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domingo, 9 de noviembre de 2014

VICENTE ROJO, EL GRAN ESTRATEGA


Vicente Rojo Lluch (n. Fuente la Higuera (Valencia) 8 de octubre de 1894 - f. Madrid, 14 de octubre de 1966) fue un militar español jefe del Estado Mayor del Ejército republicano durante la Guerra Civil Española. Es conocido por su participación al frente de las fuerzas del bando republicano durante la Guerra Civil Española en la defensa de Madrid, así como en la planificación operativa de la Batalla del Ebro, (ocupando ya el puesto de General del Estado Mayor), la Brunete, y finalmente el Plan P. A pesar de estar en el bando republicano, él mismo se definió como católico, apostólico y romano.

Al finalizar la Guerra estuvo exiliado en diversos países: Francia, Argentina y Bolivia. En el año 1957 logra regresar de nuevo a España y es juzgado por "auxilio a la rebelión" y perdió el cargo militar. Fue autor de diversos libros relativos a la narración histórica de la Guerra Civil Española, así como del entorno social que rodeó al conflicto. Durante su vida, pre y posbélica, ejerció de profesor y publicó diversos libros especializados en diversos campos de la ciencia militar.

Su madre murió cuando Vicente tenía trece años de edad, y él no tuvo opción, fue asignado de inmediato a la institución en representación de internado denominada los Huérfanos de Infantería. Se puede decir que Rojo no eligió la carrera militar, ingresó en esta institución en calidad de huérfano de militar. Agravado por la situación económica de su familia en el año 1911, ingresa en la Academia de Infantería de Toledo.

Una enfermedad en el ojo izquierdo retrasa sus estudios, tras tres años de convalecencia aprende a disimular el problema de su reducción de visibilidad. Vicente pudo pasar estos primeros años gracias a las aportaciones económicas solidarias de sus hermanos mayores. En esta su primera estancia en el Alcázar de Toledo estudiando hizo grandes amistades con algunos de sus compañeros. Su coronel José Villalba Riquelme lo recordaría como un aplicado alumno, del que finaliza sus estudios en el año 1914 con el grado de subteniente, habiendo obtenido el número dos en una promoción de 390 cadetes alumnos de la academia. Franco había acabado años antes, en 1911, los estudios en la misma academia.

Su primer destino se realiza en Barcelona, en junio de 1914 siendo asignado al Regimiento Vergara 57. Era una época complicada de conflictos sociales en las calles barcelonesas. Estuvo conviviendo en la misma casa con su hermano Fernando Rojo, tres años mayor que él. Su hermano trabajaba en la Catalana de Gas y Electricidad y logró mantener su empleo hasta después de la Guerra Civil. Al igual que Vicente se había educado en un orfanato militar de Toledo (María Cristina), sólo que al final no eligió la carrera militar.

Este periodo barcelonés de Vicente fortaleció el vínculo de ambos hermanos. Durante esta época tuvo que enfrentarse como represor a las huelgas catalanas, y por otra parte tenía que oír las versiones de su hermano (que se encontraba en el otro bando). Fernando durante la Guerra se afilió a la UGT, aunque esta actitud era normal durante la guerra por motivos de supervivencia. La penuria económica y el bajo sueldo de Vicente en Barcelona (que correspondía a 35 duros) le obligan a solicitar el destino de Marruecos a la campaña africana de España. El destino de Marruecos era prometedor, el rey Alfonso XIII había concedido ventajas de ascenso en el escalafón a los militares destinados allí. Es muy probable que Vicente quisiera probar suerte.

El 10 de enero de 1915 se incorpora al Regimiento de Infantería de Córdoba nº 10, este destino se encuentra en la mitad de camino entre las posiciones de Ceuta y Melilla en el protectorado español de Marruecos. Este era un lugar en que los militares españoles ambiciosos lograban en un corto periodo de tiempo posiciones altas en el escalafón.1 Tras pasar un periodo de aclimatación en Córdoba el 18 de febrero se incorpora al Batallón de Cazadores Arapiles nº 9, estacionado en Tetuán. Su bautismo de fuego lo tuvo en la ciudad de Laucién, y fue una escaramuza. El 29 de junio de 1916 tuvo lugar una importante operación en la cabila de Anyera, el Batallón de Cazadores de Arapiles tuvo participación en dicha operación.10 Durante este periodo tuvo que realizar diversas operaciones militares, alternó posiciones avanzadas con las de retaguardia, a finales de 1916 fue condecorado con Cruz Roja al Mérito Militar. En junio de 1918 ascendió a Capitán. Participó en la misión de Alcazarseguir en el norte de Marruecos.

En este ambiente militar, Rojo participó en numerosas Juntas de Defensa, dichas juntas eran una especie de tribunales de justicia encargadas de imponer moralidad. La aventura africana no parece lograr en Rojo las satisfacciones deseadas, y tras solicitar cambio de destino el 12 de julio de 1919 se incorpora al Regimiento de Infantería Vergara número 57 ubicado en Barcelona. En sus periodos de permiso que disfrutó en Ceuta conoció a Teresa Fernández, ambos contraen matrimonio en Madrid el 13 de marzo de 1920. Tras casarse es destinado al Batallón de Cazadores de Montaña Alfonso XII número 1 ubicado en Vich, en 1922 tiene su segundo hijo y logra ser destinado como profesor en la Academia de Infantería de Toledo, algo que llevaba deseando desde varios años. La Academia de Infantería era la única institución de enseñanza para los oficiales de la época.

Ascendido a comandante el 25 de febrero de 1936, al estallar la guerra civil, en julio de 1936, se mantuvo leal al gobierno de la República, y fue uno de los militares profesionales que participó en la reorganización de las fuerzas republicanas durante los instantes posteriores al golpe de Estado. La intención recelosa del gobierno de Giral fue la de desmantelar el ejército, finalmente en agosto de este mismo año se reactivan los escalafones militares. No es de suponer que se cuestionase la lealtad de Vicente Rojo ya que desde los primeros instantes fue trasladado a las oficinas del Estado Mayor del Ministerio al mando de Hernández Saravia. Debido a las operaciones de acoso a la Capital desde el norte, el 24 de julio partía a Somosierra para incorporarse a una columna que estaba bajo las órdenes de Enrique Jurado, estuvo destinado hasta el 28 de agosto en Lozoyuela, tras este primer punto de contacto regresó al Estado Mayor. El primer contacto con los milicianos fue muy bien entendido y fue considerado a partir de ese primer destino. Durante esos meses de gran actividad tuvieron que reorganizar un nuevo ejército capaz de enfrentarse con las tropas nacionales que avanzaban por Extremadura hacia la capital, en ese intento se creó la Inspección General de Milicias con el objeto de controlar los batallones de voluntarios. El 18 de agosto llegan las noticias de la toma de Badajoz y de las brutales represiones posteriores por parte del general Yagüe.

Una de las primeras misiones asignadas a Vicente Rojo (en compañía de un miliciano al que denomina simplemente M. en sus papeles) fue la de pactar una rendición al asediado Alcázar de Toledo el 9 de septiembre de 1936, esta misión (propuesta por Largo Caballero) fue ciertamente dura para él, ya que suponía volver a la academia en la que estuvo destinado como profesor durante casi una década. El 8 de septiembre la Junta de Defensa de Toledo (ubicado en la casa de Correos) redacta el mensaje que debe aceptar Moscardó. Rojo sabe de antemano que Moscardó no aceptará las condiciones. Ese 9 de septiembre a las diez de la mañana entra por Puerta de los Carros con los ojos vendados a entrevistarse con Moscardó. Muchos de sus viejos camaradas se encontraban en su interior (entre ellos su antiguo colaborador Emilio Alamán Ortega). La recepción en el Alcázar por el general Moscardó fue fría y protocolaria, escuchó las condiciones y posteriormente permitió que Rojo saludara a sus antiguos colegas. Solicitó la entrada al recinto de un sacerdote para que pudiera hacer sus servicios religiosos en el Interior del Alcázar. Regresó a Madrid e informó en persona a Largo Caballero de lo sucedido.

