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lunes, 10 de noviembre de 2014

CANCIONES EN TIEMPO DE GUERRA IV


VIVA LA FAI Y LA CNT


Viva la FAI y la CNT
luchemos hermanos
contra los tiranos
y los requetés
Rojo pendón,
negro color,
luchemos hermanos
aunque en la batalla
debamos morir.

En los tiempos de Rivera
y Torquemada,
los fascistas nos querían matar,
aliados con naciones extranjeras
como Italia, Alemania y Portugal.
Empezaremos con el trono
y acabaremos con el clero
que es el animal mas fiero
al servicio del poder.

Viva la FAI y la CNT
luchemos hermanos
contra los tiranos
y los requetés
Rojo pendón,
negro color,
luchemos hermanos
aunque en la batalla
debamos morir.

Si los frailes y curas
la paliza que van a llevar
huirían al coro gritando
libertad, libertad, libertad. 



EL NOVIO DE LA MUERTE


Nadie en el Tercio sabía
quién era aquel legionario
tan audaz y temerario
que en la Legión se alistó.

Nadie sabía su historia,
más la Legión suponía
que un gran dolor le mordía
como un lobo el corazón.

Cuanto más rudo era el fuego
y la pelea más fiera,
defendiendo su Bandera,
el legionario avanzó.
Y sin temer el empuje
del enemigo exaltado,
supo morir como un bravo
y la enseña rescató.

Y al regar con su sangre la tierra ardiente,
murmuró el legionario con voz doliente:
Soy un hombre a quien la suerte
hirió con zarpa de fiera.
Soy un novio de la muerte
que va a unirse en lazo fuerte
con tal leal compañera.

Cuando al fin le recogieron,
entre su pecho encontraron
una carta y un retrato
de una divina mujer.

Y aquella carta decía:
"...si Dios un día te llama,
para mí un puesto reclama,
que a buscarte pronto iré".

Y en el último beso que le enviaba,
su postrer despedida le consagraba.
Por ir a tu lado a verte,
mi más leal compañera,
me hice novio de la muerte,
la estreché con lazo fuerte
y su amor fue mi Bandera.


YO TENIA UN CAMARADA (HIMNO DE LA DIVISION AZUL)


Yo tenía un camarada.
!Nunca lo hallaré mejor!
Que en la gloriosa jornada
iba, firme la pisada,
al redoble del tambor
al redoble del tambor.

¡Una bala, compañero!
-¿Para quién de los dos es?
Era el dialogo postrero,
y bajo el plomo certero
cayó tendido a mis pies
cayó tendido a mis pies.

Hace un esfuerzo, y en vano,
quiere mi mano estrechar.
-¡Duerme en paz, querido hermano!
La Patria quiere mi mano
para volver a atacar
para volver a atacar.

¡Gloria! ¡Gloria!
¡Gloria y victoria!

Con el cuerpo con el alma,
con las armas en la mano,
por la Patria.

Nuestros cantos, que vuelan,
el viento los lleva por ahí,
que en España, que en España,
empieza a amanecer.


viernes, 7 de noviembre de 2014

EL TESTAMENTO DE JOSE ANTONIO


José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia nació el 24 de abril de 1903, aunque sus raíces familiares lo vincularon a las gaditanas tierras de Jerez de la Frontera. Fue el mayor de cinco hermanos que quedaron huérfanos de madre en 1908. Miembro de una familia de tradición militar, optó sin embargo por el dominio de las Leyes, estudiando la carrera de Derecho en la Universidad Central de Madrid, donde obtuvo la Licenciatura en 1922. Siendo hijo del Dictador que gobernó en España entre 1923 y 1930, permaneció totalmente ajeno de la actividad política hasta el fallecimiento de su padre, muerto en su exilio parisino apenas unas semanas después de resignar su cargo, y de quien heredó el marquesado de Estella.

Con el único fin de revindicar su memoria, duramente atacada por los representantes de la vieja política, participó en el proyecto de la Unión Monárquica Nacional, organización política de vida muy breve. Intentó alcanzar un escaño por Madrid en las elecciones a Cortes de 1931 para su filial propósito, pero resultó derrotado, teniendo a partir de entonces que limitar sus actuaciones públicas en defensa de la labor de la Dictadura a la intervención letrada en diversos juicios.

Aunque fuera detenido en 1932 bajo la sospecha de haber colaborado en la sublevación protagonizada por el general Sanjurjo, finalmente fue liberado sin cargos. Su repulsa por las viejas fórmulas políticas le llevó a interesarse por el fenómeno fascista, participando en 1933 en el único número del periódico El Fascio con un artículo en el que preconizaba un nuevo modelo de Estado social.

Creó poco después el Movimiento Español Sindicalista (MES) con el afamado aviador Julio Ruiz de Alda, organización que enseguida entrará en contacto con algunos miembros del Frente Español (FE) creado por seguidores de José Ortega y Gasset. El proyecto político de José Antonio fue madurando durante los meses siguientes hasta que, finalmente, fue presentado en el madrileño Teatro de la Comedia el 29 de octubre de 1933. Algunos días más tarde el nuevo movimiento fue registrado con el nombre de Falange Española (FE).

Daba comienzo así una etapa de febril actividad política, en la que compaginaría la exigencia de la consolidación del nuevo movimiento con la calidad de diputado, pues en las elecciones de 1933 obtuvo como independiente un escaño en la candidatura conservadora presentada por la circunscripción de Cádiz. En febrero de 1934 FE se fusionó con las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS), quedando regida a partir de entonces la organización por una Junta de Mando en forma de triunvirato en el que participaban José Antonio Primo de Rivera y Ramiro Ledesma Ramos bajo la presidencia de Julio Ruiz de Alda. Pero el abolengo de su apellido, la plataforma parlamentaria y su valiosa personalidad hicieron de José Antonio el máximo representante de FE de las JONS desde el primer momento, siendo finalmente proclamado jefe nacional del partido en octubre de 1934.

A medida que crecían, las filas falangistas iban liberándose de conspicuos monárquicos que lastraban el proyecto político de José Antonio. Pero será la defección de Ramiro Ledesma la que marque un punto de inflexión determinante en la trayectoria del pensamiento joseantoniano, cada vez más alejado del corporativismo fascista.

Desde su escaño señaló las verdaderas causas de la Revolución de Octubre de 1934, describió el problema del sentimentalismo catalán, se opuso a la contrarreforma agraria diseñada por los conservadores y criticó duramente la corrupción de los políticos radicales. Pese a la propuesta de Frente Nacional que lanzara ante el peligro marxista que se cernía sobre España, su voz fue desoída por las derechas, de modo que los candidatos falangistas concurrieron en solitario a los comicios celebrados en febrero de 1936, sin lograr ni un solo escaño.

José Antonio fue detenido, junto a la mayor parte de la Junta Política de FE de las JONS, el 14 de marzo de 1936 bajo la acusación de asociación ilícita, cargo que fue rechazado por los tribunales. Pero, retenido en la cárcel a instancias de las autoridades gubernamentales del Frente Popular, ya no recuperaría la libertad.
Mientras sus camaradas eran perseguidos —encarcelados o asesinados—, José Antonio tuvo que enfrentarse a diversos procesos judiciales hasta que el 5 de junio de 1936 fue trasladado a la prisión de Alicante, donde se encontraba al producirse el Alzamiento el 18 de julio.

Deseoso de poner fin a la tragedia de la guerra, se ofreció para mediar con los sublevados con el propósito de establecer un régimen de salvación nacional, pero su oferta no fue atendida por el Gobierno republicano. Juzgado por rebelión, fue condenado a muerte y fusilado en la madrugada del 20 de noviembre de 1936. Apenas unas horas antes, dejó escrito en su testamento: “Ojalá sea la mía la última sangre española que se vierta en discordias civiles”.

Finalizada la Guerra, sus restos fueron trasladados al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Allí reposaron hasta que el 30 de marzo de 1959 recibió sepultura ante el Altar Mayor de la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, adonde llegó portado a hombros de sus camaradas, muchos de los cuales no tuvieron la oportunidad de conocerle en vida. En el granito de la losa que lo cubre simplemente aparece grabado el nombre con el que ha pasado a la Historia: José Antonio.

EL TESTAMENTO

Testamento que redacta y otorga José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, de treinta y tres años, soltero, abogado, natural y vecino de Madrid, hijo de Miguel y Casilda (que en paz descansen), en la Prisión Provincial de Alicante, a dieciocho de noviembre de mil novecientos treinta y seis.

Condenado ayer a muerte, pido a Dios que si todavía no me exime de llegar a ese trance, me conserve hasta el fin la decorosa conformidad con que lo preveo y, al juzgar mi alma, no le aplique la medida de mis merecimientos, sino la de su infinita misericordia.

Me acomete el escrúpulo de si será vanidad y exceso de apego a las cosas de la tierra el querer dejar en esta coyuntura cuentas sobre algunos de mis actos; pero como, por otra parte, he arrastrado la fe de muchos camaradas míos en medida muy superior a mi propio valer (demasiado bien conocido de mí, hasta el punto de dictarme esta frase con la más sencilla y contrita sinceridad), y como incluso he movido a innumerables de ellos a arrostrar riesgos y responsabilidades enormes, me parecía desconsiderada ingratitud alejarme de todos sin ningún género de explicación.

