalismo, etcétera. Ideológicamente, la exaltación castellanista de la Generación del 98 influye evidentemente en Onésimo Redondo. El liberal José Ortega y Gasset ofrece al fascismo español ideas muy sugerentes: militantismo contra pacifismo, jerarquía contra democracia, estilo fuerte y enérgico contra un liberalismo laxo y contemporizador, milicias imperiales contra ejércitos industriales, minorías audaces y caudillos cesáreos que mandasen... En resumen, elitismo y subordinación a un grupo activo y dirigente.

Por su parte, Ernesto Giménez Caballero es considerado el introductor teórico en España del fascismo italiano con escritos como Circuito imperial, que comienzan a interesar a grupos reaccionarios opuestos al nuevo régimen republicano que la crisis de la monarquía va perfilando. En el período de crisis al cambio de régimen y durante la República, fuerzas políticas muy dispares sufren un desigual proceso de fascistización. No faltan movimientos pseudofascistas y otros con más base teórica. Entre la extrema derecha alfonsina, Renovación Española (RE), fundada en 1933 por Goicoechea tras separarse de Acción Popular, y Acción Española (AE), creada en 1931, se fascistizan. En el exilio, Calvo Sotelo se relaciona con Maurras y después intentará ingresar en Falange. Renovación Española trata de encuadrar militarmente a organizaciones juveniles y el Bloque Nacional cuenta en diciembre de 1934 con milicias o grupos de choque juveniles. A inicios de 1935 se intenta crear las guerrillas de España, y las Juventudes de RE se organizan paramilitarmente en milicias uniformadas.

Las Juventudes de Acción Popular (JAP), rama juvenil de la CEDA, demostraban en sus actitudes rasgos ideológicos (fervor hacia el jefe, por un régimen semidictatorial) y externos (saludo con un brazo al hombro, camisa verde, cierta disciplina) de tipo fascista. La revista FE critica el fascismo descafeinado de los japoneses (de JAP), por su menor espíritu de lucha, pero también por temor a perder sus bases juveniles. Sin embargo, el proceso será inverso: tras el fracaso derechista en febrero de 1936, miles de japistas, desilusionados y ávidos de acción, se pasan a Falange.

El neurólogo valenciano José María Albiñana (Enguera, 1883-Madrid, 1936) funda en abril de 1930 el Partido Nacionalista Español (PNE), gesticulación reaccionaria al servicio de la aristocracia terrateniente y de los elementos más regresivos del país, según Ramiro Ledesma. Ciertamente, Albiñana sostiene una ideología regresiva, sólo abierta al ala fascista más conservadora, representada por Onésimo Redondo. Monarquismo, ultranacionalismo, militarismo, imperialismo y antisemitismo son sus rasgos más característicos. Sus proclamas le hacen ganar cierta popularidad entre los sectores más reaccionarios. En vísperas de la proclamación de la República, amenaza con más arrogancia que sentido común: "200.000 legionarios estamos dispuestos a vender caras nuestras vidas". En abril del 31, Albiñana lanza un desesperado grito, digno del alcalde de Móstoles: ¡Españoles, a defenderse!... ¡Legionarios! ¡Españoles! Hay que echarse a la calle para rechazar esa revolución tragicómica con que se pretende engañar a la opinión y forzar el arca del poder. El que quiera la República que tenga el valor de conquistarla en la calle, a pecho descubierto, jugándose la vida. Pero no hemos de consentirle que empuñe la innoble ganzúa pseudoconstitucional para desvalijar la Corona de España con el más vil de los atracos...Todo buen español que quiera sumarse a la cruzada patriótica debe acudir a inscribirse en el Centro Nacionalista Español, para recibir instrucciones y formar la milicia ciudadana. Tenemos la razón y la fuerza". 

¿Cuál era esa fuerza? El PNE disponía de unos grupos de vanguardia y acción directa: los llamados legionarios de Albiñana , réplica de los Camelots du Roi y definidos por su creador como el voluntariado ciudadano con intervención directa, fulminante y expeditiva en todo acto atentatorio o despreciativo de la Patria. Uniformados de azul claro, con himno y saludo fascistas, los legionarios, procedentes en gran parte del Tercio de Africa, emprendieron algunas algaradas, pero no pasaron de ser unos pistoleros reaccionarios literalmente barridos por las izquierdas en 1931. El PNE disponía de una segunda línea para cubrir bajas: servicios auxiliares (diario La Legión), batallones femeninos (legionarias) y organizaciones subsidiarias como la Unión Nacionalista Obrera (embrión de sindicato) y la Juventud Nacionalista Española. Albiñana apoyó el golpe de Sanjurjo y fue confinado en las Hurdes. En el cenit de su popularidad, pero no de su fuerza política, logró el acta de diputado por Burgos en 1933 gracias al apoyo de la CEDA.

Al surgir Falange Española (FE), la mayoría de sus legionarios se pasaron al grupo de Primo de Rivera. El PNE continuó llevando una vida lánguida en el Bloque Nacional, sobreviviendo a 1936. Ramiro Ledesma Ramos (Alfaraz, Zamora, 1905-Madrid, 1936), principal teórico del nacionalsindicalismo, colaboró en un principio en Revista de Occidente de Ortega y en La Gaceta Literaria de Giménez Caballero. El 14-3-1931 funda la revista La Conquista del Estado, cuyo manifiesto, lanzado el mes anterior, decía:

"(...) Nacemos con cara a la eficacia revolucionaria. Por eso no buscamos votos, sino minorías audaces y valiosas. Buscamos jóvenes equipos militantes, sin hipocresías frente al fusil ni a la disciplina de guerra. Milicias civiles que derrumben la armazón burguesa y anacrónica de un militarismo pacifista. Queremos al político con sentido militar, de responsabilidad y de lucha..."

