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viernes, 7 de noviembre de 2014

LA VOZ DEL DICTADOR


(Francisco Franco Bahamonde) Jefe del Estado español durante la dictadura de 1939-75 (El Ferrol, 1892 - Madrid, 1975). Nacido en una familia de clase media de tradición marinera, Francisco Franco eligió la carrera militar, terminando en 1910 sus estudios en la Academia de Infantería de Toledo.

Ascendió rápidamente por méritos de guerra, aprovechando la situación bélica de Marruecos, en donde permaneció destinado entre 1912 y 1926, con breves interrupciones: en 1923 era ya jefe de la Legión, y en 1926 se convirtió en el general más joven de Europa.

La brillante carrera de Francisco Franco continuó bajo distintos regímenes políticos: con la dictadura de Primo de Rivera llegó a dirigir la Academia General Militar de Zaragoza (1928); con la Segunda República participó en la represión de la Revolución de Asturias (1934), fue comandante en jefe del ejército español en Marruecos (1935) y jefe del Estado Mayor Central (1936). El gobierno del Frente Popular le alejó a la Comandancia de Canarias, puesto que ocupaba al estallar la guerra civil.

De ideas conservadoras, Franco valoraba sobre todo el orden y la autoridad. Desconfiaba del régimen parlamentario, del liberalismo y de la democracia, a los que creía causantes de la «decadencia» de España en el siglo xx; su postura era representativa del grupo de militares «africanistas» que veían en el ejército la quintaesencia del patriotismo y la garantía de la unidad nacional.

Por tales razones Franco se sumó, aunque a última hora, a la conspiración preparada por varios militares para sublevarse contra la República en julio de 1936 (el día 17 en la Península y el 18 en África, donde estaba Franco, razón por la que el régimen identificó más tarde esta última fecha -el Alzamiento- como su momento fundacional).

Fracasado el golpe de Estado, se abrió una guerra civil que duraría tres años y que llevaría a Franco al poder. Tras pasar el estrecho de Gibraltar al frente del ejército de África, Franco avanzó por la Península hacia el norte. El 1 de octubre de 1936, sus compañeros de armas, reunidos en una Junta de Defensa Nacional en Burgos, le eligieron jefe político y militar del bando sublevado.

Franco dirigió la guerra con criterios conservadores, muy alejados de la guerra rápida que propugnaban las doctrinas estratégicas modernas. La unidad impuesta en su bando contrastaba con los enfrentamientos que desangraban al bando leal a la República; la disciplina y la profesionalidad de sus fuerzas, con la politización y el voluntarismo de sus enemigos; si a esto se une la ayuda militar que le prestaron la Alemania nazi y la Italia fascista, puede explicarse la victoria que Franco consiguió en 1939 (1 de abril).

Terminada la guerra civil, Franco impuso en toda España un régimen de nuevo cuño, inicialmente alineado con los fascismos de Hitler y Mussolini, que eran sus aliados e inspiradores. A pesar de ello, no comprometió del todo a España en la Segunda Guerra Mundial (1939-45), pues, dada la debilidad en que se encontraba el país, no consiguió de Hitler las desmesuradas compensaciones que pretendía por su apoyo (entrevista de Hendaya); tan sólo envió tropas voluntarias a combatir junto a los alemanes contra la Unión Soviética (la División Azul). Terminada la guerra con la derrota de las fuerzas del Eje, aliadas de Franco, su régimen sufrió un cierto aislamiento diplomático, pero consiguió mantenerse, rentabilizando su anticomunismo radical en el contexto de la «guerra fría».

En lo político, Franco instauró desde el principio una dictadura personal de carácter autoritario, sin una ideología definida más allá de su carácter confesional (católico integrista), unitario y centralista (contra toda autonomía regional o reconocimiento de peculiaridades culturales), reaccionario y conservador (los partidos y los sindicatos de clase fueron prohibidos). Copió de sus modelos fascistas la idea de una jefatura carismática unipersonal (con el apelativo de Caudillo), de un partido único (el Movimiento Nacional) y de un vago corporativismo (sindicato vertical). La represión de la oposición fue feroz (con unos 60.000 ejecutados sólo entre 1939 y 1945, continuando las ejecuciones políticas hasta 1975).

En lo económico, optó por una política de autarquía que hundió a España en el estancamiento y el atraso, en contraste con la recuperación que vivía el resto de Europa; sin embargo, la necesidad de homologarse con los países occidentales y de reforzar la alianza con Estados Unidos le llevó a una progresiva liberalización económica a partir del Plan de Estabilización de 1959.

Los años sesenta -con los «planes de desarrollo» y la influencia política del Opus Dei- fueron de rápido crecimiento económico, industrialización, apertura y urbanización: las mejoras materiales facilitaron el mantenimiento de Franco en el poder, a pesar del creciente anacronismo de su régimen; pero también produjeron cambios sociales que hicieron inviable su continuidad una vez muerto el general.

Desde 1969 Francisco Franco había institucionalizado como sucesor al príncipe Juan Carlos, nieto del último rey de España (Alfonso XIII); tal previsión sucesoria se cumplió tras la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975, pero no fue acompañada de una continuidad política, ya que, sin romper con la legalidad vigente, el nuevo rey promovió una transición pacífica a la democracia.