No es menester que repita ahora lo que tantas veces he dicho y escrito acerca de lo que los fundadores de Falange Española intentábamos que fuese. Me asombra que, aun después de tres años, la inmensa mayoría de nuestros compatriotas persistan en juzgarnos sin haber empezado ni por asomo a entendernos y hasta sin haber procurado ni aceptado la más mínima información. Si la Falange se consolida en cosa duradera, espero que todos perciban el dolor de que se haya vertido tanta sangre por no habérsenos abierto una brecha de serena atención entre la saña de un lado y la antipatía de otro. Que esa sangre vertida me perdone la parte que he tenido en provocarla, y que los camaradas que me precedieron en el sacrificio me acojan como el último de ellos.

Ayer, por última vez, expliqué al Tribunal que me juzgaba lo que es la Falange. Como en tantas ocasiones, repasé, aduje los viejos textos de nuestra doctrina familiar. Una vez más, observé que muchísimas caras, al principio hostiles, se iluminaban, primero con el asombro y luego con la simpatía. En sus rasgos me parecía leer esta frase: "¡Si hubiésemos sabido que era esto, no estaríamos aquí!" Y, ciertamente, ni hubiéramos estado allí, ni yo ante un Tribunal popular, ni otros matándose por los campos de España. No era ya, sin embargo, la hora de evitar esto, y yo me limité a retribuir la lealtad y la valentía de mis entrañables camaradas, ganando para ellos la atención respetuosa de sus enemigos.

A esto tendí, y no a granjearme con gallardía de oropel la póstuma reputación de héroe. No me hice responsable de todo ni me ajusté a ninguna otra variante del patrón romántico. Me defendí con los mejores recursos de mi oficio de abogado, tan profundamente querido y cultivado con tanta asiduidad. Quizá no falten comentadores póstumos que me afeen no haber preferido la fanfarronada. Allá cada cual. Para mí, aparte de no ser primer actor en cuanto ocurre, hubiera sido monstruoso y falso entregar sin defensa una vida que aún pudiera ser útil y que no me concedió Dios para que la quemara en holocausto a la vanidad como un castillo de fuegos artificiales. Además, que ni hubiera descendido a ningún ardid reprochable ni a nadie comprometía con mi defensa, y sí, en cambio, cooperaba a la de mis hermanos Margot y Miguel, procesados conmigo y amenazados de penas gravísimas. Pero como el deber de defensa me aconsejó, no sólo ciertos silencios, sino ciertas acusaciones fundadas en sospechas de habérseme aislado adrede en medio una región que a tal fin se mantuvo sumisa, declaro que esa sospecha no está, ni mucho menos, comprobada por mí, y que sí pudo sinceramente alimentarla en mi espíritu la avidez de explicaciones exasperada por la soledad, ahora, ante la muerte, no puede ni debe ser mantenida.

Otro extremo me queda por rectificar. El aislamiento absoluto de toda comunicación en que vivo desde poco después de iniciarse los sucesos sólo fue roto por un periodista norteamericano que, con permiso de las autoridades de aquí, me pidió unas declaraciones a primeros de octubre. Hasta que, hace cinco o seis días, conocí el sumario instruido contra mí, no he tenido noticia de las declaraciones que se me achacaban, porque ni los periódicos que las trajeron ni ningún otro me eran asequibles. Al leerlas ahora, declaro que entre los distintos párrafos que se dan como míos, desigualmente fieles en la interpretación de mi pensamiento, hay uno que rechazo del todo: el que afea a mis camaradas de la Falange el cooperar en el movimiento insurreccionar con "mercenarios traídos de fuera". Jamás he dicho nada semejante, y ayer lo declaré rotundamente ante el Tribunal, aunque el declararlo no me favoreciese. Yo no puedo injuriar a unas fuerzas militares que han prestado a España en Africa heroicos servicios. Ni puedo desde aquí lanzar reproches a unos camaradas que ignoro si están ahora sabia o erróneamente dirigidos, pero que a buen seguro tratan de interpretar de la mejor fe, pese a la incomunicación que nos separa, mis consignas y doctrinas de siempre. Dios haga que su ardorosa ingenuidad no sea nunca aprovechada en otro servicio que el de la gran España que sueña la Falange.

Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles. Ojalá encontrara ya en paz el pueblo español, tan rico en buenas calidades entrañables, la Patria, el Pan y la Justicia.

Creo que nada más me importa decir respecto a mi vida pública. En cuanto a mi próxima muerte, la espero sin jactancia, porque nunca es alegre morir a mi edad, pero sin protesta. Acéptela Dios Nuestro Señor en lo que tenga de sacrificio para compensar en parte lo que ha habido de egoísta y vano en mucho de mi vida. Perdono con toda el alma a cuantos me hayan podido dañar u ofender, sin ninguna excepción, y ruego que me perdonen todos aquellos a quienes deba la reparación de algún agravio grande o chico. Cumplido lo cual, paso a ordenar mi última voluntad en las siguientes

CLÁUSULAS

Primera. Deseo ser enterrado conforme al rito de la religión Católica, Apostólica, Romana, que profeso, en tierra bendita y bajo el amparo de la Santa Cruz.

Segunda. Instituyo herederos míos por partes iguales a mis cuatro hermanos: Miguel, Carmen, Pilar y Fernando Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, con derecho de acrecer entre ellos si alguno me premuriese sin dejar descendencia. Si la hubiere dejado, pase a ella en partes iguales, por estirpes, la parte que hubiera correspondido a mi hermano premuerto. Esta disposición vale aunque la muerte de mi hermano haya ocurrido antes de otorgar yo el testamento.

Tercera. No ordeno legado alguno ni impongo a mis herederos carga jurídicamente exigible; pero les ruego:

A) Que atiendan en todo con mis bienes a la comodidad y regalo de nuestra tía María Jesús Primo de Rivera y Orbaneja, cuya maternal abnegación y afectuosa entereza en los veintisiete años que lleva a nuestro cargo no podremos pagar con tesoros de agradecimiento.

B) Que, en recuerdo mío, den algunos de mis bienes y objetos usuales a mis compañeros de despacho, especialmente a Rafael Garcerán, Andrés de la Cuerda y Manuel Sarrión, tan leales durante años y años, tan eficaces y tan pacientes con mi nada cómoda compañía. A ellos y a todos los demás, doy las gracias y les pido que me recuerden sin demasiado enojo.

C) Que repartan también otros objetos personales entre mis mejores amigos, que ellos conocen bien, y muy señaladamente entre aquellos que durante más tiempo y más de cerca han compartido conmigo las alegrías y adversidades de nuestra Falange Española. Ellos y los demás camaradas ocupan en estos momentos en mi corazón un puesto fraternal.

D) Que gratifiquen a los servidores más antiguos de nuestra casa, a los que agradezco su lealtad y pido perdón por las incomodidades que me deben.

Cuarta. Nombro albaceas contadores y partidores de herencia, solidariamente, por término de tres años, y con las máximas atribuciones habituales, a mis entrañables amigos de toda la vida Raimundo Fernández Cuesta y Merelo y Ramón Serrano Súñer, a quienes ruego especialmente:

a) Que revisen mis papeles privados y destruyan todos los de carácter personalísimo, los que contengan trabajos meramente literarios y los que sean simples esbozos y proyectos en período atrasado de elaboración, así como cualesquiera obras prohibidas por la Iglesia o de perniciosa lectura que pudieran hallarse entre los míos.

B) Que coleccionen todos mis discursos, artículos, circulares, prólogos de libros, etc., no para publicarlos –salvo que lo juzguen indispensable–, sino para que sirvan de pieza de justificación cuando se discuta este período de la política española en que mis camaradas y yo hemos intervenido.

C) Que provean a sustiuirme urgentemente en la dirección de los asuntos profesionales que me están encomendados, con ayuda de Garcerán, Sarrión y Matilla, y a cobrar algunas minutas que se me deben.

D) Que con la mayor premura y eficacia posible hagan llegar a las personas y entidades agraviadas a que me refiero en la introducción de este testamento las solemnes rectificaciones que contiene.

Por todo lo cual les doy desde ahora las más cordiales gracias. Y en estos términos dejo ordenado mi testamento en Alicante el citado día dieciocho de noviembre de mil novecientos treinta y seis, a las cinco de la tarde, en otras tres hojas además de ésta, todas foliadas, fechadas y firmadas al margen.

POR QUÉ GANARON LOS NACIONALES


¿Por qué los nacionales ganaron la guerra?

Es el último día de las operaciones militares de la Guerra de España. Empieza con una proclamación del general Yagüe, cuyas tropas pertenecen al ejército del Sur y que es difundida en nombre del general Franco:

“Rendirse a la patria victoriosa no es un deshonor. Sus dirigentes han huido. Es criminoso prolongar así un derramamiento de sangre sin futuro” dice el anuncio dirigiendose a los republicanos.

Yagüe ataca y los nacionalistas no encuentran ninguna resistencia. Todo el día, avanzan sin dificultad en la Sierra Morena, ocupando 2000 kilómetros cuadrados de territorio y haciendo 30 000 prisioneros.

En Madrid, el ejército se ve completamente dislocado. En la radio, las centrales sindicales de la CNT y de la UGT reclaman la tranquilidad y la disciplina. En la ciudad considerada como el frente y el teatro principal de los combates, ahora se van los combatientes, volviendo a sus casas y dejando sus armas.
“¡Un, dos, tres, Madrid de Franco es!”, así cae la capital española el 27 de Marzo de 1939 completando la conquista del país por los nacionalistas. El día siguiente, el Generalísimo difunde un comunicado en Radio-Nacional:

“Hoy, tras capturar y desarmar el ejercito rojo, las tropas nacionalistas han alcanzado su ultimo objetivo militar. Ya se acaba la guerra”.
Lo interesante con la Guerra Civil Española es que fue una guerra más bien ideológica y política que territorial. Es decir, dos rostros de España se enfrentaron en el campo de batalla de las ideas entre 1936 y 1939. Por eso, el triunfo nacionalista no solo representa la victoria de un ejército, sino también la consagración de cierta visión del mundo.