Antes de desaparecer, La Conquista del Estado da cuenta, el 10-X-1931, de la fusión con el grupo de Onésimo Redondo en las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS), adoptando como signos exteriores los gritos Arriba España y España, una grande y libre, además del yugo y las flechas y la bandera rojinegra.

Onésimo Redondo Ortega (Quintanilla de Abajo, Valladolid, 1905-Labajos, Segovia, 1936) contactó con la doctrina nazi siendo lector de español en Mannheim. Tras actuar en un sindicato remolachero, el 9-VIII-1931 crea las Juntas Castellanas de Acción Hispánica (JCAH), de ideología vagamente similar al grupo de Ledesma. Onésimo cree que la juventud debe ejercitarse en la lucha física, debe amar, por sistema, la violencia. La violencia nacional es justa, es necesaria, es conveniente. Es una de nuestras consignas permanentes la de cultivar el espíritu de una moral de violencia.

Repleto de un catolicismo hispanista con ciertos toques antisemitas, en su periódico vallisoletano Libertad asegura: "(...) Bastan en cada provincia un centenar de jóvenes guerreros para dar en el polvo con ese sucio fantasma de la amenaza roja." A pesar de algunas acciones en Madrid y Valladolid, Ledesma reconoce que en 1932 la actividad de las JONS ha sido casi nula, con fuerte descoordinación entre los focos de Madrid y Valladolid. En la capital, su fuerza no llegaba a 25 militantes. La suerte parece cambiar en 1933. La subida al poder del NSDAP (Partido Nacionalsocialista alemán) y unos alborotos en la Facultad de Derecho con la FUE (organización estudiantil izquierdista) el 10 de marzo popularizan el movimiento, que recibe a 400 estudiantes.

A finales de junio se relanza la acción directa: un centenar de jóvenes dirigidos por Ramón Ruiz se organizan en escuadras de cinco individuos para dar la batalla a la izquierda en las calles. Estos grupos se solían reunir en los jardines de la Plaza de España.

Los hechos violentos se suceden: las JONS asaltan el 14 de junio la oficina de los Amigos de Rusia y roban el fichero. El día 22 unos 3.000 presuntos fascistas, entre ellos Ledesma, son detenidos como integrantes de un supuesto complot contra la República. Con todo, JONS mantiene una situación económica estable, favorecida por Juan March, Goicoechea y algunos industriales vizcaínos.

En agosto de 1933 (revista JONS, número 3) se lanza una circular en que se ordena: "Todas las JONS locales deben tener conocimiento exacto de la importancia de las organizaciones marxistas de su ciudad, vigilando, sobre todo, sus preparativos de violencia y el espíritu con que esperan o provocan la acción revolucionaria." Una nueva circular en diciembre dice: Necesitamos que todos los militantes robustezcan su sentido de la acción. Para Ledesma hay tres justificaciones a la violencia de las juventudes: ruptura de valores decrépitos, traidores e injustos; defensa contra los enemigos (marxismo, separatismo), y demostración de la entereza, capacidad y licitud histórica que mueve a los soldados de la revolución nacional. Pero desde octubre, las JONS tienen un fuerte competidor: José Antonio Primo de Rivera y su Falange Española. José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia (Madrid, 1903-Alicante, 1936) ha leído La Conquista del Estado y La Gaceta Literaria, y participado junto a Ledesma en la frustrada aparición del periódico El Fascio, el 16-3-1933.

En primavera-verano de ese año crea con el famoso aviador navarro Julio Ruiz de Alda y Alfonso García Valdecasas, antiguo intelectual de la Agrupación al Servicio de la República y creador del Frente Español en 1932, el Movimiento Español Sindicalista (MES), de corta vida. El 29-X-1933 funda FE (en principio, Fascismo Español, y gracias a la sugerencia de Ruiz de Aida, Falange Española) en un acto celebrado en el teatro de la Comedia de Madrid. Asisten tradicionalistas, albiñanistas, antiguos miembros de la Unión Patriótica de su padre, monárquicos, Ledesma con algunos jonsistas y militares como Varela. Su discurso es tomado en algunos sectores como una provocación, y aunque la sesión se celebra al parecer a puerta cerrada y en medio de fuertes medidas de seguridad, no faltan incidentes una vez finalizada. Falange Española nacía en medio de los peores augurios. Los primeros enfrentamientos del nuevo partido tienen lugar durante la campaña electoral de noviembre, en la que José Antonio es elegido diputado por Cádiz (tiroteo en un mitin celebrado en San Fernando).

