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lunes, 24 de junio de 2024

EL INFIERNO EN LA TIERRA "YEMEN"


¿Qué está pasando en Yemen con las mujeres? Para poder entenderlo mejor te contamos cuál es la situación actual de mujeres y niñas en ese país.

“Dios mío, estoy rota por dentro. No es normal, no me siento como un ser humano. No puedo respirar bien como otros seres humanos. Sufrimos el uso forzoso del niqab, el matrimonio precoz, la vergüenza del divorcio, la violencia intrafamiliar y los homicidios por motivos de honor. No sé [...] es como si fuéramos seres extraños. [Los varones de la familia] tienen que oprimirnos, y nosotras tenemos que aguantar la opresión, como marionetas“.

Esto es lo que una mujer yemení  dijo por teléfono; su voz temblorosa reflejaba la tristeza, el dolor y el miedo que las mujeres sufren a diario en Yemen. Durante los últimos tres meses, como miembro del equipo de Yemen de Amnistía Internacional, he estado hablando en Yemen, desde Marib, Taiz y Saná, sobre los tipos de violencia que sufren las mujeres mientras experimentan un aumento de sus responsabilidades y la evolución de sus roles de género.

Mujeres en Yemen: ¿Qué roles y responsabilidades tienen?
Esos roles y responsabilidades crecientes han resultado ser un arma de doble filo. Aunque el cambio de los roles de género puede dar la oportunidad de aliviar la situación de las mujeres cuando éstas cuentan con las capacidades adecuadas, las mujeres, a consecuencia de esta transición, se han convertido en objeto de una violencia adicional. La literatura ha demostrado que, en las sociedades con normas rígidas de género, los hombres se sienten castrados y amenazados cuando se vive un cambio de los roles de género, y eso puede dar lugar a un aumento de la violencia de género en la pareja.

En Yemen, un país que durante 13 años consecutivos ha ocupado el último lugar en el índice de disparidad entre los géneros del Foro Económico Mundial, las mujeres han sufrido una desigualdad de género profundamente arraigada, que tiene su origen en una sociedad patriarcal con unos rígidos roles de género.

Aunque el conflicto de Yemen ha tenido un impacto terrible en toda la población civil en general, las mujeres y las niñas se han visto afectadas de forma desproporcionada. La vulnerabilidad de las mujeres frente a la violencia se ha visto agravada por los estereotipo de género negativos y las actitudes patriarcales, un sistema de justicia discriminatorio y una desigualdad económica.

¿Los problemas en Yemen afectan a las mujeres?
La guerra ha obligado a la población del país a luchar contra una crisis económica atroz, unas infraestructuras dañadas y unos servicios colapsados. Pero, además, las mujeres han tenido que hacer frente a una movilidad limitada causada por las normas de género culturales. Asimismo, puesto que ellas son las responsables de proporcionar comida y atención en sus hogares, han tenido que luchar con el problema del acceso escaso o inexistente a alimentos, agua, saneamiento y servicios de atención a la salud, una situación que se ha deteriorado imparablemente a medida que se prolonga el conflicto.

Además de los problemas económicos y sociales, las mujeres con las que hablé me describieron una amplia serie de preocupaciones relativas a la seguridad, algunas de las cuales constituían violaciones graves de derechos humanos: ataques en puestos de control si no iban acompañadas por un familiar varón y ataques durante protestas (acoso, detención arbitraria y tortura y otros malos tratos a manos de las fuerzas de seguridad), así como un aumento de la violencia intrafamiliar.

Otra mujer  contó: “Viajaba con tres niños cuando las fuerzas huzíes nos dieron el alto en un puesto de control. Nos tuvieron allí, sin comida ni agua, con un calor espantoso. Les suplicamos que nos dejaran pasar, pero se negaron. Nos insultaron y nos amenazaron con violarnos. Nos entró el pánico y nos echamos a llorar [...] Cuando terminaron con nosotras, nos dejaron en la calle de noche en una zona solitaria y aislada [...] Teníamos miedo, y los niños estaban aterrados”.

“Nos insultaron y nos amenazaron con violarnos. Nos entró el pánico y nos echamos a llorar [...] Cuando terminaron con nosotras, nos dejaron en la calle de noche en una zona solitaria y aislada [...] Teníamos miedo, y los niños estaban aterrados”.”

El rol del hombre en Yemen como "protector" de la mujer
Según los roles de género prevalecientes, a los hombres se les reconoce como los “protectores” de las mujeres y las familias; si no hay un familiar varón presente, las mujeres están más expuestas a sufrir violencia sexual y física.