El franquismo puede definirse como un régimen autoritario –pero ni remotamente totalitario-- pragmático y ecléctico, flexible, con un liberalismo difuso bien expuesto por Solzhenitsin cuando visitó España, o por el ex stalinista Kolakowski debatiendo con laboristas ingleses sectarios e ignorantes.

Ecléctico porque en él convivían “familias”, de hecho una especie de partidos con diversas ideas y tendencias, que solo el prestigio, la autoridad y el respeto que inspiraba Franco podía mantener unidas (quienes más le respetaban eran sus enemigos: a ninguno se le pasaba seriamente por la cabeza que pudiera derrocarlo o hacer algo decisivo antes de su muerte).

Al principio, el franquismo pensó en institucionalizarse como un régimen superador tanto del marxismo como del liberalismo. Para ello necesitaba dotarse de una teoría sólida capaz de derrocar a aquellas, y a ese fin creó el Instituto de Estudios Políticos. El cual, por valiosas que fueran sus contribuciones parciales, nunca alcanzaría sus fines, como señaló Serrano Súñer.

Si el régimen pudo durar tanto en un entorno mayormente hostil, se debió a dos principios esenciales, mejor o peor aplicados, que definieron igualmente su actuación en la guerra: unidad de España y permanencia de su cultura católica. Pero si estos principios tan generals pudieron funcionar sin que sus “familias” los interpretasen cada cual a su manera y se disgregasen, se debió, hay que repetirlo, a la autoridad de Franco. Por eso no es exagerado llamar “franquismo” a aquel régimen.

El franquismo se autodefinió como “democracia orgánica” y como “católico”. La democracia orgánica no es una idea de Franco o de sus sostenedores, sino que tiene en España raíces tan distintas como la Institución Libre de Enseñanza, Ramiro de Maeztu o Salvador de Madariaga.

Ese tipo de democracia debía evitar los males del sistema de partidos, pero en realidad nunca funcionó ni sus instituciones, pronto burocratizadas, atrajeron a la mayoría de la población. Teóricamente sus votaciones serían más auténticas que en las democracias liberales, pero toda votación implica distintas alternativas, es decir, distintos partidos, se les llame como se les llame. El sistema podría funcionar en torno al Movimiento Nacional, pero este siempre dispuso de presupuestos muy pequeños, y Franco ni lo mencionó en su testamento.

En cuanto a su carácter católico, tuvo algo de suicidio. Durante largos años la Iglesia constituyó un apoyo práctico y de pensamiento esencial para el régimen, tanto en política interior como exterior. Pero el catolicismo no es una doctrina política, y después del Vaticano II, la Iglesia se hizo más enemiga que amiga del régimen... que la había salvado del exterminio. Privado de ese sostén, el franquismo ya no podía durar demasiado, y lo sorprendente es más bien lo que duró todavía.

Como dijo Ricardo de la Cierva, “Quienes estaban más obligados a defender la memoria de Franco no lo han hecho; o, peor aún, han emprendido para ello caminos equivocados, en política y en acción cultural, que han perjudicado la figura de Franco tanto o más que las actuaciones y tergiversaciones enemigas”. Esto es una gran verdad.

El franquismo puede y debe defenderse desde el punto de vista de su magna obra, la más importante y positiva para España en al menos doscientos años. No puede defenderse, en cambio, desde el punto de vista del pensamiento porque no existió un pensamiento franquista consistente, salvo retazos.

Entre los que hoy se declaran franquistas los hay católicos y otros que insisten en la conspiración judeomasónica; carlistas próximos al integrismo y a un foralismo medieval; falangistas que consideran joseantoniano al viejo régimen (la Falange fue solo un elemento del franquismo, y no el más importante); los hay que, en fin, esperan que surja un nuevo Franco que "arregle las cosas" con mano dura; etc. Evidentemente, con esos mimbres no saldrá nunca un buen cesto: son ideas demasiado simples para unos problemas complejos como los actuales..

Hay un elemento común a la mayor parte de estos “franquistas”: su mencionada creencia en una vasta, diabólica e inteligentísima conspiración judeomasónica (recuérdese que Franco, pese a hablar de ella, salvó a muchos judíos y no dudó en pactar con el masónico gobierno useño: poniéndonos en plan purista y conspiranoico, cabría sospechar que el propio Caudillo fuera un “infiltrado” de la secta). Creen que descubrir masones es el alfa y omega del pensamiento político. Obviamente existen conspiraciones, no solo masónicas, también católicas, liberales, comunistas y de todo tipo. En cierto modo la política es un conjunto de conspiraciones, de las que unas tienen éxito y otras no, unas en un momento y otras en otro.

Pero aún suponiendo que detrás de los males y retrocesos católicos se encuentran los masones, Bilderberg, etc., la cuestión es muy otra. A los masómanos les basta con descubrir una mano masónica aquí o allá para sentirse intelectualmente satisfechos. Pero cualquier persona seria no juzga porque tal o cual político sea masón, sino por el examen de sus propuestas y sus consecuencias prácticas. Y aquí los conspiranoicos tienen las de perder. Según ellos, los gobiernos de Usa han sido siempre masónicos.