Ese mismo mes, Ruiz de Alda funda el Sindicato de Estudiantes Universitarios (SEU) con Matías Montero y Alejandro Salazar. Su primer objetivo, reconocido por Ruiz de Alda a inicios de 1934, es la destrucción de la FUE. Hay que acabar con el marxismo. El SEU engloba a la militancia más joven y aguerrida de FE, y se organiza con un sistema triangular, en el que uno de sus elementos sirve de enlace. Esta distribución jerárquica, pero con cierta autonomía y que facilita la difusión de órdenes, se extiende pronto a las milicias del partido. En estos primeros tiempos, José María Fanjul dirige una centuria compuesta por dos falanges (Ciencias y Derecho) y dos escuadras que pronto se convierten en falanges de Filosofía y Farmacia. Los demás estudiantes se integran en la centuria de Luis Aguilar. Las milicias son disciplinadas por el comandante Arredondo, antiguo legionario de Africa y upetista (de la Unión Patriótica primorriverista). En un principio, FE es un movimiento de tendencia claramente reaccionaria. Ya desde el invierno de 1933-34 habían comenzado las infiltraciones de derechistas: upetistas, monárquicos de RE como Juan Antonio Ansaldo (aviador y amigo personal de Ruiz de Alda), el comandante Arredondo y el teniente coronel Rada, retirados por la ley Azaña. Estos tres últimos estructurarán lo que, tras su salida del partido y bajo el mando de Agustín Aznar, será conocida como Primera Línea de Madrid o Falange de la Sangre.

El reparto de los primeros números de la revista FE provoca las primeras muertes entre los vendedores, a pesar de su escolta de pistoleros. José Antonio mantiene entonces sus escrúpulos sobre la realización de posibles represalias y la posibilidad de convertir la organización en un instrumento de terrorismo irreflexivo. Falange necesitaría, según su jefe, cargarse de razón y de luto para acudir en venganza. Como represalia a la agresión de un miembro del SEU, la Primera Línea, al mando de Aznar y Matías Montero, asalta el 25-1-1934 el local de la FUE en Medicina, con un saldo de heridos y graves destrozos que suscita un sonoro debate parlamentario. En descomunal venganza, el 9 de febrero es asesinado Matías Montero en la calle de Mendizábal. El debate sobre la actitud a tomar en estos casos se abre en el seno del joven partido: mientras Primo de Rivera representa la postura moderada, Ansaldo, Ruiz de Alda, etcétera, pretenden forzar la situación y acentuar la lucha para intentar obtener ventajas políticas. Tras una serie de contactos previos, el Consejo Nacional de JONS discute del 11 al 13 de febrero de 1934 los siguientes puntos:

1. Actitud de JONS ante el grupo fascista FE.
2. Creación de los organismos a través de los cuales debe conseguir el partido una eficacia violenta en el terreno de la acción antimarxista.
3. Fijación de las consignas base de la propaganda de 1934. Posible radicalización de la línea revolucionaria, robusteciendo la posición jonsista entre la pequeña burguesía y los trabajadores (JONS, número 8, enero 1934).

A pesar del recelo por el derechismo de FE, la fusión es aceptada. Se mantiene la estructura jonsista de un triunvirato ejecutivo (Primo de Rivera, Ruiz de Alda y Ledesma) y sus símbolos. En el número 7 de FE, José Antonio reconoce que las JONS son la primera guerrilla del estilo nuevo, y que se ha realizado la unión para evitar un enfrentamiento violento.
En este momento los afiliados a FE (según Payne) eran unos 2.000 y a JONS menos de 300. Las primeras manifestaciones del nuevo grupo (Ruiz de Alda: ¡Estamos en estado de guerra!) apelan a la violencia (Ledesma: ¡Castellanos, a las armas!). Los mismos puntos de FE, que se ratificarían posteriormente, sancionarán esta postura:
" (...) Todos los hombres recibirán una educación premilitar que les prepare para el honor de incorporarse al Ejército nacional y popular de España. La vida es milicia y ha de vivirse con espíritu acendrado de sacrificio."

No falta la violencia de hecho: el 4-3-1934 se celebra en Valladolid un mitin por la unificación, considerado por Bravo como el primer acto fascista puro. A la salida hay un intercambio de disparos que se salda con la muerte de un simpatizante falangista y la expeditiva actuación de la Primera Línea vallisoletana, dirigida entre otros por José Antonio Girón. Los enfrentamientos se suceden y el 27 de marzo cae asesinado en Madrid el joven de quince años Jesús Hernández. FE de las JONS es acusada de corromper a menores y el Gobierno prohíbe la adscripción política a menores de dieciocho años. Para salvar este obstáculo, importante para un partido con gran masa juvenil de seguidores, éstos ingresan en las belicosas milicias del SEU. El mismo Primo de Rivera sufre un atentado y persigue a los pistoleros por la calle Altamirano. Pero el partido aún no disponía de medios para una réplica contundente. ABC tacha a FE de franciscanismo, y Ansaldo, impaciente por entrar en acción, declara: "José Antonio podría ser presidente de la Liga Mundial Antifascista ". Arredondo y Alvargonzález no logran disciplinar a los ardorosos falangistas, y a mitad de invierno la organización ha caído en el caos. Nombrado jefe de objetivos (virtual jefe de milicias) en abril de 1934, Ansaldo da a los grupos de choque más agresividad y primacía, creando graves problemas a la dirección política.

Cerrados casi todos los centros de FE y SEU en abril de 1934 y clausurada la revista FE, el triunvirato organiza una concentración de milicias en un aeródromo privado de Carabanchel el domingo 3 de junio. El lunes 4, el diario Luz presenta a toda plana la concentración de 20 centurias fascistas. Diversos diarios piden responsabilidades al Gobierno por su negligencia ante la exhibición fascista, cuidadosamente planeada y que por el amplio tratamiento periodístico reporta al partido un nuevo impulso en su militancia. A mediados del año 1934, el cuadro organizativo de las milicias de FE de las JONS está plenamente esbozado. Integran el partido adheridos y militantes. Estos últimos pueden acceder a los grupos de acción, llamados Falange de la Sangre y después Primera Línea, dirigida personalmente por Ansaldo y su lugarteniente Manuel Groizard (gravemente herido en atentado el 1-VII-1934). Los más veteranos integran la Segunda Línea (organización, proselitismo y propaganda), ayudados por la incipiente Sección Femenina de FE, fundada en junio de 1934 por Pilar Primo de Rivera (jefe nacional) y Dora Maqueda (secretaria nacional). Jefes de milicias serán sucesivamente Arredondo (febrero-abril 1934), Ansaldo (abril-junio), teniente coronel Rada (julio-diciembre) y Agustín Aznar (desde inicios de 1935).