En octubre de 1936 fue ascendido a teniente coronel siendo designado Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa,
mandadas por el general Miaja, jefe de la Junta de Defensa de Madrid, creada para defender la capital a toda costa después del traslado del gobierno de la República a Valencia. En este puesto preparó un eficaz plan de protección de la ciudad, que evitó su caída. A partir de entonces, su fama como organizador no hizo sino aumentar. Su trabajo se fundamentó en organizar las milicias y que pudieran ofrecer un frente disciplinado ante el avance nacional. Evitar la improvisación y promover en la medida de lo posible la organización en el frente.

El 18 de octubre se crean las seis primeras Brigadas Mixtas. El avance de las tropas nacionales hacia Madrid parecía imparable tras la toma de Toledo por el ejército nacional el 28 de septiembre, tras este incidente en la primera semana de octubre se producen las primeras escaramuzas en Illescas. Vicente Rojo fue designado para detener el avance en esa localidad. El general José Asensio Torrado fue designado para planificar esta operación. Los combates comenzaron el día 20 de octubre y duraron hasta el 24 del mismo mes. Durante el acercamiento Rojo pudo comprobar el caos de la defensa republicana, intentó mejorar las comunicaciones en la localidad de Seseña con el objeto de establecer la logística.

Pronto pudo comprobar que las baterías artilleras eran de calibres muy dispares (del 7.5 y 6.5) y que no estaban bien abastecidas, en la mayoría de los casos las recibidas eran del 6.5. Espontáneos brotes de pánico en los frentes, mala preparación de los milicianos, etc. Rojo se da cuenta al estar en la línea de fuego que había muchas cosas que mejorar, es en esta época cuando conoce a Juan Modesto Guilloto el que será su estrecho colaborador. El día 2 de noviembre se le nombra responsable de la sección de Organización y Movilización en el Estado Mayor.

La marcha del gobierno republicano a Valencia se produce el 6 de noviembre de 1936 pero antes dejan al general Pozas que se haga cargo del Ejército del Centro, y la Junta de Defensa de Madrid al general Miaja, la consigna era: la defensa de Madrid a toda costa. Vicente Rojo, que se encontraba bajo las órdenes de Miaja, se hace cargo de la situación desde el primer instante. El perímetro a defender comprendía entre unos 32 a 35 kilómetros. La defensa de Madrid comienza cuando las tropas del general Varela avanzan hasta rebasar la Casa de Campo el día 7 de noviembre.

Algunos autores describen la situación: "Si el General Miaja era la voz de mando, Rojo era la cabeza pensante y la voluntad organizadora". Cuando el día 8 las tropas nacionales avanzan por la Casa de Campo la defensa ya está organizada. Un contraataque de la Brigada 3 hacia Húmera sorprende el flanco izquierdo de las tropas de Varela que tienen que luchar en un terreno boscoso, en el centro se encuentra estancado el frente. En el flanco derecho se producen escaramuzas en Carabanchel, y el día 9 de noviembre hay combate casa a casa. Se luchaba cuerpo a cuerpo, en algunos casos era difícil remunicionar ciertas zonas. El mismo día 8 Rojo abandona el frente para solicitar a Miaja refuerzos en el frente de Moncloa, éste se niega por reservarlos para una ofensiva en el Jarama. Solicitó permiso para convencer en persona a la primera Brigada de las Brigadas Internacionales que se encontraban destacados en Ciempozuelos donde recibió la misma negativa. A partir del 10 y hasta el 14 el Estado Mayor reconsideró su negativa inicial y empezaron a llegar los refuerzos: dos Brigadas Internacionales (XI y XII) y tres mixtas (la 2ª, 5ª y 6ª).

En estos días la familia de Vicente Rojo es evacuada de la casa cercana al frente (Guzmán el Bueno) a la casa del director de cine Luis Buñuel (Menéndez Pelayo). Poco tiempo tuvo para estar con su familia, mientras vivía en el Estado Mayor acompañado de sus tenientes coroneles más allegados. Sobre la tensión vivida durante esos primeros días de noviembre Rojo escribe en su Anecdotario 103 puntos de los que tan sólo pudo describir los títulos. En ellos refleja los problemas habidos con la Junta de Defensa, con los milicianos comunistas, con la Embajada de Finlandia, las peticiones de munición a Valencia, etc.

El 13 de noviembre Barrón toma el Cerro Garabitas de la casa de Campo. El día 15 Rojo prepara una contraofensiva para recuperar Garabitas y fracasa al coincidir con una violenta ofensiva nacional que provocó pánico entre las unidades republicanas. Las tropas nacionales abren brecha y entran en la Ciudad Universitaria hasta el Hospital Clínico y allí la Brigada 3 al mando de Jesús Martínez de Aragón detuvo el ataque. Ese mismo día una comitiva de Miaja y Rojo a inspeccionar el frente a la altura de la Cárcel Modelo y se vieron involucrados en mitad del fragor. El día 23 de noviembre tras una visita de Francisco Franco desde Leganés decide detener la ofensiva. El frente queda parado en el Clínico. El general Miaja decide frenar la situación caótica existentes en las sacas de presos y los paseos, las checas. Uno de los héroes de este primer enfrentamiento fue Manfred Zalmanovich Stern (conocido como general Emil Kléber) y su personalidad era radicalmente diferente a la de Vicente Rojo. Este denunció ante Miaja lo que se vino a denominar como caso Kléber. En dicho informe de nueve puntos señala las discrepancias que hubo entre ambos. Kléber fue relevado de sus funciones en la defensa de Madrid en enero de 1937. Sin embargo la relación de Rojo con el general ruso Vladimir Gorev fue cordial en todo momento.

El 29 de noviembre de 1936 se abre otra ofensiva con fuerte apoyo de aviación en la denominada la primera batalla de la carretera de La Coruña, esta ofensiva está dirigida por García-Escámez. La resistencia organizada por Rojo logró sus frutos paralizando el frente de nuevo. Se comienza el día trece de diciembre la que será la segunda batalla de la carretera de La Coruña, esta ofensiva muestra una maniobra muy preparada, es de mayor alcance que la anterior y se ve frenada por la niebla, que le imposibilita utilizar su mayor poder aéreo y artillero, y por la obsesión de tomar Boadilla, en donde los republicanos muestran su buena preparación para la defensa. El 14 de enero de 1937 cuando se van extinguiendo los combates en la la carretera de La Coruña el general Pozas intenta aconsejar a Largo Caballero de la necesidad de realizar una maniobra de doble envolvimiento a lo largo del Jarama contra las tropas enemigas con el objeto de romper su línea de comunicaciones.

Rojo sostenía que el ataque simultáneo de Brunete hubiera sido vital debido a lo poco protegido que se encontraba la zona. El 6 de febrero el ejército nacional comienza la ofensiva en un frente que va desde Perales hasta Ciempozuelos. El avance resultó imparable hasta que el día 14 consolida el Pingarrón, lugar en el que se centró la serie de ataques y contraataques hasta que el 23 el general Miaja dio por finalizada la batalla quedando todo en un punto de equilibrio. Tras esta ofensiva se esperaba que otra vendría, hasta que el 8 de marzo se produce un avance en Guadalajara de tropas motorizadas italianas (Corpo Truppe Volontarie) en apoyo de Franco. La ofensiva llega hasta Brihuega el día 10 de marzo. Ese día y en ese lugar en el que se estanca por la resistencia del ejército republicano y las Brigadas Internacionales, contribuyendo el mal tiempo a frenar el avance del gran material bélico que transportaban. Para el día 18 se planificó un fuerte contra ataque y se recuperó Brihuega.