En este contexto, una mujer que no vaya acompañada corre un mayor peligro de sufrir violencia en los puestos de control. Una de las tácticas utilizadas por las autoridades huzíes de facto en los puestos de control incluye afeitar a las mujeres la cabeza, especialmente a las recién casadas que viajan de una gobernación a otra para reunirse con sus esposos...

sábado, 16 de octubre de 2021

LA INVASION DEL SAHARA

LA AGRESIÓN MARROQUÍ (II): LA INVASIÓN DEL SAHARA

La presencia española en el Sahara puede remontarse al siglo XV. En virtud de los tratados de Alcaçova y Tordesillas, suscritos con Portugal, España se vio autorizada para establecer un puerto en la costa del Sáhara que tendría la denominación de Santa Cruz de Mar Pequeña. El puesto sería destruido por los saharauis en 1527, pero durante los siglos sucesivos España mantendría sus derechos sobre la zona. De hecho, el 28 de mayo de 1767 España y Marruecos firmarían un tratado en el que este último reino reconocería que sus dominios no llegaban hasta el Sáhara y que la costa de Santa Cruz de Mar Pequeña no era de su jurisdicción. El mencionado texto legal no podía resultar más elocuente, ya que el propio sultán de Marruecos afirmaba taxativamente en él que carecía de derecho alguno sobre el Sáhara.

Durante el siglo XIX se intensificaron los contactos entre España y el Sáhara. De hecho, los saharauis utilizaron como moneda de cambio la española de la época de Isabel II —el «sabil», como la denominarían— y contemplaron cómo los barcos pesqueros españoles faenaban en sus costas. En 1881 el gobierno español estableció una plataforma frente a la península de Rio de Oro, que adquirió a los Uad Delim ante notario. Dos años después se creó la Sociedad Española de Africanistas, y en 1884, el capitán Bonelli realizó una expedición en el curso de la cual se establecieron las factorías deVilla Cisneros (Rio de Oro), Medina Gatell (Cabo Blanco) y Puerto Badía (Bahía de Cintra) y se firmaron convenios con las distintas tribus. Ese mismo año, España estableció un protectorado entre la Bahía del Oeste y Cabo Bojador, al que Marruecos no opuso ninguna objeción por la sencilla razón de que aquel no era territorio perteneciente a su reino.

En enero de 1885, llegaron al Sáhara los primeros militares que, a las órdenes de Bonelli, llevaron a cabo varias expediciones hacia el interior para trabar lazos de amistad con las distintas tribus. Al año siguiente, la Sociedad Española de Geografía Comercial envió la expedición de Alvarez Pérez. Fruto de la misma fue un pacto con varias tribus suscrito ante notario en virtud del cual se establecía un protectorado entre Uad Chbeika y Cabo Bojador. Poco después, durante el mes de mayo del mismo año, llegó al Rio de Oro otra expedición, la de Cervera, Quiroga y Rizzo, que cruzó el Tiris y penetró en el Sáhara. También en este caso se concluyó un acuerdo con los habitantes estableciendo que «todos los territorios comprendidos entre la costa de las posesiones españolas del Atlántico, desde Cabo Bojador a Cabo Blanco y el límite occidental del Adrak, pertenecen a España». Por parte de los saharauis firmó el emir de Adrar, que todavía en 1892 era desconocido por los marroquíes por la sencilla razón de que no tenían ninguna relación con aquel territorio, aunque sí era un personaje conocido —y temido— por Francia.

No deja de ser significativo que los saharauis vieran con muy buenos ojos la llegada de los españoles, a los que concibieron como defensores de su libertad frente a otras potencias. De hecho, si España lo hubiera deseado habría tenido la posibilidad de ocupar mucho más territorio del que consagraban aquellos primeros tratados. También revelador resulta que ese territorio se viera mermado no por voluntad de sus habitantes —jamás relacionados con Marruecos— sino por las presiones francesas que mediante diversos tratados frieron cercenando las posesiones españolas. El último acuerdo suscrito en 1956, y en vigor desde el año siguiente, culminaría precisamente ese proceso de disminución de la presencia española en el Sáhara. Curiosamente, Francia fue añadiendo a su protectorado marroquí algunas de las porciones desgajadas del Sáhara, y de esa manera contribuyó a incrementar enormemente el territorio de este reino. Sin embargo, se trataba de zonas —y esto conviene no olvidarlo—que siempre fueron independientes de Marruecos y que incluso bajo gobierno francés no se identificaron con este reino.