El observador imparcial concluirá que entonces la masonería no puede ser tan mala, ya que ha llevado a Usa al primer rango del mundo en términos no solo económicos y militares, sino también culturales. Y al revés, la católica España ha sido durante siglos un país con enorme analfabetismo, desigualdad social y una cultura que desde mediados del siglo XVII ha perdido su originalidad y chupado rueda de otros países europeos. Si se identifica al franquismo con semejante “pensamiento”, el fracaso será total.

Así que va siendo hora de plantear la cuestión en otros términos:

A) El franquismo fue una auténtica bendición para España, pero no elaboró un pensamiento propio.

B) El franquismo debe defenderse en nombre de la verdad histórica y porque un pueblo que acepta un falseamiento sistemático de su pasado, como hoy ocurre, es un pueblo que se envenena a sí mismo y compromete su propia subsistencia.

C) Sin duda hay elementos del franquismo que, sin formar un sistema de ideas y prácticas, perduran de modo muy positivo y obstaculizan, hasta de modo inconsciente, las tendencias disgregadoras internas y las disolventes de un europeísmo banal.

D) Hoy se plantean a España y al mundo problemas muy distintos de aquellos que dieron lugar a la guerra civil, y es preciso analizarlos y proponer ideas también distintas. Tarea difícil y complicada, que no se resuelve con tópicos más o menos simples.

EL TESTAMENTO DE JOSE ANTONIO


José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia nació el 24 de abril de 1903, aunque sus raíces familiares lo vincularon a las gaditanas tierras de Jerez de la Frontera. Fue el mayor de cinco hermanos que quedaron huérfanos de madre en 1908. Miembro de una familia de tradición militar, optó sin embargo por el dominio de las Leyes, estudiando la carrera de Derecho en la Universidad Central de Madrid, donde obtuvo la Licenciatura en 1922. Siendo hijo del Dictador que gobernó en España entre 1923 y 1930, permaneció totalmente ajeno de la actividad política hasta el fallecimiento de su padre, muerto en su exilio parisino apenas unas semanas después de resignar su cargo, y de quien heredó el marquesado de Estella.

Con el único fin de revindicar su memoria, duramente atacada por los representantes de la vieja política, participó en el proyecto de la Unión Monárquica Nacional, organización política de vida muy breve. Intentó alcanzar un escaño por Madrid en las elecciones a Cortes de 1931 para su filial propósito, pero resultó derrotado, teniendo a partir de entonces que limitar sus actuaciones públicas en defensa de la labor de la Dictadura a la intervención letrada en diversos juicios.

Aunque fuera detenido en 1932 bajo la sospecha de haber colaborado en la sublevación protagonizada por el general Sanjurjo, finalmente fue liberado sin cargos. Su repulsa por las viejas fórmulas políticas le llevó a interesarse por el fenómeno fascista, participando en 1933 en el único número del periódico El Fascio con un artículo en el que preconizaba un nuevo modelo de Estado social.

Creó poco después el Movimiento Español Sindicalista (MES) con el afamado aviador Julio Ruiz de Alda, organización que enseguida entrará en contacto con algunos miembros del Frente Español (FE) creado por seguidores de José Ortega y Gasset. El proyecto político de José Antonio fue madurando durante los meses siguientes hasta que, finalmente, fue presentado en el madrileño Teatro de la Comedia el 29 de octubre de 1933. Algunos días más tarde el nuevo movimiento fue registrado con el nombre de Falange Española (FE).

Daba comienzo así una etapa de febril actividad política, en la que compaginaría la exigencia de la consolidación del nuevo movimiento con la calidad de diputado, pues en las elecciones de 1933 obtuvo como independiente un escaño en la candidatura conservadora presentada por la circunscripción de Cádiz. En febrero de 1934 FE se fusionó con las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS), quedando regida a partir de entonces la organización por una Junta de Mando en forma de triunvirato en el que participaban José Antonio Primo de Rivera y Ramiro Ledesma Ramos bajo la presidencia de Julio Ruiz de Alda. Pero el abolengo de su apellido, la plataforma parlamentaria y su valiosa personalidad hicieron de José Antonio el máximo representante de FE de las JONS desde el primer momento, siendo finalmente proclamado jefe nacional del partido en octubre de 1934.

A medida que crecían, las filas falangistas iban liberándose de conspicuos monárquicos que lastraban el proyecto político de José Antonio. Pero será la defección de Ramiro Ledesma la que marque un punto de inflexión determinante en la trayectoria del pensamiento joseantoniano, cada vez más alejado del corporativismo fascista.

Desde su escaño señaló las verdaderas causas de la Revolución de Octubre de 1934, describió el problema del sentimentalismo catalán, se opuso a la contrarreforma agraria diseñada por los conservadores y criticó duramente la corrupción de los políticos radicales. Pese a la propuesta de Frente Nacional que lanzara ante el peligro marxista que se cernía sobre España, su voz fue desoída por las derechas, de modo que los candidatos falangistas concurrieron en solitario a los comicios celebrados en febrero de 1936, sin lograr ni un solo escaño.