Con un prestigio acrecentado, en marzo de 1937 fue nombrado coronel y en mayo, tras la formación del gobierno Negrín, Jefe del Estado Mayor Central de las Fuerzas Armadas y Jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra. Desde este nuevo empleo se encargó de dirigir la expansión del Ejército Popular, y creó el denominado Ejército de Maniobra, que debía servir de avanzadilla ofensiva del Ejército Republicano.

En marzo de 1937 se comenzaba las ofensivas por el Norte y el primer objetivo de las tropas nacionales fue Bilbao. Rojo propone un cambio de estrategia y recomienda pasar a la ofensiva y uno de los objetivos iniciales era lograr el cerro Garabitas desde el que se castigaba Madrid. Se movilizaron varias divisiones y diversos carros de combate (T-26 Soviéticos) así como aviación y artillería y el 10 de abril comenzó la ofensiva, la ejecución se hizo acorde con los planes pero la lucha encarnizada causó tantas bajas que algunos comandantes se retiraron (entre ellos Líster) y el día 14 la operación se suspensión con un balance de 1500 soldados republicanos muertos y las tropas franquistas mantuvieron sus posiciones iniciales anteriores a la operación. La primera ofensiva del Estado Mayor de Rojo había sido un fracaso. El 23 de abril se disuelve la Junta de Defensa de Madrid y tras su ascenso a coronel se le destina Valencia, al Estado Mayor Central. En una reunión de Estado Mayor propuso una ofensiva que cumpliera cuatro puntos: descongestionar Bilbao, reducir el saliente de Teruel y crear una amenaza sobre Zaragoza, alejar al enemigo del Manzanares y cortar por Extremadura las comunicaciones en eje Norte-Sur. El primero de los puntos no pudo lograrse debido a que el 19 de junio Bilbao cayó, los otros sufrieron demoras.

A pesar de todo el 6 de julio de 1937 se puso en marcha la ofensiva de Brunete, la instrucción para su ejecución fue aprobada por Indalecio Prieto, pero llevaba siendo propuesta varios meses antes por Rojo como maniobra para detener el avance por el norte. El avance planificado, a pesar de su claro avance, sufrió diversos percances. El efecto sorpresa funcionó y la campaña hacia Santander de las tropas franquistas fue detenida. La Legión Cóndor apareció por los cielos y acosó a las tropas de Rojo. Al séptimo día de la batalla, se detuvo la ofensiva. Hubo problemas con el abastecimiento de municiones y el ritmo de consumo de municiones artilleras alertó a los altos estamentos del ejército. Madrid en aquella época había dejado de ser un objetivo militar para Franco. El 14 de agosto Rojo anuncia su plan de acción político-militar en el que anuncia tener informaciones sobre el estado de descomposición de algunas posiciones de retaguardia enemiga y era necesario explotar su descontento. Otros intentos de coronel Rojo desde Valencia por detener el avance de las fuerzas nacionales a Santander con una maniobra de distracción.

La operación más ambiciosa que llevó a cabo Rojo ocurre a lo largo de 1938 y fue la ofensiva del Ebro, que dio lugar a la larga batalla del Ebro desarrollada desde el 25 de julio al 16 de noviembre de 1938, y en la cual la República se jugó su prestigio internacional, su capacidad de resistencia y la posibilidad de poder dar un giro favorable al curso de la guerra. Los primeros avances planificados por Rojo fueron exitosos. Tras un primer avance sorpresivo a las fuerzas franquistas, pronto el frente se estabilizó. Los aviones nacionales bombardeaban Barcelona en marzo. Tras la ofensiva de Aragón, que no lograron detener finalmente las tropas republicanas dirigidas por el general Rojo, las tropas de Franco logran tocar el Mediterráneo cortando el 15 de abril, por primera vez, la comunicación de Barcelona con Madrid y Valencia, comienza de esta forma la ofensiva de Cataluña.

Se incluyó de nuevo el plan P de Rojo, pero la gravedad de los acontecimientos negó de nuevo su ejecución. Los primeros días de abril caen Lérida y Gandesa. Rojo en Barcelona con su familia planifica las operaciones militares, pero las tropas nacionales gobernadas por Franco, cambian de parecer y se dirigen a Valencia por la costa. Castellón cae el 14 de junio y Valencia sufrirá numerosos bombardeos aéreos de la aviación fascista hasta el 30 de marzo de 1939, momento en el que consiguen tomar la ciudad. A pesar de la organización de las tropas republicanas el 15 de enero de 1939 cayó Tarragona. El 18 de enero, por insistencia de Negrín, el general Rojo habló por la radio por primera vez en toda la guerra. Ese discurso, cargado de esperanza, impresiona a Antonio Machado que escribe al día siguiente una carta a Vicente Rojo. El 26 de enero Barcelona cae y Rojo menciona que la ciudad poseía los mismos medios materiales y humanos que Madrid en el año 1936, mencionando que Barcelona "se perdió simple y llanamente por no haber voluntad de resistencia". Ya desde el 15 se produjeron desbandadas de población hacia la frontera pirenaica con Francia, la caída de Barcelona agravó la situación. A pesar de aconsejar el general Rojo a Negrín la terminación de la Guerra, Negrín alegó que renunciar, supondría una lucha entre los que querían seguir y los que abandonaban.

Tras la caída de Barcelona, el ejército republicano se concentró el 1 de febrero delante del río Tordera con el objeto de cubrir las regiones de Vich y Seo de Urgel. Se encargó al general Saravia que acaba siendo depuesto de la misión por consejo especial de Rojo. A Rojo lo único que le importaba es que el ejército republicano pasase ordenadamente la frontera con Francia. El 9 de febrero las tropas franquistas alcanzan la frontera de Le Perthus finalizando el paso a la frontera desde el lado español. El general es uno de los últimos de abandonar la frontera y cruzar al lado francés. Las autoridades francesas desarmaban a los soldados, y a aquellos que no poseen referencias les obligaban a confinarse en campos de concentración.

Tras la caída de Cataluña, en febrero de 1939, pasó a Francia a la pequeña ciudad de Vernet-les-Bains lugar donde se reunió con su familia. Teresa, su mujer, da a luz la más pequeñas de las hijas el 29 de septiembre de 1938 y su padrino será Juan Negrín. En esta época Rojo muestra su amistad con el político. La familia estaba junta, con excepción de uno de los hijos que desde el comienzo de la contienda se encontraba en la zona nacional. Rojo pronto comprueba la situación penosa de los refugiados españoles en la zona francesa, ubicados en campos de concentración. Esta situación indignó a Rojo que en su intento de actuar escribe cartas "categóricas" a Negrín reclamando una solución.

En febrero de 1957 regresó a España, gracias a las gestiones de un jesuita que conoció durante su estancia en Bolivia y avalado también por el obispo de Cochabamba, antiguo capellán castrense a las órdenes de Rojo. Desembarcó en Barcelona y se dirigió a Madrid. Nada más llegar a Rojo se le abre un expediente informativo a cargo del coronel Enrique Eymar Fernández, se le comunica que es un procedimiento rutinario con los que llegan del exilio. Vicente se traslada a Sagunto y allí se entera que el procedimiento de expediente informativo acaba elevándose a Causa Criminal.

El 16 de julio de 1957 se le citó para ser procesado por «rebelión militar». Vicente Rojo, amparándose en el artículo 554, recurrió. Con ello se iniciaron los trámites. La situación pareció a Rojo muy ofensiva, tras cuarenta y seis años de servicio sin incidentes, ahora era sentenciado por una causa que le dejaba perplejo. Durante el procedimiento tuvo que acudir cada siete días ante el juez para probar que permanecía en Madrid (Raymond Carr le invitó a Londres y recibió como respuesta escueta: "de ninguna manera"). El día del proceso, eligió un abogado militar de turno, evitando que un amigo le defendiera. En la calificación provisional se le quería procesar a treinta años. El juicio tuvo lugar el 5 de diciembre de 1957. Finalmente sería juzgado por "auxilio a la rebelión", en su calidad de excomandante del Ejército, paradójicamente por el hecho de no haberse rebelado contra el gobierno legítimo de la República.