Por lo que se refiere a la ocupación llevada a cabo por España, a pesar de los recortes impuestos por Francia, fue lenta. En 1920 se ocupó la Agüera, pero hasta los años treinta no se avanzó hacia el interior. La razón no fue otra que las peticiones reiteradas de los saharauis a España para que  acudiera a ayudarlos en la lucha que libraban contra Francia. Así, en 1934 —el mismo año de la ocupación de Ifni, como ya vimos— las fuerzas españolas se adentraron en el Sáhara y fundaron el puesto de Aargub, ocupando además Daora y Smara. l último sultán azul se entregó a la sazón a España y se estableció en Cabo Juby, entonces Villa Bens, y posteriormente en Tarfaya. El sultán azul sentía un enorme aprecio por los hombres procedentes de España heredado de su padre, el legendario Cheij Ma al Ainin, quien había instado a los saharauis a que si tenían que entregarse a algún gobierno extranjero lo hicieran a los españoles, ya que eran «los más nobles entre los cristianos». Esta apreciación —consolidada por la práctica cotidiana, especialmente en comparación con el comportamiento de Francia— explica que España pudiera gobernar pacíficamente el territorio hasta 1956, el año de independencia de Marruecos. A partir de ese momento, el imperialismo marroquí lanzaría su política de agresividad sobre el Sáhara.

La invasión marroquí

 En 1956, Marruecos obtuvo la independencia e inició de manera casi simultánea una política que pretendía la construcción de un imperio islámico. En los textos de los teóricos del imperialismo islámico marroquí se reivindicaba que el límite norte de ese imperio debía ser Toledo, ya que hasta allí habían llegado en su día los almorávides, y al sur, Senegal y Timbuctú. Sin embargo, de momento, las agresiones marroquíes iban a limitarse a los territorios ubicados en el continente africano. En 1957 el ELN, creado por Marruecos, comenzó a penetrar en territorio saharaui supuestamente para combatir a las fuerzas francesas. Semejante eventualidad fue acogida favorablemente por el gobierno español, que tenía un dilatado memorial de agravios contra Francia sin percatarse de que los musulmanes que en esos momentos predicaban la guerra santa contra el vecino galo no tardarían en volver las armas contra España. Efectivamente, así fue.

En paralelo a lo que se conocería como la guerra de Ifni, las fuerzas marroquíes, convenientemente disfrazadas de guerrilleros incontrolados, lanzaron una ofensiva contra los puestos militares del territorio. No hubo más remedio entonces que evacuarlos concentrando la defensa en El Aaiún, Villa Cisneros y Güera. El repliegue se realizó en condiciones durísimas e incluso llegó a ser aniquilada casi por completo una bandera de la Legión en la zona de Echera, a unos 40 kilómetros de El Aaiún, en febrero de 1958. Sólo entonces las autoridades españolas entraron en conversaciones con las francesas para acabar con las acciones del ELN. Fruto de esas conversaciones serían las operaciones llevadas a cabo durante la segunda quincena de febrero de 1958. Mientras la aviación francesa machacaba literalmente cualquier movimiento en el desierto sin ningún género de escrúpulos respecto a los objetivos, las tropas españolas intentaban cerrar por el norte toda posibilidad de retirada del enemigo hacia Marruecos, mientras embolsaba a los combatientes en Saguía al Hamra. En paralelo, fuerzas terrestres francesas bloqueaban la posibilidad de retirada marroquí hacia Mauritania o Argelia.

Las operaciones iban a durar un par de semanas y se desarrollaron con  tanto éxito que en la capital marroquí no sabrían nada de lo sucedido hasta tres días después de su conclusión. Aún tardarían más en enterarse de que el ELN había sido aniquilado por la acción conjunta hispano-francesa en la que había colaborado activamente El Jatri, dirigente de la tribu de Boihat. El Jatri sería capturado por los españoles y poco faltaría para que muriera por equivocación. Sin embargo, se había manifestado desde un principio contrario a la «liberación marroquí», de la que sabía que no era más que un intento de anexionarse un territorio al que no tenía ningún derecho, y había sido partidario de la colaboración con los europeos frente al imperialismo islámico de Rabat. Sería precisamente El Jatri el encargado de escribir un nuevo capítulo de la presencia española en el Sáhara.