¿Como se puede explicar esa victoria? ¿Cuales fueron las condiciones que permitieron el triunfo nacionalista?

I. Un bando unificado

1. Cohesión ideológica

A pesar de una gran diversidad social y política en el bando nacionalista, sus miembros comparten algunos objetivos comunes: el odio para los comunistas y el antiliberalismo democrático. Todos tienen una concepción militarista de la vida política; consideran el ejercito como “la espina dorsal” de la nación.
Sin embargo, necesitan une gran movilización popular para controlar las diferentes facciones políticas de derecha y extrema derecha cuyas discrepancias y luchas intrínsecas podrían dividir, debilitar el movimiento. Para evitar esas derivas, la Junta decide apropiarse todos los símbolos de esas facciones, operando así una síntesis.

Quieren que nazca una identidad colectiva para asegurar una cohesión en el bando nacionalista.
Desde abril del 1937 (fecha de disolución de los partidos políticos), la Falange Española Tradicionalista y otros grupúsculos de derecha se ven agrupados en el seno de un partido único e unificador, el Movimiento que permite a Franco tomar el poder: el Movimiento Nacional es por cierto, el único partido autorizado en España en esa época.

El bando nacionalista sigue siendo sin embargo un conglomerado de partidos y organizaciones diversas: republicanos conservadores (CEDA,Confederación Española de Derechas Autónomas), católicos, falangistas, anticomunistas, monárquicos o carlistas. Sus ideologías a veces son competidoras u opuestas pero su característica comuna es la adhesión a una España tradicionalista basada en la religión católica. La Falange, fundada en 1933 por José Antonio Primo de Rivera bajo la influencia del fascismo italiano, se presenta como una relectura del tradicionalismo. Otros elementos completan esa “ideología franquista”, como la evocación de un pasado glorioso y mítico, el espíritu de Reconquista de los Reyes Católicos, el antiliberalismo heredado del absolutismo de Fernando VII o el marxismo, el librepensamiento y la masonería que le daban asco al Caudillo. La influencia de la Falange es determinante durante el conflicto aunque el radicalismo sincero de sus primeros líderes desaparece con ellos en los combates.

2. Organización militar

Al principio, la organización del ejército nacional fue bastante problemática, porque no se había previsto una guerra civil de larga duración. Pero a medida que tienen lugar las batallas, los nacionalistas se organizan militarmente con una gran precisión y con racionalidad.

A mediados de agosto de 1936, menos de un mes después del alzamiento militar, Badajoz y otros pueblos republicanos caen en manos del ejército nacional. La rapidez con que cayeron una tras otra esas zonas de Extremadura y cerca del Tajo puede explicarse por el avance del Ejército de África de Franco compuesto por tropas entrenadas y curtidas en combate que eran los verdaderos profesionales durante los primeros meses de la guerra.

Con la fijación de los frentes de batalla a principios de agosto de 1936 quedó claro que los sublevados controlaban tres zonas distintas y desunidas entre sí. Por una parte el general Mola dirigía Ejército del Norte y las zonas a su control eran Galicia, Castilla la Vieja, La Rioja, Navarra y parte de Aragón. Al sur el general Queipo de Llano se encontró al mando de las importantes provincias de Sevilla, Córdoba, Granada y Cádiz. Y en la zona del Marruecos español habian las mejores tropas rebeldes al mando del general Franco. La principal tarea pues del ejército rebelde es tratar de unir sus fuerzas.

El historiador Pio Moa fue criticado por numerosos autores e historiadores (Javier Tusell, Paul Preston, Alberto Reig Tapia) porque no condena a Franco y a veces defiende muchos aspectos de su dictadura. Considera la corrupción como uno de los factores de la derrota republicana pero insiste también en lo militar. En su obra mayor, Los mitos de la Guerra Civil, escribe:

“Consistieron básicamente en la unidad de mando; en el mucho mejor empleo de la ayuda extranjera, pagada además en condiciones mucho mejores que la del Frente Popular y sin el componente de corrupción que tuvo éste; en su mejor utilización de la baza diplomática; y en el factor moral y religioso, muy movilizador entre grandes masas de la población. Además, Franco, por estas cosas y otras, demostró ser un militar brillante, capaz de superar la situación casi desesperada del principio y de transformar las ofensivas enemigas en contraofensivas demoledoras.”

La base de su producción intelectual es una trilogía sobre la Segunda República y la Guerra Civil Española en la que invirtió nueve años de investigación.
El piensa que una parte sustancial de la izquierda (los anarquistas, PCE, ERC y el sector del PSOE liderado por Largo Caballero) tenía un carácter bastante antidemocrático, ya que consideraba la República como una etapa indispensable antes de alcanzar su objetivo último de la Revolución Social. Considera que la situación de violencia callejera y el fervor revolucionario generó una respuesta simétrica en los sectores más radicales de la derecha y del ejército lo que resulto en la sublevación del 18 de Julio.

II. Un jefe absoluto

1. Una figura carismática

A finales de diciembre de 1936, Franco aparece como el maestro indiscutible del bando insurgente. La falta de liderazgo puede explicar en alguna medida la derrota de los republicanos. Por supuesto, hacer la guerra necesita organización, táctica y precisión; por eso los nacionalistas tomaban la ventaja sobre el bando republicano porque había en las altas esferas del ejército grandes estrategas como Queipo del Llano, Mola, Yagüe, o Sanjurjo que supervisaban el desarrollo de las batallas.

Pero más aun nada, la diferencia la hizo la presencia de Franco. El consiguió formar un consenso entre los nacionalistas; el escritor Brasillach escribe: “Los carlistas perdieron su pretendiente, el viejo Don Carlos, pero ya tienen Franco. Los Falangistas perdieron su jefe, José Antonio, el Ausente, pero tienen Franco. Los miembros de Acción Popular ya no creen en Gil Robles pero tienen Franco. A los monarquitas les falta un Rey, pero tienen Franco. Los católicos quieren volver a la tradición cristiana y Franco va a misa cada medio y Franco prohíbe la masonería. Los soldados quieren un jefe militar y Franco es el mejor táctico español”. El poder en el bando republicano se divide entre varias manos mientras que los nacionalistas lo confían a un solo hombre.

Franco llega a ser jefe del Estado, del gobierno, ministro de la Guerra, comandante Supremo de las tropas nacionalistas, jefe del partido único. No le falta nada. Suprime el derecho de huelga y hace ilegales los sindicatos. La organización, la estructura del Estado semi-fascista ya están listas. Alemania, Italia son los primeros países que le reconozcan, seguidos de Portugal, Japón y Hungría. Alfonso XIII decide legitimar a Franco, dándole su apoyo.
El Caudillo resume bien esa supremacía y dice: “la autoridad no se valora, se ejerce”.

2. El apoyo de la Iglesia

Además, Franco beneficio del aval de la Iglesia católica. La Iglesia católica, y más precisamente los miembros situados en posiciones jerárquicas altas supusieron un apoyo crucial para los nacionalistas. Los eclesiásticos, que ya se habían opuesto a los denominados “come curas incendiarios de iglesias” desarrollan un doble papel. El primero fue un papel de influencia – sobre todo en lugares rurales -.
No obstante cabe relativizar este aspecto dado que los curas, los miembros del clero más próximos del pueblo eran, en mayoría, de tendencia republicana. El segundo aspecto y sin duda el mas importante fue el de legitimizacion. La Iglesia, apoyando el pronunciamiento y el bando reaccionario fue participe de una “sacralización” de los valores franquistas.

La guerra civil se convierto en una guerra santa, en una cruzada cuyo enemigo eran los “rojos”. Fue de hecho la Iglesia la que nombrara a Franco “« Generalísimo Francisco Franco, Caudillo de España por la Gracia de Dios ».

III. El contexto internacional

1. La ayuda alemana e italiana

Como en cualquier guerra, el material militar fue determinante y fue sin duda una ventaja inestimable para los nacionalistas. Recibieron armas y fuerzas de Italia, que se llamaba el Corpo Truppe Voluntarie, con unos 50 000 voluntarios en 1937. Hubo una importante entrega de material: 700 aviones y 950 carros de combate.

El cuñado de Franco, Serrano Suner, era un gran admirador de Goering y pidió ayuda a la Alemania nazi para evitar que Italia tuviera el dominio sobre España. Así, Alemania envía 10 000 hombres en el conflicto; las fuerzas de combate consisten en unos carros y los aviones de la Legión Cóndor que permitieron el bombardeo de Guernica, ultimo símbolo de la victoria nacionalista a pesar de la indignación internacional.

También Franco recibió el apoyo de Salazar (Portugal), que envío una legión de 20 000 hombres, los Viriatos.

2. El final de las Brigadas internacionales

En 1939, durante los últimos meses de conflicto, la salida de las Brigadas internacionales que componían una importante cantera de fuerzas para los republicanos, fue una bendición para el bando sublevado. Se encontraban en una situación de superioridad en cuanto a los soldados, armas y apoyos.