Para comprobar el estado real de las milicias, el 10-VI-1934 se planea una provocación a los chíribis (juventudes socialistas) en la orilla izquierda del Manzanares por la primera y segunda centurias de Madrid. Como brutal represalia, el falangista Cuéllar muere en la acción, y en la venganza, llevada a cabo espontáneamente por Ansaldo y Groizard sin consultar al Triunvirato Ejecutivo, cae la socialista Juanita Rico en la calle de Eloy Gonzalo. Los entierros de las víctimas de ambos bandos se efectúan clandestinamente y en medio de una gran tensión. Con todo, a mediados de 1934 parece evidente que FE de las JONS no impresiona políticamente, acosada por una derecha triunfante y una izquierda luchadora en la calle. El foso entre la Falange intelectual y la Falange militante se ensancha desde que el aventurero Ansaldo se hace cargo de las milicias con el objeto (según Payne) de ponerlos al servicio de los monárquicos. Para ello, Ansaldo prepara una especie de golpe de los pretorianos, unos escuadristas que exigirán a José Antonio una actitud más violenta o el abandono del partido. Se piensa incluso en matarle. Cuando Primo de Rivera, sospechando la conspiración, pregunta a Ansaldo, éste lo reconoce franca y fríamente. José Antonio recaba de los otros triunviros la expulsión del jefe de objetivos. Contra la opinión de Ruiz de Aida, su amigo personal, Ansaldo es expulsado en junio y sigue conspirando por la monarquía desde Biarritz.

Después de la reestructuración de las milicias falangistas por Ansaldo, éste y Primo de Rivera organizaron una concentración en el aeródromo particular de Estremera (Carabanchel) para el domingo 3-VI-1934. El viernes 1 por la noche, los jefes de centuria conocieron la consigna a través de los agentes de enlace con uno de los triunviros. Los jefes de centuria avisaron a los de escuadra y en la mañana del sábado se convocó a la sección de transportes.
Mediante notas secretas, los falangistas se concentraron en lugares convenidos a primera mañana del domingo, y ascendieron a autobuses y camionetas. En la carretera de Carabanchel se situó una avanzadilla para comunicar a cada uno de los jefes el punto de reunión, y de 8.30 a 9 las centurias comenzaron a salir de Madrid. El acto estaba previsto para las 10, y se calculaba la asistencia de veintiocho centurias, aunque a última hora ocho se quedaron en Madrid por diversas causas (entre ellas, sabotajes de los chóferes). Las veinte centurias restantes (Jato habla de 1.000 asistentes, Ansaldo de 500 a 800 y Bravo de unos 3.000 falangistas) formaron en filas de cuatro escuadristas. Los triunviros subieron por la Vereda del Soldado y fueron recibidos con saludos a la romana (el partido aún no tenía himnos ni cánticos), para pasar seguidamente revista a la formación, haciendo observaciones sobre la regularidad y disciplina de cada centuria.

A continuación, José Antonio pronunció una arenga militar: "Sois pocos aún, pero ya más de los que acompañaron a Hernán Cortés en su epopeya mejicana..." Un avión sobrevoló la formación a baja altura y los triunviros ordenaron el desfile de las escuadras hacia la carretera, practicándose movimientos y ejercicios de combate. En ese momento llegó la Guardia Civil del puesto de Carabanchel, y el teniente Ramón Ossorio pidió el permiso para la concentración. Al no tenerlo, José Antonio hubo de presentarse en el juzgado de la población, donde se le tomó declaración y se redactó un atestado. A la vuelta se rompieron filas y las escuadras volvieron poco después de mediodía a Madrid por la carretera de Extremadura y la de Carabanchel Alto, donde hubo altercados con los vecinos. Desde un chalet cercano, algunos curiosos asistieron a la concentración: los militares Martín Alonso (después jefe de la Casa Militar de Franco), Galarza, Jorge Vigón, etcétera. Por la noche, los dirigentes del partido cenaron en casa de Ansaldo, y mientras Fernández Cuesta y Ledesma mostraban las primeras fotografías y recortes de prensa, los falangistas quemaban periódicos izquierdistas, distribuían pasquines y realizaban pintadas. La centuria de Fanjul quemó en las Ventas dos autobuses de una empresa que había boicoteado el acto. El lunes, el diario Luz aireó la noticia, pidiendo responsabilidades a la Dirección General de Seguridad por la exhibición fascista. Lo curioso del caso es que la noticia, al parecer, fue vendida a este periódico por el propio Ledesma, con fotografías de Agripino Cormín, que trabajaba asiduamente en FE y Arriba.
En incómoda situación, el Ministerio de Gobernación impuso a cada miembro del triunvirato, Fernández Cuesta y Ansaldo, una multa de 10.000 pesetas por reunión ilegal. Pero el fin propagandístico se había logrado.