Del alzamiento de El Jatri a la muerte de Basir

La guerra de 1959 precipitó a no pocos saharauis hacia los países cercanos en un intento de escapar de una posible prolongación de las operaciones. Como ya había sucedido con el protectorado de Marruecos, España tenía voluntad de permanecer en el Sáhara, y más después de que se descubrieran los yacimientos de fosfatos de BuCraa. Sin embargo, desde el momento en que Francia concedió la independencia a Mauritania tal posibilidad se convirtió en quimérica. La respuesta de España —sometida a una campaña internacional despiadada que orquestó Marruecos— fue reconocer en 1960 que el Sáhara se encontraba dentro de los territorios no autónomos, un movimiento previo a la independencia futura. Al igual que en tantas ocasiones anteriores y posteriores, el paso de España no fue interpretado por Marruecos como un gesto amistoso, sino como una muestra de debilidad, y provocó inmediatamente nuevas reacciones hostiles. Marruecos a esas alturas no sólo ansiaba hacerse con el Sáhara, sino que veía con verdadera contrariedad la explotación de unos yacimientos de fosfatos, los más importantes del mundo, que competían con los propios.

A partir de 1965, las Naciones Unidas exigieron cada año la celebración de un referéndum de autodeterminación en el Sáhara. Se trataba de una puesta en escena impulsada por Marruecos y por Mauritania y secundada por las demás dictaduras tercermundistas, amén de las comunistas. Este respaldo internacional iba a ser el telón de fondo de un alzamiento militar saharaui en 1967.

Como forma de enjugar el paro entre una población que carecía de recursos de subsistencia propios, las autoridades españolas en el Sahara habían dado inicio a la construcción de una red de pistas en el desierto. El Jatri ideó aprovecharse de semejante coyuntura provocando una huelga general que paralizara el territorio y sobre la que se superpondría una sublevación militar bajo su dirección. Las razones de la rebelión estuvieron más vinculadas, al parecer, con una enemistad personal de El Jatri con un español que con sentimientos nacionalistas. En cualquier caso, la huelga fracasó y con ella el levantamiento armado.

Esta circunstancia impulsó un nuevo cambio en la política de la administración española. Así, en virtud de un decreto de 11 de mayo de 1967, se creó la Yemaa o Asamblea General del Sáhara. Aunque se ha repetido en más de una ocasión que la Yemaa reproducía fundamentalmente el esquema de las Cortes orgánicas españolas, lo cierto es que su representatividad era mayor, e incluso a partir de entonces se determinó la elección democrática de los jefes de cada tribu.

El 18 de diciembre de 1969 nació el Movimiento de Vanguardia para la Liberación del Sáhara. La afiliación en el mismo se realizaba mediante un juramento en el nombre de Allah y sobre el Corán. Su secretario general era un joven llamado Basir Mohammed Uld Hach Brahim Uld Lebser. Lo que se encerraba en las acciones de este personaje dista mucho de ser obvio, siquiera porque la documentación completa sobre él no es accesible en la actualidad. Perteneciente a la tribu de los Erguibat, que se pretende emparentada con Mahoma, para algunos Basir no fue sino una correa de transmisión de Marruecos para enrarecer la situación en el Sáhara y forzar el abandono de España. Otros, por el contrario, han insistido en que fue exactamente lo contrario, un saharaui que temía que España entregara el territorio a Marruecos y que llegó a la conclusión de que sólo un proceso de independencia podría evitar semejante atropello. El hecho de que intentara en diversas ocasiones negociar con las autoridades españolas no contribuye desde luego a esclarecer el enigma, que tendría un final trágico. El 17 de junio de 1970 estaba convocada una manifestación de apoyo a las autoridades españolas en El Aaiún a la que Basir decidió enfrentarse mediante otra paralela.

A esas alturas, sin embargo, las autoridades españolas estaban convencidas de que Basir, de origen marroquí y sin permiso de residencia en el territorio del Sáhara, era un agente al servicio del sultán, como lo habían sido los guerrilleros del ELN una década antes. Cuando el 17 de junio a la manifestación oficial se superpuso otra de carácter independentista , no cupieron más dudas. La contramanifestación fue reprimida con dureza, produciéndose un número de muertos situado entre cuatro y diez y una veintena de heridos y, junto con otros cabecillas, Basir fue detenido e interrogado. El 29 de julio se le expulsó a Marruecos y desapareció totalmente. Su destino final nunca ha quedado esclarecido de manera irrefutable. Por supuesto, se ha especulado con la posibilidad de que lo asesinaran efectivos españoles. Sin embargo, tal eventualidad se contradice con datos documentales tan importantes como el hecho de que el 15 de septiembre de 1970, el delegado provincial de orden público lo creyera en activo y dictara una orden de detención contra él.

Precisamente por ello, pensar que con su muerte se perdió una oportunidad dorada de pactar una salida negociada del Sáhara no supera el terreno de la especulación. La realidad de Basir —agente de Marruecos o independentista, quizá incluso ambas cosas— sólo la conocía él y con él yace en algún lugar del norte de África.