José Antonio fue detenido, junto a la mayor parte de la Junta Política de FE de las JONS, el 14 de marzo de 1936 bajo la acusación de asociación ilícita, cargo que fue rechazado por los tribunales. Pero, retenido en la cárcel a instancias de las autoridades gubernamentales del Frente Popular, ya no recuperaría la libertad.
Mientras sus camaradas eran perseguidos —encarcelados o asesinados—, José Antonio tuvo que enfrentarse a diversos procesos judiciales hasta que el 5 de junio de 1936 fue trasladado a la prisión de Alicante, donde se encontraba al producirse el Alzamiento el 18 de julio.

Deseoso de poner fin a la tragedia de la guerra, se ofreció para mediar con los sublevados con el propósito de establecer un régimen de salvación nacional, pero su oferta no fue atendida por el Gobierno republicano. Juzgado por rebelión, fue condenado a muerte y fusilado en la madrugada del 20 de noviembre de 1936. Apenas unas horas antes, dejó escrito en su testamento: “Ojalá sea la mía la última sangre española que se vierta en discordias civiles”.

Finalizada la Guerra, sus restos fueron trasladados al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Allí reposaron hasta que el 30 de marzo de 1959 recibió sepultura ante el Altar Mayor de la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, adonde llegó portado a hombros de sus camaradas, muchos de los cuales no tuvieron la oportunidad de conocerle en vida. En el granito de la losa que lo cubre simplemente aparece grabado el nombre con el que ha pasado a la Historia: José Antonio.

EL TESTAMENTO

Testamento que redacta y otorga José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, de treinta y tres años, soltero, abogado, natural y vecino de Madrid, hijo de Miguel y Casilda (que en paz descansen), en la Prisión Provincial de Alicante, a dieciocho de noviembre de mil novecientos treinta y seis.

Condenado ayer a muerte, pido a Dios que si todavía no me exime de llegar a ese trance, me conserve hasta el fin la decorosa conformidad con que lo preveo y, al juzgar mi alma, no le aplique la medida de mis merecimientos, sino la de su infinita misericordia.

Me acomete el escrúpulo de si será vanidad y exceso de apego a las cosas de la tierra el querer dejar en esta coyuntura cuentas sobre algunos de mis actos; pero como, por otra parte, he arrastrado la fe de muchos camaradas míos en medida muy superior a mi propio valer (demasiado bien conocido de mí, hasta el punto de dictarme esta frase con la más sencilla y contrita sinceridad), y como incluso he movido a innumerables de ellos a arrostrar riesgos y responsabilidades enormes, me parecía desconsiderada ingratitud alejarme de todos sin ningún género de explicación.

No es menester que repita ahora lo que tantas veces he dicho y escrito acerca de lo que los fundadores de Falange Española intentábamos que fuese. Me asombra que, aun después de tres años, la inmensa mayoría de nuestros compatriotas persistan en juzgarnos sin haber empezado ni por asomo a entendernos y hasta sin haber procurado ni aceptado la más mínima información. Si la Falange se consolida en cosa duradera, espero que todos perciban el dolor de que se haya vertido tanta sangre por no habérsenos abierto una brecha de serena atención entre la saña de un lado y la antipatía de otro. Que esa sangre vertida me perdone la parte que he tenido en provocarla, y que los camaradas que me precedieron en el sacrificio me acojan como el último de ellos.

Ayer, por última vez, expliqué al Tribunal que me juzgaba lo que es la Falange. Como en tantas ocasiones, repasé, aduje los viejos textos de nuestra doctrina familiar. Una vez más, observé que muchísimas caras, al principio hostiles, se iluminaban, primero con el asombro y luego con la simpatía. En sus rasgos me parecía leer esta frase: "¡Si hubiésemos sabido que era esto, no estaríamos aquí!" Y, ciertamente, ni hubiéramos estado allí, ni yo ante un Tribunal popular, ni otros matándose por los campos de España. No era ya, sin embargo, la hora de evitar esto, y yo me limité a retribuir la lealtad y la valentía de mis entrañables camaradas, ganando para ellos la atención respetuosa de sus enemigos.

A esto tendí, y no a granjearme con gallardía de oropel la póstuma reputación de héroe. No me hice responsable de todo ni me ajusté a ninguna otra variante del patrón romántico. Me defendí con los mejores recursos de mi oficio de abogado, tan profundamente querido y cultivado con tanta asiduidad. Quizá no falten comentadores póstumos que me afeen no haber preferido la fanfarronada. Allá cada cual. Para mí, aparte de no ser primer actor en cuanto ocurre, hubiera sido monstruoso y falso entregar sin defensa una vida que aún pudiera ser útil y que no me concedió Dios para que la quemara en holocausto a la vanidad como un castillo de fuegos artificiales. Además, que ni hubiera descendido a ningún ardid reprochable ni a nadie comprometía con mi defensa, y sí, en cambio, cooperaba a la de mis hermanos Margot y Miguel, procesados conmigo y amenazados de penas gravísimas. Pero como el deber de defensa me aconsejó, no sólo ciertos silencios, sino ciertas acusaciones fundadas en sospechas de habérseme aislado adrede en medio una región que a tal fin se mantuvo sumisa, declaro que esa sospecha no está, ni mucho menos, comprobada por mí, y que sí pudo sinceramente alimentarla en mi espíritu la avidez de explicaciones exasperada por la soledad, ahora, ante la muerte, no puede ni debe ser mantenida.