Debido a las últimas acciones, el 10 de julio José Antonio, Moreno Herrera (marqués de la Eliseda y segundo parlamentario de FE) y 67 falangistas son arrestados. Primo de Rivera aboga con tal vehemencia por los detenidos que aumenta grandemente su popularidad en el seno del partido. En agosto se funda la Central Obrera Nacional Sindicalista (CONS), dirigida por el ala revolucionaria del partido (Ledesma, Mateo) y concebida como una fuerza de choque antisocialista y sindicato amarillo. El día 20 de ese mismo mes, Goicoechea y Primo de Rivera firman un pacto ratificando los diez puntos de El Escorial sobre las características del futuro nuevo Estado español. Además, RE asigna una ayuda económica a FE que debe distribuirse de la siguiente manera: toda cantidad que exceda a la ayuda de 10.000 pesetas mensuales debe repartirse en un 45 por 100 a los gastos de organización de milicias, otro 45 por 100 a la CONS, quedando el resto a libre disposición del mando de la organización (punto 41. El punto 5.° sanciona de hecho un control efectivo de RE sobre la organización militar falangista: (...) con el fin concreto y fijo de comprobar el incremento que FE de las JONS pueda alcanzar merced a estas ayudas, se designa un elemento técnico que actuará en contacto permanente con el mando de FE de las JONS, principalmente en su aspecto militar y de choque. Con todo, la ayuda monárquica se mantiene sólo unos meses, pues RE se encuentra con dificultades económicas.

Tras la concentración de Carabanchel, se pensó en organizar un acto de provocación para evaluar la capacidad combativa de las milicias falangistas. El ambiente en la Primera Línea estaba caldeado, pues el 9 de junio había sido tiroteado en Chamartín el doctor Luque y su esposa, al confundir los pistoleros anarco-socialistas su automóvil con el de José Antonio.Así pues, se pensó que el domingo 10 de junio, dos centurias hicieran acto de presencia en las reuniones de los despectivamente llamados chíribis (Juventudes Socialistas) que se celebraban en la Playa de Madrid (Montes del Pardo). Ese día, unos treinta falangistas se apostaron en un montículo cercano a un grupo de jóvenes socialistas, y la provocación no se hizo esperar: a los silbidos falangistas respondieron los socialistas con disparod. El joven falangista Juan Cuéllar cayó muerto, y su cadáver fue desfigurado por la saña de los rivales. Al llegar la policía y confiscar las armas, encontró en las inmediaciones del lugar a Miguel Primo de Rivera y otros amigos, quienes declararon pasar casualmente por allí.

Los dirigentes de la Falange de la Sangre Agustín Aznar, J. A. Ansaldo y su lugarteniente Manuel Groizard, planearon sin consultar al triunvirato ejecutivo una acción de represalia. A última hora de la tarde, un grupo de socialistas descendía de un autobús en la calle Eloy Gonzalo cuando tres pistolas dispararon desde un coche ocupado, al parecer, por seis personas. La joven socialista Juanita Rico resultó muerta y cuatro compañeros heridos (uno de sus hermanos quedó invalido como consecuencia del atentado). Cuando la noticia se extendió, estalló la indignación popular, con disturbios en los barrios bajos y la Moncloa. Al día siguiente se efectuaron los entierros de las víctimas del domingo en medio de un ambiente enrarecido. Simultáneamente fue tiroteado el centro de Falange Española en la calle Marqués del Riscal, con dos heridos. Se responsabilizó del atentado a Guitarte y Aguilar. Mundo Obrero acusó a Alberto Ruiz (alias El Cejas), Martínez, Merry del Val, Johnny Haisal y... ¡Pilar Primo de Rivera! de ser los autores directos.

No está probado que los falangistas utilizaron el automóvil de Alfonso Merry del Val, hijo de diplomático, quien dispuso de una buena coartada y fue absuelto el 19 de agosto de los cargos que se le imputaban. Pero su coche presentaba sospechosas huellas de impactos de bala... Poco después, el joven salió de España. La contrarréplica no se hizo esperar: pistoleros de las Juventudes Socialistas hirieron de gravedad el 1 de julio a Groizard, al que consideraban responsable del atentado. Ansaldo fue expulsado de Falange poco después por su apego a la violencia, por actuar sin el permiso del triunvirato, y en especial de José Antonio, a quien repugnaba la sangrienta reputación que iba adquiriendo el partido. La prensa izquierdista rindió homenaje a Juanita Rico como primera víctima del fascismo. 

El primer Consejo Nacional se reúne el 4-X-1934 en la sede de la calle del Marqués de Riscal. A la noche, al conocerse la noticia de la huelga general, FE ordena a su Primera Línea que esté preparada para combatir. A las 12 de la noche, Primo de Rivera se ofrece al ministro de Gobernación para luchar contra la revolución, a condición de que las milicias de FE sean armadas con fusiles y mandadas por sus jefes peculiares, a las órdenes de la autoridad.

Pero este ofrecimiento y otro análogo al jefe de Estado Mayor, general Franco, fracasan. El día 5, José Antonio obtiene el mando supremo de FE y elige como uniforme del partido la camisa azul mahón, con solapas legionarias para la Primera Línea y sin la boina negra jonsista. El día 7, en plena revolución, se organiza una manifestación por la unidad de España desde la sede del partido hasta la Puerta del Sol. Durante la revolución, FE colabora de forma descoordinada con la autoridad en la represión del levantamiento. Las órdenes recibidas son ofrecer ayuda al cuartel militar más próximo o, en su defecto, al de la Guardia Civil, y nunca en los gobiernos civiles. Según Ledesma, ésta fue una gran oportunidad para aprovechar la confusión reinante y haber tomado el poder. 