 

sábado, 6 de mayo de 2017

ISLAMISTAS EN EUROPA


Dar una cifra exacta es imposible. Pero en lo que los expertos europeos de la lucha antiterrorista coinciden es en que son miles. Miles los islamistas peligrosos a los que las fuerzas de seguridad de todo el continente consideran capaces de perpetrar un atentado, como el que tuvo lugar el miércoles en Londres, en diciembre en Berlín o hace justo un año en Bruselas. Muchos de ellos son los llamados 'retornados', ciudadanos y residentes europeos que han combatido en las filas del Estado Islámico (EI) y regresado luego a su país de origen. Otros son miembros de redes islamistas. Algunos, los menos, son yihadistas extranjeros que han ingresado en Europa camuflados entre las oleadas de refugiados. Y luego están los 'lobos solitarios', individuos que se han radicalizado sin abandonar su comunidad ni llamar la atención de las fuerzas de seguridad.

"La amenaza que supone el terrorismo islamista sigue siendo una de nuestras principales preocupaciones", señalaba tan sólo hace unos días el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni. "Pese a que 2017 será el año de la derrota militar del EI, la amenaza yihadista no acabará", agregaba casi en la víspera de que el terror volviese a materializarse en Europa, esta vez frente al Parlamento británico, donde cuatro personas han muerto y una docena han resultado heridas por el ataque de un británico de 52 años, identificado como Khalid Massood y que nació con el nombre de Adrian Russell Ajao, según ha informado hoy mismo Scotland Yard.

El director de Scotland Yard también ha indicado que hay dos personas más detenidas en relación con el atentado de Londres, con el que el número ya asciende a nueve. En este caso se trataría de una detención "significativa". Las fuerzas del orden registran actualmente cinco propiedades y han concluido los realizados en otras 16, donde se ha incautado importante material.

El ataque de Berlín pone de relieve los agujeros de la lucha antiyihadista en Europa.
Una serie de fallos a nivel europeo permitieron que el tunecino Anis Amri cometiese el pasado lunes el primer gran atentado yihadista en suelo alemán.

El director de Europol, Rob Wainwright, cree que "Europa se encuentra en este momento frente a la mayor amenaza terrorista desde hace más de 10 años". En una entrevista publicada por el diario alemán 'Neue Osnabrücker Zeitung', estimaba que entre 3.000 y 5.000 europeos habían ingresado desde 2014 en el EI, habían combatido con los islamistas y luego —en un número indeterminado— habían vuelto a sus hogares radicalizados y endurecidos por la experiencia militar. "El creciente número de estos soldados extranjeros supone un reto totalmente nuevo para los países de la UE", aseguraba.

A este respecto, el Centro Internacional para el Contraterrorismo (ICCT) de La Haya estimó a mediados del año pasado en un extenso informe de 149 páginas que en Europa había ya al menos entre 1.200 y 1.300 retornados. Son alrededor del 30% de los cerca de 4.000 europeos que calcula que en los últimos años han abandonado sus países y marchado a Siria e Irak, han recibido instrucción militar con el EI y han combatido con los yihadistas. Luego, con instrucciones o no de atentar en sus países de origen, han regresado a casa y se encuentran, en la mayoría de los casos, bajo el radar de los servicios secretos. Según este estudio, los países europeos que más militantes han aportado a la yihad en Oriente Medio son Bélgica, Francia, Alemania y Reino Unido.
Arresto de Salah Abdeslam, participante en los atentados de París, en Molenbeek, Bélgica, el 18 de marzo de 2017.

"Bombas de relojería vivientes"

Los retornados son el enemigo público número uno de la seguridad europea. Muchos son auténticas "bombas de relojería vivientes", según Hans-Georg Maassen, presidente de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV), los servicios secretos del interior de Alemania. Suponen "un peligro inmenso" para la seguridad, indicaba en una entrevista al 'Ostsee Zeitung'.

Alemania estima que de los casi 800 ciudadanos y residentes que han dejado su territorio para unirse al EI en los últimos tres años, unos 275 han regresado con experiencia de combate. Según los servicios secretos galos, son más de 700, entre ellos unas 275 mujeres, los que han marchado a Siria e Irak en los últimos años, de los que cerca de 200 han muerto. Las fuerzas de seguridad británicas calculan que al menos 700 individuos de su país han marchado al califato islamista y que en torno a la mitad ha vuelto. Bélgica, por su parte, estima que de los más de 450 nacionales o residentes en su país que se han unido al EI, unos 120 han regresado. Desde España, han partido más de 150 islamistas, según el Ministerio de Interior, que hace unos meses reconocía 25 retornados.