Vicente Rojo padecía de un enfisema pulmonar y ello le acarreaba serios problemas de salud debido a su tabaquismo. Su adicción al tabaco le impidió dejar de fumar, y permaneció en su hábito hasta sus últimos días. Finalmente falleció en la casa de su suegro en Ríos Rosas, 48 a las siete de la madrugada del 15 de junio de 1966. En su testamento legaba lo poco que poseía a su esposa y cedía su «Autobiografía» a sus herederos. Las agencias de prensa dieron de forma muy escueta la noticia, los diarios ABC y Ya recordaron su grado de general y únicamente el diario El Alcázar, órgano de los excombatientes franquistas, destacó el prestigio de que gozaba entre los militares por su capacidad profesional. Las necrológicas en los distintos periódicos de provincias se fueron sumando. El entierro se celebró el día después, sus restos fueron trasladados al Cementerio de San Justo.

VARELITA


Laureado general africanista, participa en la sublevación militar defendiendo sus convicciones monárquicas y luchando contra la ideología falangista, lo que acabaría por relegarle de nuevo a Marruecos.

Herido una decena de veces y con más de 40 medallas en su guerrera, José Enrique Varela Iglesias es uno de los generales más importantes con los que pudo contar Franco para ganar la Guerra Civil y para ganar la paz en los primeros años del franquismo. De extracción humilde, sus compañeros de la academia le llamaban despectivamente patatero, pero pronto destaca como un excelente y valeroso militar.

Carlista moderado, llega a ser ministro del Ejército en el primer Gobierno tras acabar la Guerra, puesto desde el que frena los planes de los falangistas más recalcitrantes de implicar a España en la Segunda Guerra Mundial del lado de los alemanes. Llega a ser, tras el Caudillo, el general más poderoso y colabora, a mediados de los años 40, en varios intentos de sustituir el régimen de Franco por la monarquía. Pero su sentido del deber y la obediencia le llevan a acatar las órdenes de su superior sin rechistar, acabando su vida militar allí donde la comenzó, en Marruecos.

Nacido en San Fernando, Cádiz, un 17 de abril de 1891, hijo de un sargento de Infantería de Marina, al poco de cumplir 18 años, entra como corneta en el Primer Regimiento de Infantería de Marina, el mismo cuerpo donde sirvió su padre. Allí hace carrera y méritos suficientes para poder ingresar en la Academia de Infantería de Toledo dentro del cupo reservado a los suboficiales. Tiene entonces 21 años, tres más que la mayoría de sus compañeros. En el verano de 1915 se licencia como segundo teniente, antigua denominación del rango de alférez, y es destinado a Marruecos, tierra donde hará su carrera y sus hazañas. Destinado en el Grupo de Regulares de Larache destaca en distintas operaciones militares que le permiten ir ascendiendo en el escalafón militar, recibiendo medalla tras medalla a costa de varias heridas y la muerte de muchos de sus hombres y aún más enemigos.

En 1921, todavía como teniente, gana su primera Cruz Laureada de San Fernando, la distinción más alta del Ejército español en tiempos de guerra. Seis meses después y tras una nueva acción contra los rebeldes marroquíes, obtiene la Laureada por segunda vez.

Era la primera ocasión en la Historia militar española que un hecho así ocurría. El propio rey Alfonso XIII se la impone personalmente en Sevilla el 10 de octubre de 1922. Con las condecoraciones viene el cargo de capitán.

Años más tarde, en 1925, participaría en el desembarco de Alhucemas, bajo las órdenes del general Sanjurjo y en la victoria final sobre los rifeños. Sale de la guerra como teniente coronel y apro­vecha su nueva situación para realizar cursos de aeronáutica y formar parte de un grupo de bombardeo con base en Melilla. Ascendido a coronel en 1929, se ve obligado a dejar la jefatura de sus regulares al haber alcanzado el mando superior. Inicia entonces un viaje por varios países europeos visitando diversas academias militares para am­pliar sus conocimientos sobre la Infantería moderna.

Al regresar a España en 1930, toma el mando del Regimiento de Infantería n°67 en la base naval de Cádiz donde permanece al llegar la República, Con motivo del golpe del general Sanjurjo en agosto de 1932, pierde el puesto y es encarcelado. Varela había participado en los preparativos de la asonada pen­sando en la instauración monárquica carlista de la mano del pretendiente a la corona española Alfonso Carlos de Borbón, Varela es recluido en el castillo de Santa Catalina, en San Fernando, y en febrero de 1933 es trasladado a la prisión de Guadalajara, saliendo de ella poco después.

Aunque hasta 1935 no disfruta de una libertad total de movi­mientos, el coronel gaditano redacta la ordenanza del Requeté, la milicia carlis­ta, y recorre España con el seudónimo de Tío Pepe o Don Pepe para instruir militarmente a los carlistas. Varela tam­bién ingresa en la UME, la organización derechista de los militares. El Gobierno conservador de Alejandro Lerroux le rehabilita y le asciende a general de bri­gada en 1935. En las elecciones de febrero de 1936 sale elegido diputado por Granada por una candidatura de derechas pero pierde el escaño en una maniobra ilegal de las autoridades. Pero no por ello Varela deja de conspirar.

A comienzos de marzo, un militante de la CEDA, José Delgado, acoge en su casa de Madrid una reunión en la que participan varios generales como Fanjul, Goded y el propio Varela. En la misma, deciden levantarse en armas contra el nuevo Gobierno el 20 de abril, pero la intentona no cuenta con el apoyo de Franco, que les avisa de que aún no es el momento. El plan, conocido por la policía, no se concreta pero el general Varela es deportado a Cádiz y vuelto a recluir en el castillo de Santa Catalina. Sin embargo, permanece poco tiempo encerrado.

Iniciado el golpe en África el 17 de julio, el general Queipo de Llano manda desde Sevilla al general López Pinto, gobernador militar de Cádiz, liberar a José Enrique Varela, que se hace con el mando de la rebelión en una zona clave, asegurando el control del Estrecho y la llegada de las tropas africanas de Franco.

Durante las primeras semanas de la Guerra, el general gaditano dedica sus esfuerzos a controlar la zona occidental de Andalucía, haciendo incursiones en Málaga, Córdoba y Granada. En sep­tiembre releva al coronel Yagüe del mando de las columnas que avanzan hacia Madrid. Yagüe había criticado la estrategia militar de Franco, que desvió el avance sobre la capital para liberar el Alcázar de Toledo. El general Varela es quien oye del coronel Moscardó el conocido: "Sin novedad en el Alcázar".

José Enrique Varela es el autor del plan de ataque sobre Madrid en noviembre de 1936. Fraca­sada esta primera ofensiva, cae herido el 24 de diciembre durante el intento de control de la carretera de La Coruña, siendo sustituido por el general Orgaz. En febrero de 1937, Varela, ya recuperado, tiene el mando de tres bri­gadas que participan en la Batalla del Jarama. Al no conseguir los objetivos militares exigidos por Franco, es desti­tuido del mando el 12 de marzo. Sin embargo, es ascendido a general de división dos meses después. Tras la caída del Frente del Norte, Franco reor­ganiza sus fuerzas creando el Cuerpo de Ejército de Castilla que encomienda a Varela. En julio, el general se apunta un gran triunfo al frenar la ofensiva republicana en Brunete.