A propósito de las Brigadas, Dolores Ibarruri, la Pasionaria dice como mensaje de despedida:

"Es muy difícil pronunciar unas palabras de despedida dirigidas a los héroes de las Brigadas Internacionales, por lo que son y por lo que representan.
Un sentimiento de angustia, de dolor infinito, sube a nuestras gargantas atenazándolas... Angustia por los que se van, soldados del más alto ideal de redención humana, desterrados de su patria, perseguidos por la tiranía de todos los pueblos...¡Camaradas de las Brigadas Internacionales! Razones políticas, razones de Estado, la salud de esa misma causa por la cual vosotros ofrecisteis vuestra sangre con generosidad sin límites os hacen volver a vuestras patrias a unos, a la forzada emigración a otros. Podéis marcharos orgullosos."

A pesar de ese homenaje, el perjuicio a los republicanos es enorme, y constituye un ganga para los nacionalistas; de cierta manera las debilidades de algunos permitieron el triunfo de los otros, y por eso, la Guerra de España parece a cualquier otra guerra.

La guerra fratricida que tuvo lugar en España entre 1936 y 1939 fue un conflicto armado sin piedad pero también una gran confrontación ideológica; y esta, no se puede decir quien bando la gano.

Los nacionalistas gozaron de un contexto internacional favorable, ya que Europa estaba experimentando el fascismo, pero la movilización cultural e intelectual sin precedente que lograron crear los republicanos hizo nacer sin duda una verdadera afición para la libertad que permitió la impulsión democrática después de 40 años de dictadura.

domingo, 26 de octubre de 2014

CAMISA AZUL MAHON


"...Y queremos, por último, que si esto ha de lograrse en algún caso por la violencia, no nos detengamos ante la violencia. Porque ¿quién ha dicho -al hablar de «todo menos de violencia»- que la suprema jerarquía de los valores morales reside en la amabilidad? ¿Quién ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos, antes de reaccionar como hombres, estamos obligados a ser amables? Bien está, sí, la dialéctica como primer instrumento de comunicación. Pero no hay más dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y de las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la Patria."

(José Antonio Primo de Rivera: Discurso del teatro de la Comedia, 29-X-1933.)

El fenómeno de las milicias políticas, organizaciones paramilitares adoctrinadas política e ideológicamente para el asalto al poder mediante la lucha armada, puede remontarse al siglo XIX, pero alcanza su mayor apogeo en el período de entreguerras (1917-1945) con la crisis del Estado liberal, la aparición del comunismo soviético y los movimientos fascistas. Estos últimos conciben la milicia como algo consustancial al partido, de tal suerte que es casi imposible disociar ambas entidades en la práctica. Pero la milicia de tipo fascista va más allá de una mera concepción organizativa y táctica de lucha; es un planteamiento ético profundamente inscrito en el ideal político de estos movimientos: La vida es milicia (punto 26 de FE de las JONS) será uno de los lemas preferidos por los fascistas españoles para justificar su apego doctrinal a la acción y a la violencia políticas.

La crisis política y social de España durante la Segunda República encuentra uno de sus exponentes más llamativos en la constante presencia de milicias en todos los grupos del espectro político. Desde 1931, e incluso antes del 14 de abril, muchas fuerzas piensan que la naciente República debe ser destruida por la violencia. Pero a pesar del reducido apoyo real que tenía una República democrático-burguesa, estos planteamientos fracasan, en parte, gracias a la constante amenaza de una actitud violenta menos original: un levantamiento militar que, si fracasó en agosto de 1932, acabará triunfando en julio de 1936.

Quizá -y salvo los constantes intentos de subversión anarquista- octubre de 1934 sea la fecha que más se aproxima al modelo preconizado tácticamente por las milicias de distinto signo. Al tiempo, octubre es un punto de inflexión importante en la lucha política, en una espiral de violencia que, por vía de un cada vez más descarado pistolerismo, nos lleva directamente al 17 de julio de 1936. En el caso de los grupos fascistas españoles y movimientos afines, que Jiménez Campo califica de fascistizados, los antecedentes son complejos y se remontan bastante antes de la República.

A un ambiente exterior cada vez más propicio -expansión del fascismo italiano, consolidación del corporativismo portugués, posterior subida al poder del nacionalsocialismo alemán en 1933, semidictadura de Dollfuss en Austria y movimientos análogos en Polonia, Rumania, etc.-se añaden unas raíces ideológicas y políticas más o menos claras, pero netamente españolas.

Podemos citar a los Jóvenes Mauristas, intento de réplica de los Camelots du Roi de la Action Frangaise de Maurras y Pujo, el corporativismo de la Unión Patriótica primorriverista, la violencia de los Sindicatos Libres barceloneses en los años veinte contra el anarcosindicalismo, etcétera. Ideológicamente, la exaltación castellanista de la Generación del 98 influye evidentemente en Onésimo Redondo. El liberal José Ortega y Gasset ofrece al fascismo español ideas muy sugerentes: militantismo contra pacifismo, jerarquía contra democracia, estilo fuerte y enérgico contra un liberalismo laxo y contemporizador, milicias imperiales contra ejércitos industriales, minorías audaces y caudillos cesáreos que mandasen... En resumen, elitismo y subordinación a un grupo activo y dirigente.

Por su parte, Ernesto Giménez Caballero es considerado el introductor teórico en España del fascismo italiano con escritos como Circuito imperial, que comienzan a interesar a grupos reaccionarios opuestos al nuevo régimen republicano que la crisis de la monarquía va perfilando. En el período de crisis al cambio de régimen y durante la República, fuerzas políticas muy dispares sufren un desigual proceso de fascistización. No faltan movimientos pseudofascistas y otros con más base teórica. Entre la extrema derecha alfonsina, Renovación Española (RE), fundada en 1933 por Goicoechea tras separarse de Acción Popular, y Acción Española (AE), creada en 1931, se fascistizan. En el exilio, Calvo Sotelo se relaciona con Maurras y después intentará ingresar en Falange. Renovación Española trata de encuadrar militarmente a organizaciones juveniles y el Bloque Nacional cuenta en diciembre de 1934 con milicias o grupos de choque juveniles. A inicios de 1935 se intenta crear las guerrillas de España, y las Juventudes de RE se organizan paramilitarmente en milicias uniformadas.

Las Juventudes de Acción Popular (JAP), rama juvenil de la CEDA, demostraban en sus actitudes rasgos ideológicos (fervor hacia el jefe, por un régimen semidictatorial) y externos (saludo con un brazo al hombro, camisa verde, cierta disciplina) de tipo fascista. La revista FE critica el fascismo descafeinado de los japoneses (de JAP), por su menor espíritu de lucha, pero también por temor a perder sus bases juveniles. Sin embargo, el proceso será inverso: tras el fracaso derechista en febrero de 1936, miles de japistas, desilusionados y ávidos de acción, se pasan a Falange.

El neurólogo valenciano José María Albiñana (Enguera, 1883-Madrid, 1936) funda en abril de 1930 el Partido Nacionalista Español (PNE), gesticulación reaccionaria al servicio de la aristocracia terrateniente y de los elementos más regresivos del país, según Ramiro Ledesma. Ciertamente, Albiñana sostiene una ideología regresiva, sólo abierta al ala fascista más conservadora, representada por Onésimo Redondo. Monarquismo, ultranacionalismo, militarismo, imperialismo y antisemitismo son sus rasgos más característicos. Sus proclamas le hacen ganar cierta popularidad entre los sectores más reaccionarios. En vísperas de la proclamación de la República, amenaza con más arrogancia que sentido común: "200.000 legionarios estamos dispuestos a vender caras nuestras vidas". En abril del 31, Albiñana lanza un desesperado grito, digno del alcalde de Móstoles: ¡Españoles, a defenderse!... ¡Legionarios! ¡Españoles! Hay que echarse a la calle para rechazar esa revolución tragicómica con que se pretende engañar a la opinión y forzar el arca del poder. El que quiera la República que tenga el valor de conquistarla en la calle, a pecho descubierto, jugándose la vida. Pero no hemos de consentirle que empuñe la innoble ganzúa pseudoconstitucional para desvalijar la Corona de España con el más vil de los atracos...Todo buen español que quiera sumarse a la cruzada patriótica debe acudir a inscribirse en el Centro Nacionalista Español, para recibir instrucciones y formar la milicia ciudadana. Tenemos la razón y la fuerza". 

¿Cuál era esa fuerza? El PNE disponía de unos grupos de vanguardia y acción directa: los llamados legionarios de Albiñana , réplica de los Camelots du Roi y definidos por su creador como el voluntariado ciudadano con intervención directa, fulminante y expeditiva en todo acto atentatorio o despreciativo de la Patria. Uniformados de azul claro, con himno y saludo fascistas, los legionarios, procedentes en gran parte del Tercio de Africa, emprendieron algunas algaradas, pero no pasaron de ser unos pistoleros reaccionarios literalmente barridos por las izquierdas en 1931. El PNE disponía de una segunda línea para cubrir bajas: servicios auxiliares (diario La Legión), batallones femeninos (legionarias) y organizaciones subsidiarias como la Unión Nacionalista Obrera (embrión de sindicato) y la Juventud Nacionalista Española. Albiñana apoyó el golpe de Sanjurjo y fue confinado en las Hurdes. En el cenit de su popularidad, pero no de su fuerza política, logró el acta de diputado por Burgos en 1933 gracias al apoyo de la CEDA.

Al surgir Falange Española (FE), la mayoría de sus legionarios se pasaron al grupo de Primo de Rivera. El PNE continuó llevando una vida lánguida en el Bloque Nacional, sobreviviendo a 1936. Ramiro Ledesma Ramos (Alfaraz, Zamora, 1905-Madrid, 1936), principal teórico del nacionalsindicalismo, colaboró en un principio en Revista de Occidente de Ortega y en La Gaceta Literaria de Giménez Caballero. El 14-3-1931 funda la revista La Conquista del Estado, cuyo manifiesto, lanzado el mes anterior, decía:

"(...) Nacemos con cara a la eficacia revolucionaria. Por eso no buscamos votos, sino minorías audaces y valiosas. Buscamos jóvenes equipos militantes, sin hipocresías frente al fusil ni a la disciplina de guerra. Milicias civiles que derrumben la armazón burguesa y anacrónica de un militarismo pacifista. Queremos al político con sentido militar, de responsabilidad y de lucha..."