Otro extremo me queda por rectificar. El aislamiento absoluto de toda comunicación en que vivo desde poco después de iniciarse los sucesos sólo fue roto por un periodista norteamericano que, con permiso de las autoridades de aquí, me pidió unas declaraciones a primeros de octubre. Hasta que, hace cinco o seis días, conocí el sumario instruido contra mí, no he tenido noticia de las declaraciones que se me achacaban, porque ni los periódicos que las trajeron ni ningún otro me eran asequibles. Al leerlas ahora, declaro que entre los distintos párrafos que se dan como míos, desigualmente fieles en la interpretación de mi pensamiento, hay uno que rechazo del todo: el que afea a mis camaradas de la Falange el cooperar en el movimiento insurreccionar con "mercenarios traídos de fuera". Jamás he dicho nada semejante, y ayer lo declaré rotundamente ante el Tribunal, aunque el declararlo no me favoreciese. Yo no puedo injuriar a unas fuerzas militares que han prestado a España en Africa heroicos servicios. Ni puedo desde aquí lanzar reproches a unos camaradas que ignoro si están ahora sabia o erróneamente dirigidos, pero que a buen seguro tratan de interpretar de la mejor fe, pese a la incomunicación que nos separa, mis consignas y doctrinas de siempre. Dios haga que su ardorosa ingenuidad no sea nunca aprovechada en otro servicio que el de la gran España que sueña la Falange.

Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles. Ojalá encontrara ya en paz el pueblo español, tan rico en buenas calidades entrañables, la Patria, el Pan y la Justicia.

Creo que nada más me importa decir respecto a mi vida pública. En cuanto a mi próxima muerte, la espero sin jactancia, porque nunca es alegre morir a mi edad, pero sin protesta. Acéptela Dios Nuestro Señor en lo que tenga de sacrificio para compensar en parte lo que ha habido de egoísta y vano en mucho de mi vida. Perdono con toda el alma a cuantos me hayan podido dañar u ofender, sin ninguna excepción, y ruego que me perdonen todos aquellos a quienes deba la reparación de algún agravio grande o chico. Cumplido lo cual, paso a ordenar mi última voluntad en las siguientes

CLÁUSULAS

Primera. Deseo ser enterrado conforme al rito de la religión Católica, Apostólica, Romana, que profeso, en tierra bendita y bajo el amparo de la Santa Cruz.

Segunda. Instituyo herederos míos por partes iguales a mis cuatro hermanos: Miguel, Carmen, Pilar y Fernando Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, con derecho de acrecer entre ellos si alguno me premuriese sin dejar descendencia. Si la hubiere dejado, pase a ella en partes iguales, por estirpes, la parte que hubiera correspondido a mi hermano premuerto. Esta disposición vale aunque la muerte de mi hermano haya ocurrido antes de otorgar yo el testamento.

Tercera. No ordeno legado alguno ni impongo a mis herederos carga jurídicamente exigible; pero les ruego:

A) Que atiendan en todo con mis bienes a la comodidad y regalo de nuestra tía María Jesús Primo de Rivera y Orbaneja, cuya maternal abnegación y afectuosa entereza en los veintisiete años que lleva a nuestro cargo no podremos pagar con tesoros de agradecimiento.

B) Que, en recuerdo mío, den algunos de mis bienes y objetos usuales a mis compañeros de despacho, especialmente a Rafael Garcerán, Andrés de la Cuerda y Manuel Sarrión, tan leales durante años y años, tan eficaces y tan pacientes con mi nada cómoda compañía. A ellos y a todos los demás, doy las gracias y les pido que me recuerden sin demasiado enojo.

C) Que repartan también otros objetos personales entre mis mejores amigos, que ellos conocen bien, y muy señaladamente entre aquellos que durante más tiempo y más de cerca han compartido conmigo las alegrías y adversidades de nuestra Falange Española. Ellos y los demás camaradas ocupan en estos momentos en mi corazón un puesto fraternal.

D) Que gratifiquen a los servidores más antiguos de nuestra casa, a los que agradezco su lealtad y pido perdón por las incomodidades que me deben.

Cuarta. Nombro albaceas contadores y partidores de herencia, solidariamente, por término de tres años, y con las máximas atribuciones habituales, a mis entrañables amigos de toda la vida Raimundo Fernández Cuesta y Merelo y Ramón Serrano Súñer, a quienes ruego especialmente:

a) Que revisen mis papeles privados y destruyan todos los de carácter personalísimo, los que contengan trabajos meramente literarios y los que sean simples esbozos y proyectos en período atrasado de elaboración, así como cualesquiera obras prohibidas por la Iglesia o de perniciosa lectura que pudieran hallarse entre los míos.

B) Que coleccionen todos mis discursos, artículos, circulares, prólogos de libros, etc., no para publicarlos –salvo que lo juzguen indispensable–, sino para que sirvan de pieza de justificación cuando se discuta este período de la política española en que mis camaradas y yo hemos intervenido.