Meses después trasladaría sus hombres al escenario de Aragón, participando en las sucesi­vas batallas de Teruel, el Ebro y la ofensiva final sobre Cataluña. Al acabar la Guerra, y como bilaureado, es el responsable de imponer la misma medalla al general Francisco Franco durante el Desfile de la Victoria en la jor­nada del 19 de mayo de 1939 en Madrid. El Caudillo le nombra ministro del Ejército el 9 de agosto de 1939. En su nuevo cargo, se centra más en labo­res de reforma militar que en hacer política. Reinstaura las capitanías generales y decreta una serie de medidas de depu­ración que llevan a muchos combatien­tes republicanos a la cárcel. Varela apro­vecha el relativo remanso que le da el Ministerio tras años de guerrear para casarse el 31 de octu­bre de 1941 en Durango, Vizcaya, con la carlista Casilda de Ampuero y Gandarias, que fue dele­gada nacional de Frentes y Hos­pitales durante la Guerra Civil. Tres meses antes había sido ascendido a tenien­te general, lo máximo en el escalafón militar. Sobre él, sólo está el Generalísimo. José Enrique Varela cuenta en­tonces con 50 años.

Además de volcarse en la reestructu­ración del Ejército español, Varela sólo tiene otra preocupación: los falangis­tas, en especial Serrano Suñer, cuñado de Franco y ministro con muchos poderes, demasiados para Varela. El conde­corado militar recela de la influencia que Falange y Serrano tienen en el Go­bierno. Como carlista tradicionalista, abomina de la ideología del Nuevo Es­tado que defienden los falangistas. Como monárquico, apuesta por la vuel­ta más pronto que tarde de la monar­quía rechazada por los camisas azules. Y como aliadófilo, hace lo imposible por evitar la entrada de España en la Segunda Guerra Mundial del lado de las potencias del Eje.

Uno de los ejemplos es la organización de la División Azul que se forma para enviar al Frente soviético para luchar contra los comunistas. Los falangistas quieren que sean voluntarios salidos de sus filas y, más importante, que sea mandada por uno de los suyos. Varela consigue que la expedición sea controlada por los milita­res. Pero el desprecio es mutuo. Muchas de las maniobras de Serrano Suñer van encaminadas a cortocicuitar el hilo direc­to que hay entre Franco y uno de sus más fieles generales.

La guerra interna tiene un desenlace inesperado en agosto de 1942. El 16 de ese mes tiene lugar una concentración carlista en la basílica de la Virgen de Begoña, en Vizcaya, presidida por el teniente general y ministro José Enrique Varela. A la salida del acto, y en medio de una gran confusión, un grupo de falangistas arroja varias bombas de mano causando algunos heridos. Varela considera el acto como un atentado contra su persona y contra el propio Ejército y pide al Caudillo que tome medidas contra los falangistas. Pero Franco, que no suspende sus vacaciones en Ferrol, actúa con su parsimonia habitual y, también como siempre, pone en marcha un delicado juego de compensaciones, El 3 de septiembre, Serrano Suñer es destituido como ministro, pero con él cae también el propio Varela, que es relevado por el general Carlos Asensio Cabanlllas. Aunque éste se niega a aceptar el cargo, como otros militares en solidaridad con Varela, finalmente lo asume cuando Franco le recuerda que no es un ofrecimiento sino una orden de su superior.

Cuando en 1943 las cosas empiezan a irle mal a los ejércitos de Hitler e Italia es invadida por los aliados, muchos piensan llegada la hora de reconducir el rumbo. Hay que limpiar el régimen de Franco de todo lo que le identifique con el fascismo e ir pensando en reinstaurar la monarquía, Varela es uno de los que así piensan.

El 8 de septiembre, la mayoría de los generales que combatieron con Franco en la Guerra Civil firman una carta que, entre otras cosas, dice: "Hace siete años y en el aeródromo de Salamanca os investimos de los poderes máximos en el Ejército y en el Estado (...). Quisiéramos que el acierto que entonces nos acompañó, no nos abandonara hoy al preguntar con lealtad, respeto y afecto a nuestro Generalísimo si no estima, como nosotros, llegado el momento de dotar a España de un régimen estatal, que él como nosotros añora (...). Parece llegada la ocasión de no demorar más el retorno a aquellos modos de gobierno genuinamente españoles que hicieron la grandeza de nuestra patria y de los que se desvió para imitar modos extranjeros".

El destinatario de una misiva tan explosiva es Francisco Franco y el propio Varela la persona encargada de entregársela. Sin embargo, Franco volverá a actuar sin prisas ante el envite más serio que ha tenido que lidiar hasta ahora. Cita uno a uno a los signatarios del documento, les llama a capítulo y desactiva la intentona. Varela, que en su momento llegó a tener a sus órdenes 25 divisiones y 450.000 hombres, opta por la prudencia y se aleja de la política sin alzar la voz.

El 5 de marzo de 1945, Franco le designa como nuevo Alto Comisario de España en Marruecos sustituyendo al general Orgaz. Varela, en una especie de retiro dorado, vuelve así a la tierra que le vio nacer como militar. Al año siguiente, aún quedan monárquicos que creen que su papel puede ser decisivo para el regreso de la monarquía. Al trasladarse el heredero a la corona Juan de Borbón a la cercana localidad portuguesa de Estoril, en el momento álgido del aislamiento del régimen, varios militares monárquicos animan a Varela a pronunciarse. Pero el siempre prudente José Varela escribe a un camarada: "El régimen actual vive más que de sus aciertos, de los errores y de la desunión de los monárquicos".

El 24 de marzo de 1951, a pocos días de cumplir los 60 años, la leucemia acaba con su vida en Tánger. Desde allí es trasladado a Cádiz, siendo enterrado tres días después en su localidad natal, San Fernando. Franco le ascenderá a título postumo a capitán general, nombrándole también marqués de Varela de San Fernando.

viernes, 7 de noviembre de 2014

LA VOZ DEL DICTADOR


(Francisco Franco Bahamonde) Jefe del Estado español durante la dictadura de 1939-75 (El Ferrol, 1892 - Madrid, 1975). Nacido en una familia de clase media de tradición marinera, Francisco Franco eligió la carrera militar, terminando en 1910 sus estudios en la Academia de Infantería de Toledo.

Ascendió rápidamente por méritos de guerra, aprovechando la situación bélica de Marruecos, en donde permaneció destinado entre 1912 y 1926, con breves interrupciones: en 1923 era ya jefe de la Legión, y en 1926 se convirtió en el general más joven de Europa.

La brillante carrera de Francisco Franco continuó bajo distintos regímenes políticos: con la dictadura de Primo de Rivera llegó a dirigir la Academia General Militar de Zaragoza (1928); con la Segunda República participó en la represión de la Revolución de Asturias (1934), fue comandante en jefe del ejército español en Marruecos (1935) y jefe del Estado Mayor Central (1936). El gobierno del Frente Popular le alejó a la Comandancia de Canarias, puesto que ocupaba al estallar la guerra civil.

De ideas conservadoras, Franco valoraba sobre todo el orden y la autoridad. Desconfiaba del régimen parlamentario, del liberalismo y de la democracia, a los que creía causantes de la «decadencia» de España en el siglo xx; su postura era representativa del grupo de militares «africanistas» que veían en el ejército la quintaesencia del patriotismo y la garantía de la unidad nacional.

Por tales razones Franco se sumó, aunque a última hora, a la conspiración preparada por varios militares para sublevarse contra la República en julio de 1936 (el día 17 en la Península y el 18 en África, donde estaba Franco, razón por la que el régimen identificó más tarde esta última fecha -el Alzamiento- como su momento fundacional).

Fracasado el golpe de Estado, se abrió una guerra civil que duraría tres años y que llevaría a Franco al poder. Tras pasar el estrecho de Gibraltar al frente del ejército de África, Franco avanzó por la Península hacia el norte. El 1 de octubre de 1936, sus compañeros de armas, reunidos en una Junta de Defensa Nacional en Burgos, le eligieron jefe político y militar del bando sublevado.