Antes de desaparecer, La Conquista del Estado da cuenta, el 10-X-1931, de la fusión con el grupo de Onésimo Redondo en las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS), adoptando como signos exteriores los gritos Arriba España y España, una grande y libre, además del yugo y las flechas y la bandera rojinegra.

Onésimo Redondo Ortega (Quintanilla de Abajo, Valladolid, 1905-Labajos, Segovia, 1936) contactó con la doctrina nazi siendo lector de español en Mannheim. Tras actuar en un sindicato remolachero, el 9-VIII-1931 crea las Juntas Castellanas de Acción Hispánica (JCAH), de ideología vagamente similar al grupo de Ledesma. Onésimo cree que la juventud debe ejercitarse en la lucha física, debe amar, por sistema, la violencia. La violencia nacional es justa, es necesaria, es conveniente. Es una de nuestras consignas permanentes la de cultivar el espíritu de una moral de violencia.

Repleto de un catolicismo hispanista con ciertos toques antisemitas, en su periódico vallisoletano Libertad asegura: "(...) Bastan en cada provincia un centenar de jóvenes guerreros para dar en el polvo con ese sucio fantasma de la amenaza roja." A pesar de algunas acciones en Madrid y Valladolid, Ledesma reconoce que en 1932 la actividad de las JONS ha sido casi nula, con fuerte descoordinación entre los focos de Madrid y Valladolid. En la capital, su fuerza no llegaba a 25 militantes. La suerte parece cambiar en 1933. La subida al poder del NSDAP (Partido Nacionalsocialista alemán) y unos alborotos en la Facultad de Derecho con la FUE (organización estudiantil izquierdista) el 10 de marzo popularizan el movimiento, que recibe a 400 estudiantes.

A finales de junio se relanza la acción directa: un centenar de jóvenes dirigidos por Ramón Ruiz se organizan en escuadras de cinco individuos para dar la batalla a la izquierda en las calles. Estos grupos se solían reunir en los jardines de la Plaza de España.

Los hechos violentos se suceden: las JONS asaltan el 14 de junio la oficina de los Amigos de Rusia y roban el fichero. El día 22 unos 3.000 presuntos fascistas, entre ellos Ledesma, son detenidos como integrantes de un supuesto complot contra la República. Con todo, JONS mantiene una situación económica estable, favorecida por Juan March, Goicoechea y algunos industriales vizcaínos.

En agosto de 1933 (revista JONS, número 3) se lanza una circular en que se ordena: "Todas las JONS locales deben tener conocimiento exacto de la importancia de las organizaciones marxistas de su ciudad, vigilando, sobre todo, sus preparativos de violencia y el espíritu con que esperan o provocan la acción revolucionaria." Una nueva circular en diciembre dice: Necesitamos que todos los militantes robustezcan su sentido de la acción. Para Ledesma hay tres justificaciones a la violencia de las juventudes: ruptura de valores decrépitos, traidores e injustos; defensa contra los enemigos (marxismo, separatismo), y demostración de la entereza, capacidad y licitud histórica que mueve a los soldados de la revolución nacional. Pero desde octubre, las JONS tienen un fuerte competidor: José Antonio Primo de Rivera y su Falange Española. José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia (Madrid, 1903-Alicante, 1936) ha leído La Conquista del Estado y La Gaceta Literaria, y participado junto a Ledesma en la frustrada aparición del periódico El Fascio, el 16-3-1933.

En primavera-verano de ese año crea con el famoso aviador navarro Julio Ruiz de Alda y Alfonso García Valdecasas, antiguo intelectual de la Agrupación al Servicio de la República y creador del Frente Español en 1932, el Movimiento Español Sindicalista (MES), de corta vida. El 29-X-1933 funda FE (en principio, Fascismo Español, y gracias a la sugerencia de Ruiz de Aida, Falange Española) en un acto celebrado en el teatro de la Comedia de Madrid. Asisten tradicionalistas, albiñanistas, antiguos miembros de la Unión Patriótica de su padre, monárquicos, Ledesma con algunos jonsistas y militares como Varela. Su discurso es tomado en algunos sectores como una provocación, y aunque la sesión se celebra al parecer a puerta cerrada y en medio de fuertes medidas de seguridad, no faltan incidentes una vez finalizada. Falange Española nacía en medio de los peores augurios. Los primeros enfrentamientos del nuevo partido tienen lugar durante la campaña electoral de noviembre, en la que José Antonio es elegido diputado por Cádiz (tiroteo en un mitin celebrado en San Fernando).

Ese mismo mes, Ruiz de Alda funda el Sindicato de Estudiantes Universitarios (SEU) con Matías Montero y Alejandro Salazar. Su primer objetivo, reconocido por Ruiz de Alda a inicios de 1934, es la destrucción de la FUE. Hay que acabar con el marxismo. El SEU engloba a la militancia más joven y aguerrida de FE, y se organiza con un sistema triangular, en el que uno de sus elementos sirve de enlace. Esta distribución jerárquica, pero con cierta autonomía y que facilita la difusión de órdenes, se extiende pronto a las milicias del partido. En estos primeros tiempos, José María Fanjul dirige una centuria compuesta por dos falanges (Ciencias y Derecho) y dos escuadras que pronto se convierten en falanges de Filosofía y Farmacia. Los demás estudiantes se integran en la centuria de Luis Aguilar. Las milicias son disciplinadas por el comandante Arredondo, antiguo legionario de Africa y upetista (de la Unión Patriótica primorriverista). En un principio, FE es un movimiento de tendencia claramente reaccionaria. Ya desde el invierno de 1933-34 habían comenzado las infiltraciones de derechistas: upetistas, monárquicos de RE como Juan Antonio Ansaldo (aviador y amigo personal de Ruiz de Alda), el comandante Arredondo y el teniente coronel Rada, retirados por la ley Azaña. Estos tres últimos estructurarán lo que, tras su salida del partido y bajo el mando de Agustín Aznar, será conocida como Primera Línea de Madrid o Falange de la Sangre.

El reparto de los primeros números de la revista FE provoca las primeras muertes entre los vendedores, a pesar de su escolta de pistoleros. José Antonio mantiene entonces sus escrúpulos sobre la realización de posibles represalias y la posibilidad de convertir la organización en un instrumento de terrorismo irreflexivo. Falange necesitaría, según su jefe, cargarse de razón y de luto para acudir en venganza. Como represalia a la agresión de un miembro del SEU, la Primera Línea, al mando de Aznar y Matías Montero, asalta el 25-1-1934 el local de la FUE en Medicina, con un saldo de heridos y graves destrozos que suscita un sonoro debate parlamentario. En descomunal venganza, el 9 de febrero es asesinado Matías Montero en la calle de Mendizábal. El debate sobre la actitud a tomar en estos casos se abre en el seno del joven partido: mientras Primo de Rivera representa la postura moderada, Ansaldo, Ruiz de Alda, etcétera, pretenden forzar la situación y acentuar la lucha para intentar obtener ventajas políticas. Tras una serie de contactos previos, el Consejo Nacional de JONS discute del 11 al 13 de febrero de 1934 los siguientes puntos:

1. Actitud de JONS ante el grupo fascista FE.
2. Creación de los organismos a través de los cuales debe conseguir el partido una eficacia violenta en el terreno de la acción antimarxista.
3. Fijación de las consignas base de la propaganda de 1934. Posible radicalización de la línea revolucionaria, robusteciendo la posición jonsista entre la pequeña burguesía y los trabajadores (JONS, número 8, enero 1934).

A pesar del recelo por el derechismo de FE, la fusión es aceptada. Se mantiene la estructura jonsista de un triunvirato ejecutivo (Primo de Rivera, Ruiz de Alda y Ledesma) y sus símbolos. En el número 7 de FE, José Antonio reconoce que las JONS son la primera guerrilla del estilo nuevo, y que se ha realizado la unión para evitar un enfrentamiento violento.
En este momento los afiliados a FE (según Payne) eran unos 2.000 y a JONS menos de 300. Las primeras manifestaciones del nuevo grupo (Ruiz de Alda: ¡Estamos en estado de guerra!) apelan a la violencia (Ledesma: ¡Castellanos, a las armas!). Los mismos puntos de FE, que se ratificarían posteriormente, sancionarán esta postura:
" (...) Todos los hombres recibirán una educación premilitar que les prepare para el honor de incorporarse al Ejército nacional y popular de España. La vida es milicia y ha de vivirse con espíritu acendrado de sacrificio."