C) Que provean a sustiuirme urgentemente en la dirección de los asuntos profesionales que me están encomendados, con ayuda de Garcerán, Sarrión y Matilla, y a cobrar algunas minutas que se me deben.

D) Que con la mayor premura y eficacia posible hagan llegar a las personas y entidades agraviadas a que me refiero en la introducción de este testamento las solemnes rectificaciones que contiene.

Por todo lo cual les doy desde ahora las más cordiales gracias. Y en estos términos dejo ordenado mi testamento en Alicante el citado día dieciocho de noviembre de mil novecientos treinta y seis, a las cinco de la tarde, en otras tres hojas además de ésta, todas foliadas, fechadas y firmadas al margen.

POR QUÉ GANARON LOS NACIONALES


¿Por qué los nacionales ganaron la guerra?

Es el último día de las operaciones militares de la Guerra de España. Empieza con una proclamación del general Yagüe, cuyas tropas pertenecen al ejército del Sur y que es difundida en nombre del general Franco:

“Rendirse a la patria victoriosa no es un deshonor. Sus dirigentes han huido. Es criminoso prolongar así un derramamiento de sangre sin futuro” dice el anuncio dirigiendose a los republicanos.

Yagüe ataca y los nacionalistas no encuentran ninguna resistencia. Todo el día, avanzan sin dificultad en la Sierra Morena, ocupando 2000 kilómetros cuadrados de territorio y haciendo 30 000 prisioneros.

En Madrid, el ejército se ve completamente dislocado. En la radio, las centrales sindicales de la CNT y de la UGT reclaman la tranquilidad y la disciplina. En la ciudad considerada como el frente y el teatro principal de los combates, ahora se van los combatientes, volviendo a sus casas y dejando sus armas.
“¡Un, dos, tres, Madrid de Franco es!”, así cae la capital española el 27 de Marzo de 1939 completando la conquista del país por los nacionalistas. El día siguiente, el Generalísimo difunde un comunicado en Radio-Nacional:

“Hoy, tras capturar y desarmar el ejercito rojo, las tropas nacionalistas han alcanzado su ultimo objetivo militar. Ya se acaba la guerra”.
Lo interesante con la Guerra Civil Española es que fue una guerra más bien ideológica y política que territorial. Es decir, dos rostros de España se enfrentaron en el campo de batalla de las ideas entre 1936 y 1939. Por eso, el triunfo nacionalista no solo representa la victoria de un ejército, sino también la consagración de cierta visión del mundo.

¿Como se puede explicar esa victoria? ¿Cuales fueron las condiciones que permitieron el triunfo nacionalista?

I. Un bando unificado

1. Cohesión ideológica

A pesar de una gran diversidad social y política en el bando nacionalista, sus miembros comparten algunos objetivos comunes: el odio para los comunistas y el antiliberalismo democrático. Todos tienen una concepción militarista de la vida política; consideran el ejercito como “la espina dorsal” de la nación.
Sin embargo, necesitan une gran movilización popular para controlar las diferentes facciones políticas de derecha y extrema derecha cuyas discrepancias y luchas intrínsecas podrían dividir, debilitar el movimiento. Para evitar esas derivas, la Junta decide apropiarse todos los símbolos de esas facciones, operando así una síntesis.

Quieren que nazca una identidad colectiva para asegurar una cohesión en el bando nacionalista.
Desde abril del 1937 (fecha de disolución de los partidos políticos), la Falange Española Tradicionalista y otros grupúsculos de derecha se ven agrupados en el seno de un partido único e unificador, el Movimiento que permite a Franco tomar el poder: el Movimiento Nacional es por cierto, el único partido autorizado en España en esa época.

El bando nacionalista sigue siendo sin embargo un conglomerado de partidos y organizaciones diversas: republicanos conservadores (CEDA,Confederación Española de Derechas Autónomas), católicos, falangistas, anticomunistas, monárquicos o carlistas. Sus ideologías a veces son competidoras u opuestas pero su característica comuna es la adhesión a una España tradicionalista basada en la religión católica. La Falange, fundada en 1933 por José Antonio Primo de Rivera bajo la influencia del fascismo italiano, se presenta como una relectura del tradicionalismo. Otros elementos completan esa “ideología franquista”, como la evocación de un pasado glorioso y mítico, el espíritu de Reconquista de los Reyes Católicos, el antiliberalismo heredado del absolutismo de Fernando VII o el marxismo, el librepensamiento y la masonería que le daban asco al Caudillo. La influencia de la Falange es determinante durante el conflicto aunque el radicalismo sincero de sus primeros líderes desaparece con ellos en los combates.

2. Organización militar

Al principio, la organización del ejército nacional fue bastante problemática, porque no se había previsto una guerra civil de larga duración. Pero a medida que tienen lugar las batallas, los nacionalistas se organizan militarmente con una gran precisión y con racionalidad.

A mediados de agosto de 1936, menos de un mes después del alzamiento militar, Badajoz y otros pueblos republicanos caen en manos del ejército nacional. La rapidez con que cayeron una tras otra esas zonas de Extremadura y cerca del Tajo puede explicarse por el avance del Ejército de África de Franco compuesto por tropas entrenadas y curtidas en combate que eran los verdaderos profesionales durante los primeros meses de la guerra.