Los últimos ataques en Europa responden rigurosamente al llamamiento del Daesh “para asesinar infieles”

Pero las redes extremistas en los países europeos son mucho más extensas que los retornados. Y en ellas hay individuos fanatizados y también dispuestos a perpetrar ataques. Francia, el país más golpeado hasta la fecha por el terrorismo islamista, tiene vigiladas a "cerca de 15.000 personas", según indicó el pasado octubre el entonces primer ministro, Manuel Valls. Tan solo el año pasado, las fuerzas de seguridad galas detuvieron a cerca de 400 personas por causas relacionadas con el terrorismo.

Alemania, por su parte, asegura tener fichados a más de 570 islamistas que la Oficina Federal de Investigación Criminal (BKA) considera "peligrosos" y a unos 360 que están clasificados como "relevantes". Anis Amri, el tunecino de 24 años que perpetró el ataque con un camión contra el mercadillo navideño de Berlín, estaba incluido en esta clasificación. Los círculos islamistas en su sentido más amplio incluirían en Alemania a unas 43.000 personas, según las estimaciones más recientes.

Lobos solitarios y falsos refugiados

Estas cifras, no obstante, no incluyen a los islamistas extranjeros que han llegado a Europa como peticionarios de asilo en los últimos dos años. Este, según Europol, es un colectivo menor, pero no despreciable. Dos de los terroristas sirios de los atentados coordinados del 13 de noviembre en París, en los que murieron al menos 130 personas, entraron en Europa a través de Grecia como refugiados. También el tunecino del ataque de Berlín se hizo pasar por demandante de asilo.

Tampoco aparecen reflejados en estos cálculos los denominados lobos solitarios, personas radicalizadas en mezquitas extremistas de Europa o a través de las redes sociales que en la mayoría de los casos no son conocidas por las fuerzas de seguridad. Al menos no por terrorismo. Un reciente informe del Departamento de Información para la Seguridad (DIS) italiano advertía hace unos días del posible aumento de los ataques de individuos de este tipo. Khalid Masood, el atacante de Londres, podría incluirse en este grupo.

La inteligencia alemana teme que alguno de los 70 ciudadanos que regresaron al país tras combatir junto al ISIS en Siria cometa un atentado. Califica a algunos de auténticas bombas de relojería.

Los perfiles de estos potenciales terroristas contienen, en muchas ocasiones, puntos comunes. Según estudios de Europol, la BKA y el ICCT que indagan en las características biográficas de estos individuos, la mayoría son varones, urbanitas, y de entre 15 y 30 años, aunque hay casos de personas que superan los 60. Muchos tienen pasaportes europeos, aunque no es infrecuente que también disfruten de una segunda nacionalidad. También hay extranjeros residentes. La mayor parte de ellos creció en familias musulmanas, aunque algunos son conversos.

Lo más habitual es, además, que tengan una formación básica o no hayan concluido formalmente estudios elementales, aunque alguna excepción cuenta con título universitario. Además, muchos tienen un conocimiento muy rudimentario del islam y una proporción relevante no son profundamente creyentes, pese a que de alguna forma se inspiran en el EI. Otra característica común a muchos de ellos son los antecedentes penales por delitos menores, de tráfico de drogas a robos. Un buen número procede de entornos pobres y marginales. Por último, algunos arrastran problemas psicológicos desde la infancia.

Según el Corán, el libro sagrado islámico, Dios ha concedido total dignidad a cada ser humano independientemente del color de su piel, raza, nacionalidad etc. La libertad es considerada como uno de los mayores favores divinos y su priva­ción una de las mayores miserias. Bajo la norma islámica, nadie puede ser hecho cautivo sin una causa justa. Solo pueden hacerse prisioneros en el entorno de una guerra o batalla regular declarada y no por otra razón o pretexto. El Santo Corán declara específicamente:

“No corresponde a un Profeta tomar prisioneros mientras no se haya ini­ciado una batalla regular en el país. Vosotros deseáis los bienes del mundo, mientras que Al-lah desea para vosotros el Más Allá. Pues Al-lah es Poderoso, Sabio.” (8-68)

Este versículo no sólo corta de raíz la práctica de la esclavitud de los años ante­riores al Islam primitivo, sino que destruye cualquier supuesta justificación de la actual toma de rehenes y el secuestro de gente inocente que no están implicados en un combate real.