No falta la violencia de hecho: el 4-3-1934 se celebra en Valladolid un mitin por la unificación, considerado por Bravo como el primer acto fascista puro. A la salida hay un intercambio de disparos que se salda con la muerte de un simpatizante falangista y la expeditiva actuación de la Primera Línea vallisoletana, dirigida entre otros por José Antonio Girón. Los enfrentamientos se suceden y el 27 de marzo cae asesinado en Madrid el joven de quince años Jesús Hernández. FE de las JONS es acusada de corromper a menores y el Gobierno prohíbe la adscripción política a menores de dieciocho años. Para salvar este obstáculo, importante para un partido con gran masa juvenil de seguidores, éstos ingresan en las belicosas milicias del SEU. El mismo Primo de Rivera sufre un atentado y persigue a los pistoleros por la calle Altamirano. Pero el partido aún no disponía de medios para una réplica contundente. ABC tacha a FE de franciscanismo, y Ansaldo, impaciente por entrar en acción, declara: "José Antonio podría ser presidente de la Liga Mundial Antifascista ". Arredondo y Alvargonzález no logran disciplinar a los ardorosos falangistas, y a mitad de invierno la organización ha caído en el caos. Nombrado jefe de objetivos (virtual jefe de milicias) en abril de 1934, Ansaldo da a los grupos de choque más agresividad y primacía, creando graves problemas a la dirección política.

Cerrados casi todos los centros de FE y SEU en abril de 1934 y clausurada la revista FE, el triunvirato organiza una concentración de milicias en un aeródromo privado de Carabanchel el domingo 3 de junio. El lunes 4, el diario Luz presenta a toda plana la concentración de 20 centurias fascistas. Diversos diarios piden responsabilidades al Gobierno por su negligencia ante la exhibición fascista, cuidadosamente planeada y que por el amplio tratamiento periodístico reporta al partido un nuevo impulso en su militancia. A mediados del año 1934, el cuadro organizativo de las milicias de FE de las JONS está plenamente esbozado. Integran el partido adheridos y militantes. Estos últimos pueden acceder a los grupos de acción, llamados Falange de la Sangre y después Primera Línea, dirigida personalmente por Ansaldo y su lugarteniente Manuel Groizard (gravemente herido en atentado el 1-VII-1934). Los más veteranos integran la Segunda Línea (organización, proselitismo y propaganda), ayudados por la incipiente Sección Femenina de FE, fundada en junio de 1934 por Pilar Primo de Rivera (jefe nacional) y Dora Maqueda (secretaria nacional). Jefes de milicias serán sucesivamente Arredondo (febrero-abril 1934), Ansaldo (abril-junio), teniente coronel Rada (julio-diciembre) y Agustín Aznar (desde inicios de 1935).

Para comprobar el estado real de las milicias, el 10-VI-1934 se planea una provocación a los chíribis (juventudes socialistas) en la orilla izquierda del Manzanares por la primera y segunda centurias de Madrid. Como brutal represalia, el falangista Cuéllar muere en la acción, y en la venganza, llevada a cabo espontáneamente por Ansaldo y Groizard sin consultar al Triunvirato Ejecutivo, cae la socialista Juanita Rico en la calle de Eloy Gonzalo. Los entierros de las víctimas de ambos bandos se efectúan clandestinamente y en medio de una gran tensión. Con todo, a mediados de 1934 parece evidente que FE de las JONS no impresiona políticamente, acosada por una derecha triunfante y una izquierda luchadora en la calle. El foso entre la Falange intelectual y la Falange militante se ensancha desde que el aventurero Ansaldo se hace cargo de las milicias con el objeto (según Payne) de ponerlos al servicio de los monárquicos. Para ello, Ansaldo prepara una especie de golpe de los pretorianos, unos escuadristas que exigirán a José Antonio una actitud más violenta o el abandono del partido. Se piensa incluso en matarle. Cuando Primo de Rivera, sospechando la conspiración, pregunta a Ansaldo, éste lo reconoce franca y fríamente. José Antonio recaba de los otros triunviros la expulsión del jefe de objetivos. Contra la opinión de Ruiz de Aida, su amigo personal, Ansaldo es expulsado en junio y sigue conspirando por la monarquía desde Biarritz.

Después de la reestructuración de las milicias falangistas por Ansaldo, éste y Primo de Rivera organizaron una concentración en el aeródromo particular de Estremera (Carabanchel) para el domingo 3-VI-1934. El viernes 1 por la noche, los jefes de centuria conocieron la consigna a través de los agentes de enlace con uno de los triunviros. Los jefes de centuria avisaron a los de escuadra y en la mañana del sábado se convocó a la sección de transportes.
Mediante notas secretas, los falangistas se concentraron en lugares convenidos a primera mañana del domingo, y ascendieron a autobuses y camionetas. En la carretera de Carabanchel se situó una avanzadilla para comunicar a cada uno de los jefes el punto de reunión, y de 8.30 a 9 las centurias comenzaron a salir de Madrid. El acto estaba previsto para las 10, y se calculaba la asistencia de veintiocho centurias, aunque a última hora ocho se quedaron en Madrid por diversas causas (entre ellas, sabotajes de los chóferes). Las veinte centurias restantes (Jato habla de 1.000 asistentes, Ansaldo de 500 a 800 y Bravo de unos 3.000 falangistas) formaron en filas de cuatro escuadristas. Los triunviros subieron por la Vereda del Soldado y fueron recibidos con saludos a la romana (el partido aún no tenía himnos ni cánticos), para pasar seguidamente revista a la formación, haciendo observaciones sobre la regularidad y disciplina de cada centuria.

A continuación, José Antonio pronunció una arenga militar: "Sois pocos aún, pero ya más de los que acompañaron a Hernán Cortés en su epopeya mejicana..." Un avión sobrevoló la formación a baja altura y los triunviros ordenaron el desfile de las escuadras hacia la carretera, practicándose movimientos y ejercicios de combate. En ese momento llegó la Guardia Civil del puesto de Carabanchel, y el teniente Ramón Ossorio pidió el permiso para la concentración. Al no tenerlo, José Antonio hubo de presentarse en el juzgado de la población, donde se le tomó declaración y se redactó un atestado. A la vuelta se rompieron filas y las escuadras volvieron poco después de mediodía a Madrid por la carretera de Extremadura y la de Carabanchel Alto, donde hubo altercados con los vecinos. Desde un chalet cercano, algunos curiosos asistieron a la concentración: los militares Martín Alonso (después jefe de la Casa Militar de Franco), Galarza, Jorge Vigón, etcétera. Por la noche, los dirigentes del partido cenaron en casa de Ansaldo, y mientras Fernández Cuesta y Ledesma mostraban las primeras fotografías y recortes de prensa, los falangistas quemaban periódicos izquierdistas, distribuían pasquines y realizaban pintadas. La centuria de Fanjul quemó en las Ventas dos autobuses de una empresa que había boicoteado el acto. El lunes, el diario Luz aireó la noticia, pidiendo responsabilidades a la Dirección General de Seguridad por la exhibición fascista. Lo curioso del caso es que la noticia, al parecer, fue vendida a este periódico por el propio Ledesma, con fotografías de Agripino Cormín, que trabajaba asiduamente en FE y Arriba.
En incómoda situación, el Ministerio de Gobernación impuso a cada miembro del triunvirato, Fernández Cuesta y Ansaldo, una multa de 10.000 pesetas por reunión ilegal. Pero el fin propagandístico se había logrado.

Debido a las últimas acciones, el 10 de julio José Antonio, Moreno Herrera (marqués de la Eliseda y segundo parlamentario de FE) y 67 falangistas son arrestados. Primo de Rivera aboga con tal vehemencia por los detenidos que aumenta grandemente su popularidad en el seno del partido. En agosto se funda la Central Obrera Nacional Sindicalista (CONS), dirigida por el ala revolucionaria del partido (Ledesma, Mateo) y concebida como una fuerza de choque antisocialista y sindicato amarillo. El día 20 de ese mismo mes, Goicoechea y Primo de Rivera firman un pacto ratificando los diez puntos de El Escorial sobre las características del futuro nuevo Estado español. Además, RE asigna una ayuda económica a FE que debe distribuirse de la siguiente manera: toda cantidad que exceda a la ayuda de 10.000 pesetas mensuales debe repartirse en un 45 por 100 a los gastos de organización de milicias, otro 45 por 100 a la CONS, quedando el resto a libre disposición del mando de la organización (punto 41. El punto 5.° sanciona de hecho un control efectivo de RE sobre la organización militar falangista: (...) con el fin concreto y fijo de comprobar el incremento que FE de las JONS pueda alcanzar merced a estas ayudas, se designa un elemento técnico que actuará en contacto permanente con el mando de FE de las JONS, principalmente en su aspecto militar y de choque. Con todo, la ayuda monárquica se mantiene sólo unos meses, pues RE se encuentra con dificultades económicas.

Tras la concentración de Carabanchel, se pensó en organizar un acto de provocación para evaluar la capacidad combativa de las milicias falangistas. El ambiente en la Primera Línea estaba caldeado, pues el 9 de junio había sido tiroteado en Chamartín el doctor Luque y su esposa, al confundir los pistoleros anarco-socialistas su automóvil con el de José Antonio.Así pues, se pensó que el domingo 10 de junio, dos centurias hicieran acto de presencia en las reuniones de los despectivamente llamados chíribis (Juventudes Socialistas) que se celebraban en la Playa de Madrid (Montes del Pardo). Ese día, unos treinta falangistas se apostaron en un montículo cercano a un grupo de jóvenes socialistas, y la provocación no se hizo esperar: a los silbidos falangistas respondieron los socialistas con disparod. El joven falangista Juan Cuéllar cayó muerto, y su cadáver fue desfigurado por la saña de los rivales. Al llegar la policía y confiscar las armas, encontró en las inmediaciones del lugar a Miguel Primo de Rivera y otros amigos, quienes declararon pasar casualmente por allí.