Con la fijación de los frentes de batalla a principios de agosto de 1936 quedó claro que los sublevados controlaban tres zonas distintas y desunidas entre sí. Por una parte el general Mola dirigía Ejército del Norte y las zonas a su control eran Galicia, Castilla la Vieja, La Rioja, Navarra y parte de Aragón. Al sur el general Queipo de Llano se encontró al mando de las importantes provincias de Sevilla, Córdoba, Granada y Cádiz. Y en la zona del Marruecos español habian las mejores tropas rebeldes al mando del general Franco. La principal tarea pues del ejército rebelde es tratar de unir sus fuerzas.

El historiador Pio Moa fue criticado por numerosos autores e historiadores (Javier Tusell, Paul Preston, Alberto Reig Tapia) porque no condena a Franco y a veces defiende muchos aspectos de su dictadura. Considera la corrupción como uno de los factores de la derrota republicana pero insiste también en lo militar. En su obra mayor, Los mitos de la Guerra Civil, escribe:

“Consistieron básicamente en la unidad de mando; en el mucho mejor empleo de la ayuda extranjera, pagada además en condiciones mucho mejores que la del Frente Popular y sin el componente de corrupción que tuvo éste; en su mejor utilización de la baza diplomática; y en el factor moral y religioso, muy movilizador entre grandes masas de la población. Además, Franco, por estas cosas y otras, demostró ser un militar brillante, capaz de superar la situación casi desesperada del principio y de transformar las ofensivas enemigas en contraofensivas demoledoras.”

La base de su producción intelectual es una trilogía sobre la Segunda República y la Guerra Civil Española en la que invirtió nueve años de investigación.
El piensa que una parte sustancial de la izquierda (los anarquistas, PCE, ERC y el sector del PSOE liderado por Largo Caballero) tenía un carácter bastante antidemocrático, ya que consideraba la República como una etapa indispensable antes de alcanzar su objetivo último de la Revolución Social. Considera que la situación de violencia callejera y el fervor revolucionario generó una respuesta simétrica en los sectores más radicales de la derecha y del ejército lo que resulto en la sublevación del 18 de Julio.

II. Un jefe absoluto

1. Una figura carismática

A finales de diciembre de 1936, Franco aparece como el maestro indiscutible del bando insurgente. La falta de liderazgo puede explicar en alguna medida la derrota de los republicanos. Por supuesto, hacer la guerra necesita organización, táctica y precisión; por eso los nacionalistas tomaban la ventaja sobre el bando republicano porque había en las altas esferas del ejército grandes estrategas como Queipo del Llano, Mola, Yagüe, o Sanjurjo que supervisaban el desarrollo de las batallas.

Pero más aun nada, la diferencia la hizo la presencia de Franco. El consiguió formar un consenso entre los nacionalistas; el escritor Brasillach escribe: “Los carlistas perdieron su pretendiente, el viejo Don Carlos, pero ya tienen Franco. Los Falangistas perdieron su jefe, José Antonio, el Ausente, pero tienen Franco. Los miembros de Acción Popular ya no creen en Gil Robles pero tienen Franco. A los monarquitas les falta un Rey, pero tienen Franco. Los católicos quieren volver a la tradición cristiana y Franco va a misa cada medio y Franco prohíbe la masonería. Los soldados quieren un jefe militar y Franco es el mejor táctico español”. El poder en el bando republicano se divide entre varias manos mientras que los nacionalistas lo confían a un solo hombre.

Franco llega a ser jefe del Estado, del gobierno, ministro de la Guerra, comandante Supremo de las tropas nacionalistas, jefe del partido único. No le falta nada. Suprime el derecho de huelga y hace ilegales los sindicatos. La organización, la estructura del Estado semi-fascista ya están listas. Alemania, Italia son los primeros países que le reconozcan, seguidos de Portugal, Japón y Hungría. Alfonso XIII decide legitimar a Franco, dándole su apoyo.
El Caudillo resume bien esa supremacía y dice: “la autoridad no se valora, se ejerce”.

2. El apoyo de la Iglesia

Además, Franco beneficio del aval de la Iglesia católica. La Iglesia católica, y más precisamente los miembros situados en posiciones jerárquicas altas supusieron un apoyo crucial para los nacionalistas. Los eclesiásticos, que ya se habían opuesto a los denominados “come curas incendiarios de iglesias” desarrollan un doble papel. El primero fue un papel de influencia – sobre todo en lugares rurales -.
No obstante cabe relativizar este aspecto dado que los curas, los miembros del clero más próximos del pueblo eran, en mayoría, de tendencia republicana. El segundo aspecto y sin duda el mas importante fue el de legitimizacion. La Iglesia, apoyando el pronunciamiento y el bando reaccionario fue participe de una “sacralización” de los valores franquistas.

La guerra civil se convierto en una guerra santa, en una cruzada cuyo enemigo eran los “rojos”. Fue de hecho la Iglesia la que nombrara a Franco “« Generalísimo Francisco Franco, Caudillo de España por la Gracia de Dios ».