Tras Asturias, el partido se reorganiza formulando los 27 puntos, que provocarán otra crisis. Los puntos 14 y 25 (laicismo, control de la Iglesia por el Estado) obligan a Moreno Herrera, dueño de la sede y principal financiador del partido, a dejar Falange. Con él se marcharán en diciembre el teniente coronel Rada, instructor de milicias, que se incorporará al tradicionalismo como inspector nacional de Requetés; el comandante Arredondo y monárquicos como Tarduchy, que ingresarán en la Comunión Tradicionalista.

El partido entra en una total crisis financiera y la militancia se reduce a unos 5.000 afiliados. Pronto se produce la reacción del ala izquierda de FE: Ledesma trata de levantar a los sindicalistas de CONS contra José Antonio, que por señorito y aristócrata es incapaz de mandar un movimiento revolucionario. Después que Onésimo y Mateo decidan mantenerse fieles a la jefatura, José Antonio interviene apasionadamente en la sede del sindicato, aplasta la rebelión y expulsa a Ledesma y otros disidentes el 15-1-1935. Estos crean unas JONS independientes, lo que provoca graves enfrentamientos y agresiones a los voceadores de la nueva revista de Ledesma, Patria Libre. Pero en febrero la crisis interna se ha zanjado.

El 29-IV-1935 cuatro falangistas parten al pueblo minero de Aznalcóllar (Sevilla) con la intención de vender el número 6 de Arriba. Un centenar de personas indignadas obligan al grupo a marcharse precipitadamente del pueblo. El jefe del servicio, Pablo Gutiérrez Tagua, da cuenta de los hechos al jefe de Sevilla, Sancho Dávila. Para hacer prevalecer su opinión, se prepara una excursión nocturna de dos escuadras, al mando de Martín Ruiz Arenado y Manuel García Mínguez, gallego y perito industrial. A las seis de la tarde salen de la cervecería Madrid de Sevilla tres automóviles de alquiler con veintiún falangistas. Al llegar a Aznalcóllar, Martín ordena a los chóferes permanecer con sus coches a la salida del pueblo, junto a dos escuadristas de guardia. Los diecinueve restantes avanzan hacia el centro del pueblo.  Comienza el despeje de la calle principal y los fascistas vocean el Arriba. Dos guardias municipales informan del hecho al alcalde, que avisa a la Guardia Civil. Mientras tanto, una piedra abate salvajemente al escuadrista Francisco Moreno, y Martín Ruiz ordena a los escuadristas armados con porras que evacuen al herido.  García Mínguez es alcanzado por una piedra. Ruiz Arenado le recoge exánime. En ese momento, cuando los falangistas tratan de alcanzar los coches, aparece la Guardia Civil y pone orden en la confusión. García Mínguez resultó muerto y dos escuadristas más fueron heridos. Entre los vecinos de Aznalcóllar hubo un muerto y cinco heridos tras el enfrentamiento. Trece falangistas fueron detenidos. José Antonio les defendió durante el proceso, que se saldó con nueve absoluciones y cuatro condenas. Primo de Rivera concedió 5 palmas de plata, 21 aspas blancas, un aspa roja y una palma de plata al banderín de la milicia provincial de Sevilla por estos servicios distinguidos. Como colofón a la tragedia, uno de los chóferes de los taxis utilizados en la expedición fue asesinado días más tarde por elementos de izquierdas.

Los enfrentamientos se suceden: razzia en los almacenes Sepu, acusados de judaísmo y de explotar a sus empleados (16-3-1935); otro asesinato del falangista José García Vara (2 de abril); muerte en Arija del presidente de la Casa del Pueblo y dos socialistas más (8 de abril); graves enfrentamientos en Aznalcóllar con varios muertos (29 de abril)...El 19 de mayo se da un importante mitin en el cine Madrid ante miles de personas. El acto tiene gran resonancia, por su emotividad (culto a los caídos) y por la ostentosa exhibición de las milicias madrileñas. El 16 de junio, José Antonio convoca a la Junta Política a una reunión clandestina en el Parador de Gredos. Ante el previsible triunfo de las izquierdas en unas próximas elecciones, se acuerda intervenir en un alzamiento.

José Antonio asegura tener el ofrecimiento de 10.000 fusiles y un general (¿Sanjurjo?), previa concentración de las milicias falangistas en Fuentes de Oñoro (Salamanca). Otro proyecto es el asalto y conquista de Toledo, con apoyo de los cadetes del Alcázar, la guarnición y la Guardia Civil. Moscardó se muestra conforme: "si el general Franco me lo ordena..." Ambas acciones parecen inverosímiles y no se concretan. Igualmente se analizan las diferentes fuerzas susceptibles de intervenir y la actitud de varios jefes militares. José Antonio propone sondear al Ejército a través de la Unión Militar Española (UME), que seguirá en contacto con el partido a través de la Sección Militar de FE en Marruecos, hasta 1936.

Tras un complot fallido contra Redondo, las relaciones Madrid-Valladolid continúan tensas todo el año 1935. Al celebrarse el Segundo Consejo Nacional los días 15 y 16 de noviembre, el partido intenta acercarse a la derecha mediante la propaganda de un Frente Nacional contra las izquierdas. Pero FE queda excluida al considerarse excesivas sus exigencias. Como colofón al Consejo Nacional se celebra un nuevo mitin en el cine Madrid, el 17 de noviembre, ante 15.000 personas (según Bravo). A fines de año se compone el Cara al Sol. El 19 de diciembre se comenta en Arriba el llamamiento de Gil-Robles al Frente Nacional: "Cualquier proposición que se encamine a asignarnos el papel de guerrilla o tropa ligera de otros partidos más sesudos no será siquiera escuchada."