Los dirigentes de la Falange de la Sangre Agustín Aznar, J. A. Ansaldo y su lugarteniente Manuel Groizard, planearon sin consultar al triunvirato ejecutivo una acción de represalia. A última hora de la tarde, un grupo de socialistas descendía de un autobús en la calle Eloy Gonzalo cuando tres pistolas dispararon desde un coche ocupado, al parecer, por seis personas. La joven socialista Juanita Rico resultó muerta y cuatro compañeros heridos (uno de sus hermanos quedó invalido como consecuencia del atentado). Cuando la noticia se extendió, estalló la indignación popular, con disturbios en los barrios bajos y la Moncloa. Al día siguiente se efectuaron los entierros de las víctimas del domingo en medio de un ambiente enrarecido. Simultáneamente fue tiroteado el centro de Falange Española en la calle Marqués del Riscal, con dos heridos. Se responsabilizó del atentado a Guitarte y Aguilar. Mundo Obrero acusó a Alberto Ruiz (alias El Cejas), Martínez, Merry del Val, Johnny Haisal y... ¡Pilar Primo de Rivera! de ser los autores directos.

No está probado que los falangistas utilizaron el automóvil de Alfonso Merry del Val, hijo de diplomático, quien dispuso de una buena coartada y fue absuelto el 19 de agosto de los cargos que se le imputaban. Pero su coche presentaba sospechosas huellas de impactos de bala... Poco después, el joven salió de España. La contrarréplica no se hizo esperar: pistoleros de las Juventudes Socialistas hirieron de gravedad el 1 de julio a Groizard, al que consideraban responsable del atentado. Ansaldo fue expulsado de Falange poco después por su apego a la violencia, por actuar sin el permiso del triunvirato, y en especial de José Antonio, a quien repugnaba la sangrienta reputación que iba adquiriendo el partido. La prensa izquierdista rindió homenaje a Juanita Rico como primera víctima del fascismo. 

El primer Consejo Nacional se reúne el 4-X-1934 en la sede de la calle del Marqués de Riscal. A la noche, al conocerse la noticia de la huelga general, FE ordena a su Primera Línea que esté preparada para combatir. A las 12 de la noche, Primo de Rivera se ofrece al ministro de Gobernación para luchar contra la revolución, a condición de que las milicias de FE sean armadas con fusiles y mandadas por sus jefes peculiares, a las órdenes de la autoridad.

Pero este ofrecimiento y otro análogo al jefe de Estado Mayor, general Franco, fracasan. El día 5, José Antonio obtiene el mando supremo de FE y elige como uniforme del partido la camisa azul mahón, con solapas legionarias para la Primera Línea y sin la boina negra jonsista. El día 7, en plena revolución, se organiza una manifestación por la unidad de España desde la sede del partido hasta la Puerta del Sol. Durante la revolución, FE colabora de forma descoordinada con la autoridad en la represión del levantamiento. Las órdenes recibidas son ofrecer ayuda al cuartel militar más próximo o, en su defecto, al de la Guardia Civil, y nunca en los gobiernos civiles. Según Ledesma, ésta fue una gran oportunidad para aprovechar la confusión reinante y haber tomado el poder. 

Tras Asturias, el partido se reorganiza formulando los 27 puntos, que provocarán otra crisis. Los puntos 14 y 25 (laicismo, control de la Iglesia por el Estado) obligan a Moreno Herrera, dueño de la sede y principal financiador del partido, a dejar Falange. Con él se marcharán en diciembre el teniente coronel Rada, instructor de milicias, que se incorporará al tradicionalismo como inspector nacional de Requetés; el comandante Arredondo y monárquicos como Tarduchy, que ingresarán en la Comunión Tradicionalista.

El partido entra en una total crisis financiera y la militancia se reduce a unos 5.000 afiliados. Pronto se produce la reacción del ala izquierda de FE: Ledesma trata de levantar a los sindicalistas de CONS contra José Antonio, que por señorito y aristócrata es incapaz de mandar un movimiento revolucionario. Después que Onésimo y Mateo decidan mantenerse fieles a la jefatura, José Antonio interviene apasionadamente en la sede del sindicato, aplasta la rebelión y expulsa a Ledesma y otros disidentes el 15-1-1935. Estos crean unas JONS independientes, lo que provoca graves enfrentamientos y agresiones a los voceadores de la nueva revista de Ledesma, Patria Libre. Pero en febrero la crisis interna se ha zanjado.

El 29-IV-1935 cuatro falangistas parten al pueblo minero de Aznalcóllar (Sevilla) con la intención de vender el número 6 de Arriba. Un centenar de personas indignadas obligan al grupo a marcharse precipitadamente del pueblo. El jefe del servicio, Pablo Gutiérrez Tagua, da cuenta de los hechos al jefe de Sevilla, Sancho Dávila. Para hacer prevalecer su opinión, se prepara una excursión nocturna de dos escuadras, al mando de Martín Ruiz Arenado y Manuel García Mínguez, gallego y perito industrial. A las seis de la tarde salen de la cervecería Madrid de Sevilla tres automóviles de alquiler con veintiún falangistas. Al llegar a Aznalcóllar, Martín ordena a los chóferes permanecer con sus coches a la salida del pueblo, junto a dos escuadristas de guardia. Los diecinueve restantes avanzan hacia el centro del pueblo.  Comienza el despeje de la calle principal y los fascistas vocean el Arriba. Dos guardias municipales informan del hecho al alcalde, que avisa a la Guardia Civil. Mientras tanto, una piedra abate salvajemente al escuadrista Francisco Moreno, y Martín Ruiz ordena a los escuadristas armados con porras que evacuen al herido.  García Mínguez es alcanzado por una piedra. Ruiz Arenado le recoge exánime. En ese momento, cuando los falangistas tratan de alcanzar los coches, aparece la Guardia Civil y pone orden en la confusión. García Mínguez resultó muerto y dos escuadristas más fueron heridos. Entre los vecinos de Aznalcóllar hubo un muerto y cinco heridos tras el enfrentamiento. Trece falangistas fueron detenidos. José Antonio les defendió durante el proceso, que se saldó con nueve absoluciones y cuatro condenas. Primo de Rivera concedió 5 palmas de plata, 21 aspas blancas, un aspa roja y una palma de plata al banderín de la milicia provincial de Sevilla por estos servicios distinguidos. Como colofón a la tragedia, uno de los chóferes de los taxis utilizados en la expedición fue asesinado días más tarde por elementos de izquierdas.

Los enfrentamientos se suceden: razzia en los almacenes Sepu, acusados de judaísmo y de explotar a sus empleados (16-3-1935); otro asesinato del falangista José García Vara (2 de abril); muerte en Arija del presidente de la Casa del Pueblo y dos socialistas más (8 de abril); graves enfrentamientos en Aznalcóllar con varios muertos (29 de abril)...El 19 de mayo se da un importante mitin en el cine Madrid ante miles de personas. El acto tiene gran resonancia, por su emotividad (culto a los caídos) y por la ostentosa exhibición de las milicias madrileñas. El 16 de junio, José Antonio convoca a la Junta Política a una reunión clandestina en el Parador de Gredos. Ante el previsible triunfo de las izquierdas en unas próximas elecciones, se acuerda intervenir en un alzamiento.

José Antonio asegura tener el ofrecimiento de 10.000 fusiles y un general (¿Sanjurjo?), previa concentración de las milicias falangistas en Fuentes de Oñoro (Salamanca). Otro proyecto es el asalto y conquista de Toledo, con apoyo de los cadetes del Alcázar, la guarnición y la Guardia Civil. Moscardó se muestra conforme: "si el general Franco me lo ordena..." Ambas acciones parecen inverosímiles y no se concretan. Igualmente se analizan las diferentes fuerzas susceptibles de intervenir y la actitud de varios jefes militares. José Antonio propone sondear al Ejército a través de la Unión Militar Española (UME), que seguirá en contacto con el partido a través de la Sección Militar de FE en Marruecos, hasta 1936.

Tras un complot fallido contra Redondo, las relaciones Madrid-Valladolid continúan tensas todo el año 1935. Al celebrarse el Segundo Consejo Nacional los días 15 y 16 de noviembre, el partido intenta acercarse a la derecha mediante la propaganda de un Frente Nacional contra las izquierdas. Pero FE queda excluida al considerarse excesivas sus exigencias. Como colofón al Consejo Nacional se celebra un nuevo mitin en el cine Madrid, el 17 de noviembre, ante 15.000 personas (según Bravo). A fines de año se compone el Cara al Sol. El 19 de diciembre se comenta en Arriba el llamamiento de Gil-Robles al Frente Nacional: "Cualquier proposición que se encamine a asignarnos el papel de guerrilla o tropa ligera de otros partidos más sesudos no será siquiera escuchada."

El 6-III-1936 mueren asesinados los falangistas José Urra Goñi y el ex legionario Ramón Faisán, que protegían a obreros de la CONS (Central Obrera Nacional Sindicalista).  En la tarde del 11 de marzo es ejecutado en la calle Alberto Aguilera, de Madrid, el estudiante Juan José Olano y queda gravemente herido su compañero de la Facultad de Derecho, el tradicionalista Enrique Valsovel. En casa de Guillermo Aznar, el SEU (Sindicato Español Universitario), dirigido por Alejandro Salazar Salvador, prepara un atentado contra Luis Jiménez de Asúa, catedrático de Derecho Penal en la Universidad Central (donde ya había tenido altercados con los falangistas) y a la sazón vicepresidente primero de las Cortes. Asúa iba escoltado por el inspector de policía Jesús Gisbert desde que actuó como defensor de Francisco Largo Caballero en la causa sobre su responsabilidad por los sucesos que tuvieron lugar en octubre de 1934.