III. El contexto internacional

1. La ayuda alemana e italiana

Como en cualquier guerra, el material militar fue determinante y fue sin duda una ventaja inestimable para los nacionalistas. Recibieron armas y fuerzas de Italia, que se llamaba el Corpo Truppe Voluntarie, con unos 50 000 voluntarios en 1937. Hubo una importante entrega de material: 700 aviones y 950 carros de combate.

El cuñado de Franco, Serrano Suner, era un gran admirador de Goering y pidió ayuda a la Alemania nazi para evitar que Italia tuviera el dominio sobre España. Así, Alemania envía 10 000 hombres en el conflicto; las fuerzas de combate consisten en unos carros y los aviones de la Legión Cóndor que permitieron el bombardeo de Guernica, ultimo símbolo de la victoria nacionalista a pesar de la indignación internacional.

También Franco recibió el apoyo de Salazar (Portugal), que envío una legión de 20 000 hombres, los Viriatos.

2. El final de las Brigadas internacionales

En 1939, durante los últimos meses de conflicto, la salida de las Brigadas internacionales que componían una importante cantera de fuerzas para los republicanos, fue una bendición para el bando sublevado. Se encontraban en una situación de superioridad en cuanto a los soldados, armas y apoyos.

A propósito de las Brigadas, Dolores Ibarruri, la Pasionaria dice como mensaje de despedida:

"Es muy difícil pronunciar unas palabras de despedida dirigidas a los héroes de las Brigadas Internacionales, por lo que son y por lo que representan.
Un sentimiento de angustia, de dolor infinito, sube a nuestras gargantas atenazándolas... Angustia por los que se van, soldados del más alto ideal de redención humana, desterrados de su patria, perseguidos por la tiranía de todos los pueblos...¡Camaradas de las Brigadas Internacionales! Razones políticas, razones de Estado, la salud de esa misma causa por la cual vosotros ofrecisteis vuestra sangre con generosidad sin límites os hacen volver a vuestras patrias a unos, a la forzada emigración a otros. Podéis marcharos orgullosos."

A pesar de ese homenaje, el perjuicio a los republicanos es enorme, y constituye un ganga para los nacionalistas; de cierta manera las debilidades de algunos permitieron el triunfo de los otros, y por eso, la Guerra de España parece a cualquier otra guerra.

La guerra fratricida que tuvo lugar en España entre 1936 y 1939 fue un conflicto armado sin piedad pero también una gran confrontación ideológica; y esta, no se puede decir quien bando la gano.

Los nacionalistas gozaron de un contexto internacional favorable, ya que Europa estaba experimentando el fascismo, pero la movilización cultural e intelectual sin precedente que lograron crear los republicanos hizo nacer sin duda una verdadera afición para la libertad que permitió la impulsión democrática después de 40 años de dictadura.

miércoles, 29 de octubre de 2014

CANCIONES EN TIEMPO DE GUERRA II

EN LA PLAZA DE MI PUEBLO



En la plaza de mi pueblo
dijo el jornalero al amo
"Nuestros hijos nacerán
con el puño levantado".

Esta tierra que no es mía
esta tierra que es del amo
la riego con mi sudor
la trabajo con mis manos.

Pero dime, compañero,
si estas tierras son del amo
¿por qué nunca lo hemos visto
trabajando en el arado?

Con mi arado abro los surcos
con mi arado escribo yo
páginas sobre la tierra
de miseria y de sudor.


¡AY CARMELA!



El Ejército del Ebro,
rumba la rumba la rumba la
una noche el río pasó,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
una noche el río pasó,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!

Y a las tropas invasoras,
rumba la rumba la rumba la.
Y a las tropas invasoras,
rumba la rumba la rumba la
buena paliza les dio,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
buena paliza les dio,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!

El furor de los traidores,
rumba la rumba la rumba la.
El furor de los traidores,
rumba la rumba la rumba la
lo descarga su aviación,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
lo descarga su aviación,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!

Pero nada pueden bombas,
rumba la rumba la rumba la.
Pero nada pueden bombas,
rumba la rumba la rumba la
donde sobra corazón,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
donde sobra corazón,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!

Contraataques muy rabiosos,
rumba la rumba la rumba la.
Contraataques muy rabiosos,
rumba la rumba la rumba la
deberemos resistir,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
deberemos resistir,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!

Pero igual que combatimos,
rumba la rumba la rumba la.
Pero igual que combatimos,
rumba la rumba la rumba la
prometemos combatir,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
prometemos combatir,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!






HIJOS DEL PUEBLO



Hijo del pueblo, te oprimen cadenas,
y esa injusticia no puede seguir;
si tu existencia es un mundo de penas
antes que esclavo prefiere morir.

En la batalla, la hiena fascista.
por nuestro esfuerzo sucumbirá;
y el pueblo entero, con los anarquistas,
hará que triunfe la libertad.

Trabajador, no mas sufrir,
el opresor ha de sucumbir.
Levántate, pueblo leal,
al grito de revolución social.

Fuerte unidad de fe y de acción
producirá la revolución.
Nuestro pendón uno ha de ser:
sólo en la unión está el vencer.