Franco dirigió la guerra con criterios conservadores, muy alejados de la guerra rápida que propugnaban las doctrinas estratégicas modernas. La unidad impuesta en su bando contrastaba con los enfrentamientos que desangraban al bando leal a la República; la disciplina y la profesionalidad de sus fuerzas, con la politización y el voluntarismo de sus enemigos; si a esto se une la ayuda militar que le prestaron la Alemania nazi y la Italia fascista, puede explicarse la victoria que Franco consiguió en 1939 (1 de abril).

Terminada la guerra civil, Franco impuso en toda España un régimen de nuevo cuño, inicialmente alineado con los fascismos de Hitler y Mussolini, que eran sus aliados e inspiradores. A pesar de ello, no comprometió del todo a España en la Segunda Guerra Mundial (1939-45), pues, dada la debilidad en que se encontraba el país, no consiguió de Hitler las desmesuradas compensaciones que pretendía por su apoyo (entrevista de Hendaya); tan sólo envió tropas voluntarias a combatir junto a los alemanes contra la Unión Soviética (la División Azul). Terminada la guerra con la derrota de las fuerzas del Eje, aliadas de Franco, su régimen sufrió un cierto aislamiento diplomático, pero consiguió mantenerse, rentabilizando su anticomunismo radical en el contexto de la «guerra fría».

En lo político, Franco instauró desde el principio una dictadura personal de carácter autoritario, sin una ideología definida más allá de su carácter confesional (católico integrista), unitario y centralista (contra toda autonomía regional o reconocimiento de peculiaridades culturales), reaccionario y conservador (los partidos y los sindicatos de clase fueron prohibidos). Copió de sus modelos fascistas la idea de una jefatura carismática unipersonal (con el apelativo de Caudillo), de un partido único (el Movimiento Nacional) y de un vago corporativismo (sindicato vertical). La represión de la oposición fue feroz (con unos 60.000 ejecutados sólo entre 1939 y 1945, continuando las ejecuciones políticas hasta 1975).

En lo económico, optó por una política de autarquía que hundió a España en el estancamiento y el atraso, en contraste con la recuperación que vivía el resto de Europa; sin embargo, la necesidad de homologarse con los países occidentales y de reforzar la alianza con Estados Unidos le llevó a una progresiva liberalización económica a partir del Plan de Estabilización de 1959.

Los años sesenta -con los «planes de desarrollo» y la influencia política del Opus Dei- fueron de rápido crecimiento económico, industrialización, apertura y urbanización: las mejoras materiales facilitaron el mantenimiento de Franco en el poder, a pesar del creciente anacronismo de su régimen; pero también produjeron cambios sociales que hicieron inviable su continuidad una vez muerto el general.

Desde 1969 Francisco Franco había institucionalizado como sucesor al príncipe Juan Carlos, nieto del último rey de España (Alfonso XIII); tal previsión sucesoria se cumplió tras la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975, pero no fue acompañada de una continuidad política, ya que, sin romper con la legalidad vigente, el nuevo rey promovió una transición pacífica a la democracia.

El franquismo puede definirse como un régimen autoritario –pero ni remotamente totalitario-- pragmático y ecléctico, flexible, con un liberalismo difuso bien expuesto por Solzhenitsin cuando visitó España, o por el ex stalinista Kolakowski debatiendo con laboristas ingleses sectarios e ignorantes.

Ecléctico porque en él convivían “familias”, de hecho una especie de partidos con diversas ideas y tendencias, que solo el prestigio, la autoridad y el respeto que inspiraba Franco podía mantener unidas (quienes más le respetaban eran sus enemigos: a ninguno se le pasaba seriamente por la cabeza que pudiera derrocarlo o hacer algo decisivo antes de su muerte).

Al principio, el franquismo pensó en institucionalizarse como un régimen superador tanto del marxismo como del liberalismo. Para ello necesitaba dotarse de una teoría sólida capaz de derrocar a aquellas, y a ese fin creó el Instituto de Estudios Políticos. El cual, por valiosas que fueran sus contribuciones parciales, nunca alcanzaría sus fines, como señaló Serrano Súñer.

Si el régimen pudo durar tanto en un entorno mayormente hostil, se debió a dos principios esenciales, mejor o peor aplicados, que definieron igualmente su actuación en la guerra: unidad de España y permanencia de su cultura católica. Pero si estos principios tan generals pudieron funcionar sin que sus “familias” los interpretasen cada cual a su manera y se disgregasen, se debió, hay que repetirlo, a la autoridad de Franco. Por eso no es exagerado llamar “franquismo” a aquel régimen.

El franquismo se autodefinió como “democracia orgánica” y como “católico”. La democracia orgánica no es una idea de Franco o de sus sostenedores, sino que tiene en España raíces tan distintas como la Institución Libre de Enseñanza, Ramiro de Maeztu o Salvador de Madariaga.

Ese tipo de democracia debía evitar los males del sistema de partidos, pero en realidad nunca funcionó ni sus instituciones, pronto burocratizadas, atrajeron a la mayoría de la población. Teóricamente sus votaciones serían más auténticas que en las democracias liberales, pero toda votación implica distintas alternativas, es decir, distintos partidos, se les llame como se les llame. El sistema podría funcionar en torno al Movimiento Nacional, pero este siempre dispuso de presupuestos muy pequeños, y Franco ni lo mencionó en su testamento.

En cuanto a su carácter católico, tuvo algo de suicidio. Durante largos años la Iglesia constituyó un apoyo práctico y de pensamiento esencial para el régimen, tanto en política interior como exterior. Pero el catolicismo no es una doctrina política, y después del Vaticano II, la Iglesia se hizo más enemiga que amiga del régimen... que la había salvado del exterminio. Privado de ese sostén, el franquismo ya no podía durar demasiado, y lo sorprendente es más bien lo que duró todavía.

Como dijo Ricardo de la Cierva, “Quienes estaban más obligados a defender la memoria de Franco no lo han hecho; o, peor aún, han emprendido para ello caminos equivocados, en política y en acción cultural, que han perjudicado la figura de Franco tanto o más que las actuaciones y tergiversaciones enemigas”. Esto es una gran verdad.

El franquismo puede y debe defenderse desde el punto de vista de su magna obra, la más importante y positiva para España en al menos doscientos años. No puede defenderse, en cambio, desde el punto de vista del pensamiento porque no existió un pensamiento franquista consistente, salvo retazos.

Entre los que hoy se declaran franquistas los hay católicos y otros que insisten en la conspiración judeomasónica; carlistas próximos al integrismo y a un foralismo medieval; falangistas que consideran joseantoniano al viejo régimen (la Falange fue solo un elemento del franquismo, y no el más importante); los hay que, en fin, esperan que surja un nuevo Franco que "arregle las cosas" con mano dura; etc. Evidentemente, con esos mimbres no saldrá nunca un buen cesto: son ideas demasiado simples para unos problemas complejos como los actuales..

Hay un elemento común a la mayor parte de estos “franquistas”: su mencionada creencia en una vasta, diabólica e inteligentísima conspiración judeomasónica (recuérdese que Franco, pese a hablar de ella, salvó a muchos judíos y no dudó en pactar con el masónico gobierno useño: poniéndonos en plan purista y conspiranoico, cabría sospechar que el propio Caudillo fuera un “infiltrado” de la secta). Creen que descubrir masones es el alfa y omega del pensamiento político. Obviamente existen conspiraciones, no solo masónicas, también católicas, liberales, comunistas y de todo tipo. En cierto modo la política es un conjunto de conspiraciones, de las que unas tienen éxito y otras no, unas en un momento y otras en otro.