El 6-III-1936 mueren asesinados los falangistas José Urra Goñi y el ex legionario Ramón Faisán, que protegían a obreros de la CONS (Central Obrera Nacional Sindicalista).  En la tarde del 11 de marzo es ejecutado en la calle Alberto Aguilera, de Madrid, el estudiante Juan José Olano y queda gravemente herido su compañero de la Facultad de Derecho, el tradicionalista Enrique Valsovel. En casa de Guillermo Aznar, el SEU (Sindicato Español Universitario), dirigido por Alejandro Salazar Salvador, prepara un atentado contra Luis Jiménez de Asúa, catedrático de Derecho Penal en la Universidad Central (donde ya había tenido altercados con los falangistas) y a la sazón vicepresidente primero de las Cortes. Asúa iba escoltado por el inspector de policía Jesús Gisbert desde que actuó como defensor de Francisco Largo Caballero en la causa sobre su responsabilidad por los sucesos que tuvieron lugar en octubre de 1934.

A las 7.30 de la mañana del día 12 de marzo, Alberto Aníbal Martínez toma el automóvil de su hermano con matrícula M-29.033 y, acompañado de José María Díaz Aguado, Alberto Ortega Arranz (tesorero de la Federación Deportiva de Derecho) y Guillermo Aznar Jarner, se apostan a las ocho frente el domicilio del profesor socialista en la calle Goya. Al salir éste, el agente Gisbert recela de la actitud de los jóvenes, y pone sobre aviso a Jiménez de Asúa. En ese momento, los falangistas intentan simultáneamente poner el coche en marcha y disparar, pero el auto no arranca. Semiagachado, Asúa corre en zig-zag entre una lluvia de cristales y consigue penetrar ileso en una carbonería sita en el número 28 de la calle Velázquez. Gisbert entra tras él y exclama: ¡Don Luis, me han matado!, y se desploma pesadamente, herido de muerte. Tras conseguir escapar, Alberto Ortega comunica la acción a dos compañeros y logra ocultarse, pero su indiscreción motiva su detención y la de los encubridores del atentado: Ramón de la Peña, Jesús Azcona, Luis Revuelta y Manuel Valdés. Alejandro Salazar logra eludir a la policía.

La conmoción es enorme, y el 14 de marzo José Antonio Primo de Rivera, casi toda la Junta Política (salvo Alfaro y Mateo), algunos jefes de centuria y muchos escuadristas son detenidos, bajo la acusación de tenencia ilícita de armas y la ruptura de los sellos del local de la calle Nicasio Gallego, 21, cerrado por orden gubernativa el 27 de febrero. Respecto a esto, José Antonio declara: "Los sellos de la puerta los ha rasgado el señor Mallo (director general de Seguridad) con los cuernos." El 15 de marzo, Falange Española tirotea la casa de Largo Caballero, y el 7 de abril pone una bomba en la casa de Eduardo Ortega y Gasset. El 9 de abril un tribunal condena al único autor convicto del atentado, Alberto Ortega, a veinticinco años de reclusión por asesinato y cinco años por tenencia ilícita de armas. Azcona, Revuelta y Peña son castigados con seis años de cárcel. Cada uno deberá pagar 50.000 pesetas de indemnización a los herederos de Gisbert. Manuel Chacel y Manuel Valdés son absueltos. El resto de los encausados consiguen burlar a la justicia. Pero aquí no acaba el drama: el 13 de abril es asesinado en el paseo de Luchana, esquina a la calle Covarrubias, el magistrado del Tribunal Supremo y ponente de la causa por el asesinato de Gisbert, Manuel Pedregal. Alberto Ortega es recluido en el penal del Dueso y morirá asesinado por socialistas en la confusión de los primeros días del golpe militar. Ya en pleno ambiente electoral, José Antonio duda entre tres posturas: una alianza con la CEDA, que fracasará por el problema de la inclusión de mayor o menor número de falangistas en las listas; la conspiración militar, o un intento de búsqueda de aliados por la izquierda, que también fracasará al finalizar sin resultados los contactos con el Partido Sindicalista de Pestaña en 1935 y con el socialista moderado Indalecio Prieto.

En febrero de 1936 parece que la Primera Línea de FE cuenta con unos 10.000 hombres. Payne da una militancia similar al SEU y 25.000 afiliados a FE. El partido se disponía a la sublevación caso de producirse el triunfo del Frente Popular. A fines de la campaña, José Antonio dice en el cine Europa de Madrid: "La Falange relegará (..) las actas del escrutinio al último lugar de menosprecio". Los resultados son desalentadores: FE logra sólo 50.000 votos y ningún escaño. Ante el triunfo del Frente Popular, se ordena una actitud expectante, por si se puede seguir trabajando en la legalidad. Se recomienda evitar provocaciones y exhibiciones innecesarias, desoyendo además toda incitación a la conspiración o golpe de Estado. Previsor ante los tiempos difíciles que se avecinaban, Bravo aconseja a José Antonio organizar eficazmente el aparato ilegal del movimiento y una Primera Línea fuerte. Unos 15.000 japistas defraudados con Gil-Robles ingresan en masa en FE. El 1 de marzo, José Antonio pide a los miembros del SEU que se incorporen a las milicias de FE. 