En su sermón de despedida, el Santo Profeta del Islam, dio instrucciones espe­ciales respecto al buen trato que debían recibir los prisioneros: Dijo:

“¡Oh gente!, aún mantenéis en vuestra posesión a algunos prisioneros de guerra. Os advierto, por tanto, que los alimentéis y los vistáis de la misma manera y estilo con el que os alimentáis y vestís vosotros…Nunca será tolerado que les causéis dolor o dificultades.”

Instrucciones mas especificas sobre la ética en la guerra y el trato a los prisione­ros se hayan contenidos en el cuarto versículo del capitulo cuarenta y siete del Corán. Este detallado versículo se podría traducir de la siguiente manera:

“Cuando estéis involucrados en una batalla regular, ésta debe ser librada de manera valiente e implacable. La guerra debe continuarse hasta que queden establecidas la paz y la libertad de conciencia. Se tomarán prisio­neros con prudencia. Los hombres libres no pueden ser privados de su li­bertad sin que exista un motivo justo y razonable que lo justifique. Cuando haya concluido la guerra, los prisioneros deben ser liberados como acto de favor, mediante el pago de un rescate o a través de un inter­cambio reciproco”

En la historia del Islam todos estos métodos fueron empleados para la liberación de prisioneros. Un método innovador para obtener la libertad consistía en que los prisioneros con educación enseñaban a leer y a escribir a los analfabetos como medio para conseguir su rescate.

Los mensajeros y emisarios disfrutan de plena inmunidad personal en el sistema islámico. No están sujetos a rescate político por muy justa que parezca la causa, y su secuestro constituye un crimen atroz. No deben ser exterminados, molestados o maltratados. Hay numerosos ejemplos en la vida del Santo Profeta del Islam que ilustran la aplicación rigurosa de estos principios.

Así pues, los mandamientos de las escrituras islámicas junto con los preceptos del Santo Profeta del Islam respecto a la inmunidad diplomática se hallan libres de ambigüedades. La toma de rehenes y el maltrato de los mensajeros, emisarios y ciudadanos civiles cualquiera que sea la forma en que se haga, es totalmente extraño a las enseñanzas del Islam. En otras palabras, la filosofía del Islam re­chaza tajantemente al terrorismo.
El concepto de la “Yihad” en el Islam

A causa de los actos de determinados elementos extremistas, el mundo occidental tiene un concepto equivocado de la “Yihad” (o Guerra Santa). La palabra “Yihad” evoca la imagen de una banda de fanáticos religiosos, con largas barbas y mirada fiera, con las espadas desenvainadas y dispuestos a atacar a los infie­les.

“Yihad” en la terminología islámica significa realizar un esfuerzo, comprome­terse y perseverar por una causa noble. A lo largo de los siglos, este significado de “Yihad” ha ido perdiéndose o al menos se ha ido diluyendo. La crítica situa­ción actual del mundo islámico exige revivir y reconsiderar el verdadero signifi­cado original de “Yihad”.

La “Yihad” se divide en dos categorías. La primera y mas importante es la de­nominada “Yihad-e-Akbar”. Es ésta la “Yihad” contra el propio ego, el esfuerzo frente a las malas inclinaciones y tentaciones: es la lucha por la purificación del alma. Esta es la “Yihad” más difícil y, por tanto, en términos de recompensa y bendiciones espirituales se corresponde con la categoría más elevada de “Yihad”.

La segunda se denomina “Yihad-e-Asgar”. Esta es la “Yihad” de la espada. Se trata de una “Yihad” comunitaria y presupone determinadas condiciones especí­ficas. El Corán habla única y exclusivamente de la lucha justa contra aquellos que tomaron antes la iniciativa de atacar a los musulmanes, sólo en defensa pro­pia. Esta es la condición establecida en los otros versículos del Santo Corán que tratan de este tema. El así llamado versículo de la espada en la escritura islámica, es frecuentemente citado fuera de contexto pretendiendo afirmar que inculca una masacre indiscriminada de los no creyentes.

Las palabras coránicas matadlos dondequiera que los encontréis se aplican únicamente a los casos en los que el enemigo fue el primero en atacar a los musulmanes y se refiere a aquellos no creyentes y adversarios que rompieron sus firmes pactos y juramentos previa­mente establecidos con los musulmanes. No son aplicables en ningún caso a las guerras y batallas no provocadas. La interpretación de estos versículos de cual­quier otra manera supone hacer una parodia de los elevados ideales del Islam. No existe un sólo ejemplo en la vida del Profeta del Islam en el que ofreciera a nadie la alternativa entre el Islam o la espada.