Pero aún suponiendo que detrás de los males y retrocesos católicos se encuentran los masones, Bilderberg, etc., la cuestión es muy otra. A los masómanos les basta con descubrir una mano masónica aquí o allá para sentirse intelectualmente satisfechos. Pero cualquier persona seria no juzga porque tal o cual político sea masón, sino por el examen de sus propuestas y sus consecuencias prácticas. Y aquí los conspiranoicos tienen las de perder. Según ellos, los gobiernos de Usa han sido siempre masónicos.

El observador imparcial concluirá que entonces la masonería no puede ser tan mala, ya que ha llevado a Usa al primer rango del mundo en términos no solo económicos y militares, sino también culturales. Y al revés, la católica España ha sido durante siglos un país con enorme analfabetismo, desigualdad social y una cultura que desde mediados del siglo XVII ha perdido su originalidad y chupado rueda de otros países europeos. Si se identifica al franquismo con semejante “pensamiento”, el fracaso será total.

Así que va siendo hora de plantear la cuestión en otros términos:

A) El franquismo fue una auténtica bendición para España, pero no elaboró un pensamiento propio.

B) El franquismo debe defenderse en nombre de la verdad histórica y porque un pueblo que acepta un falseamiento sistemático de su pasado, como hoy ocurre, es un pueblo que se envenena a sí mismo y compromete su propia subsistencia.

C) Sin duda hay elementos del franquismo que, sin formar un sistema de ideas y prácticas, perduran de modo muy positivo y obstaculizan, hasta de modo inconsciente, las tendencias disgregadoras internas y las disolventes de un europeísmo banal.

D) Hoy se plantean a España y al mundo problemas muy distintos de aquellos que dieron lugar a la guerra civil, y es preciso analizarlos y proponer ideas también distintas. Tarea difícil y complicada, que no se resuelve con tópicos más o menos simples.