El día 5 aparece el último número de Arriba y el 11 es asesinado otro falangista, el estudiante Juan José Olano. Como venganza, al día siguiente pistoleros falangistas atentan contra el profesor socialista Jiménez de Asúa y matan a su agente de escolta, señor Gisbert. Clausurado el local de la calle Nicasio Gallego, la ruptura de los sellos pocos días más tarde es la excusa para la detención, el 14-3-1936, de José Antonio y de casi todos los miembros de la Junta Política, junto con numerosos militantes de Primera Línea y otros de provincias; en total, unos 2.000 falangistas. 

Pese a perder a casi todos sus dirigentes, las milicias continúan reuniéndose en secreto. El trimestre previo al golpe militar, FE tiene 40 muertos y más de 100 heridos. José Antonio envía desde la cárcel Modelo de Madrid una circular: ordena la colaboración con el Ejército en caso de alteración grave del orden público en estos días. En una carta a los militantes (21 de marzo), se les recomienda no perder contacto con sus jefes ni con sus camaradas presos. El 4 de mayo, Primo de Rivera lanza a los militantes un manifiesto, pidiendo colaboración para la sublevación. El 20 del mismo mes sale a la calle el primero de los tres números del boletín clandestino No Importa: aquí escribe José Antonio el 6 de junio: "¡Bien haya esta violencia, esta guerra, en la que no sólo defendemos la existencia de la Falange, ganada a precio de las mejores vidas, sino la existencia misma de España, asaltada por sus enemigos! Seguid luchando, camaradas, solos o acompañados. Apretad vuestras filas, aguzad vuestros métodos. Mañana, cuando amanezcan más claros días, tocarán a la Falange los laureles frescos de la primacía de esta santa cruzada de violencia." Se trataba ya de una guerra civil encubierta. Las milicias proclaman que de la vida del jefe nacional responde la de Azaña.

El 5 de junio, el líder de FE es trasladado a Alicante en medio de un fenomenal escándalo, y en una nueva circular del día 24 pide a los jefes provinciales que no se dejen embaucar por cualquier tipo de conspiradores que sólo consideren a FE como un elemento auxiliar de choque. Toda invitación a la conspiración deberá ser notificada al jefe nacional. FE ya es entonces un grupo experimentado en la lucha callejera. En los incidentes del 14 de abril ha muerto el alférez De los Reyes. En su entierro, el día 16, se produce un tiroteo con víctimas. Las represalias son de una dureza desconocida: se proclama que por cada falangista muerto se matará a 10 izquierdistas, y se pretende asaltar el Congreso de los Diputados. Las centurias de Agustín Aznar se adueñan del centro de Madrid, pero, carentes de dirección, son incapaces de forzar la situación y arrastrar al Ejército. Es tal el clima prebélico que en la villa lucense de Sarriá se proclama el Estado fascista. El 29 de junio, José Antonio envía una circular a las jefaturas territoriales y provinciales. En síntesis, se trata de lo siguiente:

1. Cada jefe territorial o provincial se entenderá exclusivamente con el jefe superior del movimiento militar en el territorio o provincia. La contraseña será Covadonga (cambiada por Granada al ser interceptado este mensaje).
2. FE intervendrá con sus unidades propias, mandos naturales y distintivos.
3. Si el jefe de FE y el militar del territorio se ponen de acuerdo, parte de la fuerza de Falange, que nunca excederá de un tercio, podrá ponerse a disposición de los jefes militares para engrosar sus unidades.
4. El jefe territorial concertará con el militar todo lo relativo al armamento largo de las fuerzas de FE. Basta con señalar el lugar donde en un momento dado se puede dirigir cada centuria, falange o escuadra para recibir armas.
5. El jefe militar deberá prometer que el mando de la provincia o territorio no será entregado a persona civil alguna hasta tres días después de triunfar el movimiento y durante ese plazo lo ejercerán militares.
6. Desde el instante de recibir estas instrucciones, cada jefe territorial o provincial mantendrá enlace constante con las jefaturas locales, para movilizaren el plazo de cuatro horas a todas las fuerzas de primera línea, y agrupar a las fuerzas en sitios determinados, en agrupaciones de una falange por lo menos (tres escuadras).
7. De no ser renovadas, estas órdenes se anularán el 10 de julio a mediodía (posteriormente se prorrogan hasta el día 20).

El 11 de julio, un grupo de falangistas toman Unión Radio de Valencia y anuncian la inminencia del movimiento nacionalsindicalista. Este mes FE alcanza la cifra de ¡70 muertos! desde su fundación. El 12 es asesinado el teniente Castillo, instructor de las milicias socialistas y sospechoso de ser uno de los responsables del tiroteo durante el entierro del alférez De los Reyes. En venganza, guardias de asalto al servicio del Frente Popular asesinaban a Calvo Sotelo aquella misma madrugada. Prevenido desde el día 16 de la inminencia del Alzamiento, José Antonio envía una carta a Mola: "Si en 72 horas la rebelión no se desencadena, la Falange comenzará por su propia cuenta en Alicante." El día 17, José Antonio envía un último manifiesto; no llega a ser distribuido. Por fin, el Ejército se subleva en Africa, sorprendiendo paradójicamente a todas las milicias izquierdistas en plena desorganización. En la zona sublevada sólo el Requeté está en condiciones de combatir. Debilitada por la clandestinidad y con sus principales dirigentes en la cárcel, FE y sus milicias necesitarán cierto tiempo para adaptarse al nuevo tipo de lucha: una guerra convencional, aunque guerra civil, que durará tres años.