Los medios de comunicación occidentales y también muchos eruditos ignoran a menudo la distinción entre estos dos aspectos de la “Yihad”. Debe recordarse que el Santo Corán no hace de la “Yihad”o la “guerra santa” un artículo de fe. Las tradiciones y declaraciones del Santo Profeta la convierten en una fórmula para el esfuerzo personal activo que de manera incorrecta aunque frecuente tiende hacia una expresión militante. El terrorismo actual es totalmente contrario al espíritu auténtico de la “Yihad” islámica.

Por lo tanto, la presentación del Islam como una religión bárbara y cruel que se da a si misma el derecho a causar destrucción material y sufrimiento humano injustificado con el pretexto de la autoridad divina, no tiene nada que ver con el verdadero Islam que encontramos fundamentado en el Santo Corán y en los pre­ceptos originales del Santo Profeta Mohammad (la paz de Dios sea con él).
La paz y las relaciones internacionales en el Islam

Entre los atributos de Dios, el Santo Corán menciona que Él es La fuente de paz y Él que otorga la seguridad (59:23). Por tanto, el establecimiento de la paz y el mantenimiento de la seguridad debe ser el objetivo permanente de todos los mu­sulmanes y no musulmanes por igual. Todo propósito y actividad que atenta con­tra la paz es severamente condenado por el Islam. Hay mandamientos específicos a este respecto en el Santo Corán:

“Y no creéis el desorden en la tierra.” (7: 56)

“No cometáis iniquidad en la tierra causando violencia.” (7:57, 11:86, 29:37)

Las actitudes perversas y perjudiciales hacia los demás son condenadas en mu­chos otros versículos y se ordena repetidamente a los musulmanes a trabajar por la paz con plena dedicación.

El Islam llama la atención hacia aquellos factores que suelen alterar o destruir la paz y el orden y los reprueba enérgicamente. El dominio de un grupo por otro en la esfera domestica, o de un pueblo por otro en el ámbito internacional es una causa importante de alteración de la paz y por tanto es rotundamente condenado. La explotación económica de un pueblo o una nación por otra, conduce inevita­blemente a la dominación por parte de los explotadores y origina una amenaza potencial para la paz. El Santo Corán prohíbe tal explotación y afirma que una economía basada en dicha explotación no puede generar consecuencias beneficiosas ni puede perdurar.

El Islam proyecta una asociación de estados fuertes y estables unidos en alianza con el propósito de promover la paz, la libertad de conciencia y el bienestar humano. Los tratados y pactos entre naciones han de establecerse en términos claros que no deben ser eludidos o rechazados con la tentación de asegurarse al­guna ventaja. En caso de dificultades o disputas, se considera deber de los mu­sulmanes llegar a acuerdos y ajustes pacíficos.

El Santo Corán, además, enseña que Dios ha enviado Su Revelación a todos los pueblos y en todas las épocas. Muchos de los Profetas del Antiguo Testamento son mencionados por su nombre, al igual que Jesús; quien, al igual que otros pro­fetas, es honrado y reverenciado por todos los musulmanes. Ciertamente, el Co­rán exige creer en la verdad de todos estos profetas, siendo así el Islam único y distinto a otros credos al exigir la creencia y respeto hacia todos los profetas dondequiera que hayan aparecido. Así establece la reconciliación entre los segui­dores de todas las diferentes religiones y credos y crea las bases del respeto mu­tuo entre ellas. Dice el Corán:

“Ciertamente, aquellos que han creído, y los judíos, y los sabeos, y los cristianos, y quienes crean en Al-lah y en el Ultimo Día, y practiquen las buenas obras, sepan que el temor no recaerá sobre ellos ni serán afligidos.” (2:70)

El mismo mensaje se repite en el versículo 5:10. Se afirma con insistencia en el Santo Corán la unidad básica de los seguidores de todas las religiones. De nuevo, el fomento de la discordia y desunión que producen factores como el terrorismo no tienen cabida en el Islam.

En el terreno de los asuntos internacionales, la religión y las relaciones interreli­giosas ocupan una posición importante. Por desgracia, se presta poca atención a este aspecto de las relaciones humanas. Se asume que la religión es un tema pri­vado de cada individuo y que, por tanto, no tiene una conexión directa con los aspectos sociales o políticos de la vida. Esta suposición no está justificada. Siendo el Islam una religión igualitaria, no constituye simplemente una fe personal sino que conforma un conjunto de código de valores y conducta que influye en todos los aspectos de la vida del creyente.

El Islam es y será un factor vital en las relaciones humanas, y mantenemos la esperanza de que promueva progresivamente, de manera cada vez más efectiva, la unidad y el acuerdo entre los seres humanos.