jueves, 27 de diciembre de 2012

EL LABERINTO DE LOS BALCANES

Tras la segunda guerra mundial y entre las diversas reformas económicas que fueron impulsadas al interior de los países de Europa oriental, la experiencia de Yugoslavia fue pionera. Por propia iniciativa de Josip Broz "Tito", padre tutelar del Estado balcánico, a partir de 1965 fue descentralizado el aparato productivo y la iniciativa privada alcanzó cotas de participación nunca vistas en un país socialista. Moscú observó las "herejías" con preocupación y, entre el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y la Liga de los Comunistas Yugoslavos, se cruzaron fuertes acusaciones que llevaron a ambos partidos a la ruptura. De hecho, Tito se negó a ingresar al COMECON -organismo económico que englobaba a todos los países comunistas europeos-, lo mismo que el Pacto de Varsovia, acuerdo similar en materia militar y, siguiendo una línea alternativa, se unió al Movimiento de Países No Alineados. La Yugoslavia socialista y federal de Tito pareció haber dado la respuesta correcta a la tradicional complejidad interna de un Estado plurinacional. Sin embargo, tras la muerte de Tito en 1980, el nacionalismo yugoslavo se fraccionó en diversos nacionalismos regionales, todos ellos teñidos de viejas rivalidades étnicas y confesionales. Finalmente, Yugoslavia saltó por los aires, con la misma carga de violencia que habían manifestado las viejas guerras balcánicas. Miles de muertos en espantosas "limpiezas étnicas" demostraron que los Balcanes seguían siendo, como antes de la Primera Guerra Mundial, "el polvorín de Europa". Yugoslavia se astilló en varios países sucesores que no eran más que el fruto de ancestrales rivalidades. El entusiasmo inicial que despertaron entre los yugoslavos las reformas políticas y económicas alentadas por Josip Broz "Tito" se convirtió poco a poco en desencanto. La aureola de Padre de la Patria que revestía el viejo líder guerrillero era el factor unificador del país por excelencia. Sin embargo, la inflación y el desempleo corroyeron cada vez más el espíritu patriótico. La pronunciada descentralización de la economía, adaptada a una estructura política federal, generó una serie de fuerzas centrífugas por parte de las distintas nacionalidades, etnias y confesiones que integraban el país balcánico. La primera señal de alarma provino de Kosovo, donde en noviembre de 1968 estalla la protesta de la población albanesa que, junto con numerosas reivindicaciones, también levantaba las banderas del Islam y aspiraba a separarse de Yugoslavia e integrarse a la vecina Albania, entonces gobernada por un régimen también comunista. Tito no dudó en apelar a la mano dura para reprimir el movimiento secesionista. Un patriotismo exacerbado En 1971, fue Croacia quien alzó la voz. Para los croatas, Yugoslavia estaba gobernada por los serbios, sus tradicionales enemigos. El movimiento estudiantil, bajo el liderazgo de profesores universitarios e intelectuales de prestigio, salió a la calle y acusó a Belgrado de imponer el idioma serbio por encima del croata y exigió reformas nacionalistas en los planes de estudio de la historia croata. La sección croata de la Liga de Comunistas, partido único que dirigía el país, se separó del Comité Central presidido por Tito y reclamó la redacción de una Constitución propia, que preveía la posibilidad de una "independencia nacional" a través de un referéndum, y también el uso de una moneda propia. Dado que los ingresos de Yugoslavia dependían en gran medida del turismo y uno de los principales sitios visitados era la costa dálmata, la separación de Croacia hubiera implicado un fuerte golpe a la economía yugoslava. Por su parte, Eslovenia también se sintió llamada a reivindicar sus aspiraciones: la construcción de una autopista que uniera a Ljubljana, la capital eslovena, con la frontera italiana, país de donde provenía la mayor parte del turismo de la región. Las autoridades federales de Yugoslavia, por decisión de la Liga de Comunistas, estaban empeñadas en derivar el grueso de los ingresos turísticos hacia las regiones más deprimidas (Macedonia y Kosovo). Los croatas, serbios y eslovenos vivían esta política como un favoritismo injustificado. Tras la muerte de Tito (mayo 1980), estas tensiones se manifestaron con toda su intensidad. La hegemonía serbia En principio, la República Federativa Socialista de Yugoslavia estaba articulada en seis repúblicas y dos provincias autónomas: República Socialista de Bosnia-Herzegovina (capital: Sarajevo) República Socialista de Croacia (capital: Zagreb) República Socialista de Eslovenia (capital: Ljubljana) República Socialista de Macedonia (capital: Skopje) República Socialista de Montenegro (capital: Titograd) República Socialista de Serbia (capital: Belgrado) Provincia Socialista Autónoma de Kosovo (capital: Pristina) Provincia Socialista Autónoma de Vojvodina (capital: Novi Sad) La escena yugoslava se complica con el desarrollo de movimientos separatistas. Hacia 1990, las repúblicas de Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina y Macedonia comenzaron a presionar por una nueva estructura federal de Yugoslavia que cumpliera sus deseos de autonomía. Slobodan Milosevic (1941-2006), quien se había convertido en líder del Partido Comunista de Serbia en 1987 y había logrado mantenerse en el poder al exaltar el nacionalismo serbio, rechazó estos intentos. Declaró que estas repúblicas sólo podían ser independientes si se establecían acuerdos fronterizos en beneficio de las minorías serbias residentes que no querían vivir fuera de los límites de un gran Estado serbio. En 1981 la población serbia constituía el 11,6% de la población de Croacia y el 32% de Bosnia-Herzegovina. Para mayo de 1991 estalla la crisis institucional, ante la negativa de Serbia y Montenegro de aceptar como presidente de la federación al croata Stjepan Mesic. El 25 de junio, Croacia y Eslovenia declararon la independencia y, en respuesta, el gobierno federal ordena al ejército, dominado por oficiales serbios, que reprimiera a los separatistas. En Eslovenia, el enfrentamiento duró diez días, y termina con la derrota de las fuerzas federales. En cambio, la guerra en Croacia duró 7 meses (julio 1991-enero 1992) y termina con la pérdida de más de un tercio de su territorio, que cayó en manos serbias. Estas secesiones y la declaración de independencia de Macedonia (septiembre 1991), significaron el final de la República Federal Socialista de Yugoslavia. En marzo de 1992, Bosnia-Herzegovina declaraba su independencia, y el 27 de abril del mismo año Serbia y Montenegro, las repúblicas restantes, acordaron unirse y formar la República Federal de Yugoslavia, sucesora legal de la antigua Yugoslavia socialista, admitiendo la independencia de las repúblicas separatistas, las cuales ya habían sido reconocidas internacionalmente. La guerra de Bosnia (1992-1995) Para abril de 1992, Eslovenia, Croacia, Macedonia y Bosnia-Herzegovina fueron reconocidas por la comunidad internacional, en tanto que la República Federal de Yugoslavia no obtuvo tal reconocimiento. En las zonas de Croacia y Bosnia-Herzegovina habitadas mayoritariamente por serbios, comenzaron a establecerse gobiernos autónomos (República de Krajina, República Srpska de Bosnia) apoyados por el régimen de Milosevic y Yugoslavia. A partir de abril de 1992, estalla la guerra en Bosnia-Herzegovina, territorio multiétnico, poblado por grupos serbios, croatas y bosnios musulmanes. Las fuerzas serbias ponen sitio a Sarajevo, la capital de Bosnia, que el régimen de Slobodan Milosevic quería incorporarla a la Gran Serbia, con la consiguiente desaparición del nuevo país. En mayo de 1992, la ONU estableció sanciones económicas y comerciales contra Yugoslavia, pero no detuvo el avance de las fuerzas serbias. Guerra civil yugoslava: Guerra de Bosnia (1992-1995) El 11 de julio, las fuerzas serbias atacan la ciudad de Gorazde, ciudad ubicada al este de Sarajevo y controlada por los musulmanes; este hecho significó el inicio de la campaña de "limpieza étnica" realizada por los serbios en contra de sus enemigos. Miles de personas fueron asesinadas o expulsadas de sus hogares y enviadas a campos de concentración. A pesar de los esfuerzos de la ONU por detener la guerra de exterminio, las fuerzas serbias siguieron conquistando territorio en Bosnia, en una desigual lucha contra las fuerzas croatas y musulmanas que disponían de armamento ligero. Sin embargo, la situación comienza a cambiar a partir de 1994, cuando Milosevic empezó a ceder agobiado por las fuertes sanciones internacionales. En marzo de 1995, croatas y bosnios formaron la Federación Croata-Musulmana, el cual logró importantes éxitos militares. En represalia, los serbios atacaron las zonas de seguridad controladas por la ONU, donde se produjeron grandes masacres contra la población civil (Srebrenica, julio 1995). Ante la urgencia de encontrar una solución inmediata, la comunidad internacional promovió un tratado de paz. Así, el 21 de noviembre de 1995 se firmaron los Acuerdos de Dayton (Estados Unidos) entre los líderes de Serbia, Bosnia-Herzegovina y Croacia. En tales acuerdos se decidió la división de Bosnia-Herzegovina en dos entidades: una Federación Croata-Musulmana y una República Serbia de Bosnia. Al principio, este acuerdo fue supervisado por 60.000 soldados de la OTAN, siendo 20 mil de ellos estadounidenses. Bajo la tutela de fuerzas de seguridad de la OTAN y observadores internacionales de la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación de Europa), se celebraron varias elecciones a nivel local y federal. Sin embargo, las tensiones étnicas no han desaparecido del todo. Varios militares serbios y croatas han sido arrestados como criminales de guerra y enviados a La Haya para ser juzgados por el Tribunal Penal Internacional de la ONU para la Antigua Yugoslavia, entre ellos Radovan Karadzic (líder de los serbo-bosnios, capturado en 2008) y el general Ratko Mladic (capturado el 2011). La guerra de Kosovo Después de los Acuerdos de Dayton, los conflictos étnicos resurgen en Kosovo. Territorio habitado por habitantes de lengua albanesa, se levantan en armas contra Serbia en 1997, formando el Ejército de Liberación de Kosovo (ELK) el cual inicia la lucha con el objetivo de lograr la independencia de la provincia. Las represalias de Serbia fueron violentas y provocaron que 700.000 kosovares huyeran hacia los países vecinos (verano 1998). Estados Unidos y los países del "Grupo de Contacto" (Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y Rusia) presionaron a ambas partes para que negociaran un acuerdo que otorgara a Kosovo la autonomía al interior de Serbia, sin llegar a la independencia. En la primavera de 1999, el Grupo de Contacto intentó imponer un plan de paz, pero Slobodan Milosevic, presidente de Yugoslavia desde 1997 lo rechaza, proclamando que su gobierno tiene el derecho soberano de defenderse contra las guerrillas del ELK y afirmando que nunca aceptaría la vigilancia de fuerzas internacionales en Kosovo. Cuando se intensifica la represión serbia contra el ELK y la población civil, la OTAN inicia los ataques aéreos contra Yugoslavia (marzo 1999). Miles de refugiados salen de Kosovo hacia las vecinas Albania y Macedonia, denunciando la campaña de limpieza étnica lanzada por el gobierno de Serbia. Después de once semanas de bombardeo intensivo contra objetivos militares y civiles de Yugoslavia, Milosevic se rinde (junio 1999) y acepta las condiciones de paz de la OTAN: las fuerzas federales yugoslavas fueron obligadas a retirarse de Kosovo, al tiempo que la OTAN desplegaba en la zona una fuerza multinacional de 50.000 efectivos. A fines de 1999 regresan los refugiados albaneses a Kosovo, iniciándose una serie de represalias contra los serbios residentes, expulsando a 100 mil de ellos del territorio, considerado la cuna de la nación serbia. Después de su derrota, Milosevic siguió ocupando el cargo de presidente de Yugoslavia, pero se vio obligado a convocar elecciones, perdiéndolas en septiembre de 2000 ante Vojislav Kostunica, líder opositor. Pero cuando Milosevic intentó invalidar los resultados de las elecciones, una revuelta popular en Belgrado lo obligó a dimitir (octubre 2000). Más tarde comparecería ante el Tribunal Penal Internacional de la ONU para la Antigua Yugoslavia, que le juzgó por crímenes de guerra y contra la humanidad, pero no fue condenado ya que muere en prisión en marzo de 2006. Epílogo Desde el fin de las guerras en Yugoslavia, los diversos Estados sucesores de la antigua federación siguieron diferentes rumbos: Los Estados sucesores de la Antigua Yugoslavia Eslovenia ha desarrollado un estable sistema democrático, de tal manera que pudo incorporarse a la Unión Europea y a la OTAN en 2004. Croacia se ha estabilizado institucionalmente tras la muerte de Franjo Tudjman, líder independentista del país en 1999. Ingresará a la Unión Europea a partir de 2013. Bosnia-Herzegovina ha realizado significativos progresos en el camino de la democracia y la reconciliación entre musulmanes, serbios y croatas. Macedonia ha padecido violentos enfrentamientos en 2001 entre el gobierno y el grupo étnico albanés, que constituye el 23% de la población. Los albaneses reclamaban derechos lingüísticos, empleos públicos y cambios constitucionales en su favor. Al terminar los enfrentamientos, la OTAN envió fuerzas militares para salvaguardar la paz y celebrar elecciones democráticas. Serbia y Montenegro se mantuvieron unidas hasta mayo de 2006, cuando la mayoría de los habitantes de Montenegro votaron en un referéndum por su independencia de Serbia. Kosovo sigue dominado por las tensiones étnicas y bajo un protectorado internacional de la OTAN. En febrero de 2008 proclama su independencia, pero es reconocida parcialmente por la comunidad internacional.