A las 7.30 de la mañana del día 12 de marzo, Alberto Aníbal Martínez toma el automóvil de su hermano con matrícula M-29.033 y, acompañado de José María Díaz Aguado, Alberto Ortega Arranz (tesorero de la Federación Deportiva de Derecho) y Guillermo Aznar Jarner, se apostan a las ocho frente el domicilio del profesor socialista en la calle Goya. Al salir éste, el agente Gisbert recela de la actitud de los jóvenes, y pone sobre aviso a Jiménez de Asúa. En ese momento, los falangistas intentan simultáneamente poner el coche en marcha y disparar, pero el auto no arranca. Semiagachado, Asúa corre en zig-zag entre una lluvia de cristales y consigue penetrar ileso en una carbonería sita en el número 28 de la calle Velázquez. Gisbert entra tras él y exclama: ¡Don Luis, me han matado!, y se desploma pesadamente, herido de muerte. Tras conseguir escapar, Alberto Ortega comunica la acción a dos compañeros y logra ocultarse, pero su indiscreción motiva su detención y la de los encubridores del atentado: Ramón de la Peña, Jesús Azcona, Luis Revuelta y Manuel Valdés. Alejandro Salazar logra eludir a la policía.

La conmoción es enorme, y el 14 de marzo José Antonio Primo de Rivera, casi toda la Junta Política (salvo Alfaro y Mateo), algunos jefes de centuria y muchos escuadristas son detenidos, bajo la acusación de tenencia ilícita de armas y la ruptura de los sellos del local de la calle Nicasio Gallego, 21, cerrado por orden gubernativa el 27 de febrero. Respecto a esto, José Antonio declara: "Los sellos de la puerta los ha rasgado el señor Mallo (director general de Seguridad) con los cuernos." El 15 de marzo, Falange Española tirotea la casa de Largo Caballero, y el 7 de abril pone una bomba en la casa de Eduardo Ortega y Gasset. El 9 de abril un tribunal condena al único autor convicto del atentado, Alberto Ortega, a veinticinco años de reclusión por asesinato y cinco años por tenencia ilícita de armas. Azcona, Revuelta y Peña son castigados con seis años de cárcel. Cada uno deberá pagar 50.000 pesetas de indemnización a los herederos de Gisbert. Manuel Chacel y Manuel Valdés son absueltos. El resto de los encausados consiguen burlar a la justicia. Pero aquí no acaba el drama: el 13 de abril es asesinado en el paseo de Luchana, esquina a la calle Covarrubias, el magistrado del Tribunal Supremo y ponente de la causa por el asesinato de Gisbert, Manuel Pedregal. Alberto Ortega es recluido en el penal del Dueso y morirá asesinado por socialistas en la confusión de los primeros días del golpe militar. Ya en pleno ambiente electoral, José Antonio duda entre tres posturas: una alianza con la CEDA, que fracasará por el problema de la inclusión de mayor o menor número de falangistas en las listas; la conspiración militar, o un intento de búsqueda de aliados por la izquierda, que también fracasará al finalizar sin resultados los contactos con el Partido Sindicalista de Pestaña en 1935 y con el socialista moderado Indalecio Prieto.

En febrero de 1936 parece que la Primera Línea de FE cuenta con unos 10.000 hombres. Payne da una militancia similar al SEU y 25.000 afiliados a FE. El partido se disponía a la sublevación caso de producirse el triunfo del Frente Popular. A fines de la campaña, José Antonio dice en el cine Europa de Madrid: "La Falange relegará (..) las actas del escrutinio al último lugar de menosprecio". Los resultados son desalentadores: FE logra sólo 50.000 votos y ningún escaño. Ante el triunfo del Frente Popular, se ordena una actitud expectante, por si se puede seguir trabajando en la legalidad. Se recomienda evitar provocaciones y exhibiciones innecesarias, desoyendo además toda incitación a la conspiración o golpe de Estado. Previsor ante los tiempos difíciles que se avecinaban, Bravo aconseja a José Antonio organizar eficazmente el aparato ilegal del movimiento y una Primera Línea fuerte. Unos 15.000 japistas defraudados con Gil-Robles ingresan en masa en FE. El 1 de marzo, José Antonio pide a los miembros del SEU que se incorporen a las milicias de FE. 

El día 5 aparece el último número de Arriba y el 11 es asesinado otro falangista, el estudiante Juan José Olano. Como venganza, al día siguiente pistoleros falangistas atentan contra el profesor socialista Jiménez de Asúa y matan a su agente de escolta, señor Gisbert. Clausurado el local de la calle Nicasio Gallego, la ruptura de los sellos pocos días más tarde es la excusa para la detención, el 14-3-1936, de José Antonio y de casi todos los miembros de la Junta Política, junto con numerosos militantes de Primera Línea y otros de provincias; en total, unos 2.000 falangistas. 

Pese a perder a casi todos sus dirigentes, las milicias continúan reuniéndose en secreto. El trimestre previo al golpe militar, FE tiene 40 muertos y más de 100 heridos. José Antonio envía desde la cárcel Modelo de Madrid una circular: ordena la colaboración con el Ejército en caso de alteración grave del orden público en estos días. En una carta a los militantes (21 de marzo), se les recomienda no perder contacto con sus jefes ni con sus camaradas presos. El 4 de mayo, Primo de Rivera lanza a los militantes un manifiesto, pidiendo colaboración para la sublevación. El 20 del mismo mes sale a la calle el primero de los tres números del boletín clandestino No Importa: aquí escribe José Antonio el 6 de junio: "¡Bien haya esta violencia, esta guerra, en la que no sólo defendemos la existencia de la Falange, ganada a precio de las mejores vidas, sino la existencia misma de España, asaltada por sus enemigos! Seguid luchando, camaradas, solos o acompañados. Apretad vuestras filas, aguzad vuestros métodos. Mañana, cuando amanezcan más claros días, tocarán a la Falange los laureles frescos de la primacía de esta santa cruzada de violencia." Se trataba ya de una guerra civil encubierta. Las milicias proclaman que de la vida del jefe nacional responde la de Azaña.

El 5 de junio, el líder de FE es trasladado a Alicante en medio de un fenomenal escándalo, y en una nueva circular del día 24 pide a los jefes provinciales que no se dejen embaucar por cualquier tipo de conspiradores que sólo consideren a FE como un elemento auxiliar de choque. Toda invitación a la conspiración deberá ser notificada al jefe nacional. FE ya es entonces un grupo experimentado en la lucha callejera. En los incidentes del 14 de abril ha muerto el alférez De los Reyes. En su entierro, el día 16, se produce un tiroteo con víctimas. Las represalias son de una dureza desconocida: se proclama que por cada falangista muerto se matará a 10 izquierdistas, y se pretende asaltar el Congreso de los Diputados. Las centurias de Agustín Aznar se adueñan del centro de Madrid, pero, carentes de dirección, son incapaces de forzar la situación y arrastrar al Ejército. Es tal el clima prebélico que en la villa lucense de Sarriá se proclama el Estado fascista. El 29 de junio, José Antonio envía una circular a las jefaturas territoriales y provinciales. En síntesis, se trata de lo siguiente:

1. Cada jefe territorial o provincial se entenderá exclusivamente con el jefe superior del movimiento militar en el territorio o provincia. La contraseña será Covadonga (cambiada por Granada al ser interceptado este mensaje).
2. FE intervendrá con sus unidades propias, mandos naturales y distintivos.
3. Si el jefe de FE y el militar del territorio se ponen de acuerdo, parte de la fuerza de Falange, que nunca excederá de un tercio, podrá ponerse a disposición de los jefes militares para engrosar sus unidades.
4. El jefe territorial concertará con el militar todo lo relativo al armamento largo de las fuerzas de FE. Basta con señalar el lugar donde en un momento dado se puede dirigir cada centuria, falange o escuadra para recibir armas.
5. El jefe militar deberá prometer que el mando de la provincia o territorio no será entregado a persona civil alguna hasta tres días después de triunfar el movimiento y durante ese plazo lo ejercerán militares.
6. Desde el instante de recibir estas instrucciones, cada jefe territorial o provincial mantendrá enlace constante con las jefaturas locales, para movilizaren el plazo de cuatro horas a todas las fuerzas de primera línea, y agrupar a las fuerzas en sitios determinados, en agrupaciones de una falange por lo menos (tres escuadras).
7. De no ser renovadas, estas órdenes se anularán el 10 de julio a mediodía (posteriormente se prorrogan hasta el día 20).

El 11 de julio, un grupo de falangistas toman Unión Radio de Valencia y anuncian la inminencia del movimiento nacionalsindicalista. Este mes FE alcanza la cifra de ¡70 muertos! desde su fundación. El 12 es asesinado el teniente Castillo, instructor de las milicias socialistas y sospechoso de ser uno de los responsables del tiroteo durante el entierro del alférez De los Reyes. En venganza, guardias de asalto al servicio del Frente Popular asesinaban a Calvo Sotelo aquella misma madrugada. Prevenido desde el día 16 de la inminencia del Alzamiento, José Antonio envía una carta a Mola: "Si en 72 horas la rebelión no se desencadena, la Falange comenzará por su propia cuenta en Alicante." El día 17, José Antonio envía un último manifiesto; no llega a ser distribuido. Por fin, el Ejército se subleva en Africa, sorprendiendo paradójicamente a todas las milicias izquierdistas en plena desorganización. En la zona sublevada sólo el Requeté está en condiciones de combatir. Debilitada por la clandestinidad y con sus principales dirigentes en la cárcel, FE y sus milicias necesitarán cierto tiempo para adaptarse al nuevo tipo de lucha: una guerra convencional, aunque guerra civil, que durará tres años.